Punk y fascismo: el rock macarra en la España de la Transición

El punk creció y se desarrolló gracias a la colaboración, consciente o no, de una serie de cabeceras, periodistas y fotógrafos que entre el verano de 1976 y principios del año 78 documentaron con dudosa veracidad pero gran detalle sus inicios. En España, los periodistas de izquierdas preparaban la revolución y la prensa de derechas condenaba a los disidentes. Ni unos ni otros supieron ver la que se les venía encima.

Febrero de 1976, cuatro jovenzuelos dan un concierto con el nombre de The Sex Pistols. El evento podría haber pasado desapercibido si la revista inglesa New Musical Express no se hubiera hecho eco de la actitud provocadora, caótica y agresiva de la banda. A partir de ahí esos adolescentes irreverentes acaparan la atención de la prensa especializada, especialmente de la mano de la artista Caroline Coon y el periodista John Ingman. Es Coon quien consigue el 7 de Agosto que los Pistols aparezcan en la portada de la revista Melody Maker, y ese mismo mes Tony Wilson (que poco después fundaría Factory Records) proporciona a la banda su primera aparición televisiva en el programa So it goes. A partir de ahí los periodistas británicos, tanto de la prensa especializada como de la sensacionalista, se suben al carro y proporcionan el gran escaparate mediático de los titulares a esa nueva moda: el punk.




En una España franquista después de Franco, sin libertad de prensa y que comenzaba tímidamente a abrirse al exterior, el punk provocaría más extrañeza aún que en el resto de países de nuestro entorno. Es el semanal musical Disco Expres quien imprime por primera vez la palabra en nuestro país. La portada del número 393, publicado el 24 de septiembre de 1976, reproduce la misma fotografía que Melody Maker junto a un enorme rótulo de “Punk Rock” y el titular “Invasión de grupos bronca en Inglaterra y USA”. El reportaje interior cita el nombre de muchas bandas que comenzarían a ganar relevancia en los meses siguientes junto con precedentes ya editados en España, como MC5, cuyo disco Back in the USA (1970) había aparecido en ya nuestro país, e Iggy & The Stooges, cuyo Raw Power (1973) se editó en España eliminando el nombre de los Stooges de la portada.

El responsable del artículo (firmado como JOB) es Jesús Ordovás, colaborador también entonces de Onda Dos. Para Ordovás lo más relevante de estos “grupos bronquistas” es su rechazo al rock progresivo y el carácter autodestructivo de las bandas. Un mes después el punk tendría su primera gran cita en España con la llegada de Patti Smith a Badalona, siendo la estadounidense una de las primeras artistas extranjeras en tocar en el estado español tras la muerte de Franco. Smith había llegado a las tiendas de discos de la península poco antes con su LP Horses (1975) y el single Gloria, con el que se mantuvo cierto tiempo en las listas de más vendidos de España. El evento lo organizó Gay Mercader, promotor musical que unos meses antes había hecho historia trayendo a los Rolling Stones a un país todavía dirigido por una dictadura.

A pesar de su éxito comercial, Smith no gustaba demasiado entre los críticos musicales del momento. La revista El Gran Musical titulaba en su portada de noviembre “La meada de Patti Smith”, asegurando que la cantante terminó la actuación orinándose encima y siendo, según el reportaje interior, lo más comentado de la actuación. El periodista que firmaba aquella crónica es Juan de Dios Rodríguez, quien años después se haría un nombre en la radio en las emisoras musicales del grupo PRISA y en Radio Valladolid de la Cadena SER. Disco Expres, por su parte, se mostró mucho más entusiasta, anunciando con antelación la llegada de Patti Smith a España y calificando el concierto de “éxito”. En cualquier caso, prácticamente nadie reconoció a Smith entonces como una artista punk tras su concierto catalán.

