Sonrisas inquietantes: ‘La broma asesina’, 28 años después

Alan Moore es uno de los pesos pesados del cómic. Y entre sus obras, La broma asesina siempre ha sido especialmente bien valorada. Con todo, con el estreno de su reciente adaptación animada, no le han salido, de nuevo, pocas críticas a la obra. ¿Por qué? Eso es lo que intentaremos discutir en este artículo: ¿es La broma asesina una obra maestra o un comic sobrevalorado?

No es posible concebir el cómic moderno sin Alan Moore. Lo que hizo durante todos los ochenta, dando otra vuelta de tuerca al género superheroico, o lo que ha seguido haciendo hasta hoy, deconstruyendo las posibilidades narrativas del cómic, está entre los trabajos más prodigiosos que nos ha dado el medio. De ahí que se reverencie su figura, se siga con expectación cualquier cosa que haga y se venere, a veces hasta la ausencia de crítica, todo cuanto sale de su pluma.

Y de falta de sentido crítico es de lo que se ha solido acusar al fandom por la veneración cuasi religiosa que se ha demostrado hacia La broma asesina (1988). Concebido como un one-shot sin continuidad, se considera, junto con Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1984) y Arkham Asylum: Un lugar sensato en una tierra sensata (1989) -no por casualidad, del triunvirato de grandes guionistas del cómic americano (a pesar de que dos sean ingleses): Alan Moore, Frank Miller y Grant Morrison-, la quintaesencia del Batman contemporáneo. Y en el caso del cómic de Moore se ha considerado también la historia definitiva de Batman con el Joker. La historia tras la cual ya no cabe sino cerrar el cómic con una sonrisa amarga y aceptar que no hay posibilidad alguna de volver a escribir nada donde ellos dos estén involucrados. Eso no significa que haya unanimidad al respecto. No poca gente dice que es un cómic mediocre, cuando no directamente malo u ofensivo, e, incluso el propio Alan Moore, no parece estar demasiado convencido de su importancia. Pero antes de hablar de eso, adentrémonos en lo importante: el cómic en sí.

De la broma como una de las bellas artes

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¿De qué trata La broma asesina? Del último encuentro de Batman con el Joker. Con Batman decidido a acabar por fin con el eterno vaivén de encontronazos que han tenido desde el principio de los tiempos, descubre que, lejos de poder hacerle entender su postura -que, de seguir igual, acabará con uno de los dos muertos- se encuentra con que su némesis se ha fugado del psiquiátrico y está haciendo de las calles su patio de recreo. Y lo que es peor, su próximo objetivo es demostrar a Gotham, Batman y el mundo entero que todos estamos a un solo paso de convertirnos en dementes. Entendiendo «demente» por «maniaco homicida que se viste de payaso… o de murciélago».

En el aspecto narrativo lo que más sorprende es su perfecta disposición de los elementos. Todos tienen un papel que cumplen en relación con el subtexto: no existe algo así como el pensamiento racional. Batman se cree racional, pero en realidad se comporta como un demente; el Joker sabe que no guarda racionalidad alguna, por lo cual sólo sigue sus propias reglas; el inspector Gordon quiere mantenerse en la más estricta racionalidad, por eso es tan insistente en no saltarse las reglas; y Barbara Gordon desea que sea posible ser racional, de ahí su insistencia en seguir las reglas para mantener un orden ya sea en los archivos o en la sociedad. Eso sirve para explicar también la razón por la cual el descenso a la locura de todos los involucrados venga determinado por saltarse las reglas. Hacer caso omiso de la ley. A fin de cuentas, ¿qué diferencia hay entre un payaso asesino y un murciélago linchador? Sólo la dimensión de sus crímenes.

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Con todo, nada de eso se sostendría sin un desarrollo específico del tema. De ahí que la obra esté atravesada de flashbacks del pasado del Joker, de cómo acabó siendo aquel quien es, para justificar esa irracionalidad imposible. Para explicar por qué Batman o él han acabado convertidos en dementes, pero el inspector Gordon logra aferrarse a su racionalidad.

Si además sumamos el excelente dibujo de Brian Bolland, recoloreado por completo con motivo de su veinte aniversario, resulta fácil comprender su importancia. Es narrativamente brillante, visualmente sugestivo y en ambos aspectos, aun tratándose de un cómic clásico, hay pinceladas extravagantes aquí y allá que suman fuerza al conjunto para llevarlo un paso más allá. Por ejemplo, su ominoso final. De viñetas regulares, enfatizando gestos a los cuales normalmente no se prestaría tanta atención, está tan abierto a la imaginación como cerrado a la interpretación. Porque si hay luces de fondo, Batman le pone las manos encima al Joker y el leit motiv de su encuentro fue parar antes de que pudieran matarse, ¿qué es lo único que puede estar ocurriendo?

