[Sitges 2017] 14 de octubre: Palmarés, ‘Cult of Chucky’ y ‘Leatherface’

Antes de que una fábula húngara sobre refugiados se llevara el premio, nos despedíamos de Sitges con el retorno de dos entrañables personajes: Chucky y Leatherface.






Esto toca a su fin. En una jornada cuya clausura corre a cargo de The Lodgers (irlandesa de estética gótica que no hemos visto y que ha sido recibida con escaso entusiasmo) se ha dado a conocer el palmarés. El premio de mejor película ha ido a parar a la húngara Jupiter’s Moon, una fantasía húngara sobre un emigrante que levita. No la busquen en estas crónicas porque no la hemos visto y poco podemos decir más allá de que, en general, la tibieza impera en la mayoría de comentarios escuchados. Los otros dos títulos que han acaparado galardones son la noruega Thelma (sobre una estudiante con poderes paranormales que no estaba mal) y la francesa Revenge (una rape & revenge cuya violencia y grand guignol disfrutamos un montón).

Esto de cubrir un festival de cine y no ver la película que lo gana es algo que en Sitges pasa bastante. En 1968, la primera edición constó de 24 largometrajes; cincuenta años más tarde supera ampliamente los doscientos, así que superar la franja del 15% de la programación ya es una proeza sobrehumana. No solo eso: este año competían 34 películas en una sección oficial que, en caso de querer abarcar por completo, exige el don de la ubicuidad. Esta imposibilidad física para resolver el rompecabezas de los horarios es, en realidad, una bendición pues despoja de todo ánimo completista hacia los títulos a concurso y permite picotear sin remordimientos entre el resto, que acostumbra a ser suculento. En mi caso, por ejemplo, me rijo por la regla “en caso de duda, la película de El Retiro” y, también, por la sección Panorama Fantàstic, que suele deparar más de una alegría.

Dicho esto, pasemos cerrar estas crónicas caninas con dos títulos, emparejados en una misma sesión de medianoche, que traen de vuelta personajes del terror ochentero de videoclub.      

Cult of Chucky (Don Mancini)

Séptima entrega de la saga de Chucky, el muñeco diabólico, de la que ya se habló en CANINO. No hay mucho que añadir. La franquicia sigue en manos de su creador, el guionista Don Mancini, que ya dirigió las dos secuelas que la preceden. La peli va a lo que va, gore palomitero y humor negro, y es continuación directa de La maldición de Chucky, la entrega anterior. Si acaso, señalar el delirio que supone la duplicación de muñecos asesinos en un marco que, ya de por sí, garantiza la locura: un manicomio. Otro detalle es que recupera al niño que protagonizaba las tres primeras con el mismo actor que lo encarnaba (Alex Vincent, que ya roza los cuarenta). La séptima de Chucky ofrece lo que se espera de la séptima de Chucky y, por ello, resulta simpática y entrañable.

Leatherface (Julien Maury y Alexandre Bustillo)

De una saga mítica pasamos a otra que lo es aún más: La matanza de Texas. Palabras mayores. La original de 1974 es una obra maestra absoluta por múltiples razones (nosotros expusimos cinco, pero son muchas más) y su director, el gran Tobe Hooper, firmó en 1986 una secuela que merece toda reivindicación posible. Tuvo otra, en 1990, que no pasaba de slasher rutinario y a continuación se empezó a armar un lío que, a diferencia de Chucky, desbarata toda lógica de continuidad. No somos talibanes al respecto, pero en este caso es tal el barullo que puede considerarse una falta de respeto hacia la película original. Por resumir cronológicamente: un remake encubierto (1994), un remake oficial (2003), una precuela del remake (2006), y una en 3D (2013) que comienza justo donde acababa la de 1974, es decir, la primera.

Tanto de aquí para allá y vuelta a empezar hace complicado recuperar la esencia original, por otro lado imposible de alcanzar. Aún así, la implicación de los franceses Julien Maury y Alexandre Bustillo abría un pequeño margen de esperanza. Aunque el dúo no ha sido capaz de igualar su debut, la enorme À l’intérieur, sí ha sabido construir un universo visual propio. Con tanto desbarajuste previo, tener algo que aportar ya es mucho. Por desgracia, el intento les ha salido deslucido y el sello personal flota por ahí pero solo sumiso y tenue. Leatherface es un precuela que explica la historia del más famoso personaje de la saga, pero son muchos sus problemas. Primero, que con el poco rato que dedica a la familia de matarifes ésta no encaja con la locura salvaje que los define (ni siquiera con Lili Taylor como madre). Segundo, que casi toda la película narra la fuga de un grupo de reclusos en un centro para jóvenes violentos, una historia que tiene muy poco de Matanza de Texas. Tercera, porque siendo una peli centrada en un personaje, no es solo que esa intención se diluya porque el protagonismo acaba siendo coral, sino que además juega al despiste (y encima mal) respecto a la identidad del verdadero Leatherface. Para acabar, que la idea de que en realidad hubiera podido ser un buen chico pero la cosa se le torció no es precisamente un acierto. La cosa mejora en el último cuarto de hora, pero la carga ya es demasiada.

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