Quien sí situó a la autora de Horses en dicha corriente fue la revista Star, abanderada de la prensa alternativa y combativa del tardofranquismo. En marzo del 77 publicaba en su número 25 una página sobre Ramones que abría comentando “los honestos críticos que salieron del concierto de Patti Smith en Badalona deplorando el “horrible sonido” […] seguramente se atragantarían con la escucha de los perversos Ramones”. El artículo, que clasifica a Ramones como un grupo de “rock esquelético” cuyas letras son “parodias punk”, va firmado por Diego A. Manrique, amigo y compañero de Ordovás en Onda Dos. En mayo la revista Disco Expres abre su número 426 con una portada de Ramones, y un artículo en el interior firmado por Ordovás. El texto asegura que “a los yanquis ya no les asusta nada, excepto los punks, y los Ramones”. Aunque el debut de los neoyorkinos había salido el año anterior, el grupo permanecerá inédito en España hasta finales de 1977, pero ya podía escucharse en la radio de la mano de estos dos periodistas.

Aunque serían Disco Expres en la prensa musical y Star en la prensa alternativa los principales valedores y emisarios de la cultura punk en los kioscos, la palabra va ganando peso y sonoridad. En junio la revista Triunfo (una de las cabeceras más progresistas de entonces) publicaba una breve reseña de Teenage Depression (1976), primer LP de Eddie & the Hot Rods llamado “¡Y ahora, el Punk-Rock!”. Un mes después, el 8 de julio, Ordovás publica en Disco Express (con el seudónimo de Julia Aguasfuertes) una crítica del primer LP de The Clash, asegurando que es “el tercer 33 que se edita” en España de la Nueva Ola y el punk, junto con el de “Edie & los Porras Calientes» (sic) y el de la banda Television.

Así de perdidos estaban en La Vanguardia sobre qué era el punk.

En las mismas fechas el diario La Vanguardia cuenta en un breve que el punk es “una especie de «rock» lamentable, desvergonzado, agresivo, desdeñoso y repugnante”. El País publica una Tribuna de Francisco Umbral titulada “Punk-rock” en la que hace un repaso irónico a la actualidad política del momento. Guillermo Cabrera Infante escribe un artículo sobre el punk en el semanal del mismo diario. La revista Diez Minutos dedicaba por su parte unas páginas interiores a los autores de Anarchy in the UK. Cabeceras como ésta o Gente se harían eco con frecuencia de las tendencias estéticas del punk londinense a pesar de la ideología conservadora y rancia de sus equipos de dirección. Mientras tanto, la prensa musical continúa dando cobertura a las bandas, destacando un número especial de la revista Popular 1 sobre el Festival Punk de Mont-de-Marsan del 77.

Punk, fascismo, imperialismo y basura

En agosto la revista musical Vibraciones dedica su portada a los Sex Pistols, cuyo trabajo permanecía inédito en España. La pieza del interior, de cuatro páginas y acompañada de fotografías a todo color, está firmada por Damian G. Puig. García Puig, cuyos pasos pueden rastrearse desde la revista de inclinación anarquista Ajoblanco, fue años después director de Rockdelux. En aquellas lejanas páginas del Vibraciones 35 firmaba “el punk rock es un modelo que no aporta nada nuevo […] con el agravante de que lo único que hace es repetir la historia sin añadirle nada de cosecha propia que resulte positivo para la música”. El artículo además sugería un vínculo entre movimiento punk, la ultraderecha y los intereses imperialistas de las grandes empresas.

No sería el único en verlo de esta manera. En septiembre la Triunfo dedica tres páginas firmadas por Eduardo Haro Ibars sobre “La moda de la basura”. El artículo asegura que “de esto (el punk) no se puede hacer una ideología, ni siquiera un estilo de vida; es por ello que me parece exagerado hablar de movimiento punk”. En una línea similar Ajoblanco publicaría en su número 26 (octubre del 77) “Punk y fascismo: dos caras de la misma moneda”. El autor de esta última pieza firma como Juanjo Fernández.

