¿Qué ha pasado con ‘Colorama’? Cinco ingredientes para crear una polémica idiota

El libro de colorear para adultos firmado por Noel Ceballos y el dibujante Cristóbal Fortúnez ha generado una batahola en redes sociales a causa de una interpretación capciosa, unas cuantas tuitstars de derechas ansiosas por darse bombo y una gran cantidad de seguidores dispuestos a opinar sin documentarse. Indagamos en las claves de un escándalo que no debería haber ocurrido nunca.

En principio, parece un producto inofensivo, si bien puñetero, que ejerce una tradición muy noble: la de la sátira. Se trata de Colorama, un librito obra de Noel Ceballos (miembro fundador de CANINO) y el dibujante Cristóbal Fortúnez, autor que fue del blog Fauna mongola de Madrid, con prólogo del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Sacándole partido a una moda reciente (la de los libros para colorear destinados al público adulto), este volumen editado por FNAC ofrece caricaturas de personajes tan de actualidad como la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, el economista y ex ministro griego Iannis Varoufakis y la canciller alemana Angela Merkel, invitando al público a que saque sus plastidecor y las rellene con los tonos que crea convenientes.

Quien quiera mirar Colorama con mala idea podría acusarlo de ser un juguete posmoderno para la clientela hipster de unos grandes almacenes. Pero ¿podría alguien en sus cabales señalarlo como un maligno artefacto de propaganda destinado a convertir a los niños españoles en larvas podemitas? Por raro que pueda parecer, algo así ha ocurrido: desde las cinco de la tarde del domingo 5 de diciembre, Colorama ha sido el epicentro de la polémica más absurda de 2015. Guiándonos por el rastro que dicha controversia ha dejado en Twitter, y por el seguimiento en Storify de Facu Díazdesentrañamos los ingredientes de este escándalo sin pies ni cabeza.

Ingrediente 1: Un detonador fuera de contexto

El primero en acusar a Colorama de propaganda política para niños fue Roger Domingo (7.287 seguidores), un señor que ejerce como director editorial de Ediciones Deusto. Dicho sello tiene más de cinco décadas de actividad (desde los ochenta es parte del Grupo Planeta) y se especializa en libros de economía y management, con lo que uno podría esperar un mínimo de comprensión lectora en uno de sus más altos responsables. Nada de eso: a las cinco de la tarde del sábado, Domingo señalaba al libro de Fortúnez y Ceballos con un pinkfloydiano «dejen a los niños en paz». 

Haría falta un libro entero (y no de los de colorear, precisamente) para señalar la cantidad de ‘ganchos’ que un receptor incauto puede encontrar en este mensaje. A la protección de los tiernos infantes, un impulso siempre tan fácil de manipular, se suma un clima político en el que fachas rojos se enfrentan diariamente con una ferocidad muchas veces capciosa, y en el que cualquier mínima alerta es susceptible de amplificarse hasta el absurdo, por estúpidas que sean sus causas. Así, Domingo ignora (u omite interesadamente) las advertencias incluidas en el propio libro, y cuando sus autores se las recuerdan, se sale por la tangente acusándoles de haber creado premeditadamente un producto que finge ser para adultos, pero cuyos verdaderos destinatarios son los críos. Ni en tiempos de Joe McCarthy y el ‘Terror Rojo’, oigan.

Ingrediente 2: Un blanco perfecto (o dos)

¿Hubieran tenido el mismo eco las acusaciones de Roger Domingo de haber apuntado en otra dirección? Ni en broma: tanto Noel Ceballos como FNAC resultan objetivos muy golosos cuando de crear polémica se trata. El primero es una tuitstar con más de 12.000 seguidores, conocida por el público gracias a su trabajo radiofónico (Los Hermanos Podcast, junto a otra figura de gran alcance en redes como es El Hematocrítico) y a sus vinculaciones con programas televisivos. De esta manera, cuando el autor y sus amigos han replicado a los ataques de Roger Domingo, la consiguiente difusión de sus quejas sólo ha servido para que la discusión tuviera aún más lectores (y opinadores) en potencia. Estamos ante una situación donde no es posible la victoria: o uno se hace eco de las palabras de sus detractores, ayudando a difundirlas, o da la callada por respuesta y queda fatal.

En cuanto a la cadena francesa de tiendas (más de 107.000 seguidores en su cuenta de Twitter española), añade a su fama un detalle que ha aprovechado algún tuitero con ganas de echarle leña al fuego: sus fundadores, André Essel y Max Théret, pertenecían a un movimiento político de raíz trostskista. Podría decirse que de las intenciones socializantes de Essel y Théret sólo queda la memoria en la FNAC de hoy, pero, como suele decirse, internet no olvida. Y cualquier migaja de información es útil en manos de quienes quieren atizar la controversia, por mucho que esto lleve a confundir el culo con las cuatro témporas.

