Superlópez votaría “Sí” el 1-O… y no debería sorprenderte

En una entrevista de 2013 Jan, creador de Superlópez, ya decía que “todas las naciones tienen derecho a decidir” y que "Cataluña es una nación con historia, lengua y cultura propias". Estos días el dibujante ha estado subiendo imágenes de su personaje apoyando la independencia, algo que ha sorprendido o decepcionado a cierto grupo de lectores. No es necesario valorar lo correcta o incorrecta de la opinión de Jan para explicar algo evidente: su postura política se veía en su trabajo.






Hace un tiempo me sorprendió un detalle del álbum de Superlópez En el país de los juegos el tuerto es el rey (1988). En la parte trasera del coche de Juan López, es decir, la identidad pública (¿o secreta?) de Superlópez, había una pegatina oval con la bandera catalana, un precedente de las pegatinas de gatos, burros y con las letras “CAT” con las que se reivindica el origen catalán del conductor del vehículo. La misma pegatina que me encontré en uno de los primeros tebeos del Pulgarcito de Jan, por cierto. Le di más importancia cuando noté que, excepto por el color, el modelo era el mismo en el que se había dibujado el propio Jan en un cameo del anterior álbum, Cachabolik Blues Rock (1988).

Catálogos turísticos catalanes

Esta pegatina, esta pequeña curiosidad, colocada junto al resto de sus tebeos decía algo evidente: a Jan le gusta mucho Cataluña. Al dibujante se le criticó en su momento el cómic Periplo búlgaro (1989), que fue descrito como un “catálogo turístico”, pero nadie ha señalado en todo este tiempo que los lugares que más y mejor nos ha mostrado Superlópez están dentro de la propia Cataluña. Ribes de Freser en Hotel Pánico (1990), Campodrón en Los cerditos de Campodrón (1989), un álbum en el que también se ve El Masnou, en cuyo ayuntamiento precisamente se estrenó Tronak el Kárbaro de La gran superproducción (1984). Cuando Lady Araña decide abandonar el mundo del crimen en Adiós Lady Araña (2000) baja desde la finca en la que vivía Jan hasta llegar a Sant Pau de Segúries, la localidad que había sido invadida por monstruos digitales en Los cybernautas (1997).

Si el cine de Alex de la Iglesia está íntimamente unido a Madrid, los tebeos de Superlópez lo están a Cataluña, y especialmente a Barcelona. La invasión de los koskastillanos en Los ladrones de ozono (1992) inunda la ciudad condal desde la estatua de Colón (al que, recordemos, “América le queda detrás”) hasta la plaza de Cataluña atravesando las Ramblas, que es donde acaba El asombro del robot (1988) después de que los personajes hayan paseado por la avenida del Paralelo y Vallcarca. Incluso de una manera más monumental, Jan ilustra joyas arquitectónicas de Barcelona en el arranque y el final de aquel primer “catálogo tusístico”, Periplo búlgaro.

Bikinis y esteladas

Teniendo un poco de ojo, al lector también le debería haber extrañado de que en La espantosa, extraña, terrífica historieta de los petisos carambanales (1987) Superlópez proponga una solución contra la invasión de petisos a la Generalitat en vez de dirigirse al gobierno nacional. O que los personajes lean sólo prensa regional (El Pariódico, La Targuardia o Avui), desayunen pan con tomate y jamón, pidan “bikinis” para comer y “pleguen” al acabar la jornada laboral.

No es cuestión de dar nombres propios ni señalar con el dedo, pero Jan en sus cómics incluye cameos de amigos íntimos suyos que se han definido abiertamente como catalanistas o independentistas, lo que al menos quiere decir que Jan se mueve en esos círculos. Y a pesar de todo lo dicho, y de la importancia que le da Jan al catalán en sus cómics, no se han publicado muchos álbumes de Superlópez en este idioma. El último de ellos ha sido Asalto al museo (2012), traducido como Estranys al museu de Ripoll (2014), en cuya contraportada aparece Jan dibujando esteladas.

Nosotros los catalanes

Si nos vamos a la Transición, con la publicación de Nosotros los catalanes (1978) Jan y el guionista Francisco Pérez Navarro, creador del Supergrupo, presentaron una historia de Cataluña muy reveladora. Por un lado los autores contraponían la realidad social de las clases populares con la de las élites, enfrascadas en sus luchas por el trono y las batallas. Al mismo tiempo, la presencia del reino de Castilla y León respecto a la Corona de Aragón iba desde la irrelevancia hasta la opresión.

Cuando Jan se ha expresado estos días favorable a la independencia de Cataluña la sorpresa no debería estar en su opinión, sino en el valor para expresarse claramente. Ya lo tuvo cuando rechazó en 2013 la Medalla de Oro en las Bellas Artes de manos de José Ignacio Wert, que tres meses antes había anunciado su interés por “españolizar a los niños catalanes”. En opinión de Jan, el independentismo “es inevitable por el trato que Cataluña siempre ha recibido del gobierno central y lo comprendo y apoyo abiertamente”. O lo que es lo mismo, que lo de estos días no es nuevo, sino que viene de lejos.

ACTUALIZACIÓN: Por supuesto, tras el 1-O y la intervención de las Fuerzas del Orden en Cataluña, Jan se ha posicionado de forma clara con este dibujo:

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Un comentario

  1. Felipe dice:

    Parece que la situación actual ya la predijo en su historieta los cabecicubos, donde superlopez iba a votar en una mesa electoral que era de todo menos imparcial…

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