En el otro lado del espectro ideológico, los medios conservadores tampoco se sentían cómodos con el asunto. El periodista Manuel Adrio escribiría para ABC El movimiento punk aterroriza Londres”, un artículo donde acusa a los punks de ser “como todos cuantos combaten la burguesía, unos tremendos burgueses”, no haber leído a Marx y en general ser todo lo inaceptable para la prensa conservadora española. No obstante, este reportaje de ABC, o uno publicado poco antes en el semanal Blanco y Negro, muestran una visceralidad mucho menor contra el punk que el de los periodistas que militaban en las filas de la izquierda.

Fragmento de “Punk y Fascismo” en Ajoblanco 26

En respuesta a toda esta literatura en contra del punk, Juan José Abad escribía en el número 30 de la StarEl punk, la bestia negra del rock”, una crítica centrada especialmente en los citados reportajes de Triunfo y Vibraciones. Aunque Abad deja cierto espacio a la crítica (especialmente a la despreocupada adopción de la simbología fascista por parte del movimiento inglés), sus dos páginas insisten en defender la relevancia del punk y su carácter obrero y social. A pesar del rechazo de la izquierda oficial ante un movimiento que no tenían bajo su control, algunos valoraban la naturaleza disruptiva del punk dentro de la misma frecuencia que las radios libres o la prensa alternativa.

A primeros de octubre de 1977 Televisión Española emite, tras el segundo informativo diario, “Punks, o cómo colocarte un imperdible en la nariz”, un reportaje del efímero programa Dossier en el que se recorrían los puntos calientes del Londres punk. Para todos aquellos españoles que habían permanecido ajenos a la polémica durante aquellos meses, el punk llegó en la boca adornada con imperdibles de Jordi Valls (posteriormente conocido por Vagina Dentata Organ) y Paloma Romero, Palmolive, cantante de The Slits (que TVE tradujo como “Las rajitas”). Como contrapeso a las declaraciones de aquellos dos jóvenes punks, el reportaje cuenta también con el escritor Cabrera Infante, cuya visión distante del fenómeno casaba mejor con el tono amarillista y bastante esperpéntico del programa. Francisco Rioboo, director del reportaje, está más interesado en el comportamiento sexual de los punks adolescentes que es las implicaciones sociopolíticas detrás del movimiento.

Breves en Disco Expres 445 sobre el reportaje de TVE y el Festival Punk de Barcelona

Providencialmente o no, dos semanas después de la emisión del programa el sello Ariola hace llegar a España God save the Queen, segundo single de los Sex Pistols del que se podía escuchar un breve fragmento en el reportaje. Con una fuerte promoción detrás, la prensa se hace eco de la llegada del EP, como es el caso de El País, que titula un breve repaso a la historia de la banda con “Los Sex Pistols, el rock del proletariado”. Por las mismas fechas aparece en las librerías De qué va el rock macarra (1977), escrito por Diego Manrique, en el que se da cuenta de la cultura musical de la segunda mitad de los setenta. El “rock macarra” sería una de las muchas etiquetas (“rrollo”, “nueva ola”, …) con la que Manrique u Ordovás esquivaron implicarse con el término “punk”, algo que a ellos y muchos otros les resultó ventajoso cuando, a partir de 1979, quisieron distanciarse de aquel movimiento para adscribirse a uno más pujante: la Movida madrileña.

