[Resumen 2016] Lo mejor de 2016: lo peor de 2016

[Esta semana, resúmenes. Obvio: los resúmenes de 2016. De cara a 2017, toca reflexionar acerca de los mejores (y peores) acontecimientos culturales del año que se va. Aquí los tenemos: libros, películas, canciones, series, videojuegos, comics, fiascos... ¿preparados para una semana de recuerdos? Recordad que nuestros resúmenes anuales son simplemente un pequeño sondeo entre algunos colaboradores de CANINO, no pretenden ser un resumen exhaustivo sino una pequeña orientación acerca de algunos lanzamientos del año]

No todo va a ser jolgorio, oigan. Llega el momento de despedirse del año con un trago amargo y seleccionar algunas de las cosas que menos gracia nos han hecho de 2016. Películas decepcionantes, gente que es como para matarla, modas y tendencias de auténtico escalofrío no-irónico… 2016 no ha sido un año especialmente memorable en demasiados aspectos, pero con todo esto el tema ya pasa de castaño oscuro.

Yoga Hosers (Kevin Smith)

El éxito, para muchos inexplicable, de Kevin Smith se basaba en que en sus películas solía hablar, de manera casi exclusiva, de un tema que parecía conocer a la perfección: la juventud geek que no creía en la visión del sueño americano. Por una vez los aficionados a los cómics y a las películas dejaban de ser representados como los frikis de los que todo el mundo se reía para ser los tipos guays, los que más sabían, y los que usaban su ingenio para despedazar verbalmente a todos los que no controlaban sus temas de interés.

Pero Kevin Smith se hizo mayor y en vez de contarnos ahora las aventuras de los mismos geeks como tipos de mediana edad. Tipos como él a los que sigue conociendo, ha decidido que, puestos que su fanbase le perdona todo, puede dejar que se le vaya la olla. Que se le vaya a lo grande. Su trilogía del True North va de mal en peor.

En Yoga Hosers, Kevin Smith demuestra que ni entiende ni quiere entender a los vilipendiados millenials y basa a sus protagonistas en absurdos estereotipos en los que pierde la identificación del público. Y por si fuera poco no hace gracia. Una peli de Kevin Smith que ni siquiera es graciosa. Marta Trivi

La debacle de Konami

Cuando era más pequeño que una nuez yo no quería ser un juez, de ahí el lamentable estado de mi cuenta en el banco, sino tener todos los juegos japoneses habidos y por haber en Super Nintendo. Una de mis compañías favoritas, una de las imprescindibles, era Konami.  Ésta siempre aportaba buenos títulos de acción, variados, y era un referente en el renqueante mundo de los shooter. Luego llegaron los polígonos, y más bien que mal, la compañía se agarró a dos clásicos insumergibles como son Pro Evolution Soccer y Metal Gear Solid.

Llegamos a 2016: Konami solo ha lanzado un gran título en occidente. Sí, exacto, la versión 2017 de Pro Evolution Soccer en plataformas domésticas. Una adaptación mediana, que vive de las rentas de su nombre, y que lleva desde años siendo superada por FIFA. Kojima dejó su puesto, luego de ser apartado del desarrollo del último Metal Gear, y no se vislumbra a corto plazo ni un Castlevania, ni un Silent Hill (¡ni un Goemon!) que redima a la compañía fundada en Osaka.

¿Qué pasó? Ni siquiera sus lanzamientos en móviles, casi todos de licencia y cartas, explican ese cambio. Lo cierto es que el pachinko, las recreativas han borrado del mapa a los jugadores para esta empresa, que ha expulsado a sus creadores, subsidiado sus franquicias y destruido un legado. El próximo Metal Gear con zombis es la metáfora del estado actual de una corporación que fue pieza fundamental para los videojuegos en Japón. Julio Tovar

Escuadrón Suicida (David Ayer)

Poca películas pueden resultar tan ruidosas, tan pretenciosamente cool, tan llenas de acción y tan absolutamente vacuas. Nada es tan desolador como descubrir que pierdes dos horas de tu vida mirando la nada. Pero no una nada en plan El caminante sobre el mar de nubes de Friedrich. Una nada única y exclusivamente dedicada a que le prestes atención.

