¿Quién es Lin-Manuel Miranda? De padre fundador en ‘Hamilton’ a estrella Disney

Compositor, actor, productor… son muchas las facetas del aclamado artista neoyorquino de ascendencia puertorriqueña, que a sus 40 años cosecha en su haber un premio Pulitzer, tres Tony, otros tres Grammy, un Emmy, una nominación a los Oscar y el favor tanto de The Walt Disney Company como del público, que espera con ansias la llegada a Disney+ de la grabación de su musical más famoso. Por este motivo, aprovechamos para hacer un breve repaso por su intensa carrera.

¿Cómo un hijo de inmigrantes, criado en Nueva York, amante del teatro y el hip hop, creció hasta convertirse en una estrella internacional? Es lo que vamos a intentar resolver en este artículo, pues Lin-Manuel Miranda ha pasado de ser un chico de barrio interesado en los musicales y en el rap a convertirse en un reconocido talento a nivel global -y una de las celebridades más ricas del mundo según Forbes-, que acumula multitud de premios por sus trabajos y al que le llueven proyectos a su paso.

Y no es para menos, pues el revuelo conseguido con la esperada llegada de Hamilton el 3 de julio a Disney+ demuestra que cuenta con una legión de fans a sus espaldas y con un talento incuestionable que lo han alzado como una figura clave de la cultura pop actual. Además, su recorrido parece la perfecta encarnación del sueño americano de la era Obama, la demostración de que se puede prosperar en Estados Unidos independientemente de tus orígenes. Entonces, ¿es cierto que todo lo que toca se convierte en oro? ¿Cuál es la clave de su éxito? Veamos.

Los orígenes humildes en In the Heights

El reparto de In the Heights, con Lin-Manuel Miranda en el centro, en plena actuación

Nacido en Washington Heights, en Manhattan, aunque criado en Inwood, este joven de ascendencia portorriqueña siempre se interesó por la música y el teatro, pero también por cuestiones sociales, en parte influido por sus padres, pues es hijo de una psicóloga y de un consultor político del Partido Demócrata. Ya en el instituto actuó e incluso escribió algunas piezas, demostrando sus inquietudes artísticas y su interés por el hip hop y la mezcla de sonidos con los que se crió, desde la salsa hasta los temas de musicales como Les Misérables, la primera producción de Broadway que disfrutó en directo con tan solo siete años, y que ha tenido un gran impacto en su obra.

Mientras cursaba sus estudios de teatro en la Universidad Wesleyana, escribió el borrador del que sería su primer musical a la vez que hacía sus pinitos en una troupe cómica de hip hop fundada por él mismo y llamada Freestyle Love Supreme. Eso le llevó a querer incluir momentos de estilo libre en sus creaciones, como hizo una vez fue aceptada por la compañía de teatro de la institución. Así, el musical In the Heights se representó por primera vez el 20 de abril de 1999, aunque no fue hasta unos años más tarde cuando adoptó la forma que tiene hoy en día. Después de colaborar con John Buffalo Mailer y el director Thomas Kail, el trabajo cambió hasta transformarse en una amalgama de sonidos a caballo entre la salsa y el rap que buscaba representar la mezcla de culturas que reina en el país. El libreto fue escrito por Quiara Alegría Hudes, otra estadounidense de raíces portorriqueñas, por lo que la historia resuena con las vidas de ambos como hijos de inmigrantes en Estados Unidos, pues la trama se sitúa en el que fue su primer barrio, una zona repleta de hispanos en la que se respira multiculturalidad y pobreza. Con el humilde tendero Usnavi de la Vega (interpretado en las primeras funciones por el propio Lin-Manuel) como protagonista, el eje central del relato es el anhelo de prosperar, pero también la necesidad de encontrar tu lugar en el mundo y de saber aunar las tradiciones de tu familia con las tuyas propias.

