Psicópatas de la novela gráfica

En los últimos meses la figura del psicópata ha proliferado en cómics de lo más diverso. Hasta ahora, el asesino en serie tenía en la literatura y la ficción cinematográfica su campo de acción más popular; pero eso podría estar cambiando, al menos en lo que se refiere al interés de las obras publicadas. ¿A qué se debe su proliferación en las viñetas? Es difícil dar respuesta, pero el repaso de los títulos más significativos ofrece perspectivas singulares y más de una aportación única en el género.

Resulta muy difícil negar el poder de fascinación que el asesino en serie despierta en nuestra cultura. Ya sea porque es difícil resistirse a la tentación de ponernos ante el reflejo de los rincones oscuros de la condición humana o por el extraño placer de contemplar lo macabro, los psicópatas están ahí, esperando a pillarnos desprevenidos mientras su presencia se extiende por ficción y no ficción desde que Thomas de Quincey decidiera completar El asesinato considerado como una de las bellas artes (1827) con un Post Scriptum, añadido 27 años más tarde, donde relataba con detalle y arrebato los crímenes de la carretera de Ratcliffe cometidos por John Williams en 1811, el caso londinense de pulsión asesina más célebre hasta la irrupción de Jack el Destripador. La bibliografía de no ficción sobre asesinos en serie es inabarcable y va del estudio académico, el análisis policial o el periodismo de investigación al más genuino amarillismo morboso, incluyendo por el camino aportaciones patrias como Psychokillers: Anatomía del asesino en serie de Jesús Palacios (Temas de Hoy, 1998), aproximaciones desde la hoy tan exitosa divulgación científica como La sabiduría de los psicópatas de Kevin Dutton (Ariel, 2013) o títulos que parecen remitir a los libros de autoayuda como ¿Es usted un psicópata? de Jon Ronson (Ediciones B, 2012).
01 jack the ripper police newsEn el terreno de la ficción, es en el cine donde el psicópata se ha alzado como el monstruo que mejor define nuestra modernidad —con permiso del zombi, aunque este es de masas y no individualista—. Con Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) como habitual punto de partida —pero sin olvidar anteriores reconstrucciones de casos reales como M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931) que encontrarían continuidad con El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968) o, ya desde una perspectiva de costumbrismo policial, Zodiac (David Fincher, 2007)— es a través de títulos del calibre de Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986) o El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) donde se sustenta al asesino en serie como paradigma del horror no sobrenatural. Al mismo tiempo, la serie B y el subgénero slasher enriquecen al asesino en serie como icono pop con personajes como Jason (Viernes 13) o Michael Meyers (La noche de Halloween), matarifes industriales de hormonas adolescentes y nada sutiles metáforas del descubrimiento del sexo y el mundo adulto.

Con tanto y tan insigne referente el aficionado a la cultura popular puede preguntarse ¿y en el cómic qué? ¿Qué pasa con los psicópatas en el cómic? La cuestión es capciosa e injusta porque no se puede comparar ni poner en paralelo la trayectoria, evolución e impacto de cine y cómic, pero aún así plantearla resulta interesante. En la etapa de esplendor de los crime comics se adaptaron numerosos casos reales, una dinámica continuada por los tebeos de horror hasta que en 1954 el Comic Code censuró este tipo de temáticas; y ahí está el sublime From Hell (1993-1997) de Alan Moore y Eddie Campbell, referencia inexcusable al hablar de Jack el Destripador, pero lo cierto es que el grueso de psicópatas de tebeo lo componen extravagantes supervillanos —y algún que otro “héroe” justiciero—. Como aproximación es deliciosa y rematadamente pop, pero faltaban otros puntos de vista; por eso resulta sorprendente que en el último año se hayan publicado una serie de títulos de envergadura con perspectivas no habituales en cómic, a la altura de los grandes clásicos o incluso muy originales, y siempre ofreciendo lo que la narrativa gráfica tiene de especial. ¿Cómo se explica este fenómeno? ¿Acaso los psicópatas se han puesto de moda en los cómics? En realidad, quizá mejor replantear estas cuestiones con un giro propio del insigne Doctor Repronto: para explicar qué ha supuesto el fenómeno de la novela gráfica, polisémico y polémico, nada mejor que acudir a los asesinos en serie.
04 From Hell

‘Haarman’ (2010) – Peer Meter e Isabel Kreitz (La Cúpula).