Si algo hace gracia lo decide el receptor de la broma

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Todo lo anterior no implica que no haya quienes han sabido encontrar defectos en la obra. Dado que la perfección no existe y que la experiencia de los autores no es un búnker blindado, es lógico que hubiera algunos problemas de fondo que señalar en la obra. Además, no sin razón.

El mayor problema del cómic, con diferencia abismal, es el papel de Barbara Gordon. Creada en 1967 por William Dozier, Julius Schwartz y Carmine Infantino para asumir el papel de Batgirl después de que la original, Betty Kane, cayera en el olvido, durante sus primeros veintiún años de existencia logró hacerse un hueco por derecho propio en el universo DC. Y como sabrá cualquiera que haya leído el cómic o la tendencia de meter mujeres en neveras existente en el mundo superheróico -quien dice meterlas en neveras, dice asesinarlas, mutilarlas o dejarlas sin poderes de un modo humillante que resultaría inconcebible en sus contrapartidas masculinas-, el destino de Barbara es, en el cómic de Moore, el de mero peón sacrificial.

Su función aquí es aparecer, ser disparada por el Joker, advertir a Batman del peligro que supone ahora y, después, servir para torturar a su padre. Todo ello dejándola paralítica en el proceso. Si bien es cierto que narrativamente cumple un propósito, no es menos cierto que hay algo muy incómodo en esa sucesión de actos. Y ya no es sólo la maldad del Joker.

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Barbara Gordon no es un mero personaje secundario. No es un pilar central del universo DC, pero sí es un personaje de identidad dentro del mismo. Dejarla paralítica como daño colateral en un cómic donde todo el peso dramático recae, de todos modos, sobre otros personajes, es como si en la colección de Superman, por añadir peso dramático a un cómic, Batman quedara paralítico al ser disparado por Lex Luthor sólo para hacer sufrir al kriptoniano sin darle mayor peso al acto. Es narrativamente criminal. Y si se tratara de un hombre, simplemente inconcebible. El problema ya no es sólo que sirva como mero acto sacrificial para hacer sufrir a un hombre, una crítica legítima en tanto ese papel suele recaer sobre las mujeres, es que además viola toda la continuidad narrativa del personaje.

Aunque bien se podría decir que es un problema menor -en tanto podemos obviar la continuidad, o que se arregló a posteriori, pues Barbara Gordon volvería bajo la identidad de El Oráculo-, esa no es la opinión general. Lo cual incluye al propio Moore, quien ha acabado por admitir que dejar paralítica a Bárbara Gordon no fue buena idea. Idea a la cual el editor de su proyecto, Len Wein, le dio el visto bueno diciéndole «Yeah, okay, cripple the bitch«, por si hacía falta remarcar todavía más la misoginia.

De la broma asesina a la broma sin gracia

https://www.youtube.com/watch?v=SnTSqgJPVl8

Si bien a Moore le ha costado tiempo hacerse consciente de los problemas del cómic, al menos supo señalarlos. Algo de lo que DC pareció tomar nota al hacer una adaptación animada dirigida por Sam Liu que se estrenó directamente en formatos domésticos hace apenas unas semanas, ya sin involucración alguna del guionista inglés. Con Brian Azzarello encargado del guión y con Bruce Timm haciendo trabajo de producción, era una buena oportunidad para arreglar los problemas de la novela gráfica original. Salvo porque han acabado agravándolos.

Antes de entrar a polemizar con la película es mejor resaltar sus aciertos. Aunque sean pocos. Aquí Barbara Gordon gana en entidad con respecto a la obra original, tanto en un largo prólogo donde seguimos su lucha contra un criminal que dice haberse enamorado de ella como en el epílogo donde la vemos ya convertida en el Oráculo. Ahí se acaban los aspectos positivos de la película. Ahora, polemicemos.

