‘Solid State Survivor’ de Yellow Magic Orchestra: 40 años de tecnopop japonés

El 25 de septiembre de 1979 se puso a la venta Solid State Survivor: 40 años de la explosión creativa musical japonesa. El segundo álbum del trío que revolucionó el mercado musical japonés se convirtió en su mayor éxito: más de un millón de ejemplares vendidos en el archipiélago. Y eso que casi no existe este disco, ya que Yellow Magic Orchestra sólo iba a ser una banda más de acompañamiento de Haruomi Hosono.

Antes de llegar a la salida de Solid State Survivor (1979) nos tenemos que ir hacia atrás, sólo un año antes, cuando Haruomi Hosono seguía con su sonido tropical y folk. Ryuichi Sakamoto era un músico de sesión con inquietudes relacionadas con la etnomusicología y Yukihiro Takahashi había sido el batería de Sadistic Mika Band, banda relativamente conocida por ser uno de los primeros grupos japoneses que giraron en el Reino Unido (siendo teloneros de Roxy Music en su época glam).

Ese año 1978, aprovechando que estos tres músicos se reunieron por primera vez para lo que iba a ser la Yellow Magic Band, una banda de apoyo en la grabación de Paraiso (1978). Se trataba de un disco en solitario de Haruomi Hosono (el más importante de los tres en esa época) que se convertiría en la primera piedra en lo que sería la banda más importante de la música japonesa: Yellow Magic Orchestra.

Los componentes de Yellow Magic Orchestra con Kuni Murai, el fundador de Alfa Records

El resultado de esa primera aproximación no se diferencia mucho de lo que hacía Hosono en la época: música inspirada en las culturas del Pacífico (lo que llaman los anglosajones como género exotica), aunque esta vez con un levísimo toque electrónico que pasaría a ser leitmotiv más adelante. Un trimestre después salió a la venta Cochin Moon (1978), esta vez sin Takahashi, y con una mayor presencia de Sakamoto en los teclados. A resaltar que este trabajo iba a ser un proyecto entre Hosono y el ilustrador Tadanoshi Yodoo, en el que este último al final solo pudo hacer la portada debido a que durante el viaje a la India (Cochin Moon se basaba en crear la banda sonora de un film de Bollywood imaginario) sufrió de gastroenteritis. 

La preparación del coctel tecnopop

Tanto Takahashi como Sakamoto (y mismo Hosono) lanzarían en esta época sus respectivos discos en solitario colaborando entre ellos, casi a la vez que el disco de debut homónimo del grupo, recién renombrado a Yellow Magic Orchestra. El primero, en Saravah! (1978), que se basaría en un amalgama de pop franco-italiano y algo de disco de la época. En el Thousand Knives (1978) de Sakamoto, en la Revolución Cultural china y orientalista en general, acompañado de sonidos electrónicos que Sakamoto había escuchado de Kraftwerk. Si añadimos a la fusión que el cuarto miembro no oficial del recién creado grupo “temporal”, Hideki Matsutake (uno de los compositores de la banda sonora de Guardian Heroes para Sega Saturn), era ayudante de Isao Tomita, la dirección estaba clara. La fusión de estos estilos formarían el primer sonido YMO en su aclamado trabajo homónimo. 

Y es que, en contraposición a como sonaba Yellow Magic Orchestra, la música japonesa de la época no era tan ajena en cuanto a estilos conocidos en occidente. Vendían cientos de miles de álbumes grupos como Godiego, el funk y la música disco estaban de moda gracias a la influencia americana y idols de ámbito masivo como Pink Lady incluso llegaron a presentar un programa en la NBC. En 1979 Kenji Sawada todavía era el artista trendy, la música melódica/folk de Chiharu Matsuyama gustaba y era normal que éxitos internacionales como YMCA se adaptaran al japonés, como hizo Hideki Saijo

Fuegos artificiales que resuenan en Occidente 

A pesar de que las ventas del primer disco de Yellow Magic Orchestra fueron bastante malas se decidió alargar el proyecto, gracias a que un promotor con una propuesta interesante se cruzó en el camino. Se trataba de promoción nacional… e internacional. O lo que es lo mismo, una gira tanto en Japón como en Occidente. Sumando que se iba a relanzar el disco en Estados Unidos, cambiando algunos arreglos, el trato estaba hecho. El cover de Martin Denny Firecracker tuvo cierto éxito (de hecho, hace unos años Jennifer López utilizó la base de la versión de la banda japonesa en una de sus canciones) y el grupo llegó a aparecer en el programa Soul Train pocos meses después. 