Haciéndose eco del libro de Manrique, colaborador entonces de El Popgrama de TVE, el director del mismo Carlos Tena publicó un artículo en Mundo Obrero, órgano oficial del Partido Comunista de España. Con el titular “Pim, pam… PUNK!”, el presentador pega otro repaso por la izquierda al movimiento afirmando que el punk no resulta provocativo a las élites puesto que no amenaza a las fuentes de su dinero y poder. Tena contrapone el punk a la música de cantautores nacionales y extranjeros, puesto que ellos “han removido y soliviantado más con una sola de sus canciones que todos vosotros (los punks)”. A pesar de las reservas del presentador hacia el contenido político de aquella música, un par de semanas después el Popgrama emite una borrosa actuación de Ramones interpretando Sheena is a punk rocker. No deja de ser irónico que, años después, el programa Caja de ritmos que dirigía Tena fuera cancelado por culpa de la polémica más punk que ha vivido España: la emisión de la canción Me gusta ser una zorra de las Vulpess

En noviembre Vibraciones publica “Revolucionarios sin revolución”, donde ahonda en las críticas al punk. Diego A. Manrique reparte unas cuantas collejas a la agenda izquierdista de The Clash y les acusa de utilizarla como mero reclamo publicitario. El periodista despide el reportaje asegurando que “Clash no quiere destruir algo que les está brindando sus frutos (dinero, fama, seguridad, etc, etc.)”. Para la mayoría de estos periodistas es impensable un movimiento de izquierdas al margen del control de los órganos políticos marxistas (PCE, Liga Comunista Revolucionaria, etc…) por lo que optan por desconfiar de cualquier fenómeno cultural que no provenga de ellos. A pesar de este escepticismo, existe indudablemente un gran interés en hablar del punk. En aquellas fechas Star y su grupo editorial, Producciones Editoriales, lanza PUNK (1977), un fotolibro con la imprescindible obra de Salvador Costa sobre la estética del movimiento londinense, parte de la cual se encuentra en la actualidad custodiada por el Museo Reina Sofía.

El punk es una moda que podemos entender

Todo ese cinismo desaparece en buena medida en diciembre con la llegada de Never Mind the Bollocks (1977), el LP de los Sex Pistols que desataría una carrera en la prensa especializada por competir con un público que comenzaba a dar sus primeros conciertos en España (de la mano de bandas como Ramoncín y WC, La Banda Trapera del Río o Kaka de Luxe). Vibraciones recoge una entrevista a Johnny Rotten, única concedida a un medio español, firmada por Damian G. Puig. Si en agosto a García Puig el punk le había parecido más de lo mismo, en diciembre reconocía que el cantante de los Pistols le convenció. “Fue honesto y sincero”, nos dice, destacando en el titular “Somos como todo el mundo”. En la entrevista Rotten rechaza que la ubiquen junto a Smith (“para Patti Smith la música es un arte”) y aclara que no se lleva demasiado bien con The Clash porque ellos “están metidos en política”. El entrevistador califica el disco de los Pistols como “explosivo y definitivo” y augura un concierto en febrero del 78 en España. La revista incluye además un póster de gran tamaño con la genealogía del punk, desde 1974 hasta el 77.

Anuncio del fotolibro de Salvador Costa publicado en la revista Star

Popular 1 también le dedica la portada de diciembre a los londinenses, y hace un elogioso repaso a la infame carrera de los Pistols en un recorrido lleno de fotografías de la banda. Del punk dice que “sacan toda la mierda a relucir”, que vuelve a las raíces del rock y asocia al movimiento con la recientemente estrenada La naranja mecánica (1971), algo discutido hasta la saciedad desde entonces. Disco Expres no se queda atrás y en su número 458 adjunta un póster-calendario con una fotografía del cantante de la banda. Titula además en portada “Sex Pistols despide a Sid”, una noticia más bien despistada que da una idea de lo deformada que estaba la información musical de entonces, incluso en un medio que seguía el fenómeno más o menos de cerca.

El punk se había instalado en el lenguaje común de los españoles. Los sellos discográficos se apresuran a traer a España todo el material lejanamente vinculado con el punk, como el Fun House (1970) de The Stooges o una versión censurada del Leave Home (1977) de Ramones. El número 1368 de Diez Minutos advierte en portada “Los punks ya están en nuestras discotecas”, y en su número del 7 de enero del 78 dedica cuatro páginas interiores a hablar de Cock Sparrer y otras bandas de punk. La revista Interviu dedica dos páginas al primer festival punk, celebrado a primeros de diciembre en Barcelona, al igual que el diario catalán Tele/Exprés o la Guía del Ocio de Barcelona. El periodismo español ha encontrado en el punk esa máquina de conseguir titulares que los ingleses llevaban un año explotando.

