“Yo sólo quiero hacer reír”: Cremades, Caranchoa y el victimismo en Internet

Está pasando. En un año donde se crean términos como la pos-verdad para tratar de explicar los acontecimientos más imprevisibles, el caso Caranchoa y una entrevista a Jorge Cremades revelan una terrible realidad: vivimos en tiempo donde el victimismo es la nueva forma de empatizar con el usuario.  Los antaño malotes del instituto son los líderes del humor digital que bate récords de seguidores y visitas. Aquí en CANINO nos hacemos la pregunta clave: ¿El futuro del Internet es esto?

(Ilustración de cabecera de Matu Santamaría, procedente del Facebook de Jorge Cremades)

Esta mañana el diario El Español ha publicado una entrevista al cómico Jorge Cremades que intenta retratar una de las personalidades más famosas del Internet español. Con cada frase que se le escapa (la muy oportuna, recogida nada más y nada menos que en el titular: “Hay más violaciones de hombres que de mujeres”… a propósito: ¿alguien puede decirme por qué El Español no le pregunta en qué estadísticas se basa?) Cremades parece querer disculparse tres párrafos más adelante, creando un escudo a base de tópicos e ingenuidad a lo Peter Pan. “Quiero hacer vídeos toda mi vida, me considero un pintor”. “Las mujeres piensan más”. “Nosotros no hacemos cosas hembristas”. “Borré un vídeo, pero no te lo voy a describir porque queda raro si lo lees”.  La frase que más se repite es, sin duda, “yo sólo quiero hacer reír”.

No estamos aquí para culpar a Jorge Cremades de intentar ganarse la vida. Tampoco nadie está pidiendo que sea un intelectual o un francotirador del humor subversivo. Lo que esta entrevista confirma es la peor de nuestras sospechas: Cremades se considera una víctima, un niño grande que nos pide (en silencio) que empaticemos con él mientras suelta frases que esconden un extraño tufo conservador. El discurso lacrimógeno como estrategia para desarmar y conquistar al consumidor.

La entrevista de Cremades nos lleva inevitablemente al fenómeno Caranchoa, claro. La historia es conocida por todos: un repartidor le regala una delicada caricia al youtuber MrGranBomba tras llamarlo “caranchoa” en mitad de la calle. Sin embargo, la clave para entender el asunto se encuentra (a mi parecer) en el vídeo “oficial”. En él, MrGranBomba aparece en su casa, amenazando al repartidor y presentándose a sus seguidores como una víctima. “No busco dinero, solo quiero que me pida perdón”.

No seré yo quien afirme que el vídeo de Caranchoa es un simbólico triunfo de la clase trabajadora, o que haya tenido que venir un vídeo para reafirmar el dicho “Quien siembra vientos recoge tempestades”. Tampoco vamos a echar en falta si Bomba confirma que se va a retirar del Internet por el “acoso recibido” por los comentarios y memes. No, la cosa va (un poco) más lejos.

De alguna manera, estos videos (y su promoción) son la confirmación de nuestras peores sospechas: el protagonista de los vídeos con los que nos reímos durante treinta segundos son en realidad adultos preciosos buenrollistas y apolíticos, cuyo modelo de conducta está basado en la infantilización y el victimización como manera de empatizar. El youtuber que va insultando a la gente por la calle y que luego amenaza al que le ha insultado con destruir su vida. El humorista cuyo vídeo activas con el pulgar en la pantalla del móvil y luego habla de datos de violaciones inexistente mientras te sonríe. Exacto: los líderes del humor son los antiguos malotes del colegio, sólo que ahora se ponen a llorar para que no les castigues. Un modelo que, al parecer, funciona en esta sociedad sin capacidad de análisis o crítica, capaz de tragarse un tagline sobre violaciones de mujeres sin ni siquiera cuestionarlo. Visitas, artículos virales, comentarios en redes… y que siga la defensa o condena de los supuestos mártires que sólo quieren“hacer reír”.  

Me gustaría culpar sólo este tipo de conductas, esta victimización basada en la hipersensibilzación que haría vomitar a Nietzsche y su concepto del vacío moral. Me gustaría culpar a medios de comunicación que se hacen eco de esta noticia, que encima le dan publicidad (este artículo, sin ir más lejos). Pero nos estaríamos engañando porque, de alguna manera, la culpa es nuestra. Somos nosotros los que lo hemos puesto ahí. Somos nosotros los que pensamos que un vídeo de treinta segundos no tiene importancia, los que nos hemos acostumbrado a reír sin reflexionar. Pero, sorpresa: esto es el mundo que viene. Este es el modelo de conducta de las futuras generaciones, un mundo aparentemente limpio, inofensivo que esconde un terrible lado conservador. Y sí, hemos sido nosotros (o una abrumadora mayoría de gente, vaya) quien los ha puesto ahí. Un mundo extraño, saturado de imágenes visuales, basado en la idea de la representación y el simulacro donde nada parecer importar.

Si te fuera totalmente sincero”, comenta Cremades en la entrevista, “te diría otras cosas”.

Si consigo algo de dinero llevándolo a los tribunales, no me lo quedaré”, dice el youtuber. “Al contrario: lo donaré a Cáritas”.

Todo ha dejado de tener la más mínima coherencia, y lo más preocupante: ¿es esto a lo que nos referíamos con Internet? ¿Son estos los modelos de conducta a los que vamos a aspirar?

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