Se cumplen 40 años de ‘Solid State Survivor’, el disco más famoso del mito del tecnopop japonés YELLOW MAGIC ORCHESTRA. Lo analizamos canción a canción.

Tuitea esto

En YMO sabían que su primer disco llamaba la atención por ser tres japoneses que jugaban con sus caros equipos electrónicos y sampleaban (por así decirlo) sonidos de videojuegos y los combinaban con sonidos del Pacífico, utilizando escalas orientales con un tono de voz de Takahashi que parece imitar al enka. La portada occidental del disco, a cargo de Lou Beach, resume toda esta filosofía con bastante acierto.

En Japón esta versión occidental se puso a la venta llegando a vender 250.000 copias. Pero esa cantidad era solo un aperitivo de lo que supondría, pocos meses después, la salida de Solid State Survivor. En este caso se deja más de lado ese exotismo para utilizar un estilo más parecido a la new wave en tono festivo, sin dejar de sonar japoneses.

Llega la fiebre YMO 

Es complicado tratar como cima de Yellow Magic Orchestra a Solid State Survivor, más allá de ser su trabajo más vendido (más de un millón de copias en Japón, el top de 1980). Es cierto que es uno de los tres discos del trío, junto con BGM y Technodelic, (ambos de 1981) que siempre se sitúan como referentes artísticos de YMO, pero es complicado tratarlo como su mejor trabajo, debido al vanguardismo de los discos posteriores. Pero es indudable su influencia.

El éxito de Solid State Survivor y la llamada de atención de Occidente le abrió las puertas internacionalmente (tímidamente, eso sí) a un incipiente mercado japonés que empezaba a despuntar. Como ejemplo tenemos a Yukihiro Takahashi, que vio publicado en Europa (también en España) su magistral Neuromantic (1981), en el que el escritor William Gibson se inspiraría para su novela de similar nombre, con Phil Manzanera o Andy McKay en las sesiones de estudio. 

Sakamoto no necesita presentación. Nunca ha parado de editar discos internacionalmente desde sus colaboraciones con David Sylvian en aquella época. Pero no era el único caso. En la época había una union entre culturas muy aparente. Uno de tantos pupilos de YMO, Masami Tsuchiya, llegaría a formar parte de la banda británica Japan y, a su vez y procedente de este grupo, Richard Barbieri o Steve Jansen aparecerían en los trabajos de este. Toda esta simbiosis se ha visto hasta nuestros días, desde Sakamoto colaborando con Carlos Nuñez y Christian Fennesz o Takahashi con James Iha, por poner unos pocos ejemplos. 

Sakamoto, Hosono y Takahashi acompañados por Steve Strange

Hosono, en ese sentido, ha sido más tradicional. En Japón es uno de los grandes padrinos musicales, pero su trascendencia en Occidente no ha llegado hasta hace relativamente poco. Análisis de reediciones de sus discos en páginas como Pitchfork o gente como Mac DeMarco o el grupo Vampire Weekend reconociendo que la figura de Hosono ha sido importante para ellos, han hecho que por fin muchos conozcan la obra e influencia de este septuagenario.

Como ya he mencionado, los miembros de YMO empezaron el grupo cuando ya tenían carreras a sus espaldas, por lo que siguieron diferentes caminos durante esta misma época. O lo que es lo mismo, Yellow Magic Orchestra tenía fecha de caducidad, y bastante temprana además. En el citado BGM, que ya viraba hacia la experimentación, Sakamoto apenas acudiría a las grabaciones. Todo esto, en parte porque era la época que estaba rodando Feliz Navidad Mr. Lawrence (1983) y componiendo su banda sonora, por lo que fue castigado por los otros dos tocando la batería en algunas canciones de dicho disco. 

Mejor o no, lo cierto es que Solid State Survivor es el disco que llamó la atención de las masas. Desde la sesión de fotos de la portada, a cargo de Masayoshi Sukita, hasta la última nota de los poco más de treinta minutos de los que se compone el disco, tiene ese aire de grandeza y triunfalismo.

