Sitges 2015. Crónicas caninas: 17 de octubre de 2015

Ahora sí. Esto se acaba. Un par de peliculillas, un montón de críticas por escribir encerrado en la habitación del hotel, pillar alguna exposición pendiente, un copazarral esta noche o algo porque no todo va a ser llorar y para casa. SÁBADO COMPLETO.

9.54: A la clausura (que será esta tarde, pero cómo iba a renunciar al privilegio de ver la película de clausura a las ocho de la mañana) nos hemos tenido que esperar para asistir a la peor película del festival: Into the Forest es una aventurilla juvenil post-apocalíptica despojada de todo lo que hace interesante al cine post-apocalíptico y que en su segunda mitad toma un cariz ideológico peliagudo y discutible. Aunque puede suscitar alguna discusión interesante precisamente por las decisiones que los personajes (dos hermanas en un futuro cercano en el que desaparece la electricidad y el contacto con la civilización) toman en el tramo final de la película, el conjunto es un auténtico sedante para el alma.

10.03:

12.53: El anuncio del Palmarés (que me parece en general poco sorprendente y arriesgado, pero esencialmente justo) me recuerda que no hemos hablado por aquí de una joyita oculta entre la avalancha de proyecciones: Anabel, dirigida por Antonio Trashorras, que se ha llevado con sobrados motivos el premio a la mejor película en la sección Noves Visions Plus. Es una piecita claustrofóbica que remite (como remitía su estupenda El callejón) a otros tiempos del género, sobre todo al Polanski (al que se cita explícita e inesperadamente) más amigo de encerrar a gente en entornos opresivos. Con medios inexistentes, unos pocos fines de semana de rodaje en la casa de Trashorras, dejando caer todo el peso de la película sobre los actores (excelentes los tres: Rocío León, Ana de Armas y, sobre todo, Enrique Villén) y con un ritmo asombrosamente firme, este combate psicológico a muerte en una cocina y un salón es mil veces más contundente que unos cuantos rolletes que le multiplican por cien el presupuesto y que hemos padecido en el Auditorio.

13.20:

14.03:

El mito Richard Williams.

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16.23: He cerrado este Sitges, por suerte, con una película que sabía que me iba a chiflar y que me deja el mejor sabor de boca posible: la versión restaurada de The Thief and the Cobbler, la última gran obra maestra de la animación tradicional. Todo lo que hay detrás de su larguísima producción es interesantísimo, revelador y muy triste, y ninguna anécdota real está, sin embargo, a la altura de cosas como ese arrollador clímax en la máquina de guerra, quizás la secuencia de acción animada más churrigueresca jamás concebida. Richard Williams ha salido tras el pase a contestar unas cuantas preguntas y ha sido afable y encantador: no odia a nadie aunque tendría derecho a desear la muerte de más de uno. Qué te parece la lección que sacamos de este Sitges.

18.03:

Hasta el año que viene, Sitges.

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