Quo Vadis, Marvel Studios?: Por qué la Casa de las Ideas necesita reinventarse

El estreno, el pasado 29 de abril, de Capitán América: Civil War, confirma el rumbo que ha tomado Marvel Studios, una de las compañías más relevantes –a nivel tanto industrial como creativo– del panorama audiovisual contemporáneo.

Las cifras de taquilla del fin de semana de estreno de Capitán América: Civil War (más de 200 millones de dólares recaudados, sin haberse estrenado aún en EE.UU.), tercera entrega inscrita en el Universo Cinematográfico Marvel (UCM) de las aventuras del héroe de las barras y estrellas, reafirman el eco masivo de las producciones de Marvel Studios/Disney a nivel mundial. Al margen de su calado en el público general, de su contribución decisiva a la transformación de lo friki en puro y duro mainstream, la aportación más destacable de la compañía es la reconfiguración actual de una de las figuras clave de la cultura del siglo XX: el superhéroe, heredero posmoderno del héroe clásico, cuyo viaje heroico se ha reducido en términos de duración y espacio, mientras que la geografía mágica, con el tiempo mítico que la caracterizaba en la mitología antigua, muta en un presente histórico normativizado por la lógica del mundo contemporáneo.

 

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Puede que el mayor mérito de Kevin Feige y su equipo en este contexto haya sido erigir un modelo alternativo –y ahondar en su alcance– al propuesto por Christopher Nolan y Warner Bros/DC Comics en El caballero oscuro (2008), que supuso ya no solo la definitiva dignificación crítica de las películas protagonizadas por superhéroes, sino que propulsó un viraje insólito en las políticas de los grandes estudios, que se inclinarían hacia el universo de los cómics progresivamente. Hasta el punto de que son más de veinte largos de inspiración superheroica –sin tener en cuenta las series televisivas– los que se estrenarán entre el año en transcurso y 2020.

Pero, ¿cuáles son las claves más importantes de ese modelo, que, desde la fundacional Iron Man (2008), aúna las imágenes tonificantes con la diversión desprejuiciada, incidiendo en lecturas muy ceñidas a nuestro presente? Por un lado, nos hallamos ante la adopción de un modelo productivo heredado del cómic, donde diferentes franquicias se cruzan en crossovers, constituyendo un mastodóntico sistema de ficción serial que ostenta una meritoria organicidad no tanto gracias a su trabazón narrativa –todo lo que rodea a las Gemas del Infinito es, debemos decirlo, un marco común endeble e irrelevante– como a la consistencia en la evolución de sus personajes, tanto en la relación cambiante entre ellos como en la interacción con el mundo que habitan –imprescindible, en este sentido, resulta el artículo de mi compañero G. G. Lapresa–. 

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Todavía más notable es el hecho de que Marvel Studios parezca haber entendido de una manera particularmente inteligente el modo en que, a día de hoy, lo superheroico ha permeado formulaciones genéricas y del storytelling que hasta entonces le eran ajenas, al menos en el ámbito audiovisual. Es sobre todo a partir de la Fase 2 (2013-2015) cuando, presentados los héroes más importantes del cosmos marveliano, los filmes dejan a un lado la estructura dualista que parte de la génesis del superhéroe para culminar con la puesta en práctica de sus recién adquiridos poderes contra el villano de turno. Desde Thor: El mundo oscuro (2013) –adscrita con una convicción mayor que su predecesora a la fantasía heroica–, resulta cada vez más difícil aludir a los filmes de Marvel como «ficciones de superhéroes»; más bien, convendría hablar de «ficciones con superhéroes».

¿Acaso no es Capitán América: El soldado de invierno (2014) una puesta al día –hazañas de Edward Snowden mediante– del thriller de conspiraciones políticas de los setenta, o Guardianes de la Galaxia Vol. 1 (2014) una space opera en torno a la cristalización nostálgica del subgénero desde la percepción del friki, o Ant-Man: El hombre hormiga (2015) una comedia de robos y atracos que subvierte sus propios códigos con la hipérbole visual y argumental? Los superhéroes han escapado del compartimento estanco en el que estaban recluidos para reescribir, a partir de una vuelta de tuerca del héroe clásico que mantiene intacta su agencia esencial, algunos de los registros más influyentes en el cine comercial de las últimas décadas. 

