Se retira el maestro del cómic George Pérez, dibujante de ‘Vengadores’ y ‘Crisis en Tierras Infinitas’

George Pérez (Nueva York, 1954) es uno de los más grandes dibujantes de superhéroes, a los que ha consagrado toda su carrera. Aunque su época de esplendor fueron los años setenta y ochenta, Pérez siempre ha seguido trabajando, a pesar de sus problemas de salud, hasta que, recientemente, ha anunciado su retirada a los 64 años. Su última obra de creación propia, Sirens, concluyó en 2016.

Su estilo clasicista y minucioso es admirado por profesionales y aficionados al comic book, y sus contribuciones a Marvel y DC Comics están entre las más recordadas del medio. A modo de homenaje, repasamos sus obras más recordadas para estas dos editoriales.

Los Vengadores (primera etapa)

Tras su debut en Marvel Comics en 1974, George Pérez siguió el camino habitual en aquella época para un joven dibujante: foguearse en fill-ins y complementos durante un tiempo, antes de ocuparse de su primera etapa sólida, en la serie Sons of the Tiger -junto a Bill Mantlo-, y, una vez demostrada su calidad y la aceptación de los lectores, pasar a empresas mayores. Y, en su caso, fue nada menos que Los Vengadores, una de las series insignias de la casa. Desde 1976 y hasta 1980, Pérez fue uno de los dibujantes que más números ilustró, entre ellos los redondos 150 y 200. Siguiendo la estela de John Buscema, Pérez fue el encargado de fijar la imagen del grupo en una de sus épocas más canónicas, junto a guionistas como Steven Englehart y, sobre todo, un joven Jim Shooter. En esta etapa, con hitos como la saga de Korvac, George Pérez desarrolla las marcas de fábrica que lo van a convertir en un favorito de los fans y en uno de los dibujantes más influyentes de su generación: el detallismo, la cuidada caracterización y el conocimiento profundo de la gramática del género, que le permite coreografiar espectaculares combates y mover por la página a un montón de personajes sin perder nunca legibilidad.

Nuevos Titanes

Aunque su trabajo en Avengers era notable, en realidad, durante aquellos años la serie que rompió todos los esquemas en materia superheroica fueron los X-Men de Chris Claremont y John Byrne, que dieron con la fórmula perfecta para actualizar el género de cara a los nuevos tiempos. Inspirados por ellos, Marv Wolfman y Pérez se encargaron de The New Teen Titans en DC Comics), serie creada en 1980 y que tomaba el caduco concepto del sidekick y lo llevaba a un nuevo nivel convirtiendo a las versiones juveniles de los personajes clásicos de la editorial en un grupo adolescente y autónomo, al que sumaron otros héroes nuevos. La mezcla perfecta de aventuras y melodrama la convirtió en una de las series más vendidas del momento, y a los Titanes en el grupo más importante del Universo DC tras la Liga de la Justicia; así lo atestiguan las diferentes versiones animadas y en imagen real que hemos visto en televisión en los últimos años.

Crisis en Tierras Infinitas

Ya plenamente instalado en DC Comics y desvinculado de Marvel, Pérez se había convertido en uno de los puntales de la editorial, gracias a su trabajo con Wolfman, como demuestra que les encargaran a ambos el proyecto más ambicioso en décadas: Crisis on Infinite Earths, una miniserie publicada entre 1985 y 1986 y primero de muchos -demasiados- intentos de DC por poner orden a sus propiedades a través de un reseteo de la continuidad. Pérez dio lo mejor de sí mismo para presentar a un trillón de personajes en batallas y búsquedas por múltiples universos, y llevó un paso más allá su capacidad para la acción y su gusto por las grandes viñetas llenas de información, tan influyentes en artistas más jóvenes como Phil Jiménez o Ivan Reis. Aunque estas primeras Crisis ya están mostrando también los peores defectos del género en su “madurez” -excesiva seriedad, una metarreferencialidad endogámica dirigida exclusivamente a los fans y un afán por epatar-, lo cierto es que eso no impide que tenga momentos muy épicos, como la muerte del segundo Flash o la de Supergirl, potenciados por el estilo ya abiertamente barroco de Pérez.

