Synthwave: páramos de sintetizador para el electrorevival de los ochenta

Estoy bastante hasta el gorro del revival ochentero que estamos viviendo de unos años a esta parte. La mayoría de productos son exploits baratos y sin enjundia teledirigidos a gente que éramos críos durante esa década y que apelan a la estética más chillona y hortera.

No hay nada malo en el horterismo, por supuesto, pero me molesta que sea un simple truco de marketing para atraer al único segmento de mercado que al parecer cuenta en estos turbulentos tiempos que nos ha tocado vivir: el treintañero nerd (el género masculino es a propósito, por supuesto). Pero nada hay en un universo relativista que sea completamente desechable: de las cenizas del ochentaxploitation más casposo, del retrofetichismo con más aberración cromática y el diseño gráfico más borracho de aerógrafo surge, cual ave fénix, el synthwave.

Saben lo que es el synthwave. Lo han oído mil veces aunque no supieran que se llama así porque lo que ahora se llama synthwave es lo que en la década de los ochenta se llamó, simplemente, música electrónica, tecnopop o directamente techno. No obstante, tal y como el pixel art de hoy en día es la evolución natural del arte de los juegos de ocho y dieciséis bits pero usando paletas de colores y degradados con los que Shigeru Miyamoto y Yu Suzuki sólo podían soñar, el synthwave es la evolución de la música electrónica en cuanto a medios, técnica e inspiración, mas no en cuanto a composición, feeling o instrumentación.

synthwave

Suena más limpio (y sólo a veces) y mejor producido pero no mejor porque es la misma música; suena a lo que sonaría el techno ochentero si se le sometiera a casi treinta años de evolución de música electrónica, de influencias que surgieron, brillaron y se apagaron durante ese proceso y de innovaciones tecnológicas (aunque no siempre porque muchos artistas usan hardware analógico y cacharrería vintage para componer y grabar). Synthwave es el opening de Stranger Things (2016), synthwave es la banda sonora de Far Cry 3: Blood Dragon (2013), Hotline Miami (2012) y Drive (2011) y al mismo tiempo es la música que lleva treinta años componiendo John Carpenter para sus películas, el theme de Superdetective en Hollywood y el sonido primigenio de Kraftwerk.

Como tal, el sonido que acabaría llamándose synthwave comienza a cobrar forma, a solidificarse en algo más consistente que una serie de grupos o compositores que tienen trazos comunes, a principios de este mismo siglo. Tímidos intentos de grupos y sellos por crear un sonido que regresara a las raíces del pop electrónico añejo que saltaría al primer plano cuando se estrenase Drive y Kavinsky, con su sonido oscuro y alejado del hedonismo pop ochentero, abriese el camino para otros artistas que vendrían después pero que, en algunos casos, ya llevaban tiempo en el tema. Una escena no se construye de la noche al día y antes de Kavinsky y Drive existían propuestas como la de David Grellier y sus proyectos College o Anoraak, con un sonido más europeo que americano. No es casualidad que ambos sean franceses porque la mayor parte de grupos pioneros del synthwave provienen de allí.

Y sirviendo lo dicho hasta ahora como introducción vamos a lo que interesa: grupos, discos y cosas que molan.

Lazerhawk

Garrett Hays, miembro fundador del sello discográfico Rosso Corsa, especializado en artistas de synthwave, es un señor de Texas que un día decidió echarse liarse la manta, coger el sinte y empezar a hacer música. Cercano también al italodisco además del al pop ochentero, el debut de Lazerhawk, Redline (2010), es un compendio de bases robustas y veloces sobre las que se deslizan acordes largos y fraseos que se repiten y progresan. Es la banda sonora ideal para acompañar a Kaneda y su banda en una de sus salidas nocturnas por Neo-Tokio.

Carpenter Brut

Este francés (¿ven? La escena en este país es enorme) lanzó tres EPs, uno en 2012, otro en 2013 y el último el año pasado. Su primer álbum, lanzado también en 2015, es un recopilatorio de esos tres volúmenes. El sonido de Carpenter Brut también se encuentra influido por el italodisco (en ocasiones de forma totalmente pública y notoria, como en el tema Disco Zombie Italia), sus temas son homenajes nada encubiertos a artistas como Giorgio Moroder, obviamente la música del propio John Carpenter (ya me dirán, con ese nombre) y a la vertiente más bailable del techno. Y lo mejor de todo es que lo hace totalmente desacomplejado, como debe de ser, abrazando el horterismo en ocasiones sin que se le caigan los anillos. ¡Bravo!

Dance with the Dead


Formados en el soleado y californiano Orange County, el dúo que nos ocupa se decantan por una música mucho más dance, más bailable y que encajaría como un guante en una fiesta en un matadero llena de vampiros en la que en el punto álgido empieza a llover sangre de los aspersores, para que nos entendamos. Uniendo arreglos de guitarra a unas bases contundentes y una serie de ritmos de dos por cuatro, Dance with the dead son uno de mis grupos favoritos de la escena.

Lost Years

Magnus Larsson es un señor que con ese nombre sólo podía ser sueco aunque por la música que hace parece americano. Comenzó su carrera tocando la guitarra en bandas de hardcore en los 80 y los 90 para, posteriormente, hacerse con una colección de gear analógico y teclados Roland, de los que es coleccionista (algunos tienen pasta de verdad, vive dios), con los que hace música que en ocasiones parece salida del Top of the Pops de la Second British Invasion y a veces podría sonar perfectamente en una película de David Lynch.

Kavinsky

No podía faltar. Reminiscente de Daft Punk y la escena house francesa de la que salió, Vincent Pierre Claude Belorgey, Kavinsky pa’ los colegas (en realidad Kavinsky es un alter ego zombie del propio Belorgey), es un productor y actor que un día decidió coger el sinte y mezclar la banda sonora de Tron Legacy (2010) con sonidos propios del techno ochentero (y samples tan diversos como la música de enfrentamiento de Dragon Ball) e incluso con una voz rapeando por encima. Hasta se atreve con líneas vocales de soul más negro que James Brown. Kavinsky es un artista con múltiples influencias que cristalizan en un estilo anárquico pero armónico al mismo tiempo.

Futurecop!

Estos dos chicos ingleses son de los que llevan bastante tiempo en el tema. El grupo se formó oficialmente como banda de un solo hombre en 2005, cuando Manzur Iqbal inició oficialmente su carrera con el nombre Futurecop!, pero la formación actual se completó en 2007 con la entrada de su mejor amigo, Peter Carrol. Futurecop! encarnan el espectro más discotequero del synthwave, casi en la frontera del chiptune en ocasiones y del midi de cracker noventero.

Mitch Murder

Johan Bengtsson, conocido artísticamente como Mitch Murder, es otro productor que un día decidió probar suerte haciendo música. Lleva desde 2009 editando su material que es una mezcla del italodisco más desvergonzado con influencias de la Motown y la música disco clásica, lo que convierte a este señor en una suerte de KC and the Sunshine Band electrónico que igual le pega al mencionado italodisco que te compone un temazo que podría encajar en cualquier juego de dieciséis bits sin despeinarse.

Y esto sólo es un pequeño repaso a algunos de los artistas más conocidos del género. Si se han quedado con ganas prueben con Miami Nights 1984, Protector 101, Danger, Perturbator o Judge Bitch. Irán a tiro fijo, créanme.

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