The Cockettes: el grupo de teatro experimental que refinó el arte de la provocación

Antes incluso de que David Bowie fuese coronado Rey del Glam y de que las New York Dolls triunfasen en la escena del rock neoyorquino, los infravalorados The Cockettes ya habían puesto patas arriba la contracultura de la ciudad de San Francisco. Entre 1969 y 1972, este grupo pasó de actuar en la calle a triunfar sobre el escenario del Palace Theater de San Francisco. Hemos hablado con uno de sus miembros fundadores (pocos sobreviven hoy día), Pam Tent, sobre aquella aventura.

Foto de cabecera: Fayette Hauser

Todo comenzó a finales de los sesenta en San Francisco, meca del hippismo contracultural norteamericano. Esa ciudad sirvió como punto de encuentro a un grupo de jóvenes con ansias de libertad y experimentación a muchos niveles. Entre ellos se encontraba el apuesto actor George Harris ‘Hibiscus’, que ya entonces era medio conocido por ser uno de los acicalados estudiantes fotografiados mientras insertaba una flor en el rifle de un soldado de la Guardia Nacional, en una manifestación de protesta por la guerra de Vietnam. Durante un tiempo, George vivió en Nueva York junto a su familia, dedicada al mundo del teatro.




Pero en otoño de 1967 viajó a San Francisco acompañado por el escritor beat Irving Rosenthal y el poeta Peter Orlovsky, que le conducen hasta Kaliflower, una comuna dirigida por el primero. Allí, George cambió su nombre por el de Hibiscus, adoptó una nueva imagen y comenzó a hacer teatro callejero gratuito. Pueden imaginarse que su nuevo look (con barba, maquillaje y brillos, bisutería, recargados vestidos de época con lentejuelas y adornos de los años cuarenta) no dejaba indiferente a nadie. “Conocí a Hibiscus mientras trataba de dormir una siesta en Golden Gate Park. Él estaba cantando una canción de un espectáculo de Marilyn Monroe en un árbol con dos amigos. Cuando me acerqué a ellos, me invitaron a unirme y encontré a unas almas gemelas“, rememora Pam Tent.

Hibiscus la invitó a quedarse con ellos durante un par de semanas en su comuna hippie, situada en el barrio de Japantown y cuya estructura se inspiraba en los escritos del socialista utópico John Humphrey Noyes. Después de eso, la actriz se metió de okupa junto a su novia en una casa victoriana abandonada al otro lado de la calle. Tanto ella como el resto de habitantes de estas comunas tenían algo en común: sus ganas de encontrar por medio de la experiencia comunitaria un nuevo estilo de vida alejado del sistema establecido.

Pam Tent con cinco años

Tent se había criado en un suburbio de clase media de Detroit, en los años cincuenta. Asegura que su infancia fue, en gran medida, “idílica”. En esa época, tomaba clases de claqué y de ballet y conducía a diario, y durante tres millas, su bicicleta hasta la biblioteca más cercana. Reconoce que se quedaba embelesada con el Auntie Dee Show, un popular programa de televisión estadounidense cuya presentadora, Dee Parker, cantaba con la banda del saxofonista y clarinetista Jimmy Dorsey, caracterizada como la simpática conductora de un talent show para niños.

Durante su primer año de universidad, Tent vio que el ambiente en San Francisco estaba explotando y que su ciudad natal se le quedaba pequeña, por lo que decidió dejar la escuela. “Me fui a Michigan, donde estaba la acción. Había leído sobre el estilo de vida libre de San Francisco, incluyendo las actuaciones en la calle de la banda The Grateful Dead y el Haight Ashbury Free Medical Clinic” [un refugio para cualquier tipo de persona, desde hippies hasta estrellas del rock pasando por veteranos de la Guerra de Vietnam que volvían a casa convertidos en heroinómanos]. “Pensé que si me sentaba en la esquina de una calle, los chicos de pelo largo me invitarían a vivir en su comunidad”. Y lo cierto es que así sucedió realmente.

Foto: Fayette Hauser

El barrio sanfranciscano de Haight Ashbury estaba entonces repleto de jóvenes desertores universitarios que buscaban significado a sus vidas y una nueva forma de vivir fuera de un sistema que ellos consideraban injusto y manchado de avaricia y corrupción. “Muchos de nosotros éramos buscadores espirituales y desarrollamos nuestra propia sociedad, en su mayoría carente de dinero, intercambiando servicios y comprando alimentos al por mayor para distribuir entre las comunas”. Vivían cada día al máximo, consumiendo LSD, vistiendo con caprichosos trajes de época y mirando a los extraños como hermanos y hermanas. “Aquello parecía la utopía que la mayoría de nosotros anhelaba”, apunta la artista.

El nacimiento de la troupe

Sin saberlo, todos ellos estaban a punto de dar vida a uno de los grupos de teatro de vanguardia más míticos del panorama. La aventura artística del grupo comenzó cuando Hibiscus, chamán de todo, y su amigo Ralph Sauer ‘Ralif’ tuvieron la idea de subirse al escenario del Teatro Palacio durante el intermedio de una película de medianoche que proyectaban la noche de fin de año de 1969. Sebastian, el experto en cine encargado del Show de los Sueños Nocturnos del fin de semana, aprobó la idea. “Ralif tenía la llave de la sala de vestuario en Kaliflower, por lo que la banda se engalanó y estalló bailando cancán al ritmo de ‘Honky Tonk Women’, de los Rolling Stones”. Vestidos como drag queens y con pocas aptitudes para el baile, el grupo se movió como pudo al ritmo de la música que emanaba de un pequeño tocadiscos de madera propiedad de Hibiscus. Al ver que los mil trescientos espectadores que allí se encontraban se volvían completamente locos con su actuación, los chicos decidieron repetir el número, que fue recibido con un estruendoso aplauso.