La tecnología al servicio de la música

Teniendo en cuenta que el MIDI no estaba inventado (faltaba poco, eso sí), y que las grabaciones digitales estaban en pañales, el grupo y sus colaboradores tenían que programar secuenciadores y aplicar efectos de aquella manera. Para que nos hagamos una idea, todo esto se ve mejor en los conciertos de la época.

Mientras Kraftwerk tiraba hacia una cierta pretenciosidad con el muro de Berlín y la sociedad post-industrial de fondo, Yellow Magic Orchestra evoca diversión y el optimismo japonés de aquella época. Y esto es algo que se ve en directo, todo más virtuoso y más vivo. Si sus contemporáneos alemanes o británicos eran abanderados de una marca de synth pop para robots y cyborgs, el segundo álbum de YMO exploraría una música electrónica con corazón, con sensaciones más humanas. Aunque para ello utilizasen cuatro Prophet 5, ARP Odysseys, un Moog gigante, el Oberheim 8 y un secuenciador Roland MC-8 carísimo. O sea, lo mejorcito de la época en cuanto a tecnología.

Pero vayamos canción a canción:

Technopolis

Empezamos fuerte con uno de los himnos que remiten a la transformación de Japón en la época. Sakamoto repite una y otra vez «Tokyo» vía vocoder, y el deletreo de la palabra que da nombre a esta canción. Es curioso que se tenga en cuenta a Solid State Survivor como un disco eminentemente electrónico (que no es que sea una mentira) pero no es menos cierto que se utilizan instrumentos más tradicionales, sobretodo en la sección rítmica. La batería de Takahashi, por ejemplo, no es siempre una caja de ritmos. Pero sobre todo se nota en la utilización del slap del bajo de Hosono, recordando que ese año todavía era la época del funk. A diferencia de Kraftwerk, cuya música sonaba más estática, sintética y muy medida (y con ciertas aspiraciones trascendentales), en YMO (o en Technopolis, en concreto) se da rienda suelta a la virtuosidad, dejando de fondo a los loops. Y sí, me refiero a la forma de utilizar los teclados de Sakamoto, en el que va haciendo variaciones a diferentes escalas de su solo. Más que un grupo electrónico, YMO era más bien electro-analógico.

En definitiva, Technopolis anuncia que Japón no es ya el referente de la modernidad y economía mundial, también lo es de la tecnología y vanguardia. Como apunte curioso, Technopolis está basada en una canción de las idols japonesas del momento, Pink Lady, y en concreto en la canción Wanted. Fue escrita en una época en la que Sakamoto era muy fan de ellas. Yellow Magic Orchestra solía tocar una versión instrumental durante sus giras del 78. Sakamoto explicaba que para escribir Technopolis, analizó la estructura de sus canciones favoritas de las Pink Lady y trató de fusionarlas en una canción instrumental del mismo estilo de su versión de Wanted.

Absolute Ego Dance

Esta canción podría pasar por ser un descarte del anterior disco. O sea, muy continuista. Sandii, una de las vocalistas de la época relacionadas con YMO (de hecho estaba en la misma discográfica) se encargaría de poner su voz remitente a las islas del pacífico que ya utilizaron en trabajos previos de Hosono y Sakamoto. Más tarde, este último proseguiría con este estilo hasta finales de los ochenta, reclutando coristas de las islas más meridionales de Japón. 

Rydeen

Si en Occidente puede que Behind the Mask sea la canción que más suene cuando mencionamos a Yellow Magic Orchestra, en Japón Rydeen es el tema del disco. Versionada y sampleada decenas de veces (hasta por la misma YMO), una especie de Seventh Nation Army en los estadios de beisbol japoneses, aparición en videojuegos, anuncios de televisión hasta en la actualidad, entradas al ring de Wrestling. Takahashi volvió a rescatar sonidos de videojuegos para incluirlos en la pista. Digamos que es una especie de reprise de Technopolis debido al parecido entre ellas.

La utilización del sonido perteneciente (o mejor dicho, remitente) al galope de un caballo, nos da a entender que posiblemente el título de la canción sea un juego de palabras entre riding y la deidad japonesa del trueno (Raijin), que también explicaría esa especie de puente videojueguil entre estribillos.