Sin embargo, Disco Expres abre 1978 con el titular “La separación de los Sex Pistols”. Una escueta nota interior daba cuenta de los rumores acerca de la disolución del grupo y hablaba del éxito y revuelo que había provocado al otro lado del Atlántico la llegada de los ingleses, recogiendo las palabras del Jefe de policía de Memphis: “Permito que escupan y suelten palabrotas desde el escenario, todo lo que quieran menos masturbarse”. El 5 de febrero el diario ABC compartía la triste noticia en la sección musical de Mariano Méndez Vigo, crítico musical y compositor de música de tunas. El periodista afirma que su cantante, “un verdadero genio en escena”, ha decidido disolver el grupo.

La prensa española, sorprendida por esta separación justo en el momento el que había logrado cogerle el pulso al punk, comienza a buscar de puertas hacia dentro algo con lo que seguir agitando titulares. El mismo diario ABC hace una lista de recomendaciones para una “Discografía punk”, recomendando el Rock and roll dudua (1978) de Ramoncín junto al Never Mind The Bollocks, Complete Control (1978) de los Clash, Runnin Riot (1977) de Cock Sparrer y los discos de Ramones. La Star publica una serie de artículos sobre música, y especialmente punk, firmados por Juan José Abad. Para Abad, tras la disolución de los Sex Pistols “la notoria sinceridad del punk-rock alcanza su confirmación”.

La televisión también se sube alegremente a la moda del punk. El 21 de febrero Televisión Española emite Noche en… Londres, tercera entrega de su programa Mundo Noche donde muestra la vida nocturna de grandes capitales europeas. Diarios y revistas coinciden en destacar la aparición de punks y pubs del ambiente en las escenas que se van a emitir en dicho programa como principal atractivo del mismo. A finales de junio el Popgrama dedica una serie de especiales al punk, con Carlos Tena recorriendo Londres y haciendo un repaso de lo que los Sex Pistols habían dejado a su paso.

Onda Dos y Disco Expres apadrinaron en mayo la llegada de Iggy Pop a España. Como teloneros se presentaron los catalanes Peligro. El País califica el evento de Madrid, celebrado en el Pabellón Deportivo de Móstoles, de “Frustrado recital de Iggy Pop”. Si José Manuel Costa en El País era destructivo con el show debido a la mala acústica del espacio escogido, el periodista Oriol Llopis hacía en Vibraciones una elogiosa reseña del concierto en Barcelona. A Alberto Mallofre, en La Vanguardia, teloneros y artista principal le parecieron igualmente “decadentes”.

Esa primavera Bruguera edita Punk: la muerte joven (1978), un relato en primera persona del movimiento punk desde Londres escrito por Juan Carlos Kreimer, autor argentino afincado en la capital británica. El texto, vibrante, inmediato y honesto, se convierte en un objeto de culto, cruza el charco y es inspiración para miles de jóvenes punks de todo el mundo hispanohablante. A pesar del tiránico plazo de entrega que Bruguera presenta a Kreimer, el libro sale un poco demasiado tarde, y lleva décadas sin hacerse una nueva tirada en España.