David Ayer parecía tener ingredientes suficientes para hacer una película macarra, respuesta a la ironía pop de Deadpool (2016). Pero ni Will Smith siendo él con una metralleta, ni el sonrojante del Joker de Jared Leto, ni Margot Robbie como objeto sexual con piernas son capaces de levantar esto. Ni mucho menos un guión que hace aguas y una dirección francamente aciaga en intentar transmitir personalidad… Una oportunidad perdida para seguir ampliando los límites genéricos del cine de superhéroes. Y del cine. Y de todo. Francesc Miró

31 (Rob Zombie)

Me da igual que se trate de una rabieta o de una venganza ante todos los que abuchearon su colosal Lords of Salem hace unos años: 31 no es la obra que Zombie necesitaba para agrandar su leyenda como uno de los mejores directores de horror del siglo. Financiada a través de crowdfunding, lo que probablemente limitó su ansiedad artística, luce como una práctica de fin de curso por algún alumno escaso de talento que acaba de entrar en el género por la puerta más reciente. Y eso es algo que ni el director ni sus seguidores merecen. Zombie ha demostrado que es capaz de rodar clásicos polvorientos llenos de la violencia más olvidada cuarenta años atrás (Los renegados del diablo), o que incluso puede innovar dentro de franquicias más que explotadas, aunque necesite una segunda oportunidad (Halloween, H2).

Lo que era una apuesta segura se ha convertido ahora en una incógnita que no despejaremos hasta que vuelva a mover ficha. Por favor, Rob, vuelve. Kiko Vega

Expediente X (Temporada 10)

Revisitar los lugares felices de nuestra memoria pop tiene sus riesgos, como poco puede acabar uno convertido en uno de esos energúmenos que vociferan en el desierto de internet porque la nueva versión de Cazafantasmas les ha arruinado la infancia. Es por eso que los reboots, remakes y demás productos revivalistas deberían venir con un disclaimer como las cajetillas de tabaco. “La nostalgia la carga el diablo”, “el consumo de productos nostálgicos puede provocar alteración de las funciones cognitivas”, o algo así, acompañado por la foto de un cuarentón con el moco colgando frente al televisor. Tampoco hace falta un estado de ánimo llorica para sentirse decepcionados cuando las expectativas son tan altas como en este caso, por haber sido Expediente X lo que fue en su día. Pregunta: ¿acaso había alguien que esperase algo más de Chris Carter, un hombre que no ha vuelto a dar en el clavo desde mediados de los noventa? Respuesta: pues claro que no, pero es que uno no es de piedra y quiere creer.

El caso es mi decepción no tiene que ver con los motivos habituales de este tipo de rabietas, no es que esta no sea mi serie de siempre, que me la han cambiado; es más bien al contrario. Hay en estos seis episodios una voluntad clara de continuísmo, de volver a hacer lo mismo una vez más, como si no hubieran pasado los años y las décadas. Los mismos créditos, las mismas conspiraciones inabarcables (sí, han metido a un sosias de Julian Assange y alguna referencia a los chemtrails, pero parece que la agenda conspiranoica de Chris Carter lleva veinte años sin actualizarse), diálogos inverosímiles, ingresos hospitalarios,  un David Duchovny en el que ya nadie puede dejar de ver a Hank Moody y una Gillian Anderson que parece preguntarse qué pinta ella en todo esto.

Pese a que la serie mejora en los episodios que pasan de la mitología y se entregan desvergonzadamente al formato monster of the week, esta nueva temporada funciona como un potente amplificador de todo lo que no nos gustaba de la serie original; una bala certera disparada hacia atrás en el tiempo para aniquilar algunos de nuestros recuerdos televisivos más queridos. Félix García

Batman V Superman (Zack Snyder)

Nos caen collejas a los que osamos meternos con el universo DC en el cine. ¡Pagados por Disney, mercenarios de Marvel!. Puede resultar ridículo tener que disculparse explicando que uno es fan de series como Flash, Supergirl o Legends of Tomorrow, pero en realidad viene bastante a cuento para explicar todo lo que Zack Snyder hace mal en su ejercicio de onanismo geek. En las series del universo DC las tramas son fluidas, limpias, llenas de ritmo y eficiencia narrativa. Ante todo plantean el género como puro entretenimiento.

