[Resumen 2016] Lo mejor de 2016: los discos

[Esta semana, resúmenes. Obvio: los resúmenes de 2016. De cara a 2017, toca reflexionar acerca de los mejores (y peores) acontecimientos culturales del año que se va. Aquí los tenemos: libros, películas, canciones, series, videojuegos, comics, fiascos... ¿preparados para una semana de recuerdos? Recordad que nuestros resúmenes anuales son simplemente un pequeño sondeo entre algunos colaboradores de CANINO, no pretenden ser un resumen exhaustivo sino una pequeña orientación acerca de algunos lanzamientos del año]

El otro día tratábamos el tema temazos, que es algo que ya solo por el pleonasno nos gusta, pero… ¿qué hay de los discos de 2016? Trabajos completos, conjuntos de canciones, conceptos melódicos globales. O lo que se viene conociendo de toda la vida como un discarral como la copa de un pino. Aún nos queda el último día del año, que nos reservamos para un par de listas muy peculiares, pero mientras… ¡música!

Create Christ, Sailor Boy – Hypnopazuzu

https://open.spotify.com/album/1x8EzhnU4dPcJz1qYyz5ii

No sería muy exagerado afirmar que últimamente busco en la música algo de la trascendencia espiritual que me niegan el materialismo y las religiones organizadas. Dado este interés, se comprende que siga con especial atención la carrera de David Tibet, ya que el veterano líder de Current 93 encarna como nadie la figura del músico como oficiante sagrado. El anuncio, a comienzos del verano, de que Tibet estaba trabajando en un proyecto a medias con Martin Glover aka Youth, el teclista de Killing Joke, bajo el nombre de Hypnopazuzu me llenó de alegría y… temor. Alegría porque tras el progresivo desplazamiento de C93 de la música industrial a un cierto neofolk de guitarras acústicas ya llevaba un tiempo echando de menos un mayor protagonismo de los sonidos electrónicos en sus composiciones. Temor porque cuando uno es tan prolífico como Tibet es difícil evitar caer en lo derivativo y porque el propio Youth tiene tendencia a meterse en muchos proyectos (hasta formó un grupo con Paul McCartney), algunos de los cuales no son precisamente para tirar cohetes. La salida del disco a finales de agosto sirvió para disipar todos mis temores;  Create Christ, Sailor Boy bien podría ser el mejor trabajo de cualquiera de los dos en mucho, mucho tiempo.

Liberado de las responsabilidades de la composición musical y los arreglos, Tibet se concentra aquí en las letras, ofreciendo un alucinante poemario hecho de visiones infernales y/o apocalípticas, mitología, evocaciones de la infancia perdida, mantras en lenguas muertas y gatos, muchos gatos. La interpretación vocal, uno no está muy seguro de si eso es cantar o más bien declamar, también es de sobresaliente, alternando gran cantidad de registros, pasando del susurro al gruñido en el espacio de unas pocas sílabas porque esa es, al parecer, la manera en la que les habla a sus gatos. Tibet se confirma aquí como uno de los vocalistas más personales e imprescindibles del panorama musical, algo que, supongo, no debería sorprender a nadie tanto como a él mismo, sobre todo teniendo en cuenta que raramente ensaya y que se suele quedar con la primera toma de cada grabación. Puro instinto. ¿Y qué decir de la parte instrumental? Colchonería electrónica de lujo, texturas atmosféricas y filtros que se elevan majestuosos como cetáceos del fondo oceánico.

El invento nos llega, además, de la mano de House of Mythology, un sello joven y que por ahora parece incapaz de equivocarse. Este año, sin ir más lejos, nos ha entregado otras dos joyas en forma de las gaitas planeadoras para nostálgicos de Coil de Stargazer’s Assistant y el soul meets noise de Stian Westerhus. Félix García

Worry – Jeff Rosenstock

En un año en el que Blink 182, Dan Vapid, Descendents, Weezer o NOFX han sacado sus mejores discos en años es difícil que fuera a encontrar algo mejor que alguno de ellos en el terreno del punk rock. Jeff Rosenstock ya avisaba el año pasado con We Cool pero con Worry ha creado la colección de canciones más redonda, pegadiza, espontánea y fresca del año. Melodías power pop exquisitas, sin renunciar a la inmediatez o incluso la velocidad, que contienen la astucia compositiva y cualidad vocal de Elvis Costello o la alegría desvergonzada de Jay Reatard sin abandonar la sensibilidad momentánea de Weezer, a través de armonías siempre en escalas melódicas.

