Terror social y paranoia: 12 películas para ver después de ‘Déjame salir’

Terror social, asuntos raciales, clásicos de la paranoia y el suspense llevado al extremo. Los referentes e influencias de Jordan Peele para Déjame salir, su bomba contra el conformismo de la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos pasan por el terror, el thriller, la ciencia-ficción y más terror. Algunos reconocidos, otros no, este pequeño grupo de películas sirve de guarnición perfecta para la cena familiar envenenada que propone Jordan Peele. Procedan con cautela, pues con tan solo leer alguno de los títulos se revelan temas importantes de la trama.

La parábola, el uso más valioso del género, nos ha dado grandes obras satíricas en dónde se reflejan los peores instintos de occidente a través de sus valores en fase de putrefacción. No hay disparo más efectivo que el que acierta el tiro sin esconder sus armas, por ello el poder metafórico del cine de titanes del género como George A. Romero o John Carpenter no se basa, precisamente en su sutilidad. Criticados por su comentario social “de brocha gorda”, a menudo se ignora el verdadero sentido de la sobreexposición de sus ironías. Por ejemplo, la comparación de la sociedad de Estan vivos (1988) y el capitalismo que ha echado raíces en América y Europa, una clara forma de decir que en realidad no hace falta ponerse las gafas para ver los mensajes ocultos que nos controlan.

El terremoto cultural que ha supuesto Déjame salir en Estados Unidos tiene que ver, en parte, con su capacidad para representar un problema de aquí y ahora que la sociedad se empeña en no asimilar, no avanzar en él. Por ello plantea la película como un caballo de Troya. La decisión de utilizar a un hombre negro en una trama similar a la de La invitación (2015) fuerza al espectador a vivir en sus carnes algo que para muchas personas es el pan de cada día. En consecuencia, el efecto de sátira grotesca es ineludible, y nada velado. Lo que vemos es gracioso por la forma en la que es presentado, pero también lo es porque revela algo que existe. Muchas de las películas que repasamos a continuación siguen ese mismo patrón, algunas sencillamente tienen conexiones temáticas o de género, pero cualquiera de ellas sirve para hacer un programa doble con Déjame salir.

Plan diabólico (1966)

A pesar de los esfuerzos voluntariosos de muchos críticos y aficionados al género, todavía cuesta ver esta pequeña maravilla de John Frankenheimer entre las listas estándar de lo mejor del cine de terror. Una fantasía con forma de thriller en espiral, que explora la locura simbolizada por la búsqueda de la identidad, la felicidad material y la juventud eterna que conduce a un destino claustrofóbico. La fotografía innovadora de James Wong Howe y sus claroscuros post-expresionistas, con ojos de pez y contrapicados, nos integra en el agobio de la sustitución de la personalidad desde dentro, mientras los anhelos de esa jet set sureña, americana y blanca de Déjame salir se reflejan de forma externa en su propuesta casi distópica, de la que Jordan Peele coge aquellos elementos más perturbadores.

La  semilla del diablo (1968)

Si hay alguien especialista en crear vecinos inquietantes es Roman Polanski. En su trilogía de los apartamentos, sobre todo en El quimérico inquilino (1976), logra transmitir la desconfianza y la ambigüedad de la sensación de conspiración flotante sobre personajes vulnerables, aislados y tremendamente solos. Peele logra crear una sensación de paranoia creciente deudora del polaco, captando especialmente bien su capacidad de poner al espectador por delante y crear una representación caricaturesca de quienes no son lo que parecen. Probablemente, si Déjame salir es una película notable y no sobresaliente es por no querer (o saber) llevar la ambigüedad tan al límite como Polanski, que permite el espacio para la duda hasta en los momentos de máyor intensidad maléfica.