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Todo el guión de Azzarello es un despropósito criminal. Incluso si obviamos el innecesario romance de Batgirl con Batman, haciendo que ahora el acto del Joker esté justificado para hacer sufrir a dos hombres en vez de sólo a uno, o que lo que en el cómic sólo era un asalto ahora se convierte también en una violación, multiplicando de ese modo lo problemático de su representación -incluso si, siendo estrictos, sólo se nos da a entender a través de un diálogo de Batman con unas prostitutas, ya que no se nos muestra-, todavía cabría criticar el estilo de dibujo, completamente incoherente con el tono de la historia, la ausencia de subtexto, pues los personajes ya no están imbricados del mismo modo, o su ritmo renqueante, ya que al dividir la historia en dos partes ya no encaja de forma natural. E incluso así, todavía nos quedaría otro detalle más para defenestrar la película: su final.

Mientras en el cómic todo es ambiguo, extraño, haciendo que el chiste del Joker quede como un extraño impasse en el cual no queda claro qué está ocurriendo, en la película queda claro. Son dos hombres riéndose. Tal vez dos hombres riéndose en las circunstancias de que uno de ellos debería estar furioso, pero nada más. Ni existe ambigüedad ni ecos criminales. Dónde queda lo asesino de la broma sólo puede saberlo Azzarello.

La posibilidad de vivir (o no) sin bromas asesinas

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En la película no hay reflexión alguna sobre la posibilidad de la racionalidad en un mundo demente, injusto y asesino. Está tan obsesionada en arreglar lo que está mal, siguiendo sólo pautas superficiales, que no sólo no consigue arreglarlo, sino que acaba empeorándolo más. Haciendo que cosas que antes funcionaban ya ni siquiera tengan sentido. Y aunque suene extraño, eso legitima el valor de la novela gráfica original: Alan Moore creó una obra de orfebrería. Nada sobra, nada falta. Incluso admitiendo que lo de Barbara Gordon fue un error, si obviamos cualquier impresión ideológica -algo imposible e indeseable, pero hagamos un ejercicio de abstracción- no podemos sino admitir que, en términos narrativos, la historia cumple su propósito a la perfección. Incluso si lo hace de un modo cuestionable.

Eso no justifica en ningún caso el uso que hace del personaje. Sólo implica que no existe ninguna historia que sea absolutamente incontrovertible. La broma asesina es hija de su tiempo -algo evidente si consideramos que se publicó un año antes que Arkham Asylum, en la cual también se tratan los límites de la racionalidad, aunque desde una óptica más oscura, simbólica y compleja- tanto para lo bueno como para lo malo. Incluso si lo malo, dada la coyuntura ideológica de nuestro presente, resulta tan llamativo que, para muchas personas, sea imposible pasarlo por alto a la hora de juzgar el valor general de la obra.

Sea como fuere, si seguimos celebrando hoy La broma asesina es porque es un cómic brillante. No sólo un cómic adelantado a su tiempo, sino también uno capaz de leer una atmósfera que todavía hoy seguimos respirando. Y si esa no es la función del arte, ser capaz de tomar el pulso al presente sea cual sea ese presente, si el pasado o el futuro, entonces es imposible explicar el porqué de su popularidad, ya en apariencia eterna.

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14 comentarios

  1. Pablo Vicente dice:

    Leyendo el cómic dentro de la carrera de Alan Moore, he tenido la sensación de que realmente Moore no interpreta al Joker y a Batman como la oposición de caos/orden, sino más bien como mal/bien, y que intentaba repetir la idea de American Gothic: el bien y el mal son solo aspectos diferentes de una misma realidad. Y el problema es que no se aclaró muy bien y no se entiende. Es mi sensación.

    Hay otra pareja de ideas que tampoco se aprovecha: rico/pobre. Si el Joker se vuelve un villano (primero de pacotilla, luego de nivel) no es porque tenga "un mal día", es que hay un estado de necesidad y desesperación que le ha llevado hasta ahí. Batman tiene un mal día cuando matan a sus padres, pero tiene un signo del infinito en el extracto del banco. Es sorprendente que Moore no aprovechase este detalle a la hora de diferenciar los malos días que han sufrido los dos, que dé a entender que la personalidad de una persona solo depende de sí misma, no de su entorno material. Precisamente Paul Dini sí lo tuvo en cuenta en ‘Guerra contra el crimen’ en un cómic injustamente menos conocido.

    El gran fallo del cómic es que realmente su idea motivadora (‘Nuestro lugar en el mundo depende de nuestra fuerza de voluntad’) es una idea de lo más absurda, que parece sacada de un libro de autoayuda de un todo a cien. No es propia del Alan Moore que ha escrito ‘V de Vendetta’ o ‘Miracleman’. Por eso este cómic cuesta analizarlo y defenderlo, porque desde este punto de vista parece una mamarrachada. Y si se ve sólo como un análisis de la dinámica entre un héroe y un villano de ficción, peor, es un tema absolutamente irrelevante dentro de los temas que Moore ha tratado en sus cómics.

