[Semana Ghostbusters] 5 versiones (y una acusación de plagio) de la canción de ‘Los Cazafantasmas’

Fall Out Boy no han conseguido convencer al público nostálgico de Los Cazafantasmas con su nueva versión del inmortal tema de Ray Parker Jr. para el reboot. Por eso, pensando en ellos, elegimos cinco versiones que se han hecho de la canción, desde la clásica de Run-D.M.C. para la secuela hasta alguna extravagancia extraída de Youtube, para quitarles el mal sabor de boca. Y, tal vez, para reflexionar sobre nuestra condición con respecto de la nostalgia.

Vivimos en la era del remix. Dado que a través de Internet tenemos acceso ilimitado al archivo cuasi infinito que supone la cultura humana, las influencias, homenajes y re-escrituras son hoy más comunes que nunca. Lo cual no significa que no se produjeran antes. Ya Shakespeare fue en su tiempo un gran ladrón, sabiendo aprovechar textos clásicos con un estatuto menor para articular sus propias obras, pero la diferencia es que, en un tiempo post-Warhol donde tenemos acceso a Youtube, todo lo que nos queda es la nostalgia. Porque ya pocas cosas remiten sólo hacia ideas o hacia sí mismas, sino que (casi) todo acaba siempre refiriendo a algo anterior al cual le hace un guiño más o menos explícito.

Eso no es algo necesariamente malo. Toda forma de nostalgia tiene sus usos. E incluso si excluimos la parte comercial, la de explotar nuestros recuerdos para producir productos sin alma con los cuales ganar dinero minimizando los riesgos, todavía queda un uso mucho más importante en el cual no se suele hacer hincapié: la conformación de una comunidad.

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La particularidad del siglo XXI es que tenemos mayor facilidad para crear comunidades a través de la ficción de un modo más directo, aunque menos agresivo, que las tribus urbanas del siglo XX. Algo lógico si vivimos en una cultura de masas en la cual todos podemos compartir hitos de infancia a través de los cómics o la televisión, dos medios mucho más inmediatos que la literatura o el teatro. Y por extensión, nos gusta expandir esos universos. Compartirlos con los otros. Es por eso que, fuera del remake oficial de Hollywood y el remix hecho para la banda sonora por el artista a promocionar, existe ahí fuera toda una cosmogonía de personas, profesionales o amateurs, expandiendo los universos de ficción que compartimos. Las comunidades que habitamos como fans.

Eso explica por qué nos gustan tanto las versiones de canciones que ya conocemos. Y entre ellas, la canción de Los Cazafantasmas es una de las más particularmente conocidas y pegadizas. Aprovechando la salida de la nueva entrega de la franquicia, recopilamos aquí cinco versiones (y una acusación de plagio) de su tema principal para deleite de fans y extraños. Porque toda comunidad que quiera sobrevivir se alimenta también de integrar a quienes le son ajenos.

Del himno al sampler: Run-D.M.C.

Antes de adentrarnos en terrenos ignotos rememoremos los clásicos. Tras el éxito de la primera película llegó su secuela en 1989 y, con ella, también una nueva versión de la canción. Lo cierto es que no sonaba demasiado razonable: a fin de cuentas, si algo había seducido de la canción original era su prodigiosa sencillez. Con todo, eso no impidió a Columbia tomar esa clase de decisiones que acaban persiguiendo toda una vida a quienes deciden tomarlas por ser, ya de entrada, absolutamente estúpidas: decidieron hacer una versión hip-hop.

Aunque Run-D.M.C. en 1989 ya veía cómo el favor de la crítica se marchaba hacia pastos más verdes, todavía sabía cómo interpelar al público. Y su versión no desmerece demasiado la ligereza de la original. No mantiene demasiado de la canción previal, más allá de la letra y los samplers utilizados, busca recrear el mismo tono jocoso a la par que aventurero de la canción original, aunque los resultados son más bien desiguales. Si bien está lejos del prodigio pop que es la original, tiene el encanto del hip-hop de los ochenta. Ese que todavía no conocía de tiroteos ni de artistas retrasando la salida de su nuevo disco por estancias en la cárcel porque el género era, todavía, algo amable surgido del cruce amoroso con un hard rock de capa caída. Después llegaron los noventa, resultó que los que fueron niños en los ochenta estaban más preocupados por ver películas de kung-fu, samuráis y gángsters y, al final, Beastie Boys siguen siendo recordados de un modo que Run-D.M.C. desearían para sí.

¿Inspiración o plagio? El caso Huey Lewis

Ninguna inspiración viene de la nada. Acudir al archivo, saquear un sampler, una melodía o una historia es algo extremadamente común en la historia de la música. Run-D.M.C. y su versión no hubieran existido nunca de no ser así. El problema es cuando esa inspiración se hace partiendo de algo que un autor previo considera excesiva.

Huey Lewis llevó ante los tribunales al autor original de la canción de Los Cazafantasmas, Ray Parker Jr., acusándole de plagio. No sabríamos los detalles, ya que llegaron a un acuerdo extrajudicial por el cual los detalles del juicio permanecerían en la más estricta confidencialidad, si no fuera porque Lewis se fue de la lengua en un episodio de Behind the Music del canal VH1. Dado que Lewis iba a ser el compositor de la canción, papel que tuvo que rechazar para encargarse de la canción de Regreso al Futuro, y que el parecido entre I want A new drug y la canción de Parker Jr. es más que sospechoso, no resulta difícil entender por qué la cosa acabo resolviéndose sin que tuviera que intervenir el juez. A fin de cuentas, es mejor no apostar cuando hay en juego millones.

