Sitges 2015. Crónicas caninas: 11 de octubre de 2015

Tercer día. ¿Cuánto soportará nuestro héroe las cinco películas diarias antes de verse arrastrado por un vórtex de dolor y demencia? Acompañémoslo en este descenso a los abismos de la locura festivalera con actualizaciones continuas y diarias.

11.59: Baskin es un descenso a los infiernos que no ha gustado a nadie pero, diantres: se supone que el infierno no debe gustarte. Más videoarte satánico que película con sentido, exige cierta sensibilidad hacia los ojetes de cabra y la gente sin extremidades empantanada en líquidos negros viscosos. Vamos, que me encantó.

16.28. El cadáver de Anna Fritz es un thriller catalán cuya principal virtud es su modestia y la amoralidad de su punto de partida. Pronto, por desgracia, se convierte en una teatral pieza de cámara para tres asnos y un cadáver. Claro que en esta casa a un poco de necrofilia chic nunca se le hace ascos, aunque luego la turbadora propuesta inicial se convierta en un producto mucho más acomodado.

16.36: Delante de mí, en la cola de The Hallow, una pareja califica la estupenda The Gift, que vi ayer, como un telefilm de mediodía de Antena 3, lo que demuestra que da igual lo mucho que te esfuerces con tu película, siempre va a haber españoles al otro lado para hablar de ellas.

18.36: Me salgo a mitad de The Hallow, porque lo siento mucho pero uno tiene un límite. El cuerpo tiene un límite. Pero en la mitad que he aguantado sin caer en barrena, había leprechauns genéticos y hongos zombi. Aún así, he abandonado. Los misterios del organismo.

1:10: Gran sorpresa con The Mind’s Eye de Joe Begos (Almost Human), una película que empieza con un guiño al grafismo de Videodrome y se resume como una versión powerupeada de Scanners. Un tebeo de superhéroes para adultos, con sus organizaciones telequinéticas secretas, sus supervillanos que quieren conquistar el mundo a base de explotar cabezas y sus efectos prácticos y sin CGI que hacen desear que el cine de terror hubiera muerto en 1989.

Publicidad