Superhéroes de opereta: el sorprendente Hombre Pedo y el alucinante Varón Acuario

Mucho antes de que Marvel o DC inventaran cosas como la Patrulla X, La Liga de la Justicia o los Vengadores los franceses tenían sus hombres extraordinarios que demostraban sorprendentes poderes al alcance de muy pocos. Así, entre gases traseros que emulaban la artillería prusiana e inserciones bucales de peces, la bohemia parisina pasaba sus tardes antes de la Primera Gran Guerra. Por ROSER MESSA y JULIO TOVAR. Ilustración de portada: Simon Schwartz.

Joseph Pujol: el hombre gas

La guerra franco-prusiana, que Maupassant narró como gran trauma colectivo en Bola de Sebo (1880), tuvo sus afortunados accidentes. Entre ellos estuvo la primera representación popular del marsellés Joseph Pujol, el cual amenizaba los largos momentos de espera en el ejército a través de la expulsión de agua por su pabellón trasero. Había descubierto este superpoder bañándose en Marsella y lo utilizaba para mantenerse en la profundidad sin respirar, a decir de la biografía que le dedicaron tanto Jean Nohain como François Caradec.

Intentando perfeccionar el juego, sus compañeros del ejército francés le sugirieron aplicar esos juegos únicamente con el esfínter, lo que dio origen a una leyenda: El Pedómano. Sus camaradas le incitaban, cuentan sus biógrafos, a imitar las marchas y toques de queda. Acabado el servicio, Pujol -de origen catalán- volvió a su ciudad natal y hubo de mantenerse con su oficio de pastelero, de tradición familiar.

Le Pétomane.

Le Pétomane.

Pero los vientos habían cambiado en su vida: para 1887 hizo su primer espectáculo organizado en la ciudad costera. Los biógrafos afirman que “…el público, entusiasta y desatado, hacía él mismo la publicidad del evento, las primeras veces, en toda Marsella”. La gente disfrutaba, “se reía”, y consideran que “no se había visto jamás un espectáculo semejante”. Ante el éxito, comenzó su fama fuera del mediodía, y pasó a realizar su espectáculo por Burdeos o Tolón.

En su matiné imitaba los distintos gases con fidelidad: el pequeño pedo de una joven doncella, el aire discreto en la noche de bodas o el sonoro viento de la abuela. Esto era el show más convencional; el plato fuerte llegaba al final del menú donde Pujol reproducía efectos sonoros como el disparo artillero, el trueno e incluso algo tan leve como el corte de la costurera en la tela. Un entretenimiento total, que proporcionaba diversión a raudales y demostraba los aires de cambio de una sociedad que quería evadirse de la derrota ante los alemanes. El número solía acabar con el número estrella: apagar una vela colocada a 30 metros gracias a un gran pedo.

En 1892 el pedómano hizo su aparición por primera vez en el Moulin Rouge, en París, templo de la opereta burlesca y ágora de la bohemia fantasiosa. Pujol tomó el escenario principal con un espectáculo bien organizado y se consagró. Afirma Jim Dawson en su seminal Historia Cultural del Pedo que la gente “se reía, gritaba y las mujeres chillaban en un griterío histérico en conjunto que podía oírse lejos del Moulin Rouge”. Con chaqué rojo, pantalones oscuros y guantes blancos presentó con toda solemnidad el número del “pedómano”. Fue la estrella del local hasta 1894, y grandes personalidades como Freud, el príncipe de Orleans o el Rey belga Leopoldo II asistieron a su espectáculo.  Freud quería comprender, enfrascado en sus estudios del tiempo sobre las etapas del psicoanálisis, “porqué la gente reía”. Por otra parte, parece ser, según Dawson, que en Madrid su actuación se debió limitar a ejercer de payaso por el escándalo social que ofrecía su acto.

pedo1

En este espectáculo, recuerda su hijo, llegó a fumar por su cuartel trasero gracias a un tubito de goma. Además, utilizaba este accesorio para tocar la flauta y convertir sus vientos en melodías conocidas como el Claro de Luna de Beethoven. Le Petit Journal lo describió, de hecho, como “más o menos un artista lírico cuyas melodías, canciones sin palabras, no venían exactamente del corazón”. La École de Medicina de París le sometió a un estudio realizado por Marcel Baudouin, donde no encontraron nada extraño en su organismo fuera de un control prodigioso sobre el esfínter.

El éxito le llevó a realizar espectáculos privados bajo el supuesto “menos alto, pero con mayor libertad”, lo que condujo a su ruptura con el Moulin Rouge. Fue condenado a pagar a sus antiguos dueños, pero fundó su propio teatro intitulado Le Pompadour. Comentó, sobre su salida, “puede que mis pedos suenen menos fuerte, pero seré libre”. El famoso local le sustituyó por “la pedómana”, pero no contaba con los poderes del original y escondía ayuda técnica debajo de la falda. Pujol respondió a la competencia incorporando imitaciones de sonidos de animales y pájaros, perfeccionando su espectáculo anal.

pedo3

Con la guerra de 1914 el gas ya no suponía motivo de risa para la sociedad gala: muchas bajas en el frente eran debidas a la guerra química del II Reich alemán. El propio Pujol perdió a cuatro de sus hijos en la Gran Guerra, y acabó retirándose a Marsella y Tolón, donde consolidó un pequeño emporio de panaderías y galletas.