Wonder Woman

En una situación de abrumadora inferioridad en el mercado con respecto a Marvel, DC Comics se preparaba, tras las Crisis, para intentar recuperar el esplendor perdido. Para ello confiaba en la “invasión británica” de los Moore, Delano, Gaiman y compañía, pero también con dibujantes consagrados a los que se entregaría los grandes iconos. John Byrne con Superman fue uno de ellos, y Pérez otro. En su caso, se le encargó el relanzamiento de Wonder Woman, uno de los vértices de la trinidad de la editorial y uno de sus personajes más veteranos. En calidad de autor completo tras una primera época en la que Len Wein se ocuparía de los diálogos, Pérez se centró en redefinir los orígenes del personaje y centrarse en la mitología griega como fuente y motor de sus aventuras. En palabras de la crítica Elisa McCausland en Wonder Woman: el feminismo como superpoder (2017), de la Wonder Woman original “queda muy poco en su nueva versión”. Diluido su seminal feminismo, queda una buena serie de aventuras en la que Pérez logró no solo buenas ventas, sino, quizás, su última gran obra de su etapa profesional de mayor esplendor.

Hulk: Futuro imperfecto

Los años noventa son una mala época para los autores que seguían cultivando un estilo tan clásico como el de Pérez. El éxito de hot artists como Rob Liefeld o Jim Lee coincide con una época errática para este dibujante, que se mueve entre Marvel y DC tras el fin de su etapa en Wonder Woman, sin etapas largas en su haber y con algunos proyectos inacabados, como El guantelete del infinito que comienza junto a Jim Starlin pero que abandona tras tres números. De esta etapa, el mejor de los trabajos de George Pérez seguramente sea la miniserie Hulk: Futuro imperfecto, con guion de Peter David. Se trata de una de esas historias de futuro alternativo y distópico tan del gusto de Marvel, relacionada con la larga etapa con el personaje de David, y en la que se presenta a un Hulk siniestro convertido en el Maestro que recibe la visita del Hulk del pasado. Plagado de referencias de ésas que hacen que los fans salten de emoción, la miniserie de dos números tiene un acertado tono oscuro, y Pérez está soberbio y hace un estupendo trabajo entintando sus propios lápices.

Los Vengadores (segunda etapa)

En 1999, tras un periodo errático, Marvel decide recuperar sus personajes clásicos de las manos de Jim Lee y Rob Liefeld, a quienes había confiado su relanzamiento, y pone en marcha una nueva etapa, en el que se vuelva a los orígenes y al sabor más tradicional. El tercer volumen de Los Vengadores supone una suerte de neoclasicismo dirigido por un guionista, Kurt Busiek, que homenajeaba directamente las etapas más canónicas de la serie, precisamente en las que George Pérez participó. Dos décadas más tarde, el dibujante volvía a ocuparse del grupo. Y lo haría durante tres años en los que reconstruía mucho de lo que se había perdido durante la década de los noventa, y se le devolvía ese gusto por el melodrama y la aventura más pura. Aunque en la época fue un necesario y agradable soplo de aire fresco y propuso buenas historias -por ejemplo, Ultrón ilimitado-, los tics de Busiek y la excesiva reverencia y referencialidad hacia los setenta no han envejecido del todo bien. Pérez, por su parte, está lejos de sus mejores momentos, aunque le pone ganas y profesionalidad: las prisas del ritmo de publicación mensual, sumadas a entintadores bastante inadecuados para sus lápices, le pasan factura.

JLA / Vengadores

Tras su etapa de tres años en Vengadores y algunas experiencias en pequeñas editoriales como CrossGen o Gorilla -para la que desarrolló el proyecto frustrado Crimson Plague-, Pérez cumplía uno de sus sueños como autor, de nuevo junto a Kurt Busiek: encargarse del largamente pospuesto crossover entre los dos equipos de superhéroes más grandes de todos los tiempos. Se trata de un proyecto que recuperaba otro de los años ochenta, para el que Pérez llegó incluso a dibujar algunas páginas, pero ahora la ambición narrativa iba más allá, al plantear una aventura de proporciones cósmicas en la que aparecerían todos los miembros de la historia de ambos grupos, cuyas trayectorias se destilaban hasta llegar a su espíritu más puro. JLA/Avengers nos devolvía al mejor Pérez, disfrutando como un niño con sus juguetes al dibujar una gran batalla detrás de otra y crear algunas de sus coreografías más espectaculares e imaginativas. Además de batir el récord de mayor número de personajes en una portada -doble, eso sí- Pérez y Busiek crearon una obra que, en muchos aspectos, fue el canto del cisne de toda una manera de entender el género, ya en claro declive cuando se publicó la miniserie entre 2003 y 2004.

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