La noche de los muertos vivientes (1968)

No hay muchas películas de terror que traten el problema racial de los Estados Unidos, pero al menos una de las más importantes de la historia sí lo hacía. Si Déjame salir habla de ello desde la perspectiva sutil de la asimilación histórica de las repercusiones de una lucha por los derechos, George A. Romero nos lo planteaba en medio de esa guerra. Martin Luther King fue asesinado la noche en la que el director entregaba el máster para su distribución. Su protagonista era un hombre negro que abofeteaba a una chica blanca y disparaba a un hombre blanco, un racista arquetípico americano, para ser disparado de vuelta por un grupo de rednecks que lo tiran a una pira de cadáveres cual linchamiento del Ku Klux Klan. Era la respuesta a la imagen de Hollywood del “negrito bueno” representada por Sydney Poitier para lavar sus pecados en medio de la era más convulsa de los conflictos de raza norteamericanos. Romero es probablemente, el único director de terror que ha llevado la antorcha del conflicto racial durante su saga zombie. Incluyendo su visionaria El diario de los muertos (2007) que planteaba, irónicamente, en su apocalipsis la única posibilidad de igualdad entre negros y blancos en Norteamérica.

The Lottery (1969)

Este pequeño corto basado en el relato del mismo nombre de Shirley Jackson trata sobre una misteriosa “celebración” colectiva que se revela en un sorteo más oscuro de lo que revela a simple vista. Pertenece a ese casi subgénero británico de fantástico rural y cultos que acabará teniendo su mayor representación en El hombre de mimbre (1973) y sus siniestros rituales paganos. Ambas influyen en Déjame salir y su logia de “admiradores” de la raza negra, que hacen fiestas de etiqueta para encubrir macabras subastas para pujar por un esclavo, tal y como mandaba la tradición en el sur. Aquí está entero en youtube, pero hay una adaptación/secuela hecha para televisión de 1996 que no está nada, nada mal.

Las esposas de Stepford  (1975)

Mucho se ha hablado de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) como referente de Déjame salir, y desde luego, aunque algo de esa atmósfera de frialdad y misterio residencial tiene, para afinar más el tiro es mejor fijarse en un par de películas algo menos conocidas pero igualmente representativas. Una es esta y la segunda la encontraréis más adelante. Si Las esposas de Stepford puede hacer programa doble con el debut de Peele no es sólo por el hecho de tener una trama de cuerpos suplantados. Desde luego, la pesadilla de un ama de casa que se va dando cuenta de que pasa algo raro con todas las mujeres de su vecindario tiene ecos de ultracuerpos sustituyendo a los humanos, pero es que además lidia con problemas de sexismo, sobre hombres manejando a las mujeres para su beneficio, un subtexto social perfecto para una parábola de terror y ciencia ficción. En la producción de Blumhouse se usa de forma similar, cambiando género por raza. Ah, la novela es de Ira Levin, sí, el escritor de La semilla del diablo.

Un hombre lobo americano en Londres (1981)

Si pones “comedia de terror” en google es muy probable que entre los primeros resultados aparezca este gran clásico de John Landis. Probablemente, cuando pensamos en comedias de terror la cabeza se nos vaya a Terroríficamente muertos o Zombies Party, en general un tipo de terror cercano a lo paródico. Lo cierto es que la fama de comedia de UHLAEL tiene más que ver con el estilo de Landis a principios de los ochenta, pero en realidad es su película más dramática y triste. Es divertida, y tiene espíritu splatstick, pero no es tanto para reír a carcajada limpia como cierto alivio simpático a lo tremebundo del hecho de convertirse en un asesino peludo y tener sueños de zombies nazis degollando a tu familia. Tiene mucho que ver con Déjame salir en cuanto a que esta tiene un tono de horror puro, claustrofóbico y espeso que se diluye entre un tono satírico, de puro humor negro que juega con la complicidad con el espectador.

Angustia (1986)

El cine de terror con la hipnosis como telón de fondo es un clásico algo abandonado en estos días. Déjame salir es un feliz regreso a él que muestra las angustiosa posibilidades que ofrece el recurso al plantear una visión de sus efectos desde dentro, desde la mente perdida y encerrada de la víctima. Normalmente la tradición ha permitido ver los efectos con la figura del hipnotista como gran villano, desde Svengali (1931) a El ojo diabólico (1960), pero para experimentar el proceso junto al hipnotizado hubo que esperar a Angustia de nuestro Bigas Luna. Una madre que esclaviza a su propio hijo a través de una conexión psíquica inducida por hipnosis. La misma que el propio Luna quiere inducir en sus espectadores. Si la madre de Déjame salir utiliza una cuchara y una taza para doblegar a la víctima, aquí Zelda Rubinstein hace lo propio con una rueda de espiral que marcará también un tema de imaginería constante en toda la película.