Entre 1919 y 1924, Fritz Haarmann asesinó al menos a 27 jóvenes alemanes, probablemente muchos más. Genuino ejemplo de psicópata depredador, buscaba a sus presas entre quienes pasaban la noche en la estación de Hannover, donde fingiendo ser policía —en realidad el vínculo se limitaba al de confidente privilegiado— conseguía llevarlos a su casa con la excusa de darle de comer o un mejor refugio de una noche. Allí los agredía sexualmente para después estrangularlos. La parte más espeluznante del caso venía luego, pues se deshacía de los cadáveres vendiendo su carne en el mercado negro del estraperlo y arrojando al río de la ciudad los huesos sobrantes.
haarmann-carniceroHaarmann se inscribe a un modelo ya conocido, el de la reconstrucción realista y meticulosa de unos hechos atroces sin perder de vista el contexto histórico y, quizá por ello, consiguiendo mucho más que un mero relato criminal. El escritor Peer Meter arma el relato desde la frialdad narrativa, eliminando la presencia de un narrador y cualquier cuadro de texto, dejando la historia en el crudo devenir del suceso; también con una marcada voluntad de costumbrismo coral con un nutrido reparto de personajes secundarios: vecinos, amigos, clientes, víctimas o agentes policiales implicados. Por su parte, Isabel Kreitz, de quien La Cúpula ya había publicado El caso Sorge —cuidada reconstrucción del caso de espionaje soviético en la embajada alemana de Tokio durante la 2ª Guerra Mundial— aporta una contundente sobriedad con su dibujo realista de raíz underground y su lápiz esmerado en el sombreado de grises. A su vez, se aleja del exceso sangriento sabedora de que los hechos narrados ya son suficientemente atroces y macabros por sí solos.

Tras la captura del Carnicero de Hannover, que en su juventud ya había sido diagnosticado como enfermo mental peligroso, el juicio demostró que muchas muertes se habrían evitado si las fuerzas del orden de la ciudad no hubieran actuado con marcada inacción e incompetencia, desatendiendo las numerosas sospechas y denuncias recibidas. Una de las grandes virtudes de Haarmann es que, en su interés costumbrista al describir las penurias de una Alemania hundida en la miseria tras la 1ª Guerra Mundial, revela una sociedad que al no querer ver la violencia criminal desatada en su seno estaba alimentando una bestia mayor: el ascenso inminente del nazismo.
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‘El asesino de Green River’ (2011) – Jeff Jensen y Jonathan Case (Norma).

