‘Revolution Radio’ de Green Day Vs. ‘First Ditch Effort’ de NOFX – duelo de punk noventero

2016 ha supuesto el regreso de muchas de las bandas más importantes del punk rock de los noventa. Entre ellas, recientemente han aparecido los nuevos trabajos de Green Day y NOFX, la cara mainstream e independiente de ambas tendencias. Mientras la primera ofrece un compendio de todas las versiones recientes de la banda, entre el clasicismo pesadote y las brillantes melodías, la segunda parece resucitar de un letargo creativo que les había llevado a perder el interés de muchos de sus aficionados más fieles.

Repasar mano a mano los nuevos discos de dos de los nombres más importantes del género en los noventa es un trabajo de reconciliación de los principios que hicieron grande un estilo. La demostración de una supervivencia, ajada y con tiritas, pero supervivencia al fin y cabo de dos formas de entender la inmediatez del punk rock que abrazaban la melodía como medio de compactar rabia adolescente, conciencia social y ganas de hacer el gamberro. Ambas miradas son esenciales para entender a bandas como Blink 182, que tomaban elementos de los dos para crear un sonido imitado hasta el hastío. En esa tesitura, un nuevo trabajo de estas piedras angulares se antoja poco relevante en estos años, pero, por alguna razón, ambas bandas siguen ofreciendo discos más que decentes.

La carrera de Green Day siempre ha ofrecido más luces que sombras. Por lo que respecta a su discografía, era realmente complicado encontrar algún tema malo hasta la década pasada. Después de revolucionar el estado de la música post grunge y traer el punk-rock de vuelta en los noventa, consiguieron reinventarse como banda de estadio en los dosmiles, creando uno de los discos de rock mejor valorados de la década, American Idiot (2004). Premios, musicales basados en su ópera rock y una nueva legión de fans adolescentes que se tatuaban Jesus of Suburbia. Un referente, también para otras bandas de punk rock y emo, desde Sum 41 a My Chemical Romance que se lanzaron a crear discos “conceptuales” en los que la épica se construía canción a canción.

Ante ese pico en su carrera, desde entonces, lo han intentado todo, desde la vía de la repetición, con 21st Century Breakdow (2009), al saldo de más por menos en la trilogía ¡Uno!, ¡Dos! y ¡Tré! (2012) y, aunque en muchas de las canciones de este último trabajo lograron una efectiva vuelta a la frescura, parece que con Revolution Radio han retomado algunas de las formas más rockeras de la fallida ópera rock en algunos de sus temas. Los tiempos pesados y detalles de producción de Somewhere now o Troubled Time recuerdan un tanto a aquel disco que, podrá gustar a los admiradores de los Who pero agotarán a los que han disfrutado con sus adelantos.

Existe un contraste brutal entre dos Green Day diferentes. Los energéticos y efectivos de Bang Bang chocan con los más pesados, los que hacen reciclaje de sus propios temas recientes. La falta de vida de un remedo de su popular Holyday como es Say Goodbye es preocupante, especialmente cuando el corte anterior es uno de los mejores temas de su carrera, la sencilla y potente Revolution Radio que da nombre al disco y la mejor canción punk rock del año. Una muestra del talento para la melodía concreta de Armstrong, que tira por la borda algunos de esos aciertos, por ejemplo, alargando hasta el hastío temas tan prometedores como Outlaws.

En general, el sonido de Revolution Radio no aporta nada a un estilo que acepta, de por sí, poca variación, y en esta ocasión sugiere un acomodamiento a su zona de confort. Los dejes vocales de Armstrong son cada vez más empalagosos en baladitas como Ordinary World, que cierra el disco. Sin embargo, funciona como una bóveda de energía para las melodías más power pop de temas como Bouncing off the Wall o Youngblood que de nuevo, parecen de otro disco. Y es que con temas como esos, melodías tan adictivas como las de Still Breathing y la potencia de Too Dumb to Die cuesta mucho reconocer que estamos ante el disco más flojo de su carrera.

Por mucho que hayan dejado de ser relevantes, que su difícil vida personal (problemas de drogas, cáncer de miembros del grupo y familiares) les haya apartado, quizá sin ser conscientes, del ámbito de influencia, Green Day ha hecho un disco sin demasiadas pretensiones, con algo de piloto automático en la mitad de los temas pero con otra mitad de brillantes ejemplos que exponen de maravilla por qué han sido la banda de punk rock/power pop más influyente de la historia después de Ramones.