De la mano de Nina se nos presenta esta zona, un lugar repleto de vida y ritmos latinos, en el que la joven se siente desorientada ahora que ha vuelto a casa de sus padres tras haber abandonado sus estudios. Allí se encontrará con que el negocio de su familia no prospera, con romances inesperados, sueños no cumplidos, aspiraciones a una vida mejor y una figura maternal, la abuela Claudia, que reúne a todos los habitantes para cuidar de ellos y recordarles que deben tener paciencia y fe. A través de un argumento sencillo pero efectivo y unos personajes entrañables, seguimos la historia del barrio durante tres intensos días, en los que sus vidas cambian a ritmo de merengue, rap, soul y baladas gracias a una feliz coincidencia y a un triste acontecimiento. Gracias a esta combinación de protagonistas y melodías, In the Heights se convierte en una celebración de las raíces y de la comunidad que se convierte en hogar. De manera similar a lo que supuso en 2002 el menos conocido Bombay dreams para la población hindú londinense, este trabajo se convirtió en un icono para los residentes hispanos en Nueva York, que lo alzaron como un éxito que llegó a ser denominado el West Side Story de una nueva generación.

Además, la crítica también alabó este trabajo, que arrasó en todos los premios del teatro del circuito off-Broadway -obteniendo el Theatre World, el Outer Critics y el Clarence Derwent, entre otros- y después estuvo nominado a 13 premios Tony, de los cuales se llevó entre otros los de Mejor Musical y Partitura Original. Viendo el éxito que tuvo en el momento y la fama cosechada a posteriori por Miranda, estaba claro que este musical acabaría dando el salto a la gran pantalla en algún momento. Y así ha sido, pues la película -titulada en España En un barrio de Nueva York– iba a estrenarse este verano, hasta que la irrupción del coronavirus acabó con estos planes, retrasando su llegada hasta junio de 2021. Con Jon M. Chu como director y un reparto en encabezado por Anthony Ramos -que se hizo famoso gracias a su papel de John Laurens/Philip en Hamilton-, las primeras imágenes ofrecen espectacularidad y fidelidad a la obra original, solo que tendremos que esperar un poco más para descubrir si realmente es así.

Años después de su homenaje al barrio hispano, Miranda triunfaría en la industria del musical por la puerta grande, pero entre medias se estuvo encargando de trabajos menos conocidos, pero ofreciendo momentos icónicos que seguramente recuerdes si te interesa este mundillo. Como el impresionante número de la apertura de los Tony presentados por Neil Patrick Harris o, más adelante, la miniobra de catorce minutos 21 Chump Street, emitida en vivo en el programa This American Life, en el que él mismo actuó y que suponía un interesante reto: adaptar un reportaje periodístico publicado en el mismo medio a un pequeño musical. Además, en 2008 compuso por petición del reconocido Stephen Schwartz dos canciones para la revisión de Working -cuya historia se centraba en las miserias de varios trabajadores de clase obrera estadounidenses-, mientras que un año después se encargó junto a Stephen Sondheim de escribir los diálogos en español del regreso a las tablas de West Side Story. Sin embargo, en esta segunda ocasión no tuvo tanta suerte, pues finalmente en esta reposición de 2009 se dejaron las letras originales en inglés. 

A pesar de todo, fue una manera de establecer vínculos mientras seguía trabajando en televisión -como veremos más adelante- y componiendo sintonías para publicidad. Luego, en 2011 colaboró con el músico Tom Kitt y la letrista Amanda Green en la creación de Bring it On: The Musical, del cual se encargó de componer temas para el libreto de Jeff Whitty, basado en la película homónima y centrado en las rivalidades en el entorno de las animadoras deportivas. La producción debutó en Atlanta ese mismo año para en 2012 llegar a Broadway, donde cosechó buenas críticas y algunas nominaciones (aunque solo durara cinco meses en cartel), destacando más allá de la coreografía y el ingenio del guion, las letras y temas creados por Lin-Manuel Miranda, lo que le valió una nominación a Mejor Musical en los Tony. Más allá de estos trabajos, destacan su intervención como Charley Kringas en Merrily We Roll Along y su colaboración en Tick, Tick… Boom!! interpretando en la producción de 2014 a Jon. En esta ocasión, coincidió sobre el escenario con Leslie Odom, quien se convertiría en una figura clave de su siguiente trabajo al encarnar a Aaron Burr, némesis político de Alexander Hamilton.