Al igual que Haarmann, esta novela gráfica ganadora de un premio Eisner en 2012 ahonda en una serie de crímenes reales, en concreto los cometidos por Gary Leon Ridgway, culpable del asesinato de 48 mujeres, y aunque se sospecha que podrían ser más, esa cifra le convierte en uno de los psicópatas más prolíficos de Estados Unidos. Pero si bien el basarse en hechos reales es un punto de partida común, Haarmann y El asesino de Green River (Green River Killer, 2011) son notablemente diferentes. Por un lado, en lo gráfico gana la primera pues el obsesivo realismo underground de Isabel Kreitz, sucio y gris al mismo tiempo que recargado en el detalle, potencia una incómoda crudeza de la que el clasicismo de Jonathan Case carece. Tampoco es que la busque porque, y ahí está su punto fuerte, el punto de vista es único: el guionista Jeff Jensen es hijo del inspector de policía que persiguió al culpable durante décadas.
13 Gary Ridway, el asesino de Green RiverLa novela gráfica recorre la vida de Tom Jensen, detective encargado del caso entre 1982 a 2003, toda una vida dedicada a la caza de un sanguinario asesino de prostitutas. Los fragmentos de esa historia de corte costumbrista, sumergida en el horror y el dolor de las víctimas, se alternan con los interrogatorios y la reconstrucción de los crímenes junto a un psicópata que no pudo ser detenido hasta que el progreso científico permitió la identificación por ADN. Los cómics parcialmente autobiográficos dedicados a la figura paterna son ya un género en sí mismo de la novela gráfica, con múltiples y estupendos ejemplos, aunque en esta ocasión el vínculo familiar evitar cualquier rincón oscuro del padre más allá de la frustración de años de pesquisas sin éxito. Frente al detective se alza el retrato de un psicópata descrito como el típico caso de hombre gris y común, ese que no despierta sospechas entre los vecinos y que incluso está casado y con hijos. La figura es demasiado fascinante para no acabar acaparando la atención frente al padre del guionista, y más cuando se incluyen diálogos tan tremendos como el dedicado a la pulsión necrófila del asesino de Green River.
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‘Mi amigo Dahmer’ (2012) – Derf Backderf (Astiberri).

Antes que nada: este es con diferencia el mejor de los títulos aquí comentados, una lectura sobre psicópatas brutal e indispensable. Como los dos anteriores, se inspira en el caso real de Jeffrey Dahmer, el Carnicero de Milwaukee, responsable entre 1978 y 1991 de la muerte de 17 hombres con cuyos cadáveres practicó la necrofilia y el canibalismo. Si El asesino de Green River aportaba un punto de vista único al ser el guionista hijo del detective encargado del caso, aquí el elemento autobiográfico es aún más intenso y sin referente conocido: Derf Backderf fue compañero de instituto del futuro psicópata.
19 dahmer en sus años de institutoCon un dibujo de tradición indie/underground que potencia la intensidad pese a cierta reiteración hierática de la figura humana, Mi amigo Dahmer (My friend Dahmer) escarba en los años previos a la atroz explosión del psicópata, a partir de la experiencia de su autor como compañero de clase entre 1976 y 1978. La relación va más allá de la cercanía de pupitre con una personalidad freak en desarrollo: el joven Derf y su pandilla convierten a Dahmer en su mascota atraídos por su singular comportamiento, imitan su forma de hablar, le hacen partícipe de extrañas bromas o llenan papeles con su caricatura para acabar fundando un club de fans de Dahmer sin saber lo que le aguarda en el futuro, un futuro inesperado pese a los indicios que van aflorando, algo que no ven ni compañeros, ni profesores ni una familia sumida en la descomposición. Una historia rica en detalles, anécdotas y casualidades siniestras envueltas de costumbrismo rural y un humor extraño que acaba por sumergirse definitivamente en la oscuridad del psicópata. Mi amigo Dahmer es una lectura demoledora, imprescindible para cualquier aficionado a los asesinos en serie.
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‘Yo, asesino’ (2014) – Altarriba y Keko (Norma).

Abandonamos los sucesos reales para entrar en el campo de la ficción, aunque en este caso habitan inquietantes matices. Tras una obra maestra como El arte de volar (2009), Antonio Altarriba tenía el desafío de mantener ese nivel imposible y para intentarlo nada mejor que un buen thriller de psicópatas, generoso en estética de la crueldad, secundado en lo gráfico por el genial Keko, todo un maestro de la masa oscura.