Batman vs Superman es farragosa, tosca, y excesivamente complicada. Trata de explicar todo su argumento entrelazando motivaciones con excusas para introducir elementos de cómics que le gustan al director, detalles de un universo cinematográfico aún sin cocinar y decisiones narrativas vergonzosamente moldeadas para crear una imaginería que quede bien en los trailers. Cuando el director se ha liado lo suficiente y ha creado una maraña ininteligible de tramas y conflictos sube el volumen y deja que sus muñecos se pongan a dar hostias, que al fin y al cabo es lo que hemos venido a ver.

La epopeya de Snyder es la Best Worst Movie de este año. Un chocho antológico lleno de momentos de ridículo a la altura de The Room (2003). Puedes sentarte con tus amigos y comentar los esfuerzos del director por hacer alegorías visuales pueriles, la interpretación de Cavill, Batffleck, y Lex “Steve Jobs” Luthor ladrando, las absurdas escenas oníricas con Batman con gabardina de pervertido, la escena de Ciudad Juárez, decenas de involuntariamente hilarantes líneas de guión y el momento cumbre, el ya mítico “¡Martha!” como solución a todos nuestros problemas. En realidad sería una delicia trash si no fuera tan aburrida. Jorge Loser

Las reacciones al retiro de Alan Moore

alanmoore

En septiembre, aprovechando la presentación de su novela Jerusalem, Alan Moore confirmaba definitivamente que no tenía nada más que aportar al mundo de los cómics. Mientras que una mayoría lamentaba esta despedida, dos minorías armaban un poco de bulla. Unos, para demostrar la independencia de sus exquisitos gustos frente a una masa supuestamente acrítica (“Alan Moore está sobrevalorado”, decían), y otros para criticar las opiniones del guionista sobre la deriva del género de superhéroes. Para Moore, este género de aventuras infantiles no tiene sentido cuando se produce para un público talludito. Ya lo decía en 2013: “Creo que es una señal alarmante que un público de adultos vaya a ver una película de los Vengadores y disfruten con conceptos y personajes que fueron creados para entretener a niños de 12 años en los años 50”.

Muchos aficionados recibieron mal los comentarios del guionista de Watchmen (1986-1987) y Miracleman (1985-1989). Buscaron la incoherencia en su tesis (“El género que tanto critica es el que le ha dado fama”), la debilidad de sus argumentos (“¿Cuántos cómics actuales lee Alan Moore?”), o la falta de autocrítica (“El género ha evolucionado de esta manera porque se han imitado sus cómics”). Yo he echado en falta algo de comprensión por parte de estos aficionados: ¿por qué cuesta admitir que el material pijamero que se produce es mayoritariamente juvenil? O visto de otra forma, ¿por qué estos aficionados adultos no han explicado por qué no encuentran ningún problema en disfrutar de historietas juveniles. Pablo Vicente

Disney, el CGI y lo grotesco

A lo largo de este año y unos cuantos anteriores, la Casa del Ratón ha demostrado hallarse en un momento creativo y económico espléndido, ya sea por los beneficios derivados de sus movimientos empresariales (con Marvel y Star Wars apuntalando su camino hacia el monopolio del blockbuster) o por sus producciones de carácter propio (con las notables Zootrópolis y Vaiana). Con un presente tan brillante, resulta incomprensible su reiterado empeño en seguir sacando tajada del pasado. O sea, incomprensible no. Pero sí muy, muy enervante.

Afortunadamente, yo no poseo una infancia de ésas susceptibles de ser destruidas con el remake de turno, y es por ello que mi absoluto rechazo hacia producciones como El libro de la selva o la inminente La bella y la bestia no se debe a razones nostálgicas sino, más que nada, estéticas. Deteniéndonos en el engendro estrenado por Jon Favreau el pasado mes de abril, no hay por qué reparar en su desenlace alterado por obra y gracia de la secuelitis (y destructor de toda coherencia narrativa), ni tan siquiera en el sufrimiento del pobre Mogwli perdido en esa jungla del todo a cien: baste recordar esa escena, paradigma del terror psicológico, en que el protagonista interpretado por Neel Sethi es conducido por un ejército de simios al interior de una pirámide, e interrogado por un enorme Rey Louie que posee la voz de Christopher Walken y que, en el momento álgido de la velada, decide entonar sin ningún tipo de vergüenza el clásico “dubidú, quiero ser como tú”. Con, insistimos, la voz de Christopher Walken.

