‘Star Wars: El despertar de la Fuerza’: Reflexiones de un fan tras treinta años de espera

J.J. Abrams toma relevo de Lucas en Star Wars, como el Despertar de la Fuerza lo toma de la Trilogía Original. Y yo, que durante más de treinta años he disfrutado de universos expandidos y sufrido precuelas, me meto otra vez en un cine para ver una película galáctica con robots y explosiones.

Debo ser ya un señor mayor, de esos que piensan con acritud de las pintas y los modales de todo aquel que tiene menos de veinte años. También debo serlo porque ahora paseo por la sección de juguetería de El Corte Inglés y veo a los críos emocionados con muñecos de Chewbacca que mueven la boca y hacen ruiditos… Y, claro, recuerdo cuando yo hacía lo mismo tres décadas atrás, emocionado con los cuatro puntos de articulación del cacho de plástico marrón que era la figura de Chewbacca de Kenner. Me resulta emocionante, emotivo. Me gusta. Me hace feliz. Si a eso le sumamos el hype magistralmente orquestado por Disney, ¿cómo no ir a ver El Despertar de la Fuerza emocionado?

Soy un fan veterano, y diré que también fui a los estrenos de las (para mí) infames precuelas, tan emocionado como he ido a ver este séptimo episodio. Con las precuelas la emoción tenía más que ver con la sensación que produce estar en un cine con la banda sonora de John Williams atronando en los altavoces que con otra cosa. Eso no falla nunca, por muy mala que sea la interpretación de Hayden Christensen, lo desmotivada que esté Natalie Portman, lo sonrojantes que sean los diálogos o Jar Jar Binks. Pero las precuelas no eran las película de la saga que yo quería ver. En Una Nueva Esperanza, el bueno de Ben Kenobi ya me había contado de qué iba la cosa: que si las Guerras Clon, que si Anakin, que si el Reverso Tenebroso (porque os recuerdo que antes era el Reverso Tenebroso). Ya me habían contado esas películas, y casi que prefería ese toque mítico y legendario que tenía la prehistoria galáctica a verlo de verdad. Yo lo que quería era más Han Solo, más Halcón Milenario, y saber qué pasaba tras la Batalla de Endor.

Estaban los libros, los tebeos… Pero no era lo mismo. Yo quería ver esas películas. Así que llevo treinta años esperando para ver El Despertar de la Fuerza.

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Ahora que la he visto, y que ya peino canas, muchas sensaciones se agolpan en mi interior. Por un lado está el niño gordito con gafas al que sus padres le compraban con esfuerzo todo lo habido y por haber que llevase las palabras “Star Wars” impresas. Ese niño hoy es muy feliz, y quiere que le regalen figuras de la Capitana Phasma y de Kylo Ren y un ala-X negro como el de Poe Dameron. Porque la película mola. El miope preobeso de sienes y barba encanecida que soy hoy también está contento, pero con una opinión más tamizada. Porque aunque el regreso de Han Solo es de lo mejor que ofrece esta nueva película, es el regreso de un señor mayor, “crepuscular” que suelen decir los críticos más sesudos. Y su presencia sirve para pasar el testigo a una nueva generación de fans, los mismos niños que ahora están comprando las figuras de acción de Finn y Rey, y me hace pensar que tal vez yo debería también dejar paso a la nueva generación. Disney lo tiene claro:  yo ya estoy amortizado. La película de Abrams sirve más como reboot que como secuela. El Despertar de la Fuerza se aupa en la Trilogía Original para, con treinta años de historia galáctica en la mochila, presentar una nueva galaxia llena de inesperadas aventuras para explorar.

Y yo quiero seguir explorando, carajo. El Despertar de la Fuerza no es una película perfecta, ni maravillosa. Pero es una estupenda película de Star Wars. Ahora mismo, mi tercera película preferida de la saga, tal vez suba un puesto incluso. El esfuerzo titánico de Abrams y Kasdan por hacer borrón y cuenta nueva utilizando como escoba y cepillo la Trilogía Original es algo que lastra la película a nivel de trasfondo y argumento. Pero también supone la puesta en escena de un puñado de nuevos protagonistas que en adelante tienen mucha galaxia para correr. Finn y Rey también tienen muchos juguetes nuevos, ya sean sables láser o Halcones Milenarios. No es una gran película, pero deja tantas oportunidades para que las próximas lo sean… lo más difícil ya está hecho.

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Mi amigo y maestro Yago García lo explica muy bien en su crítica canina, así que no me extenderé más en ese punto. En realidad, este texto viene a decir, tras muchas vueltas, que la nueva película de Star Wars me parece estupenda. Que a lo mejor, para mí, llega veinte años tarde. Pero que ha llegado y me ha hecho muy feliz. Porque está muy cerca de la película de la saga que quería ver durante todos estos años. Porque Abrams lo ha hecho mejor que George Lucas a la hora de recrear las sensaciones de los episodios IV, V y VI. La diversión, la épica, el vértigo, el humor… “Todo es verdad”, que dice Solo en esta nueva cinta. Y yo sé que le está hablando a una nueva generación de espectadores, y no a mí. Porque yo sé que es verdad, porque yo he visto eso, lo he vivido y lo he mantenido vivo durante treinta años para ellos. Pero también para mi. Así que quiero compartir Star Wars con ellos. De eso va el Despertar de la Fuerza.

Star Wars despega de nuevo, hacia lo desconocido, y todo el mundo está invitado, el niño de ocho años y el treintañero pre-obreso.

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