Yo, asesino traza la historia de un catedrático que pone en práctica su especialidad en arte y violencia con un desfile de asesinatos ejecutados como performances de voluntad estética. Tiene una curiosa condición de híbrido entre una trama criminal y un discurso sobre la crueldad en la historia del arte con referentes que van de Thomas de Quincey al accionismo vienés pasando por numerosos ejemplos pictóricos y la tradición francesa de poética de la violencia —lógico si tenemos en cuenta que la literatura francesa es la especialidad académica de Altarriba—. Pese a jugar en dos campos tan diferentes, thriller y ensayo furioso, consigue mantener equilibrio e interés en ambos, y eso es meritorio. Pero sobre todo, lo mejor de esta novela gráfica es que resulta inquietante cuando identifica vida personal, profesional y rasgos físicos comunes entre guionista y personaje. El asesino de la historia es un calco físico de Altarriba y su vida cotidiana guarda numerosos paralelismos, como la condición de catedrático —algo que permite una visión crítica de las camarillas académicas— en una universidad del País Vasco —proximidad que permite una demoledora referencia al terrorismo—. En definitiva: Yo, asesino da miedo porque nace de la reflexión personal de su guionista expuesta con claridad en el título: ¿y si yo fuera un asesino?

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‘Murderabilia’ (2014) – Álvaro Ortiz (Astiberri).

Yo, asesino no es la única novela gráfica reciente sobre psicópatas de un autor español. De nuevo nos encontramos con una aproximación muy meritoria además de singular, entre otras cosas porque más que centrarse en el tema lo circunvala con una historia que en realidad parte del fetichismo que lo envuelve o incluso el coleccionismo enfermizo de objetos de procedencia sangrienta, todo un mundo subterráneo que existe realmente, como demuestra el mercado alrededor de los cuadros pintados por el terrible John Wayne Gacy, el payaso asesino.

En Murderabilia (2014), un joven viaja a un pueblo de la América profunda doblemente marcado por los psicópatas. Primero, porque los sufrió en el pasado y, segundo, por la presencia de un vecino repudiado por los lugareños, un coleccionista de memorabilia sangrienta que instalado en la casa donde sucedieron los hechos. El protagonista se debate entre su relación sentimental con una chica del pueblo y la atracción que siente por tan extravagante aficionado a lo macabro.

Reconozco que el estilo de Álvaro Ortiz me encanta, con esa línea clara de apariencia sencilla y su gusto por la viñeta pequeña y numerosa, un diseño de página que le permite, por ejemplo, lucirse en los pasajes dedicados al coleccionismo, plagados de guiños y referencias que mezclan fakes y realidad. La historia también incluye un giro hacia el folklore oscuro que sería un perfecto homenaje a El hombre de mimbre (Robin Hardy, 1973) si no fuera porque Álvaro Órtiz confiesa no haber visto la película antes de acometer el cómic. Y para rematar también hay gatitos con un oscuro pasado a sus espaldas.

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‘Muerdeuñas’ (2014) – Joshua Williamson y Mike Henderson (Norma).

Cerramos esta guía de viñetas psicópatas con un título que no es exactamente novela gráfica sino serie de la norteamericana editorial Image Comics, que los últimos años no para de alegrar nuestras lecturas. Muerdeuñas (Nailbiter) es pura ficción lúdica y desmelenada, en donde el verdadero protagonista es Buckaroo, un pueblo de los EEUU que encabezaría el ranking de psicópatas per cápita de manera destacada. De momento solo ha aparecido por aquí un primer volumen titulado Habrá sangre, que desde luego cumple lo prometido pero deja en el aire una trama que a ver dónde nos lleva abriendo múltiples frentes y la clara sospecha de que tanto vecino psicópata no es algo casual.

Muerdeuñas juega fuerte y requiere una voluntaria suspensión de la incredulidad, pero si se acepta el trato es pura diversión. Hay guiños a El silencio de los corderos o Twin Peaks, abundante American Gothic rural, cementerios con túneles subterráneos, una tienda de souvenirs bautizada The murder store y una poblada galería de casos homicidas protagonizados por los llamados Carniceros de Buckaroo: El quemalibros, el Asesino de la Calavera, La Rubia, WTF o el macabro personaje que da título a uno de los tebeos más sangrientos del año.

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