    Soy incapaz de verle el problema con el tratamiento de Barbara Gordon (pero acepto que puedo cambiar de opinión). O al menos, soy incapaz de ver qué hace Alan Moore de diferente con respecto a otros autores. Precisamente, pensando en Shane Black, tanto ‘Arma letal’ como ‘Kiss kiss bang bang’ empiezan con la muerte de una chica que es muy importante para otros personajes, pero son tratadas como carne de cañón. No puedo evitar pensar que se le buscan las cosquillas a este cómic solo para parecer ecuánime resaltando lo malo y lo bueno. Aunque eso malo que se señala aquí no se señale en otros autores.

  2. Alejandro dice:

    No es por nada… Pero me dio la impresión aquí que, más que criticar al cómic, se hace un par de comentarios sobre el cómic y después se empieza a despotricar sobre la película para intentar salvar la cara a Alan Moore (también porque, mira que bien, Moore se ha dado cuenta de que la ha cagado, y Len Wein le ha llamado zorra a Batgirl, así que no es su culpa).

    Y que conste, me encanta el cómic. El hecho de que "no haríamos a Jimmy Olsen lo que se ha hecho a Barbara Gordon" no significa que no se puede hacer eso a Barbara Gordon.

  3. Álvaro Arbonés dice:

    No estoy de acuerdo con tu lectura. Reducir la relación de Batman con el Joker hasta un estricto patrón binario en el que necesariamente se cae de uno u otro lado, del bien/orden/riqueza o el mal/caos/pobreza —haciendo, por extensión, que todos los involucrados se lean desde ese patrón ideológico—, elimina cualquier posible lectura no como algo opuesto, sino como exactamente lo mismo. Ni Batman es personificación del bien o el orden ni el Joker lo es del mal o el caos. Son, como pretende transmitir Moore en el cómic, dos personas completamente desquiciadas por unas circunstancias de las cuales, como resulta patente, han conseguido salir de formas diferentes: Batman haciéndose justiciero, Joker haciéndose villano. Pero en ambos casos están fuera del orden, de lo que dictan las leyes de la sociedad. De ahí que el Inspector Gordon, al ser situado en una situación experimental con la cual demostrar que «todos estamos a un mal día de convertirnos en locos», demuestra que la tesis binaria es falsa: no existen locos y cuerdos, sino gente que elige el orden sobre el caos. Sin que, necesariamente, una de las dos sea mejor o necesaria para la existencia del otro. Puede existir caos sin orden sin ningún problema, del mismo modo que Batman sólo puede considerarse personificación del bien desde una ideología colindante con las formas más reaccionarias de la derecha.

    Por otro lado, como señalé en el artículo, no creo que la voluntad de poder sea el elemento primordial de la historia. Tampoco el dinero. Obviamente Batman tiene más fácil que Joker salir adelante, ¿pero lo hace? Ambos viven fuera de la ley, pero en cualquier narración no superheróica se consideraría que Batman es un criminal y le depararía toda una vida entre rejas. No es un héroe, es un antihéroe. En el mejor de los casos. En el peor de los casos es otro criminal, alguien que se toma la justicia por su mano, sin entender que existen leyes, normas de convivencia que debe seguir; en suma, alguien malvado. Si existen ideas fuertes detrás del cómic es que, independientemente de nuestro estatus económico o social, todos estamos al borde de convertirnos en seres irracionales. En que una mala broma, un accidente desafortunado, nos convierta en seres no válidos para la vida en sociedad. ¿Suena exagerado? Para nada. Cualquiera podemos sufrir reveses desafortunados que nos conduzcan a la cárcel, la bancarrota o los problemas físicos o emocionales permanentes. Todos. De ahí que lo que intente transmitir Moore no sea que nuestro lugar en el mundo depende de nuestra fuerza de voluntad, lo cual sería negar la existencia del azar, sino que, dado que nuestra existencia en el mundo es azarosa, nuestra voluntad, nuestra capacidad creadora, es lo nos hace sobreponernos o hundirnos cuando las cosas dejan de salir bien. O empiezan a ir fatal.

    No libro de autoayuda, sino Nietzsche. Pero Nietzsche bien leído, no la masa regurgitada de angst adolescente y lecturas de bachillerato que puede leerse no pocas veces cuando hablamos del alemán.