Hamilton: el éxito rotundo en clave de rap histórico

Como hemos visto, el imparable éxito de Hamilton no surge de la nada, pues el actor y compositor neoyorquino llevaba años trabajando en la industria del teatro musical, creando sin parar, haciendo contactos, dándose a conocer y formándose. A pesar de todo, era difícil imaginar el fenómeno sin precedentes que desencadenaría unos años después el musical de rap basado en la vida personal y política del primer Secretario del Tesoro de Estados Unidos, fenómeno que también estaba estrechamente relacionado con la coyuntura socio-política del momento.

En mayo de 2009 tuvo lugar en la Casa Blanca La noche de la poesía, un evento organizado por Barack Obama en el que se invitaba a músicos y poetas a mostrar sus trabajos. A sus 29 años y con un Tony recién ganado (siendo el compositor más joven en haberlo conseguido), Lin-Manuel Miranda era uno de los presentes. Le habían pedido cerrar el evento representando alguna de las canciones de In the Heights. Sin embargo, decidió probar algo diferente y cantar por primera vez con público un nuevo tema en el que llevaba un año trabajando, una canción sobre “alguien que personificaba el hip hop”. En los siguientes cuatro minutos rapéo acompañado únicamente de su amigo Alex Lacamoire al piano. De esta manera mostró la primera canción centrada en Alexander Hamilton que había escrito, una temprana versión del tema inicial de musical, en el que se resume la vida de esta figura histórica, desde su lucha en la Guerra de la Independencia hasta su trágica muerte en un duelo, y se presentan a quienes serán los personajes más importantes del relato. Un ejemplo de narrativa y composición musical que dejaban claro que ese joven tenía mucho talento todavía por demostrar.

Si indagamos en el origen de esta idea, todo surge en unas vacaciones en 2008, en las que el artista comienza a leerse la biografía de esta figura histórica escrita por Ron Chernow, quien luego se convertiría en asesor histórico del musical. Cautivado desde las primeras páginas por cómo el ingenio de Hamilton y su habilidad con la palabra escrita le permitieron labrarse un futuro, decide que su apasionante vida y su peculiar personalidad encarnan a la perfección la esencia del hip hop. Tras comprobar con sorpresa que nadie había tenido la misma idea que él, se pone manos a la obra para crear un álbum conceptual inspirado en el político. Bajo el título provisional de The Hamilton Mixtape, el directo frente al entonces Presidente del país se convierte en el detonante de lo que vendría después, entre ellas la idea de convertirlo en un musical, que no se materializó hasta que el director Tommy Kail le sugiere que se ponga en serio con el proyecto.

El siguiente año a esta actuación lo pasó trabajando en otras cosas mientras componía My Shot, la tercera canción del musical y la que resume a la perfección la personalidad de Hamilton, pero también las inquietudes de Miranda y los objetivos que perseguía con este trabajo, en el que se idealiza una parte de la política estadounidense para reivindicar la igualdad e imaginar una sociedad más equitativa. El mayor ejemplo de esto es la decisión de contar con un cast diverso, en el que tanto los padres fundadores como el resto de personajes históricamente blancos son encarnados por hombres de ascendencia diversa, fundamentalmente afroamericana y latina, y en el que el único papel escrito con la idea de que una persona caucásica lo representase fue precisamente el del rey Jorge III. En palabras de su creador, esta era una forma de hablar de los orígenes del país con un reparto que representaba la sociedad estadounidense actual, pero también una manera fresca y original de acercar la historia a las nuevas generaciones y una reivindicación del papel de los inmigrantes en la historia del país. Por tanto, en cierto sentido, era una versión optimista de lo que podía llegar a ser Estados Unidos.