Society (1989)

La obra maestra de Brian Yuzna es una fantasía urbana cargada de paranoia y comentario social sobre las sutiles diferencias de clase que hacen que una relación normal se pueda convertir en una pesadilla. A menudo despreciada e infravalorada, hace una compañera perfecta con Estan vivos (1988) de John Carpenter para definir las consecuencias palpables de la era Reagan en los Estados Unidos. Su trama, con un chico joven como el de Déjame salir, va destapando una red de familias de clase alta con turbios secretos que cierran un círculo de pesadilla sobre él. El miedo a tu novia, tu familia y amigos en un agujero negro de perversión y body horror salvaje. Como la película de Peele, todo salta por los aires en su clímax, que hay que ver para creer.

No matarás… al vecino (1989)

Vecinos que no son lo que parecen, gente que desaparece sin motivo. La sospecha de que los nuevos habitantes del piso de al lado son adoradores de Satán y que por las noches cometen crímenes en el sótano de su casa. Los miedos de la puerta de al lado americanos, el enemigo en casa y la despersonalización de la vida en la zona de bloques de casas adosadas es un subgénero en sí mismo y Joe Dante le dio forma de sátira multigénero con la acidez que le caracteriza. Déjame salir entra de lleno en esa categoría de terror vecinal trufado de sarcasmo y comparte con esta comedia negra el caminar por el filo de la risa nerviosa de cuando sabes que algo no va bien dentro de una postal idílica.

The immortalizer (1990)

En la paupérrima odisea The Atomic Brain (1963) se tocaba ya el tema de perpetuar la inmortalidad a base de constantes cambios del cerebro de uno en cuerpos lozanos y juveniles. La pesadilla de tres sirvientas encerradas para que una anciana rica seleccione en cuál de las tres prefiere vivir es un precedente claro de Déjame salir, pero The immortalizer es el nexo de unión entre ambas. Una pesadilla de mad doctors, operaciones a cráneo abierto y jóvenes desesperados por que la policía les crea que tiene en común, tal vez, demasiados detalles como para pensar que no ha habido cierta inspiración muy directa. El tema también se ha tocado, con una perspectiva de ciencia-ficción pura, en Transfer (2010) en la que las víctimas son refugiados y también habla en el fondo de una forma silenciosa de esclavitud.

El sótano del miedo (1991)

Usualmente considerada una de las obras menores de Wes Craven, el tiempo está colocando a esta fábula decadente y oscura en el lugar que pertenece. Una premisa del subgénero home invasion, invertido, que también recuperaba la sólida No respires (2016) la temporada pasada, en la que un menudo niño negro encontraba una desagradable sorpresa en la casa de una pareja blanca, que tiene a varios esclavos escondidos en el sótano. Una fantasía oscura y bizarra que también trataba temas sociales y de raza, puesto que los secuestrados eran niños de clases bajas, y el protagonista un chico de la calle que se enfrenta a los horrores bajo el manto de normalidad de barrios residenciales americanos.

Tales from the hood (1995)

Desde la película que abre la lista hasta Déjame salir hay una cadena cuyo eslabón perdido es esta antología de cuentos morales de terror. Bueno, entre medias también podríamos incluir  Candyman (1992), que podría perfectamente ser una de las historias que recoge esta absoluta maravilla olvidada. Hay pocas películas de terror que traten temas raciales en Estados Unidos desde una perspectiva de terror y en Tales from the Hood no solo está tratado en cada una de sus historias sino que es su hilo conductor. Como una película perdida de Amicus (el final les resultará familiar a los que las conozcan) o una buena selección de Historias de la cripta (1989-1996), trata de crear una pequeña moraleja en cada historia, tratando desde los conflictos policiales clásicos de Los Angeles a la propia actitud de los chicos de barrio, las bandas y la violencia, creando un autoexamen de conciencia por el bien común de sus hermanos inaudito. No sorprende que esté producida por Spike Lee, pero su mensaje la hace igual de válida hoy que hace veinte años. Es más: en una de sus historias, una recreación del clásico Presa de Richard Matheson con muñequitos vudú, hay un aspirante a gobernador racista clavado, pero clavadito, a Donald Trump, corbata roja incluida. Si a ello le sumamos un plantel de efectos a lo Brian Yuzna tenemos una de las mejores y más olvidadas películas de terror de los noventa.

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