[Quiosco Canino] ‘Globo’, la primera revista para el drogata ibérico

La prensa marginal de los 70 daba sorpresas como esta: una pionera publicación sobre drogas, destinada a quienes deseaban ver la realidad de todos los colores tras la muerte del Caudillo, con profusión de artículos dopantes... y tebeos de Max.

Con tanta internet y tanto tablet y tanta cosa, corremos peligro de olvidarlas. Y eso nos da pena. Las revistas, con su portadas a todo color, sus grapas, esas ilustraciones tan recortables ellas y esa propensión a dejarnos sin espacio en las estanterías (a no ser que dichas estanterías sean portentos de la ciencia, claro) han sido cruciales en nuestra educación, sobre todo si eran raras… o rarísimas, tanto en temática como en difusión. Por eso estrenamos este membrete, bautizado Quiosco Canino’ y destinado a recordar exponentes particularmente extraños de la prensa escrita, sin distinción de épocas o procedencias. Para la primera entrega, les presentamos esta joya: nada menos que, posiblemente, la primera publicación periódica del Estado Español destinada al mundo de sus drogas, sus casos y sus cosas, desde una perspectiva informativa y de prevención de riesgos. Una revista muy efímera (tres números) con el muy adecuado título de Globo.

Exacto: Globo. Como en «me he pillado un globazo que pa qué». Un nombre que, amén de encantador, delata los orígenes de la criatura. Hablamos de un producto nacido en la primavera de 1979 en la misma Barcelona de las Jornadas Libertarias, de los tebeos de Nazario, y de los álbumes de Jaume Sisa y Pau Riba. Subtitulada «Revista psiquedélica», Globo aprovechaba la muerte del Caudillo y el final de la Censura para ocupar un espacio prácticamente huérfano hasta el momento: aunque Ajoblanco había destinado ya su número 15 a un especial sobre las sustancias ponedoras, profusamente documentado e ilustrado, la Ley de Peligrosidad Social aún coleaba por entonces, y ‘delitos’ tales como acostarte con personas de tu mismo sexo o ser sorprendido por un policía con una china de costo en el bolsillo podían hacerte dar con tus huesos, bien en la cárcel, bien haciéndole compañía a Leopoldo María Panero en el manicomio. Y eso que el pánico social de la heroína, si bien ya presente, distaba mucho de los extremos dantescos de la siguiente década…

Así, cuando Editorial Zafo (sello especializado en material feminista, anarquista, ecologista… vamos, para gente de bien) y la compañía underground Pastanaga Edicions se alían para publicar Globo, lo hacen pisando terreno peligroso: honor a ellas. Y también lo hacen desde un ángulo en cierto modo elitista, más próximo a los veteranos de Formentera y del Canet Rock que al chaval que, oculto en unos soportales, hace rular nervioso un mai entre sus amigos. A fin de llevar a cabo esta labor ilustrativa sobre la marihuana, los hongos sagrados de México y lo que le echen, la publicación cuenta con numerosos textos licenciados de High Times, el veterano magazine antiprohibicionista de EE UU, que lo mismo ofrecía un artículo de lo más sesudo que una entrevista con Lou Reed o con The Clash. Así mismo, figuraban aportaciones de plumillas ibéricos y unos cuantos cómics: entre estos últimos encontramos una página de los Freak Brothers de Gilbert Shelton… y también un serial firmado por el mismísimo Max, titulado Las aventuras del Profesor Zap y cuyo protagonista es un álter ego de Jaume Fargas, uno de los colaboradores habituales de la casa. Es en este tebeo, donde el maestro hace compartir peripecias psicodélicas al héroe con dos chavales de pelo estropajoso, donde advertimos que la realidad a pie de calle sonaba más como la Banda Trapera que como el Dioptría.

Matices aparte, Globo queda como una criatura encantadora, dotada con la atemporalidad propia de los productos ‘de su época’, y prueba que aquello que molaba de la Transición anduvo muy lejos de la ‘platajunta’ y de las Cortes. A continuación te ofrecemos una galería con páginas tomadas de sus escasos tres números, incluyendo portadas, artículos diversos, historietas y el anuncio de un «Espejo de las líneas mágicas» que no hubiese desentonado en nuestra galería de merchandising cocainómano de los 70. Exacto: los muy farloperos 80 estaban a la vuelta de la esquina. Para hacerte con los ejemplares en PDF, acude a ese imprescindible repositorio freak titulado La web sense nom.

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