Lo mejor de todo es que Jeff suena como los grandes del power pop pero puede hacerse pasar por el movimiento de indie-rock garagero de Fidlar o Wavves sin tratar de sonar a ellos. En realidad, su sonido es más fresco, atemporal y positivo. Un prodigio que enlaza sus temas y del que es imposible elegir un single a pesar de que los singles elegidos sean los arrolladores himnos Festival Song y Wave Goodnight to Me. Una sacudida, una mezcla perfecta de diferentes maneras de entender el punk, el indie pop y el garaje. Feel good record del año. Jorge Loser

Nattesferd – Kvelertak

Black, punk y rocanrol fueron las etiquetas que les cosimos a los noruegos en nuestro artículo sobre la popularización del black metal, y su tercer disco nos demostró que de momento no hay que quitar ninguna: el bombazo de apertura, Dendrofil for Yggdrasil«Dendrofilia por Yggdrasil», o atracción sexual por el árbol de la vida de la mitología nórdica; también tienen el mejor título del año― ya enarbolaba la primera, y Bronsegud era más hardcore que una olla de pogos. Sin embargo es por la parte del rock clásico por la que han seguido progresando -retruécano intencionado- en este Viaje nocturno, afinando los desarrollos más largos (Heksebrann, nueve minutos sin desperdicio en los que les sacan todo el partido a sus tres guitarras), abrazando ese sonido de estadios al que parecen estar predestinados (1985, una suerte de perversión del Escape de Journey que, pese al estupor inicial de algunos, ha acabado por convertirse en una favorita de todos) y adentrándose en senderos tan inesperados como bienvenidos (ese Ondskapens Galakse de temática lovecraftiana y riff gótico-roquero). Ante todo una gran colección de canciones, que además ya han probado su calado en una gira para el recuerdo, pero súmales el portadón a lo espada y planeta de Arik Roper y una terna de videoclips que merecen su propio podio -ciencia-ficción con guiños a Bergman para el tema del título, animación oscura para Svartmesse, y La naranja mecánica con barbas para la citada 1985-, y más que un disco tienes el evento astronómico del año. Andrés Abel

Weezer (White Album) – Weezer

https://open.spotify.com/album/6StNTJJ7Yq3Hf121kLvPBz

El “disco blanco”, al igual que su antecesor, es una historia en forma de canciones. En este caso, una de recuerdos agradecidos al estado californiano donde la banda ha vivido toda su vida. Pero tranquilos, no hace falta haber recorrido el paseo marítimo viendo a los Hare Krishna tocar la pandereta junto a tu chica para disfrutarlo, porque el disco habla de todo lo que seguro te ha pasado en algún momento. Silbar, sentirte querido y rechazado y drogarte con y sin receta. Todo, desde un sentimiento de inocencia melódica que homenajea sin tapujos a los más populares de la zona, The Beach Boys. Las gaviotas del inicio y el final no solo están de adorno, eh.

Y es que los chicos de Cuomo siempre han sido la reencarnación de la banda de Wilson, capaces de marcarse un villancico de verano en (Girl We Got A) Good Thing o hacernos sentir la arena entre los dedos mientras peleamos contra el trastorno obsesivo compulsivo en Endless Bummer.

Como siempre pasa con sus discos, el tema de inicio es un pelotazo que forma esa extraña sensación que enfrenta las ganas de que no termine nunca con la de conocer inmediatamente la siguiente canción. California Kids es su título y no podría ser más honesto: ellos se encargan de lanzarte un salvavidas si estás en apuros. Su pareja de baile, L.A. Girlz, más amarga y prima hermana de la Susanne que nos presentó Kevin Smith cuando vimos Mallrats por primera vez en VHS, se sostiene sobre una de esas rimas que nadie más podría hacer, cuando Cuomo, con toda la bajona, sentencia “LA girls, please act your age. You treat me like I have the plague”.

Accidentes ha habido y seguirá habiendo, no olvido las irregularidades del disco rojo, de Hurley o de Raditude, aunque ninguno sea un mal disco, o el error de cálculo que fue Death of false metal. Pero nada de eso tiene importancia, ojalá todas mis bandas favoritas cometieran el error de sacar diez discos tan llenos de magia y de ganas de levantarse de la cama como ellos, aunque el filtro de Rivers Cuomo todavía se permita el lujo de colarnos temas como Thank god for girls. Eso sí, pasan los días y las escuchas y ya nos sorprendemos cantándola en la ducha. Kiko Vega

Ghostlights – Avantasia

El talento de Tobias Sammet no para de crecer. Avantasia, su proyecto paralelo, es cada vez más grande tanto en envergadura como en calidad y amenaza con eclipsar a Edguy. Ghostlights, el último lanzamiento, es bigger than life en sí mismo. Si hace años que el heavy metal se le quedó pequeño a Sammet para todo lo que quería hacer ahora ha dirigido su mirada al rock sinfónico clásico en la tradición de Meat Loaf; de hecho, Mistery of a Blood Red Rose, el primer corte del disco iba a ser interpretado por él y se nota muchísimo porque es un tema de stadium rock épico como los que a él le gusta hacer, con arreglos orquestales y toda la pirotecnia y parafernalia. Por supuesto el power metal alemán de toda la vida sigue ahí, como en el tema que da nombre al disco, y el pop ochentero también asoma en Draconian Love. Es el mejor disco del año para este que escribe porque es la madurez de un artista que si bien ha tenido altibajos es lo más cercano a un genio que ha dado el rock europeo desde los tiempos de Kai Hansen y compañía. Alberto Mut