Un padre fundador no-caucásico, que dio inicio a otra revolución

En esa línea, no deja de ser interesante la marcada relación que el musical tiene con la política. Después de que Trump llegara al poder, el vicepresidente Mike Pence acudió el 19 de noviembre de 2016 a una representación, en la que el reparto hizo un alegato al final de la obra -escrito por Lin-Manuel Miranda y el productor Jeffrey Seller, y pronunciado sobre el escenario por el actor Brandon Victor Dixon (Aaron Burr)- en el que afirmaban que la nueva Administración no protegía los derechos de quienes eran como ellos, lo cual Trump se tomó como una ofensa directa, lanzando una serie de tuits donde criticaba al reparto (de quienes llegó a afirmar que no se sabían sus propias líneas) para luego borrar estos mensajes, un modus operandi que ha repetido en diversas ocasiones desde entonces. En 2017, el musical organizó un pase benéfico con el objetivo de obtener fondos para la campaña de Hillary Clinton. Y este mismo 2020 John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional del Gobierno Republicano, publicó el libro de memorias The Room Where It Happened -título de una de las canciones del musical-, cuya publicación intentó ser frenada por parte del Departamento de Justicia debido a los temas de Estado que trataba.

Ahí es dónde podemos establecer algunos paralelismos con In the Heights, en cuyas canciones también se habla de pasión, reivindicación, de prosperar en Estados Unidos y de la importancia del intelecto y el ingenio para conseguir tus objetivos. Por supuesto, la diferencia es que una historia es pura ficción, mientras que la otra ficcionaliza sucesos reales, cayendo en la idealización de personajes como George Washington, que aparece como un hombre noble y un líder carismático… con apenas una mención a los muchos esclavos negros que tuvo hasta el final de sus días (ya que la canción Cabinet Battle #3, que debatía sobre este tema, fue finalmente eliminada). Del mismo modo, por mucho que Miranda haya dicho expresamente que considera que Hamilton era bisexual -como se aprecia en su correspondencia con su buen amigo John Laurens-, esta relación apenas es mínimamente insinuada en el musical. A pesar de este ensalzamiento y reflejo parcial de la historia, para escribir las canciones Miranda asegura que se documentó a fondo, leyendo todo lo que caía en sus manos sobre Alexander Hamilton, desde su trabajo hasta sus cartas personales, y llegando a viajar a los puntos clave de su vida. Todo ello lo plasma en el musical, donde emplea algunas frases extraídas directamente de estos documentos.

Angelica, (centro), Eliza (izquierda) y Peggy (derecha), las hermanas Schuyler originales

Pero no solo las letras están cuidadas y estudiadas al detalle, pues la música también fue otro objeto de estudio, ya que el compositor acudió a otras obras para inspirarse. Así, se basa en Les Miserables a la hora de reintroducir leitmotivs y en sus artistas favoritos de rap para obtener ritmos y sonidos. El ejemplo más obvio es Ten Duel Commandments, que contiene samples de Ten Crack Commandments de B.I.G. además de un claro homenaje en el título. Por su parte, Women in the city de Wicked fue la inspiración de The Schuyler Sisters. Y Helpless es un homenaje a las canciones de R&B con intervención un rapero, como el Crazy in Love de Beyoncé y Jay-Z. Y es que en esta historia cada personaje habla y canta de una manera: Lafayette rapea más rápido que nadie porque es como actúa, mientras que Washington es más calmado; Jefferson suena más a jazz que a hip hop, para demostrar la diferencia de pensamientos y edad con Hamilton, y el Rey Jorge III se diferencia de todos los demás con sus pegadizas melodías pop sesenteras.

También es importante destacar el impresionante trabajo del reparto original, así como del resto del equipo, en especial las coreografías de Andy Blankenbuehler -tan repletas de líneas rectas en los movimientos de Burr, y tan fluidas en los de Hamilton-, el vestuario de Paul Tazewell -que prescinde de las pelucas para dar un aire más contemporáneo a la obra y para generar una mayor conexión con los personajes-, y el diseño del escenario de David Korins, que buscaba dar la sensación de algo a medio terminar, para encajar con el tema de la construcción de un país que se encuentra en constante movimiento, por lo que usó materiales como madera y ladrillos para apoyar esta idea.