Tras semejante trauma, una película tan increíblemente sosa como Peter y el dragón, o incluso imágenes tan tétricas como ésta, saben a poco. Aunque no deje de causar inquietud la cercanía en el tiempo de la película de Bill Condon, y las posibilidades nada descabelladas de que Disney vuelva a hallarse ante un gran éxito de taquilla. Alberto Corona

Pokémon GO (Niantic)

Hablé de las virtudes de Pokémon GO en uno de nuestros Todos a una y es justo decir que aquello sigue vigente pero, lógicamente, para que el juego siga siendo atractivo los responsables tienen que seguir dando alicientes. Después de los eventos de Halloween y acción de gracias, todos los usuarios esperábamos algo parecido para Navidad con una posible adición de la segunda generación e incluso, por pedir que no quede, la inclusión de los legendarios de la primera generación. El anuncio del famoso 12 de diciembre, sin embargo, fue una decepción absoluta ya que se limitaban a añadir un gorrito de Papá Noel a Pikachu y los únicos elementos de segunda generación eran algunos baby pokémon que solo pueden salir de un huevo. Lo primero es directamente una tontería, lo segundo es poco realista: en invierno, como es lógico, no se puede andar tanto como en verano, por lo que eclosionar huevos es más complejo y el factor suerte es tan decisivo que puede llevar a la frustración. Todavía se habla de que va a haber un evento navideño más pero, a estas alturas, ya no quedan muchas esperanzas. El juego se durmió en sus laureles del éxito inicial, pero no han conseguido dotarle de dinamismo con el tiempo… y seguirán perdiendo usuarios irremisiblemente. Prefiero dedicarme al Pokémon Luna. Mariano Hortal

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino)

https://www.youtube.com/watch?v=6_UI1GzaWv0

No. No es que, como muchos quejicas apuntaron con su índice acusador, Tarantino se “inspirara” en La Cosa (1982) de Carpenter para concebir Los odiosos ocho. Quejarse de eso a estas alturas es propio de idiotas o de zoquetes indocumentados que no saben de qué va la película (risas). No. Lo que sucede es que Los odiosos ocho es una entrada impropia de alguien que rodó joyas del empoderamiento femenino como Kill Bill (2003) o Death Proof (2007). El problema es que alguien que proporcionó a las niñas y jovencitas un icono como La Novia perpetró un guión en el que la mujer (la única) es un puro engendro del mal, una bicha malvada, un elemental cuya mancha en la tierra solo puede ser limpiada mediante la camaradería masculina. Y un ahorcamiento. Incluso el cazarrecompensas cabronazo e hideputa interpretado por Kurt Russell nos cae bien. Y sin embargo tenemos que ver como es envenenado (porque por supuesto las mujeres son ladinas y matan así) por la mala pécora de Jennifer Jason Leigh. No me entiendan mal. Los odiosos ochos es en todos los demás aspectos –tempo, imágen, todo- absolutamente irreprochable. Pero esperábamos de ti, Quentin, un personaje femenino un poquito más trabajado, no una simple bruja. No hace falta denigrar a la mujer para denunciar la opresión de los negros. Santi Pagés