Todo ello sitúa a Marvel Studios/Disney a la vanguardia del cine popular; pero, sin embargo, la compañía hoy se halla a años luz de ser cine popular de vanguardia, abandonado el sentido del riesgo de sus primeros trabajos. Así pues, una obra tan disfrutable y modélica en sus aspectos técnicos y de realización como Capitán América: Civil War confirma, paradójicamente, las peores previsiones: la decantación por productos de un acabado tan profesional y competente como impersonal y conservador. Algo que ya anunciaban las rencillas de Joss Whedon y Edgar Wright con los hombres de Kevin Feige: si bien las producciones firmadas por Jon Favreau, Joe Johnston, James Gunn o el propio Whedon –en Los Vengadores (2012)– hacían gala de rasgos de una fuerte personalidad estilística y formal, Vengadores: La era de Ultrón (2015) o Ant-Man: El hombre hormiga (2015), concebidas en principio como proyectos cuasi autorales, demostraron una falta de autoexigencia alarmante, convirtiéndose finalmente en meros instrumentos entregados a “engrasar y expandir la maquinaria que los genera, en un inquietante proceso de autofagia y huida hacia delante” (Diego Salgado, Miradas de cine).

Volviendo a Capitán América: Civil War, que toma como fuente de inspiración la serie limitada homónima de Mark Millar y Steve McNiven, no podemos dejar de pensarla como una gran oportunidad perdida. La Marvel de Feige no solamente ha desdibujado, después de un prólogo sugerente, el calado político del conflicto relatado, sino que la prometida fractura, el antes y el después en el UCM, no llega a producirse. Tampoco se incide en las aristas genéricas: como Los Vengadores, Iron Man 3 (2013) y Vengadores: La era de Ultrón, es un espectáculo abrumador, extensión de Capitán América: El soldado de invierno, cuya principal función es disponer el terreno para futuras entregas. Que no nos engañen las lágrimas que escuecen en los ojos de unos y de otros, ni los golpes intercambiados por Steve Rogers (Chris Evans) y Tony Stark (Robert Downey Jr.): no existe sombra de colisión entre modelos de heroísmo, ni siquiera encrucijadas éticas. Únicamente encontramos el cruce de afinidades sentimentales que derivan en un pique anclado en traumas más bien pueriles, llamado a resolverse próximamente –y, si no, tiempo al tiempo– sin dramatizaciones excesivas, de la manera más tonta.

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Al comienzo del texto repasábamos las prometedoras cifras del fin de semana de apertura de Capitán América: Civil War. Algo que llenará de regocijo a sus implicados y afianzará la necesidad de continuar por la senda que está siendo recorrida ahora, hasta que la gallina de los huevos de oro reviente. De los estrenos en previsión, únicamente los dirigidos por Scott Derrickson (Doctor Extraño, 2016) y James Gunn (Guardianes de la Galaxia, vol. 2, 2017) parecen escapar de la condición de encargos mercenarios, meramente funcionales, remitiéndonos a esas osadas tentativas que han ido perdiendo el lugar –la taquilla manda– poco a poco entre sus planes. Tal vez lo que necesite Marvel Studios sea un batacazo en toda regla que haga tambalearse, en los despachos y en las ficciones, convicciones y zonas de confort. Que los relatos comiencen a arder en llamas. Que los héroes empiecen a morir. Que una auténtica guerra, y no su simulacro, convulsione de una vez por todas el corazón de la facción cinematográfica de La Casa de las Ideas.

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12 comentarios

  1. javier dice:

    Muy lúcido análisis. Ojalá este tipo de críticas cuaje en otros medios y Marvel se deje de autocomplacencias y de oportunidades perdidas.

  2. Ignacio Pablo Rico Guastavino dice:

    Muchísimas gracias por leerme y por tus palabras, Javier. Conste que creo que Civil War es una película, a muchos niveles, meritoria. Pero también conformista (y, como tú bien señalas, autocomplaciente) hasta la náusea. Un abrazo.

  3. Tarna dice:

    Algo de eso ahí como comenta usted, se puede perder frescura.
    Pero yo firmo que todas las que vea tengan como mínimo la calidad de "civil war " antes que la estafa de star wars VII el rebobinar de la fuerza, que es la película que se cargó una franquicia legendaria en el cine.
    Marvel puede dar cosas buenas aún , pero la falsa star wars esta en un callejón sin salida.
    Y podía ser peor lo de marvel, podía ser como los 4F de Trank, casí tan mala como lo que hace JJ Abrahams (que se cargó también star trek)

  4. Ignacio Pablo Rico dice:

    Bueno, al margen de perder frescura (que creo que es algo que aún Marvel Studios maneja bien), pienso que lo que certifica Civil War es la inminente caducidad de un modelo que, en su momento, pudo parecer pionero e incluso audaz, pero que a día de hoy ha caído en las manos de un conservadurismo creativo que puede acabar pesando mucho. Y creo que Civil War es una película excelente por muchos otros motivos, pero Feige ha jugado a fingir que lo cambia todo para no cambiar nada: nos han dado gato por liebre.