Morirá el 8 de agosto de 1945, a los 88 años. La ciencia llegó a ofrecer 25.000 francos por su cuerpo, pero los hijos declinaron la oferta. Fue la última pedorreta de la saga.

Mac Norton: cuadrúpedo mamífero con cuatro estómagos

Así como Joseph Pujol expulsaba agua por el ano, Claude Louis Delair (Mac Norton) la echaba por la boca, un orificio del cuerpo distinto pero también relacionado con el aparato digestivo. Él, a diferencia de su compatriota, sabía que poseía ese poder desde la niñez y lo descubrió durante una visita a La menágerie (el zooloógico) de París. Estaba ante el hábitat de los elefantes, observando cómo uno de ellos arrojaba agua a presión sobre el público tras haberla sorbido previamente, cuando probó a imitarle y lo consiguió. Acto seguido, y ante la mirada y las risas de los espectadores, paquidermo y niño se liaron a lanzarse agua a chorros uno contra el otro.

Claude Louis pasó su infancia y juventud consciente de que tenía un poder que solo explotaba por diversión. De hecho, no lo vio como una salida profesional hasta que un fracaso laboral le obligó a reinventarse y cambiar su orientación de comerciante a showman, pisando por primera vez un escenario en 1894: el de la Sala Bataclán en París. Allí se estrenó como cantante bajo el nombre artístico de El Lionés. Un nombre que luego cambió por Mac Norton porque sonaba a escocés y él era un apasionado de la historia de esa nación británica.

Mac Norton BBC

Una noche, en el Moulin Rouge, presenció el espectáculo del “pedómano” y se inspiró. Si ese hombre que despedía agua por el trasero era todo un éxito, ¿no podría serlo él también? Al fin y al cabo, su habilidad era tan –o más– sorprendente que la de Joseph Pujol. Así fue como se transformó en Mac Norton, el hombre que ingería litros y litros de  cerveza (o agua), se tomaba un descanso, se fumaba un cigarrillo y luego, tras anunciar que iba a sacar el líquido a presión, cumplía lo prometido. Él decía que “cerca del estómago debo tener una bolsa como la de los rumiantes y por eso devuelvo todo lo que bebo”.  Incluso cuando realizaba ese número con agua, esta salía tan limpia y transparente de su interior que hasta se lavaba las manos con ella.

El suyo era un espectáculo que encantaba a un público exigente acostumbrado a presenciar actuaciones cada vez más estrambóticas. Por eso quiso ir más allá y convertirse en el hombre acuario. El hombre que bebía agua a litros y luego se tragaba peces, tortugas, ranas y serpientes para después regurgitarlos y sacarlos de su estómago “más vivarachos que nunca” como rezaba en el cartel publicitario de una de sus actuaciones en el teatro Tívoli – Circo Ecuestre de Barcelona, en diciembre de 1913. Dicho cartel informaba que Norton era “el único fenómeno científico extraordinario del orden de los cuadrúpedos mamíferos con 4 estómagos” razón por la que podía beber 220 litros de agua en dos horas y media o cien vasos de cerveza en diez minutos. También aseguraba poder comer 52 panes secos en 48 horas y tragarse todos los animales antes citados. Animales que, tras su ingestión, permanecían 20 minutos en su estómago (aunque la publicidad aseverava que eran dos horas) para luego devolverlos vivos al exterior. Todo ello amenizado por una orquesta musical.

Mac Norton Poster 1913

Seguramente, de tanto tragarse los mismos animales y expulsarlos de su cuerpo acabó encariñándose con ellos. Al menos, eso cuentan las crónicas. Dicen que siempre los llevaba consigo, bien resguardados, en el interior de una vasija de cristal llena de agua y que solía comentar que “no tengo secretos para mis peces y mis ranas. Me conocen por fuera y también por dentro”.

El hombre acuario tuvo una larga y prolífica carrera actuando tanto en su Francia natal como fuera de ella. En Rusia, lo vio el Zar Nicolás II en 1912. Entre 1913 y 1914 estuvo en España para mostrar sus habilidades en Barcelona y Madrid. Un año después, triunfaba en Buenos Aires, donde realizó una actuación especial para la comunidad médica durante la cual se tragó dos tortugas que al cabo de un rato devolvió.

MAc Norton 1930

En Reino Unido fue una estrella de la televisión. Actuaba para la BBC en 1950 cuando era un anciano de 70 al que le quedaban tan solo tres años de vida. Lo único que le faltó fue llegar a Norteamérica y lo habría conseguido (en 1915) de no haber sido por las denuncias de la Sociedad protectora de animales que le obligaron a cancelar la gira cuando estaba a punto de debutar en el Victoria Theater de Nueva York.

Dos héroes sorprendentes. Dos superseres del vodevil para una época en la que resultaba más sencillo abrazar las sorpresas que nos deparaba nuestro propio cuerpo.

mac-norton_tivoliCircoEcuestre BCN

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Artículos Promocionados

Loading...

Publicidad