Nadie tiene más estilo que el Thomas Jefferson de Daveed Diggs

Como se ha mencionado, tras su debut en Broadway en agosto de 2015 (y después de haberse estrenado en febrero de ese mismo año en el Teatro Público de Nueva York), Hamilton se convirtió en un éxito imparable e inmediato, logrando en un tiempo récord un estatus de fenómeno cultural que se demuestra en el hecho de que todavía hoy se siguen utilizando sus frases en las protestas englobadas dentro del Black Lives Matter (movimiento que, tras las correspondientes disculpas de Miranda, fue apoyado abiertamente desde las cuentas oficiales en redes del musical después del asesinato de George Floyd). Un año después, la obra recibía el Pulitzer, 16 nominaciones a los Tony y el honor de agotar entradas en cuestión de horas. Ese mismo año, Lin-Manuel Miranda cedía el testigo del protagonista -alcanzando las entradas para su última actuación la cifra desorbitada de 10.000 dólares-, aunque en 2019 retomaría brevemente su papel para una serie de actuaciones en Puerto Rico. 

Ahora, en pleno 2020, la pandemia mundial del COVID-19 ha adelantado la llegada de la grabación de Hamilton, que planteaba estrenarse en octubre de 2021 en las salas de cine. Sin embargo, en esta ocasión aterrizará en Disney+ en medio de grandes expectativas y como una curiosa manera de celebrar el Día de la Independencia y de hacer promoción de la plataforma de streaming, pues no por nada la Casa del Ratón se dejó 75 millones de dólares en hacerse con los codiciados derechos de la obra. Rodada en junio de 2016 y dirigida por Thomas Kail, en ella encontraremos al reparto original, como Renée Elise Goldsberry (Angelica Schuyler), Jonathan Groff (King George), Phillipa Soo (Eliza Schuyler), Daveed Diggs (Marquis de Lafayette/Thomas Jefferson) y Chris Jackson (George Washington). 

Seguramente este estreno produzca un resurgimiento de sus fans y lo acerque a un nuevo público, que descubrirá esta diversa mezcla de sonidos que encabezó una revolución teatral, legitimando el rap dentro de Broadway, y que también supuso un soplo de aire fresco a la hora de narrar una época tan delicada y esencial de la historia del país, cayendo en glorificaciones, pero también mostrando a sus carismáticos líderes como conspiradores, jóvenes impetuosos y algo irresponsables, y cabezotas capaz de morir por una cuestión de honor. No debemos olvidar tampoco el mensaje de integración y de memoria histórica que lanza, pues parte esencial de Hamilton es su mestizaje cultural, tanto en los actores como en los sonidos que conforman la obra. Y, también, el poder de la palabra -escrita, como muestra la narración, y cantada, como comprobamos los espectadores- para cimentar una identidad o una nación, pero también para destruir, para protestar y para reformar. 

Mary Poppins, aventuras con patos y nominaciones al Oscar

Por supuesto, después de Hamilton nada fue lo mismo para Lin-Manuel Miranda. Por mucho que fuera una figura icónica dentro de un sector de nicho como es el fandom del teatro musical, su primer acercamiento al público más mainstream fue su participación como compositor en Vaiana, que le dió a conocer a más espectadores en parte gracias a su actuación en la ceremonia de los Oscar de ese mismo 2016, ya que How Far I’ll Go había sido nominada como Mejor Canción. De esta manera se convirtió en una de las pocas personas nominadas a un PEGOT (el reconocimiento de haber ganado un Pulitzer, un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony), aunque a día de hoy le sigue faltando la estatuilla de la Academia de Cine.