The Rasmus como herederos de la ortodoxia (envenenada)

Ya fuera de las canciones oficiales, pero todavía entre los grupos más próximos al pop, resulta llamativo que la versión más ortodoxa de la canción viniera firmada desde Finlandia. Incluso si vivimos en un mundo globalizado resulta difícil creer que una película pueda llegar a cualquier parte del mundo. Pero es así. Y en este caso la versión de Los Cazafantasmas sirvió como canción de apertura del primer disco de The Rasmus, Peep, y además consiguió entrar en el octavo puesto de la lista de ventas de singles. Dado que aún hoy sigue siendo una canción imprescindible en el repertorio del grupo, cuya base de fans está limitada temporalmente a los nacidos a principios de los noventa, sirve también para comprobar que la película no sólo consiguió interpelar a su propia generación, sino también a las venideras.

En términos musicales no hay demasiado que decir. Es una versión correcta, llevada al terreno del rock, donde todo el peso cae sobre un estilo algo más primitivo y amateur de lo que nos tiene acostumbrados el grupo. Destacan por derecho propio los gorgoritos de Lauri Ylönen, afinados con un buen chorus, para firmar una versión que es, para los nacidos antes de los 90’s, lo más tolerable de una discografía pensada para un público que no son ellos

Modos de actualizar (sin hacerlo demasiado): Hoobastank

Para encontrar una versión genuinamente rockera que respete el groove de la original hace falta llegar hasta el 2009. Por aquel entonces, en la noche de Halloween, un grupo conocido como Hoobastank hicieron una versión de la canción original que, pese al cambio de instrumentación, resultaba convincente y bastante solvente. O cuanto menos no resulta tan extravagante como la versión sobreproducida al estilo contemporáneo que han firmado Fall Out Boy.

Aunque Hoobastank sólo son recordados por el común de los mortales por la bestial popularidad de The reason, single de su disco homónimo, aquí se alejan del pop meloso sin personalidad que han ido cultivando a lo largo de toda su carrera con un estilo adecuadamente frenético. Aunque si bien tiene todos los arreglos y el sonido pulido de un grupo que consiguió ser número uno hace once años mientras la crítica observaba su éxito con ojos de besugo, su versión lo tiene todo para interpelar al fan más purista: rock sin aspavientos ni nada más moderno que lo que pudiera haber sonado al principio de los noventa, con una producción elegante y limpia. Ni un ápice de modernidad o cambio, como si con la adolescencia de quienes crecieron en los noventa se hubiera acabado también la música. Una versión que lo mismo podría haber hecho Hoobastank que Blink-182 o Pearl Jam.

Carl Davis abre la casa del árbol de la música orquestal 

Versionar la canción de Los Cazafantasmas en Halloween parece ser tendencia entre aquellos que nunca han celebrado Halloween. Es por eso que Carl Davis, compositor famoso particularmente por su trabajo para cine y televisión, hizo una versión orquestal de la canción en 2011 aprovechando el festival de música Prague Proms.

Con un estilo desenfadado, lejos de la solemnidad con la cual suelen conducirse las orquestas, su versión resulta tan desenfadada y divertida como cualquiera de las otras que hemos presentado. Si no más. Su triunfo ya no es estrictamente musical, sino comunitario: abre la puerta a considerar un tipo de música generalmente asociada con modos más rígidos de la experiencia estética desde sectores más cercanos. Nos demuestra que la música de cámara también es divertida. Algo que explica la popularidad con la que, desde hace un tiempo, giras orquestales basadas en clásicos del cine o el videojuego van copando lentamente la tal vez ligeramente anquilosada propuesta cultural de teatros o salas de concierto. Todo muere, nada permanece, y en un mundo articulado por la cultura global y la nostalgia es necesario abrir las ventanas de la casa del árbol para airear el ambiente a cerrado. Y eso es igual sea una casa construída recientemente o una pequeña mansión con siglos de antigüedad.

Las ocho disqueteras de MrSolidSnake745

En el territorio fandom podríamos elegir canciones hasta aburrirnos. Desde las decenas de ejemplos 8bits hasta los grupos desconocidos colgando sus versiones en directo en calidad infame incluso para un grupo de black metal noruego de mitad de los noventa. Las versiones de la canción se multiplican hasta el infinito para cualquiera que tenga el suficiente tiempo, curiosidad y tolerancia como para escuchar variaciones mínimas de una misma melodía. Y con todo, no resulta difícil encontrar algún que otro prodigio, aunque sólo sea por lo absurdo de la premisa.

Utilizar ocho disqueteras -link a Wikipedia inclusive porque, aunque parezca inconcebible para muchos, ya hay toda una generación que no ha visto un disquete de 3½ pulgadas en su vida- para hacer música no parece la mejor de las ideas. Pero es lo que ha conseguido con bastante éxito MrSolidSnake745. Con un sonido mecánico, ruidoso por definición, parece la versión de la canción que podría haber hecho Cortocircuito de haber tenido curiosidad por la música. O si el Omnibot 2000 hubiera tenido alguna capacidad reseñable además de llevar bandejas, andar y reproducir casetes. Porque todos nos hacemos viejos. Porque todo debe renovarse o morir. Y mientras no entendamos que resulta absurdo seguir aferrándose a la nostalgia, creer que es suficiente con dejar entrar en la mencionada casa del árbol a más gente en vez de derribarla o ampliarla para acomodar otras formas de pensar, estaremos condenados a escuchar una y otra vez la misma canción, o la misma película, con apenas si dos o tres variaciones.

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