[Sitges 2017] 9 de octubre: ‘The Villainess’, ‘Brawl in Cell Block 99’, ‘Revenge’ y ‘The Little Hours’

Una triple ración de venganzas, a cuenta de asesinas orientales, presidiarios y mujeres agredidas, ha suministrado la violencia catártica que necesitábamos con urgencia en Sitges, en una programación completada con unas monjas de cuidado.

Seguimos en Sitges viendo películas y escribiendo crónicas deprisa, sin mirar atrás y sin saber si habrá más. En cualquier momento nos da un patatús por desfallecimiento, nos lo impide la autoridad competente (que puede variar de un día para otro) o nos topamos con un posapocalipsis al salir del cine. De hecho, tampoco se descarta una tormenta solar súbita o que nos invada una civilización surgida del centro de la Tierra. Ante tal panorama, es muy de agradecer el baño de sangre y violencia que ha deparado la programación de un lunes que nos ha dejado tranquilos y relajados.



The Villainess (Jung Byung-Gil)

Vaya por delante que esta producción surcoreana es uno de los títulos del año en cuestión de acción oriental y artes marciales. Cuando toca visualizar el reparto de leña, ya sea a cuchilladas, disparos o en moto y con katana, la cosa anda fina, pero eso no quita los vaivenes del conjunto. De entrada, se pone muy arriba con una espectacular escena en cámara subjetiva que, al margen de su deuda con Hardcore Henry, marca un listón que no es fácil superar (lo hace, pero con demora). Tampoco ayuda una estructura narrativa atolondrada donde los flashbacks hacen confusa una historia, en realidad, bastante simple, un sampler de Kill Bill y Nikita, dura de matar. Encima, mecachis, incluye la típica niña coreana que todo lo añoña. Eso sí, cuando la peli aparca las monsergas y despliega la acción, el espectáculo es bonito en lo visual y contundente en lo violento.

Brawl in Cell Block 99 (S. Craig Zahler)

Novelista de género con alma pulp además de músico de filiación doom metal, Craig Zahler se llevó todos los aplausos de la edición de 2015 con su mayúsculo debut como director, Bone Tomahawk, aquel western que nos llevaba de paseo al encuentro de antropófagos. Ahora regresa a Sitges con su segunda película, que se anuncia como un drama carcelario, que lo es pero en su segundo tramo, tras esculpir antes un áspero thriller de perdedores que bien podría haber firmado Edward Bunker. Craig Zahler cambia western por género criminal pero aplica la misma fórmula, ahora perfeccionada. La historia de un pobre tipo (un soberbio Vince Vaughn), tan poderoso en lo físico como desafortunado en la vida, se cuece a fuego lento hasta que el guiso está listo para el estallido salvaje y brutal. La sala entera, toda ella, removiéndose en las butacas al son de un crujir de huesos que tardaremos en olvidar. Impresionante.

Revenge (Coralie Fargeat)

Para rematar el festín de ficción violenta y garantizar un rato de alivio ante la tensión de estos días, nada mejor que el remarcable debut de la directora francesa Coralie Fargeat. Antes de la proyección, al presentar su película, se ha declarado fan del género; nadie ha salido del cine con dudas al respecto. La película exhibe sin rubor su condición de rape & revenge, es decir, de violación y venganza, subgénero que nació ambiguo y salvaje, pulsión del bajo instinto camuflado con excusa. Pese a lo inmediato de la propuesta (una chica, el desierto y tres cazadores infames), sus virtudes son considerables, entre ellas la de mantener la tensión jugando solo con cuatro personajes. Su mérito principal, pero, es que Coralie Fargeat lo convierte en una demolición de tres arquetipos masculinos: el baboso sumiso, el agresor sexual y el macho alfa prepotente. Ese subtexto es sutil, pero la exposición es despiadada y el desenlace un fastuoso grand guignol con sangre a litros, algo que el cine francés domina como nadie.

The Little Hours (Jeff Baena)

Tanta masacre explícita y extrema deja el cuerpo relajado como después de una sesión de sauna y masaje. La guinda perfecta de la jornada más redonda hasta ahora (será difícil superarla) es una de aquellas películas a la que entregas toda tu simpatía y agradeces el suministro de gags. Comedia de enredo picante (aunque no despampanante, que eso es cosa mediterránea), se inspira y fusiona libremente en varios cuentos de El Decamerón para explicar cómo la presencia de un mozo de buen ver, perseguido por adulterio, altera la rutina de un convento en una Edad Medial de ambientación despreocupada y jovial. Maridos cornudos, amantes en fuga, pociones de amor, monjes borrachines, esposas promiscuas y aquelarres en pelotas, a cargo de un reparto nutrido de estrellas de la comedia televisiva estadounidense en el que destacan Alison Brie, Kate Micucci y Aubrey Plaza como trío de monjas vandálicas y malhabladas.

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