Verismo – Anna Netrebko

Dando color a esta lista de los mejores discos del año, en consonancia con el anacronismo en el que vivo con respecto a la música actual, he escogido un disco de arias de ópera. Todas ellas tienen como nexo en común tratarse de obras veristas y ser interpretadas por la otrora diva belcantista Anna Netrebko. La soprano rusa está demostrando según pasa el tiempo una inteligencia proverbial a la hora de escoger el repertorio adecuado para su voz y llevarlo a la excelencia. Tal es el caso de su introducción paulatina en los papeles verdianos y este disco es la confirmación de esa gran evolución canora.

En el verismo es fundamental  la capacidad de transmitir los sentimientos a través de la voz, todo un leitmotiv que se apoya en una gran densidad orquestal y un predominio de tramas dramáticas en las que se pone mayor énfasis en la condición humilde de sus protagonistas, la mayoría de ellas acaban en tragedia como se puede suponer, tal es el caso de La Bohéme o Cavalleria Rusticana, por poner dos ejemplos paradigmáticos. De ahí que este repertorio pudiera ser considerado como la antítesis del belcantismo en fondo y forma.

Netrebko conserva su atractivo timbre y, a estas alturas, es capaz de dotarle de una carnosidad envidiable. Su voz ha ganado peso en la media voz y puede afrontar sin ninguna dificultad todos los registros y, además, hacerlo con un volumen considerable. El despliegue al que asistimos en estos 16 cortes es sencillamente apabullante, tal es el caso de Vissi d’arte, vissi d’amore de Tosca o el famoso Un bel di vedremo de Madama Butterfly. Y todo ello sin perder su versatilidad y buen gusto a la hora de cantar, es encomiable que sea capaz de interpretar a Liú y a Turandot en el mismo disco y salga indemne del experimento. Le acompañan en el empeño su marido, el tenor Yusif Eyvazov (que desentona menos de lo que uno podía esperar) y la espléndida dirección, matizada y pasional, del gran Antonio Pappano y la Orquesta y el Coro de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia. El conjunto es un lujo para los sentidos. Mariano Hortal

BlackstarDavid Bowie

David Bowie no conoce de epitafios. Lo contrario sería como reconocer que se ha ido. O que existe la posibilidad de que ya no esté con nosotros. Pero como con cualquier otro gran artista, la muerte está muy lejos de ser una barrera para que él siga iluminandonos: las verdaderas obras de arte son inagotables. Infinitas. Se pueden reinterpretar una y otra vez, según los tiempos y las circunstancias, descubriéndose en cada ocasión como algo diferente a lo que habíamos pensado hasta el momento.

Eso también es cierto para Blackstar. Pues, si bien la mayoría han querido ver ahí un epitafio, hay muchísimo más. Para empezar, un gran disco. Tal vez el mejor del año. Toda una pieza de orfebrería, llena de recovecos y giros extraños que, si bien a otros le hubieran estallado en la cara, en las manos de Bowie se convierten en pura magia. Porque él no conoce de epitafios. Lo contrario sería como reconocer que se ha ido. Y alguien como él no moriría incluso aunque lo intentara. Álvaro Arbonés

Su nombre real es otro – Futuro Terror

El mejor disco de punk del año viene de Alicante y aunque es la continuación más o menos a piñón fijo del disco de debut de la banda, va a más en todo: por supuesto en la estética, con ese increíble portadón y funda interior de vinilo de Adrián Bago, pero también en intensidad de esos 13 temas, esos 13 misiles de concepto medio ocultista, medio cínico-pulp. La grabación en directo en el estudio les da una energía arrolladora y las letras… ah, las letras: crípticas pero no insultantemente opacas, van de la conspiranoia pop de Tonybee Idea al ramalazo oscurete de Parálisis del sueño, tramando de paso el lema punk del año («Sí que hay futuro pero es aterrador«), un eufemismo multifunción inimitable («Sonríes alegre«, que da pie a conceptos revientaseseras como «Una muñeca deprimente / Para que mires su cuerpo y mente«) y tanto una de las canciones de amor más emotivas del momento (sin ser yo nada de eso, Salir de aquí, de cabo a rabo) como, en el espectro contrario, el trallazo de garage hardcore de Tres Forques. Seré yo que ya estoy de vuelta de todo, pero me plantas un disco de 13 temazos que rara vez superan los dos minutos y medio, todos implecablemente tocados e interpretados, inteligentes, viscerales y demoledores, y es que yo ya. John Tones 

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