La historia reciente de NOFX, es un caso diferente. Mientras Green Day tocaban el cielo por segunda vez en su carrera con American Idiot, la banda de Fat Mike no ha vivido la década de los dosmiles con demasiados éxitos creativos. Desde el necesario War on Errorism (2003), en el que su mensaje se amoldaba a la convulsa etapa de gobierno de la administración Bush, como solo la banda punk del momento por excelencia podría ajustarse, no habían tenido ningún trabajo que no significara una paulatina decadencia y agotamiento de ideas. Sus discos se sucedían, pero parecía que su papel en una industria que había olvidado del sonido de los noventa, cuando el hardcore melódico era lo que había que escuchar.

La sucesión de discos a cada cual menos inspirado, rompió la tendencia con su anterior Self-Entitled (2012), cuya visión ultramelódica rompió una tendencia de temas con riffs cargados, arrebatos a rock más pesado y depuró su sonido con respecto a otras producciones. Pero la diferencia de esa etapa, disco anterior incluido, es que las voces sonaban cansadas, las estructuras seguían derroteros tan trillados que apenas se dejaban residuos de la espontaneidad que era casi inherente en el nombre de NOFX. First Ditch Effort llega ahora para romper esa tendencia. Si el disco de Green Day muestra signos de cansancio, el de la banda de California parece llevar la fuerza de sus obras que les hicieron populares.

Es difícil distinguir este cambio en un grupo que nunca ha querido variar demasiado su fórmula. Y la forma de darse cuenta de que este disco es especial y supone un salto con respecto al resto es que si, siguen siendo canciones rápidas, con guitarras sucias y melodías que contienen letras llenas de crítica y sarcasmo brutal, pero hay un elemento de rabia, fuerza y sentimiento que se deja notar en la misma forma de componer, en la creatividad de los cambios de acordes y riffs y sobre todo en la sinceridad, honestidad y poderío de unas letras llenas de catarsis, en las que Fat Mike examina sus problemas con las drogas y el alcohol, su caída al fondo en temas como It Ain’t Lonely at the Bottom o I Don’t  Like Me Anymore.

El disco se abre con la bestial Six Years on Dope, los mejores y más impactates 90 segundos de música de la banda desde The Separation Of Church And Skate y deja bien claro que la cosa va de drogas. Más sobre el tema en la genial Oxy Moronic que, además pone en tela de juicio las propias contradicciones del cantante. Un disco casi temático en el que van sucediéndose temas cortos, directos, con sencillos arreglos de sintetizadores no muy habituales en sus mezclas, pero que no restan nada de frescura al conjunto. En lugar de sus habituales semicorcheas a alta velocidad, la mayoría de los temas optan por un tempo acelerado sin doblar los golpes, algo que en principio, puede parecer más lento, pero que en realidad, tiene que ver más con sonidos punk más clásicos, que dan una cualidad menos anclada en el “sonido fat” que tan caduco ha ido quedando.

La sinceridad en la interpretación ha creado un eco perfecto para la profundidad de las letras y First Ditch Effort se convierte en un acompañamiento sonoro perfecto para The Hepatitis Bathtub and Other Stories (2016), el primer libro de la banda, en el que cuentan sus experiencias a nivel más personal. Salvo la pequeña y emotiva oda a Tony Sly, amigo personal de la banda, y Generation Z, en la que canta la hija de 11 años de Mike, la mayoría de letras tratan sobre ellos mismos, desde perspectivas que van de lo nostálgico a la contrición. Quizá es en este punto es en el que, esta vez, NOFX ha conseguido un disco más potente que el de Green Day. Mientras los de Billie Joe achacan el desgaste de años en la cumbre, el último esfuerzo de los autores de Linoleum muestra una ambición que va más allá de la calidad de las composiciones y aunque no llegan a tener la perfección compositiva en las melodías que los mejores temas de Revolution Radio, se encuentran en un momento de inspiración que pocos grupos de  su generación siguen manteniendo décadas después de sus primeros trabajos de éxito.

nofx

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