Sitges 2015. Crónicas caninas: 16 de octubre de 2015

Ahora sí: recta final para este Sitges 2015. Aún nos queda algún plato fuerte: High-rise, por supuesto, y la continua esperanza de la típica sorpresa de la que nadie te habla y que deja mejor recuerdo que cualquier minicosa hinchada de expectación. Penúltimo día de las Crónicas Caninas de Sitges 2015. Vamos allá.

10.42: Brand New-U es una no muy conseguida muestra británica de elegante ciencia-ficción metafísica sobre construcción de nuevas identidades que no termina de decidirse entre el thriller dickiano y la historia de amor loco. Aún así, tiene interesantes logros estéticos e interesantes disquisiciones sobre la identidad, pero quince minutillos menos de planos estirados artificialmente en busca de un tono trascendente no le habrían venido mal.

15.03: The Survivalist es un estupendo drama post-apocalíptico que no se corta un pelo a la hora de reflejar conceptos e imágenes bastante crudos y que hace un esfuerzo considerable en resultar verosímil hasta un extremo agobiante. Un hombre que sobrevive a un apocalipsis que ha diezmado a la población tiene que aprender a compartir su vida con un par de viajeras errantes. Y no, no es el arranque de una porno. No todo el rato, al menos.

15.17.

Tom Savini.

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17.05: Smoke and Mirrors: The Story of Tom Savini hace un trabajo medio decente a la hora de acercarnos a la cara más humana del mítico maquillador de cine de terror, pero no tanto a la hora de explicarnos por qué su trabajo es tan mítico. No porque sea parco en mostrar imágenes y explicar el trasfondo de sus películas, sino porque da por sentado que el espectador ya conoce a Savini y no hace falta ponerle en situación acerca de por qué sus contribuciones a las películas de Romero o a Viernes 13 son tan esenciales. Para fans.

19.16:

El equipo de Writers Retreat.

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22.06: Con tanta película que quiere poner los géneros patas arriba, es refrescante y reconfortante encontrarse con películas como Writers Retreat, un sencillo whodunit sin pretensiones que tiene un aroma detectivesco clásico muy simpático gracias a su ambientación en un retiro para escritores afectados por un bloqueo creativo. El resultado no pasará a la historia, pero honestamente, quién lo necesita a estas alturas.

1:02: High-rise, la adaptación de la clásica Rascacielos de Ballard a manos de Ben Wheatley, es durilla y desconcertante. Carente de un hilo narrativo constante, muy dispersa, con un humor muy venenoso y estridente, más atenta a las imágenes de impacto que de forjar una narrativa coherente, tiene hallazgos visuales derivados casi todos ellos de su ambientación en la época en la que se escribió la novela. Si el espectador acepta las reglas que le impone y que exigen tragar con muchos más huesos de los que tenía que tragar el lector del libro (infinitamente más abstracto e indeterminado), se encontrará un material exigente, pero satisfactorio.

 

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