Aleksandr Duguin

https://www.youtube.com/watch?v=aOWIoMtIvDQ

Con el año loco que hemos tenido y la de cosas para quejarnos, ¿cómo se me ocurre a mí meterme con Duguin? Al fin y al cabo, ¿sabemos realmente quién es? Quizá hayamos oído su nombre antes, al fin y al cabo lleva muchos años danzando y la fundación del Movimiento Eurasia en 2002 fue cualquier cosa menos tranquila. ¿Pero por qué este año y no cualquier otro? Pues porque ha llegado por fin el momento en que han culminado todos esos años de sugerir cómo mover la cosa cultural ajena a su favor, diluir la credibilidad de las noticias y medios, promover la superioridad blanca, la homofobia, la intolerancia religiosa y, en general, cualquier pensamiento parafascista que le parezca interesante, así que en esta locura de año cosas como echarle una mano a Trump dejando bien claro que era su candidato y que contaba con todo el apoyo que los rusos pudieran darle (*cof cof*) o decidir cómo podía aprovechar el viento para mover sus intereses ante el Brexit. No le podemos culpar del televoto de Eurovisión, pero es que tampoco nos hemos parado a mirarlo mucho más de cerca. Porque en realidad tanto jugar a ser el Rasputin de Putin y convertirse en el enemigo de Bond preferido por la CIA (como si no hubiera quedado claro durante todo este año que entre estos y el FBI los que sabían hacer lo suyo eran los segundos) no deja de funcionar como mero apoyo interesado. Duguin facilita cosas pero no puede lograrlas -al menos fuera de Rusia, e incluso dentro hacen un mínimo de disimulo pese a todo- de modo que su posición es más ideológica que real y sus mayores logros son, precisamente, convencer a la gente de que las noticias no son las que ellos creen o que lo que ellos llamaban de una manera podría llamarse de otra y así no asustan a nadie. El fin de fiesta fue su encuentro con Alex Jones en InfoWars, un team-up de personas cuestionables que servía sobre todo para dejar claro que el peligroso era el ruso. Y es que al final Duguin ha logrado ser lo peor de 2016 teniendo éxito en sus cosas. Cualquier día incluso le hacen un perfil sobre sus gustos en ropa en una revista de tendencias. No le restemos importancia, será otro de sus logros. Jónatan Sark

Colega, ¿dónde está mi segundo acto?

https://www.youtube.com/watch?v=GqAllf_BKEw

Aunque se lleve hablando demasiado del segundo acto en una película, se trata de un término impreciso: en realidad, el segundo acto solía estar dividido en varias partes, para crear una sensación de escalada que tenía que acabar sí o sí en un clímax. Pero la prisa de los estudios de cine, que contratan las escenas de efectos especiales meses antes de que haya un guión, así como la necesidad de crear franquicias, ha generado el monstruo de 2016: una película donde se presenta a los personajes, se plantea un problema y, sin puntos intermedios, se soluciona pero no mucho porque hay que dejar una puerta abierta. Es la definición pura y dura de anticlímax.

Súmese que la falta de tiempo también se traduce en falta de imaginación (¿cuántas veces tendremos que burlarnos del rayo en el cielo para que dejen de hacerlo? ¿cuántas veces se burlará una franquicia de que el último enemigo es mucho más grande que el anterior?) y entenderéis por qué creo que éste ha sido un horror de verano cinematográfico, en términos de taquillazos. Un horror de año, miren si no lo que comentan mis compañeros ahí arriba.

¿Dónde está mi segundo acto? No lo sé, pero si no quieren que el público les mande a freír puñetas como con Independence Day: Contraataque (2016), será mejor que lo encuentren pronto. Pero a quién quiero engañar: lo más triste es que incluso sin el respaldo del público, los estudios pueden fallar muchas veces, ya que forman parte de complejos entramados empresariales. Ayer, un fracaso de taquilla como el de esa película hubiera quebrado un estudio; hoy, el nombre está en rojo en un Excel de resultados sin mayor consecuencia. Adrián Álvarez

2016

Entero. Todo el año. Y para ello mejor me callo y dejo paso a Flo & Joan, prácticamente el mejor descubrimiento musical de esta mierda distópica de año, que lo explican mejor de lo que yo podré explicarlo nunca. Alberto Mut

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9 comentarios

  1. Garibaldi dice:

    De verdad que estamos llegando a algunos extremos francamente imbéciles con el temita del feminismo. Ahora resulta que Los odiosos ocho es una película magnífica, pero la colocamos en una lista de los peor del año porque… el villano es una mujer. Y por nada más. Santi Pagés, ¿tienes idea de lo absurdo que es tu argumento? Parece ser que en tu mente las mujeres solo pueden ser heroínas (o antiheroínas como La Novia) y nunca villanas, ¡jamás! ¡Eso sería machista! ¿Debemos quemar todas las copias de películas donde la antagonista es femenina? Me gustaría que todos reflexionáramos un poco sobre el significado de este tipo de actitudes tan estúpidas y como han influido en el ascenso de monstruos como Trump.