El 12 de julio actúan en el Teatro Alcalá Palace The Strangles, con la banda 999 como teloneros (a los que la revista Star describe como “conjunto de ex-oficinistas pasados a la new-wave”). Aunque en la actualidad se pueda discutir la identidad punk de los Strangles, venían de telonear a Ramones y a Patti Smith en sus giras británicas y provocar cierto revuelo en Inglaterra por el contenido presuntamente provocador de sus letras. A primeros de septiembre del 78 se celebra la cuarta edición del Canet Rock, festival en la provincia de Barcelona que fue punto de encuentro de la subcultura juvenil durante los años de la Transición. Destaca en el plantel de bandas la artista Blondie, a la que la revista Star comparó con Patti Smith y varios medios (como el diario ABC) incorporaron a la escena punk. El polémico cartel del evento, obra del artista folk Pau Riba, desataría una fuerte polémica por ser “un agravio a las creencias religiosas” que terminaría en una sanción de medio millón de pesetas para la organización y el final del festival.

El fin de un breve idilio

En octubre del 78 el punk recibe un duro golpe: Sid Vicious, ex-bajista de los Sex Pistols es detenido, acusado de asesinar a su pareja. En escuetas notas de sucesos, los diarios españoles relatan brevemente los avances del proceso judicial, la puesta en libertad bajo fianza de Sid y sus sucesivos intentos por quitarse la vida (que culminaron con el suicidio de Vicious el 2 de Febrero de 1979). Las noticias sobre el punk en los diarios regresan de nuevo a hablar de violencia, disturbios. La acción ya no transcurre únicamente en Londres, también en Francia o Alemania los punks y la violencia asociada con ellos va apareciendo en las notas de sucesos.

A finales de 1978 se aprueba en referendum la Constitución Española y en marzo del año siguiente se celebran las primeras elecciones democráticas tras la Guerra Civil. Después de años de fuerte rigidez militante, precisamente la misma que llevó a muchos a denostar el punk, muchos intelectuales de la izquierda se rinden a la evidente falta de empuje de las fuerzas más revolucionarias del estado. Los artistas antifranquistas, cantautores en su mayor parte, pierden popularidad o son absorbidos por el sistema, y eso mismo ocurre con periodistas como Manrique, Tena y Ordovás, que centran su mirada en la Movida, movimiento menos político y más superficial que el punk. Todos ellos jugarán un papel relevante en TVE o en la recién fundada Radio 3. La revista Star, terminada la Transición, pierde empuje y cierra a comienzos de la década siguiente.

Anuncio publicado en la prensa española en 1979

Mientras tanto, el mainstream envuelve y comercializa el punk, otorgándole una legitimidad que se le había negado y que resultó ser letal para él. En abril del 79 Siouxsie & The Banshees actúan en Madrid, precedidos de unos novatos Nacha Pop. En septiembre del año siguiente actúan en Barcelona los Ramones, apareciendo también en el programa de TVE Aplauso. Los discos de punk llegan a España de forma normal y sin ningún revuelo, y la prensa simplemente se dedica a ignorarlos o a tratarlos con condescendencia. La estética punk se comercializa y monetiza, mientras que muchos de los artistas vinculados con el movimiento desaparecen, se reinventan o se mantienen invisibles al gran público.

Ya entrados los 80 la izquierda abertzale se apropiaría del punk para dar luz al rock radical vasco en un intento de volver a tomar las riendas de un nuevo movimiento cultural que aglutinase a la juventud. Muchos de quienes habían rechazado, ignorado o aborrecido del punk olvidan sus antiguos reparos y se suben al carro velozmente. Bandas de punk de toda la península brotan y se reescribe la historia. La cronología del punk en España comienza a escribirse a partir de 1979 o incluso más tarde, y aquellos primeros años de malditismo y fascinación cogen polvo en las hemerotecas que nadie quiere que se consulten.

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[Fe de erratas: Originalmente atribuimos en el texto la autoría de un artículo de Ajoblanco  en su número 26 (octubre del 77), Punk y fascismo: dos caras de la misma moneda, a Juan José Fernández, fundador de la revista Star. Sin embargo, el colaborador de Ajoblanco es otro periodista, del mismo nombre, antiguo colaborador de El Viejo Topo, Ajoblanco y la revista literaria Quimera, fallecido en 1991.»

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