[Sitges 2017] 12 de octubre: ‘A Ghost Story’, ‘Brimstone’, ‘Marlina the Murderer in Four Acts’ y ‘My Friend Dahmer’

Un fantasma con sábana, un western fantasmagórico con predicador depravado, una comedia negra feminista procedente de Indonesia y la juventud del “Carnicero de Milwaukee” marcan el inicio del tramo final de Sitges.

A estas crónicas caninas se les ha caído un par de días porque quedaban por clavar algunos maderos en el refugio del sótano que hemos construido en casa. Pido disculpas, pero había alerta de war zone a la vuelta de la esquina y nos tomamos muy en serio lo visto el otro día en Bushwick. Tras la jornada de tensión, que volvió a demostrar que el fin del mundo está más cerca de una película de Ken Loach que de Roland Emmerich, hemos vuelto a entrar al cine mientras, en el exterior, cantaban los pajaritos.



A Ghost Story (David Lowery)

El término “Ghost Story” se aplica al cuento de fantasmas tradicional y define, en concreto, la edad de oro que vivió en la Inglaterra victoriana. Aquí se juega con ello en el título, aunque su verdadero sentido es el de ‘historia de un fantasma’. A priori, la película llegaba con la etiqueta de candidata al palmarés; a posteriori la sigue llevando pero ya no parece tan claro, entre otras cosas porque es lenta hasta la extenuación y eso, ya se sabe, se le puede atravesar a más de uno si no se está en plena forma y/o receptivo al asunto. Aún así, hay que decir que es uno de esos casos en que la narración contemplativa y morosa tiene sentido si se piensa en ella como plasmación del paso del tiempo desde la eternidad fantasmal. De entrada, la premisa es simpática: el fantasma lleva sábana. Puede parecer una ocurrencia de coste muy reducido pero es todo lo contrario, hay un cuidado visual epatante para que cada arruga de la sábana luzca preciosismo estético a su máxima potencia. La peli, como decimos, es puro fantástico indie mecido por el tedio y en ocasiones, bordea lo ñoño pero, por una vez, hemos asimilado ese tempo, hemos agradecido el par de gags silenciosos y nos ha hecho gracia el giro cronológico final.

Brimstone (Martin Koolhoven)

A medio camino entre el drama de crueldad desmesurada y el western sobrenatural, una forma sencilla para esbozar la trama básica de esta película es definirla como un reflejo oscuro de El jinete pálido, aquella maravilla de Clint Eastwood donde se sugería que el pistolero protagonista era un espectro resucitado. Aquí también se sugiere (aunque menos), pero el personaje es un predicador malvado y depravado que acosa de manera implacable a una joven muda (Guy Pearce y Dakota Fanning respectivamente). Ese es el punto de partida para una historia estructurada en cinco capítulos, tres de ellos flashbacks (el de las prostitutas del saloon es el mejor, sin duda). Lo peor es la desmesura de sus dos horas y media aplicadas, casi en su totalidad, al desasosiego trágico y sombrío. A cambio, ofrece brutalidad y una sordidez poco habituales en el cine estadounidense, pero no tanto en el europeo. Que su director sea holandés lo explica todo. También nos ha gustado ese toque de folletín con heroína sometida una y otra vez a desventura trágica y cruel, rozando el sadismo explícito.

Marlina the Murderer in Four Acts (Mouly Surya)

El rompecabezas que supone una programación inabarcable (ver el 20% ya es una proeza sobrehumana) había mantenido alejadas hasta hoy las películas procedentes de cinematografías más exóticas y/o de difícil consumo por estos lares. En medio del marasmo festivalero siempre es complicado el cambio de chip, pero esta producción indonesia lo ha puesto fácil. Comedia negra y criminal en la que un grupo de lugareños mafiosos exigen a una viuda que pague sus deudas, además de con el ganado de su propiedad, entregándose sexualmente a todos ellos, algo a lo que no está dispuesta. A partir de aquí, la cosa discurre con soltura entre el detalle macabro y el lienzo costumbrista, pero por encima de todo se erige en denuncia del trato que la sociedad y cultura indonesias dan a las mujeres, eso sí, expresada con resuelto vitalismo. Que se estructure en capítulos (una moda, llevamos tres) y que su banda sonora juguetee con las melodías del eurowestern regalan al asunto un dicharachero y peculiar pellizco tarantiniano.  

My Friend Dahmer (Marc Meyers)

En la novela gráfica autobiográfica Mi amigo Dahmer (que ya recomendamos hace tiempo), el dibujante Derf Backderf narraba un episodio de sus años de instituto del todo infrecuente: tener por compañero de clase a quien luego se conocería como “El Carnicero de Milwaukee”, asesino en serie necrófilo y caníbal (el body count marca un mínimo de 17, todos varones). El cómic no solo es estupendo como testimonio de primera mano de alguien que tuvo trato de amistad con un psicópata en ciernes, sino también porque su estilo underground amplifica lo tragicómico de una historia patética y macabra. La adaptación cinematográfica es bastante fiel al relato original pero no consigue trasladar ese tono que tanto lo enriquecía, aunque tampoco puede hablarse de fracaso. Prescinde de la narración en primera persona de Backderf, porque meter esa voz en off habría sido un error, y aunque funcione mejor en viñetas que en película, la historia mantiene su contundencia trágica y terrible.

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