Chim chiminey, Chim chimi-Lin…

Después lo veríamos, de nuevo de la mano de Disney, en la película El regreso de Mary Poppins (2018), la secuela del clásico de 1964, que pasó sin pena ni gloria por la cartelera y el recuerdo de sus espectadores, pero que dió a conocer el rostro del actor y músico para quienes no le ponían cara todavía. En ella daba vida al deshollinador Jack, el co-protagonista que toma el relevo del inolvidable Bert de Dick Van Dyke, pero no se encargó de ninguna canción para el film. Ojo, porque esta superproducción no es ni de lejos su primera incursión actoral en el audiovisual, ya que desde muy joven y gracias a su formación como actor, ha contado con multitud de cameos en famosas ficciones. Por ejemplo, en la década de los dosmiles realiza apariciones en series tan famosas como Los Soprano, House, Modern Family, Smash (inaugurando una sucesión de cameos posteriores en otras series en los que se interpreta a sí mismo) o Cómo conocí a vuestra madre, además del cameo de rigor en Barrio Sésamo, mientras que en la ficción seriada Do No Harm tuvo su primer papel recurrente.

En cuanto a su relación con el cine, se remonta unos años antes, pues protagonizó en 1996 la película Clayton’s friends, que él mismo había escrito y dirigido, un curioso film que apenas roza la hora y que mezcla los problemas de una ruptura con una trama de tintes fantásticos en los que los amigos del protagonista comienzan a desaparecer en plena fiesta de pijamas. Entre sus trabajos más recientes encontramos también que ha sido compositor invitado especial en Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015) e incluso tiene un cameo en el cierre de la trilogía, y que ha prestado su voz en varios capítulos de animación, primero en la serie BoJack Horseman (2014-2020) -encarnando al secundario Crackerjack Sugarman- y después de la última versión de Patoaventuras (2017-), donde da vida a la reinterpretación del superhéroe GizmoDuck (Robopato en español), un papel diseñado con él directamente en mente. 

El científico Fenton Crackshell-Cabrera transformado en un héroe robótico

Además de seguir apareciendo en diversas ficciones seriadas, es uno de los protagonistas de la serie La materia oscura (2019-), es el productor y compositor de la versión televisiva de Crónica de un asesino de reyes de Patrick Rothfuss (que también iba a tener versión cinematográfica dirigida por Sam Raimi, aunque poco más se sabe de ambos trabajos) y se encuentra trabajando en varios proyectos. Por un lado, en su segundo filme como director, pues planea ocuparse de la adaptación al cine del musical autobiográfico de Jonathan Larson -autor del éxito Rent– en el que ya había actuado con anterioridad: Tick, Tick…Boom! Y, por otro, en la composición de nuevos temas para el live action de La Sirenita (1989) y para una nueva película animada para Disney, un musical fantástico llamado -al menos temporalmente- Encanto, en el que también están participando Byron Howard y Jared Bush, creadores de Zootrópolis (2016). Del argumento no ha trascendido demasiado, más allá de que en principio la trama se ambientará en Colombia. Además, siguiendo esta línea, será el compositor de Vivo, un filme de animación escrito por Quiara Alegria Hudes y desarrollado por Peter Barsocchini para Sony Pictures, cuya trama parece que gira en torno al viaje de un mono que va desde Colombia a Florida para cumplir su destino.

No cabe duda de que en los últimos años Lin-Manuel Miranda ha conseguido estar en todas partes y labrarse una fama que, sobre todo ahora de la mano de Disney, parece que no ha hecho nada más que comenzar. Es irresistible establecer paralelismos entre su figura y la del hombre que le dio a conocer, pues al igual que Alexander Hamilton, su don de la palabra y su esfuerzo le han llevado a conseguir una posición con la que siempre soñó, siendo también acogido bajo el ala de un gran patrón que oculta una cara menos amable de la que aparenta. De esta forma ha encarnado unos valores tradicionalmente yanquis relacionados con la fama, la cultura del esfuerzo y la perseverancia. Más allá de lo inspiradora -o no- que nos pueda resultar su historia, lo que está claro es que con sus canciones ha invitado al público a soñar a lo grande y que, especialmente a través de Hamilton, ha conseguido reactivar el interés por el rap y por la historia estadounidense a la vez que ha animado a muchos de sus espectadores a que se levanten y no dejen escapar su oportunidad.

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