[Quiosco Canino] ‘Star’: La revista de las ‘groupies’ de los 70

Nuestro quiosco vuelve esta semana con un ave rarísima: la publicación que, en 1973, registró el mundillo de las 'groupies' de Los Ángeles y alrededores. Ponte a Bowie a todo trapo y prepárate para una doble dosis de glam y desmadre.

Allí donde le ven, Jimi Hendrix detestaba el término «groupie». El guitarrista de Seattle lo consideraba peyorativo (y no iba desencaminado), con lo que prefería designar como «electric ladies» a aquellas damas que gustaban de la compañía de estrellas del rock y que, afirmaba él, solían superar a dichas estrellas en conocimientos musicales y mundología. Pero en 1973, tres años después de la defunción de Hendrix, el panorama había cambiado mucho: a la primera generación de ‘damas eléctricas’, formada muchas veces por señoras con carrera, talento y posibles, le había sucedido otra quinta de pibas mucho más jóvenes y muchísimo más dadas al desenfreno, si cabe. Patty Boyd, Nico, Pamela Des Barres, Anita Pallenberg y compañía se vieron reemplazadas por pájaras de cuenta como Sable Starr y Lori Lightning: chavalas de clase alta radicadas en Los Ángeles y dispuestas a asaltar emporios del vicio como la English Disco del DJ Rodney Bingenheimer en busca de todo ídolo del glam o del rock duro que se les pusiese al alcance. ¿Tuvo semejante desmadre una revista que le diera crónica? Pues sí que la tuvo: su nombre fue Star, y se publicó entre febrero y junio de 1973.

Tras habernos cogido un colocón de aúpa con la española y drogata Globoen CANINO no podíamos dejar pasar la ocasión de ofrecer semejante locura. Y, gracias a Ryan Richardson (un coleccionista de prensa freak y marginal cuyo archivo de fanzines provoca mareos) podemos ofrecérosla. Según leemos, Star salió con el membrete de Petersen Publishing, una editorial especializada en revistas de motor que también fue pionera en la prensa teen, publicando cabeceras como Tiger Beat. Y, más allá del escándalo que dio al traste con su trayectoria tras cinco números, Star era precisamente eso: una revista para jovencitas, algo más desorbitada de lo normal. Podríamos decir que, si la invicta Seventeen venía ser a los EE UU de los 70 lo que Ragazza a la España de los 90, el magazine que nos ocupa equivaldría a la añorada Loka, sólo que con mejores contenidos, mejor dirección de arte, menos tendencia (dentro de lo que cabe) a tratar a sus lectoras como idiotas… En fin, lo van pillando.

Así pues, los contenidos se atenían a los clásicos del género: consultorio sentimental, horóscopo, moda (minishorts, joyería antigua, camisas anudadas al ombligo… vamos, el look que Jodie Foster luciría en Taxi Driver), entrevistas con estrellas (Diana Ross, la pobre Karen Carpenter), relatos sentimentales o de terror (La maldición de amor del pentáculo del Diablo, con invocaciones a Cthulhu incluidas). Aparte, claro, de los artículos sobre chicos, con unos titulares (¿Deberías quedarte sólo con uno?) y un tono que aún hoy provocaría espasmos a un papá votante de Ciudadanos. Pero lo que rompe la pana son las ilustraciones de Joe Petagno, futuro portadista oficial de Motörheadque igual se marcaba una historia de jovencitas en pos acceso al backstage para conocer (en fin…) a David Bowie, Alice Cooper Marc Bolan que chistes con personajes como Polly Platforms (jovencita cuyos plataformones marearían a un sherpa) o Super Dude (el chico ideal para toda foxy lady: con más fondo de armario que tú y siempre dispuesto a recomendarte un rímel).

De Star podemos decir que su equipo editorial se componía mayormente de mujeres, y que su discurso hacía más hincapié de lo habitual en la independencia y la autoestima. Pero también podemos decir que aquellas groupies a las que ensalzaba terminaron muy mal, emparejándose con músicos que las trataban a patadas y que, para colmo, componían canciones poniéndolas como un pingo: ese fue el caso de Sable Starr con, respectivamente, Johnny Thunders Iggy Pop. Las hubo con mejor suerte, como Bebe Buell (mamá de Liv Tyler) o la modelo habitual de la revista Karen Umphrey, que tras aparecer en Playboy se retiró pacíficamente. Pero fueron muy pocas. Ahora sólo podemos disfrutar de estos ejemplares escaneados por Ryan Richardson (disculpen las marcas de agua, pero el pobre está hasta los mismos de que le roben imágenes sin acreditar) y pensar en una época en la que eso de los desmadres oníricos de la era espacial aún parecían posibles… aunque no lo fuesen.

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