    Sobre lo de Bárbara Gordon no tengo palabras: se explica en el artículo. No es igual que los personajes de Shane Black porque Bárbara tiene un peso narrativo del que estas carecen, creando una disonancia narrativa al reducir a un personaje principal al papel de un personaje secundario cuya existencia se basa en crear impacto emocional; incluso de no ser así, como ya resalté en el artículo, el tropo women in refrigerators es bastante cuestionable en términos ideológicos. Ya ves, dos problemas: narrativos e ideológicos. No es que quiera buscarle las cosquillas, es que es un problema. Y tanto el autor como algunos lectores lo valoramos de ese modo, porque presentar mujeres para matarlas/torturarlas/violarlas posteriormente y ya olvidarse de ellas sin desarrollarlas como personajes no sólo no es un método narrativo perezoso, sino también ideológicamente perverso. Algo que, por cierto, también señalamos en otros autores, al menos, en lo que respeta al grueso de quienes escribimos en Canino.

    Muchas gracias por tu comentario.

  4. Álvaro Arbonés dice:

    Aunque no sea por nada, permítame aclararle sus dudas. Aun obviando que «ese par de comentarios» es el grueso de la crítica —el artículo tiene alrededor de mil novecientas (1900) palabras de las cuales quinientas (500) tratan de la película, lo cual nos deja otras mil cuatrocientas (1400) para abordar otros aspectos de la narrativa— usted insiste en que intentamos salvar la cara de Moore. Nada más lejos de la realidad. Como sabría de haber leído el artículo, se dice, explícitamente, que lo que hace el británico es «narrativamente criminal». Algo en lo que están de acuerdo los involucrados en la película ya que, de nuevo parafraseo el artículo, «está tan obsesionada en arreglar lo que está mal, siguiendo sólo pautas superficiales, que no sólo no consigue arreglarlo, sino que acaba empeorándolo más». Si para usted salvar la cara implica decir que alguien lo hace mal, pero que partiéndose de esas bases alguien lo hace todavía peor, tenemos entre manos un problema bastante grave.

    Alan Moore aprendió de sus errores. Ya sabe: el buen artista mejora, la buena persona también. Con el tiempo se percató de que hizo algo ideológicamente cuestionable y narrativamente perezoso (dentro de una obra que, por lo demás, funciona bien: las páginas dan hasta donde dan), haciendo muestra de arrepentimiento para ello. Él hizo mal, Len Wein también.

    Y que conste, me encanta el cómic. El problema es que «no haríamos a Clark Kent lo que se ha hecho a Bárbara Gordon», lo que significa que hacérselo a Bárbara Gordon tiene algún significado. Significado que, algunas personas, queremos entender. Sean Alan Moore, la propia DC o el autor de este artículo. Y al entender porqué, en vez de ponerse a la defensiva, encarándose con cualquiera y diciendo que hombre, que censura (por muy veladamente que se diga), preferimos intentar señalar los errores para que puedan evitarse en el futuro.

    Muchas gracias por sus comentarios.

  5. Pablo Vicente dice:

    >>Algo que, por cierto, también señalamos en otros autores, al menos, en lo que respeta al grueso de quienes escribimos en Canino.>>

    Sobre eso, perdona porque tal como lo escribí efectivamente suena a acusación y no es mi intención en absoluto. Y te agradezco que hayas extendido la explicación sobre Barbara.

    El problema que yo tengo con este cómic es que lo veo muy inferior a otros trabajos de Alan Moore. Tú posiblemente lo ves como acierto, pero el tema de lo fácil que es salirse de la sociedad por un motivo accidental no me parece interesante. Creo que hay aspectos estructurales mucho más determinantes para empujar a alguien fuera de la sociedad. No creo que reducirlo al azar (o a la fuerza de voluntad, como he dicho yo, tal vez por error) sea justo. Le daré otra lectura al cómic, de todos modos.

    Por cierto, no me contradices la visión binaria, me das otra diferente, ¿no? Los que eligen el orden sobre el caos… y los que no.