  2. Dr Zito dice:

    Por supuesto que pueden ser villanas. Pero hay un bagaje cultural. Y cuando perfilas unos personajes interesantes menos con la mujer, a la que haces una villana sin motivación ninguna más que el caos puro, se está optando por una vía muy clara de representación de la mujer que tiene ademças un historial cultural muy dilatado. Me serviría igual si la hubiese retratado como una damisela en peligro o como una pibona florero.

    Y la coloco en la lista de peor de año precisamente para provocar una reacción.

    Tu comentario sobre Trump mejor no lo comento porque está a la altura intelectual del «a las mujeres las violan porque van provocando.»

  3. Garibaldi dice:

    Y dale… ¿Las mujeres no pueden ser representadas como monstruos? ¿por qué? ¿acaso no hay mujeres que son aborrecibles? ¿Un personaje femenino no puede ser malvado? La excusa de «es que ha habido un tendencia histórica de mostrar a la mujer de modo negativo» no vale para nada, y menos en este caso. Por cierto, supongo que te defines como feminista. El feminismo busca la igualdad entre hombres y mujeres, no encumbrar a la mujer como un ser celestial, puro e inmaculado incapaz de hacer mal alguno.

    Y lo de Trump, que tan desdeñosamente ignoras (¿hace mucho viento ahí, en la cima de tu torre de marfil?), te lo explicaré de modo que lo entiendas: esta obsesión por lo políticamente correcto está provocando una reacción virulenta de signo contrario, y esta reacción está alcanzando a una mayoría de la población, que se manifiesta votando a personajes nefastos como Trump, que se autodefinen como «campeones anti-corrección política» y que «dicen las cosas por su nombre.» ¿Lo entiendes ahora, o te hago un dibujo?

    Aunque si dices que la razón era para provocar una reacción… peor me lo pones. Entonces nos encontramos ante un juntaletras de medio pelo que se las da de feminista y de intelectual y que busca la provocación por la provocación, invocando conceptos que ni siquiera entiende.

  4. Raps dice:

    Solamente para decir que estoy totalmente de acuerdo con Garibaldi. Pero creo que los dos pecan de un tono que no fomenta mucho el diálogo y el debate.

  5. Anchored dice:

    Ya que estás tan en contra de la «corrección política» (o al menos entiendes la agresiva reacción que algunos han tomado como causa), supongo que no tendrás ningún problema en definirla y darnos un par de flagrantes ejemplos de (dictadura de la) «corrección política».

  6. Huevón dice:

    Lo peor de 2016: esta lista.

  7. Nahuel dice:

    o sea, te gustan esas series mediocres de DC, pero una obra de arte como BvS (en su version completa) no? no tiene sentido

  8. E. Martín dice:

    Sí, muy mal el tono. Y Pagés debe haberse dormido media película porque quien envenena a Russell no es la «mala pécora» sino sus aliados. Ella, por cierto, tiene la motivación de escapar de la horca (no sé, a mí me parece creible) y quiere muchísimo a su hermano lo que no quita para que, efectivamente, sea un mal bicho (vease las respectivas recompensas que se ofrecen por todos). Igual que él y el resto de la banda pero se ve que eso no importa si el principio es que si no escribes únicamente personajes femeninos empoderantes de postalita de santa te tachan de misógino.

    ¿Que la tratan a patadas? Vaya, qué diferencia con el resto de personajes que se tienen un respeto y una deferencia que hace que los teletubbies parezcan Podemos. Esa «camaradería» final que ve

  9. Arioch dice:

    Totalmente dee acuerdo con Garibaldi.
    Y Pages, pon en lo peor de 2016 esa BASURA de ghostbusters, que ha sido el FRACASO DEL AÑO.
    Pero claro, es una película feminista y como siempre no te enteras de nada, Pages.
    Espabila y muevete, que es para hoy.

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