    Con todo, soy bastante defensor del cine que está trabajando la compañía desde lo artesanal, si bien eso no tiene por qué estar reñido con un cierto afán de aventura, de salir de la zona de confort. Pero ya tenemos bien aprendido que hasta que no se la pegue algún título gordo en taquilla, las cosas seguirán así (con excepciones, ¡espero!).

    Fíjate, de todas maneras: pienso que la peli de Josh Trank sobre los 4F, quitando la espantosa media hora final, sí ha hecho cosas meritorias en un ámbito tan marmóreo hoy como es el de los superhéroes en el cine. Ídem con Abrams, Star Trek y la space opera.

    Pero sí, claro que podría ser peor. Muchísimo peor. Y tarde o temprano, me temo que se avecina la mediocridad, el hacer de cada filme un trailer desganado del próximo. Algo de lo que Marvel Studios ha escapado hasta ahora, si bien en ocasiones muy por los pelos.

    Gracias por leerme y por tus comentarios, ¡un abrazo!

  5. Gerard dice:

    La mejor película de Marvel junto con The Winter Soldier y Los Vengadores. Y que el ritmo no pare.

  6. Pascual Cano Vicente dice:

    También podrían dejar de hacer pelis de super héroes y dejar espacio para cosas nuevas. Digo yo.

  7. ertx dice:

    Veo fuera del análisis a Deadpool. ¿por alguna razón en concreto?

  8. Ignacio Pablo Rico Guastavino dice:

    Muy buenas:

    Deadpool se queda fuera porque el artículo se centra en las producciones de Marvel Studios. Es de Fox.

    Un saludo.

  9. NoOne dice:

    Me ha gustado mucho, pero estoy completamente de acuerdo con la tésis del artículo… nos han dado gato por liebre. Al final más que una guerra civil basada en algo importante, es un enfrentamiento de egos y venganzas, en un mundo caricaturesco. Mientras los X-men sufren el rechazo de la humanidad por ser una raza nueva, la ira contra Los Vengadores por no controlar más el daño colateral en el caso de Nueva York o Sokovia no tiene ni pies ni cabeza ya que sin su intervención los muertos son innumerables y no parece que hubiese cualquier otra alternativa. La idea detrás de poner a un grupo de personas extraordinarias bajo alguna clase de supervisión es excelente y da para una trama compleja y larga, con auténticos dilemas morales sin solución. Civil War sufre de simplificaciones innecesarias, con tramas de venganza más dignas de un culebrón, que realmente aportan poco al quitar justificaciones más profundas al conflicto latente.

  10. E. Martín dice:

    Civil War es un tebeo muy mediocre basado en una idea presuntamente rompedora que ni es original ni es compatible con un universo de superheroes (me recuerda el artículo de un editor de los comics del Castigador explicando por qué nunca había aceptado guiones en los que Castle se equivocaba y mataba a un inocente). Estas cosas pasan ahora porque ya no hay editores dignos de tal nombre y, por supusto, todos esos cambios importantes y trascendentales que se prometen no duran más de seis meses. La película hace muy bien en huir del cómic como de la peste y en su lugar centrarse en el tema de la venganza. Yo sí veo en ella la autoría de los Russo, tiene el mismo ritmo de Soldado de Invierno y el mismo equilibrio entre acción, humor y melodrama.

    Por otro lado, ya han pasado suficientes décadas desde la de los 60 como para que vayamos abandonando esa idolatría de la Autoría con mayúsculas tan cahiresducinemaniana ¿no? 😉

  11. Ignacio Pablo Rico dice:

    Al margen de las consideraciones sobre el cómic, que dan para un debate largo, en ningún momento ha sido mi intención idolatrar la autoría. De hecho, defiendo bastante el modelo de cine al que se ha abonado Marvel desde un principio. Pero es que para mí la artesanía y la profesionalidad no presuponen debilidad formal, ausencia de conciencia estilística, etc. Una cosa no implica la otra.

    Por lo demás, no creo que ese sea el problema de Civil War. Creo que es una falta de riesgo, de apostar fuerte a nivel dramático, de atreverse (como ha hecho, por ejemplo, la segunda temporada de Daredevil) a crear un auténtico conflicto entre modalidades y enfoques sobre lo heroico. Aquí todo se reduce a conflictos esencialmente personales, que a la postre serán irrelevantes. Vamos, que es un proyecto sumamente conservador, que juega sobre seguro y en el que no hay, ni por asomo, nada parecido a una guerra civil.

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