  6. Oscar dice:

    Personalmente a mi no me chirrió el ataque a Bárbara Gordon, más bien me dolió como lector inmerso en la historia y creo que en parte esa era la intención. Si se necesitaba hacer daño a alguien cercano al comisario Gordon y a Batman era la elección más sencilla y si además consideramos la época y la sociedad en la que vivi(a)mos, con una mayoría de lectores masculinos y con unos valores que destacan la necesidad del macho de proteger a las (sus) hembras, pues aún más. Que en otros casos haya existido el síndrome de la nevera está claro (pobrecita Gwen) pero en este no lo veo.
    Por otro lado recordemos que a Batman sí le han matado a sus ‘colegas’ varones y que probablemente matar a Robin le doliera más que lo de Bárbara. Me extraña que no lo hayas comentado en tu apuesta sobre la banalidad del ataque a Bárbara, aunque no corresponda a Moore sí corresponde a la continuidad del personaje.
    Eso sí, si el autor admite que se equivocó, pues fin de la discusión. También podría hacer una v2.0 a ver cómo lo soluciona con la misma carga emocional para los personajes y el lector.

  7. E. Martín dice:

    Oh, cierto, lo de Barbara Gordon nunca se lo habrían hecho a un personaje masculino. En aquella época ningún editor habría permitido que el Joker matara sádicamente a hostias a… no sé, ¿Robin? ¡NUNCA!

    De los refrigeradores decir que nace de una historia (el nuevo Green Lantern) particularmente bien escrita por un Ron Marz que se preocupa de crear a Alexandra DeWitt y de hacerla de carne y hueso antes de matarla porque, sí, ella no es la protagonista de la historia. No seré yo quien defienda que no hay problemas con el tratamiento de personajes femeninos en el tebeo mainstream pero los defensores de la Teoria del Refrigerador suelen disparar a todo lo que se mueve, llegando a acusar al mismísimo Claremont de maltrato machista.

    Por otro lado siempre me ha escamado que las más activas críticas de La Broma Asesina (la Simone y las Mary Sues) mantengan ese curioso silencio sobre las barbaridades que sigue perpetrando Bendis en sus historias.

  8. German dice:

    Si algo caracteriza a Alan Moore, es como utiliza a los simbolos y como crea con ello segundas y terceras lecturas de sus obras. Por ejemplo no es casual que la chica de "V de Vendetta" se llame Evey (Eva) y el dictador Adam. Y encontrareis muchas mas en sus obras. En lo que refiere a "Killing joke", mal traducido a como "Broma asesina", el final de este comic es magnifico: como a Batman se le aparece una sonrisa "asesina", como los dos personajes se abrazan, y el plano cambia y la luz que se refleja en charco se "apaga"… Confirmando la teoria de Batman en la primera conversacion del comic, consiguiendo cerrar el circulo, haciendo un comic autoconclusivo, un "one-shot" perfecto.
    Y lo que hace genial a los comics de Alan Moore, es que son inadaptables. Porque son obras creadas para ese medio, cada plano, cada palabra de una conversacion esta pensado asi. Y las adaptaciones solo se esfuerzan por explicar la linea de accion principal, dejando todo el abanico de interpretaciones al margen. Y claro el resultado es un empobrecimiento de la obra… Por ello el autor muchas veces renuncia a los derechos o a que aparezca su nombre vinculado a las adaptaciones.
    En resumen, que quien quiera disfrutar y conocer la obra de Alan Moore que se lea los comics, no hay atajo posible, y os aseguro que merece la pena

  9. Pingback: Vuelve el viejo Batman en una inesperada aventura animada: 'Batman: Return of the Caped Crusaders' - Canino
  10. David Intramuros dice:

    Aunque lo de Barbara no quedó muy bonito a posteriori, hay que decir que en esa época (la DC Post Crisis y el Batman Post Frank Miller) había una clara intención editorial de deshacerse de los sidekicks de Batman para eliminar cualquier resquicio de sus versiones más pop y centrarse en su vertiente oscura. Tambien de aquellas mataron a Jason Todd, y tanto Superman como Wonder Woman fueron convenientemente limpiados de comparsas y mitologías exóticas totalmente indeseables en aquellos tiempos.

  11. Pingback: 'La broma asesina', 28 años después
  12. David Menti dice:

    Pero no decimos nada de la causa principal que tiene Moore para despreciar su propia obra: que es trivial. Que desperdició un montón de filigrana narrativa con un material de partida que, de entrada y en general (sin meternos en aspectos concretos de la historia como lo de Barbara), no lo justificaba ni le daba suficiente apoyo, porque:

    Batman and the Joker are not really symbols of anything that are real, in the real world, they’re just two comic book characters.

    Se puede discutir si tiene razón, pero algo hay.

  13. David Menti dice:

    Aclaración: la parte en inglés es una cita del propio Moore.

  14. Pingback: Alan Moore se retira: el cómic pasa página - Canino

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