Castalia

Después de tres pistas demoledoramente upbeats, la primera cara se despide con un tema ambiental con un toque nostálgico. Se dice que Sakamoto se inspiró en la película soviética Solaris (1972), dirigida por Andréi Tarkovski. Castalia es una canción que no se le suele tener muy en cuenta en la discografía de YMO, pero tiene más influencia de lo que parece. Sin ir más lejos, es lo que ha estado haciendo Sakamoto en casi toda su carrera, sobretodo en sus composiciones cinematográficas. Posiblemente es la canción que mejor ha envejecido de todo el álbum.

Behind the Mask

Rydeen es la canción más famosa del disco, pero Behind the Mask es su mayor rival en popularidad. Michael Jackson casi metió una adaptación de esta canción en Thriller (finalmente se incluyó en el primer disco póstumo del 2010) y Eric Clapton la inmortalizó en su álbum August (1986). Sakamoto está a cargo de la música (y misteriosamente también estaba Takahashi acreditado en las primeras ediciones del disco), mientras que Chris Mosdell se encarga de la letra. Sobre su significado, el mismo Mosdell declararía que «Hablaba de una sociedad muy impersonal y socialmente controlada, una era en un futuro tecnológico, y la máscara representaba ese estado inmóvil y sin emoción». En fin, pura canción cyberpunk, en esencia.

Curiosamente, una versión primitiva de Behind the mask, por parte de Sakamoto en solitario apareció un año antes del disco en un anuncio de relojes Seiko.

Day Tripper

The Beatles, por supuesto, también causaron sensación en Japón. Los componentes de YMO no fueron ajenos a su influencia, siempre presente en el trío japonés. Sobretodo Takahashi, que siempre ha intentado emular a George Harrison en gran parte de su discografía. Y tanto Hosono y Sakamoto forman una especie de Lennon en su intento de ser algo transgresores en las formas de componer. Curiosamente Sakamoto, a pesar de su educación musical a priori clásica, influenciado mayormente por Claude Debussy, era un ávido fan de los de Liverpool. 

El caso es que no dejaron de tener la oportunidad de rehacer esta cara B de la mítica banda, en una época en la que Devo y coetáneos lo hacían también con otros grupos, aprovechando las nuevas tecnologías. El caso es que les quedó realmente bien, a pesar que no es el gusto de todos. Pero es que ya con solo tener la mentalidad de modelar de una manera bastante grande una canción de la mayor banda de la historia y llevarlo a su terreno, tiene mérito. Sobretodo llama la atención la introducción de glitches en la producción y la guitarra psicodélica de Makoto Ayukawa.

A partir de aquí Takahashi se convertiría en el vocalista principal de la banda y su estilo new romantic sería absorbido por YMO en numerosas canciones.

Insomnia

El tema ambiental de Hosono, en el que también pone voz distorsionada en una breve parte de letra a cargo de Mosdell. Se dice que Hosono, que padecía insomnio en la época, quiso evocar la sensación que da nombre a la canción mediante elementos atmosféricos. Cierto toque melancólico y misterioso, comparable a Castalia.

Solid State Survivor

Takahashi, aparte de componer la música, se vuelve a arrancar a cantar en la canción que cierra el disco. La letras también son de Mosdell, que ya era colaborador habitual de él desde la época de Sadistic Mika Band. Posiblemente sea la canción más ajustada a su tiempo, en el sentido que se adapta bien a la new wave de la época. Temáticamente sigue con la idea de una sociedad robótica y neurótica, mientras escuchamos la guitarra estrujada de Ayukawa junto a la letra surrealista.

Y a partir de aquí…

Después de que Yellow Magic Orchestra lanzara Solid State Survivor se iniciaría la fiebre tecnopop en Japón, de la que surgirían grupos como P-Model, Plastics, TM Network, entre otros. Sin embargo, en un mercado tan cambiante y competitivo como el japonés, el género dejaría de ser comercialmente viable como poco tiempo antes. De hecho, la misma Yellow Magic Orchestra cambiaría bastante su registro en Naughty Boys y Service (ambos de 1983), sus últimos discos antes de su gran hiato hasta la salida de Technodon una década después, cuando Ryuichi Sakamoto estaba en su cúspide y ya contaba con un Oscar, además de haber actuado en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y trabajar con gente como Iggy Pop o Madonna. Sus caminos, entre medias y hasta la actualidad, se cruzarían muchas veces. Pero eso igual lo contaremos en otro momento.

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