Ingrediente 3: Voceros dispuestos a sacar tajada

Aquí podríamos hacer un chiste fácil acerca de las moscas que van a la miel, y a lo que no es la miel. Pero mejor nos lo ahorramos y pasamos a consignar un hecho cierto: las acusaciones de Roger Domingo contra Ceballos, Fortúnez y su sello editorial llamaron rápidamente la atención de varias personalidades cortadas por un patrón común. Se trata de individuos con un número alto de seguidores en Twitter, ideología marcadamente de derechas y ganas de apuntarse a un bombardeo, siempre que éste les permita justificar su postura. Aunque los argumentos usados para ello sean tirando a infames.

¿De quiénes hablamos? Pues podemos señalar a John Muller (28.000 seguidores), columnista del diario El Mundo, que retuiteó tempranamente el mensaje de Roger Domingo sin seguir la saludable tradición periodística de contrastar informaciones. También a los economistas neoliberales Juan Manuel López Zafra (11.700 seguidores) y Daniel Lacalle (más de 68.000 seguidores), el primero de los cuales le dedicó al libro un tuit que se expresa por sí solo en cuanto a buenas maneras y disposición a estudiar mesuradamente las opiniones del prójimo. O, ya que estamos, a documentarse antes de acusar.

Pero la voz más virulenta, a la par que desinformada, ha sido la de Cristina Seguí (más de 24.100 seguidores), ex miembro del partido de extrema derecha Vox. Además de enzarzarse en una discusión con El Hematocrítico a la que sólo cabe calificar de bochornosa, Seguí ha prometido «apear [‘Colorama’] de las librerías» junto con la obra de su prologuista Stiglitz. Esperemos que no todos los políticos conservadores de este país compartan sus ideas acerca de la libertad de expresión. La cumbre de sus intervenciones llegaba con el mensaje que reproducimos abajo: creemos que no hace falta explicar por qué se nos cae el alma a los pies al leerlo.

Ingrediente 4: Un público desinformado, pero de gatillo fácil

Insistamos en esto: actualmente, la opinión pública española se encuentra inmersa en un proceso de polarización extremo, irracional y muy desagradable para quienes aspiran a mantener una perspectiva política libre de prejuicios. No hace falta ser sociólogo (y quien suscribe no lo es) para notar cómo las banderías y las facciones vuelven a estar muy de moda, así como que a sus partidarios les falta tiempo para acudir a partirse las jetas (por ahora, afortunadamente, sólo de forma virtual… en la mayoría de los casos) a poco que sus líderes de opinión toquen la corneta. Con semejante panorama, no es extraño que los mensajes contra Colorama hayan producido tuits como estos.

¿Han captado un hilo conductor en estas reacciones? Seguramente, sí: las referencias a «las mareas» en el tuit de López Zafra, el usuario que pregunta si la formación política Podemos edita Colorama, las referencias a Cuba y a Corea del Norte, un mensaje de un ‘escéptico’ que no se cree que realmente existan libros de colorear para adultos, los adjetivos… Semejante potaje sólo puede describirse como fruto de una horda que opina sin apenas reflexionar, sin contar con los necesarios elementos de juicio y siguiendo ese proceso comunicativo llamado ‘cámara de eco’. Hablamos de un fenómeno según el cual (simplificando muchísimo), los miembros de un grupo tienden a seguir las opiniones dominantes dentro de dicho grupo, de forma acrítica y, además, exagerándolas para así dejar patente su adhesión. «Más fiel a la causa que yo, nadie», pretende afirmar cada una de estas voces.

En este caso, la ‘cámara’ han sido los círculos de la derecha en redes sociales, y el ‘eco’ un mensaje irreflexivo e indocumentado. Además, aquellos que se han apuntado al banquete han desautorizado por sistema las opiniones contrarias, así como a aquellas voces que les invitaban a informarse un poco más, asegurando que dichas llamadas a la prudencia sólo podían provenir del enemigo. Ante todo esto, dos conclusiones. La primera, que, por desgracia, a los españoles nos encanta embestir en cuanto nos ponen un capote delante, sobre todo cuando se avecinan unas elecciones generales. La segunda: ¿estamos seguros de que una reacción en cadena similar, pero originada desde las izquierdas, arrojaría resultados menos bochornosos?

Ingrediente 5: Gente sensata sufriendo mucho

Llegamos a la parte más triste de esta bufonada. Aquella cuyos protagonistas son los internautas que han pillado de qué va el chiste, que son conscientes de que Colorama es una sátira para adultos, que tratan de aportar un ápice de cordura a tanto caos… pero a quienes nadie quiere escuchar. El dibujante Mauro Entrialgo, el periodista Toño Fraguas o el propio Hematocrítico han sido algunos de ellos, junto con una ingente cantidad de usuarios y usuarias menos célebres, pero igual de meritorios. Vaya para ellos nuestra más sincera gratitud por demostrarnos que España aún no se ha vuelto idiota del todo.

Finalmente, incluimos unos tuits emitidos por el propio Noel Ceballos como réplica.

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