George Harris ‘Hibiscus’. Foto de Joshua Freiwald.

Desde aquel día, aquello se convirtió en un acontecimiento regular. El grupo, ahora bautizado como los Cockettes, prepararon un espectáculo diferente cada mes para representarlo sobre el escenario del Teatro Palacio. Su público era tan ecléctico como ellos. Personas de toda clase social y orientación sexual. “No había una distinción fuerte en ese momento. O eras ‘friki’ o eras ‘hetero’… ¡y nosotros éramos frikis! El Palace se convirtió en el lugar al que acudir los fines de semana”, dice Tent. Con el tiempo, la casa Cockette, ubicada en Bush & Baker “se dividió en tres comunas diferentes, todas ellas adornadas con objetos exóticos, velos y adornos de todo tipo”.

La política interna de los Cockettes, que no tenían demasiadas pretensiones, era tan asombrosa como sus actuaciones. La anarquía y la pluma reinaban en cada performance. Nunca se estableció un límite claro para las actuaciones y cualquiera era susceptible de formar parte del reparto en el momento menos esperado. Amigos, parejas, amantes y hasta miembros del público se unían a veces a ellos en el escenario. Tent señala que el escenario utilizado en sus espectáculos era como el set de la mítica serie La pandilla, con elementos de cartón piedra que de vez en cuando se caían durante la actuación. El teatro contaba entonces con unas mil trescientas localidades y lo cierto es que siempre lo llenaban. Es más, una vez, incluso, el grupo fue detenido por la policía por hacinamiento.

Todos ellos vivían en una especie de universo paralelo de fantasía, purpurina y liberación. “Nuestros trajes fueron construidos salvajemente con todo lo que había tanto en nuestros armarios como en tiendas de segunda mano y contenedores”.  El amor y la experimentación sexual quedaron al descubierto y muy pocas personas se etiquetaron a sí mismos de una u otra forma. “Casi todos nos acostábamos juntos de vez en cuando, con un par de excepciones, y poco se hizo de ello. Me quedé embarazada del hijo de Scrumbly, y aquello pidió una gran fiesta en Mount Tamalpais”, recuerda vívidamente Tent. Una ceremonia que fue celebrada en 1971 y que fue cubierta precisamente por la revista Rolling Stone, con fotografías de Annie Leibovitz. “Los hombres no estaban tratando de pasar por mujeres, pero exploraban su lado femenino brillando sus barbas. Todo el mundo llevaba toneladas de capas de travestismo y joyas. Más que nada, nosotros parodiábamos el género y la política, pero nada era sagrado”, dice.

Foto de David Wise

Las drogas también jugaron un papel importante en las vidas de estos hippies de vanguardia. “Vivíamos perpetuamente colocados. A veces, naturalmente muchas veces, con drogas psicodélicas”. Casi nadie en el grupo trabajaba entonces. Tent explica que en esa época todo era muy barato y que resultaba relativamente fácil conseguir cupones de comida. Es más, la mayoría de los miembros del grupo recibían una ayuda ATD, una forma de prestación social que subsidiaba tanto a los incapaces mentalmente como a aquellos que exitosamente fingían serlo.

Resulta fácil imaginar que, incluso cuando se suponía que les pagaban, los Cockettes nunca hacían dinero. “Mi parte equivalía al dinero suficiente para arreglar mi siguiente traje y tal vez comprar un pintalabios o brillo- ¡y eso era después de tres o cuatro semanas de trabajo!”. Muchos gastos para los organizadores de aquellos espectáculos y poco margen de beneficio para los integrantes de la estrafalaria troupe.

La carrera de una banda polifacética

A lo largo de sus tres años de vida, el grupo creó una veintena de espectáculos con títulos como Perlas sobre Shangai, Partida con el barco con teatro a bordo a Oklahoma y el espectáculo de ciencia-ficción Viaje al centro de Urano, con el icono drag Divine en el papel de un crustáceo humano cantando cosas como “un cangrejo en Urano significa que eres amado”. En la mayoría de los números de Cockettes, Tent formaba parte de los coros o cantaba pequeñas canciones a dúo con Harlo.

Pero como los Cockettes se atrevían con todo, llegaron a protagonizar cuatro películas, entre ellas la comedia Elevator Girls in Bondage (1972) y Tricia’s Wedding (1971). Esta última era una chapucera parodia de la boda televisada de la hija de Nixon, que se estrenó el mismo día que la boda real tuvo lugar en la Casa Blanca, con encarnaciones travestis de Jackie y Rose Kennedy, una borracha Mamie Eisenhower y una Lady Bird Johnson que se cuela en la fiesta. Una fiesta donde no faltará el LSD y que deriva en una orgía loca. “La rodamos en un día en el Secret Cinema, el almacén de Sebastian, y no recibimos nuestras líneas de diálogo hasta junto un día antes del rodaje”. En esa película, Tent interpreta a la primera ministra de Israel, Golda Meir.

Poco a poco, el grupo fue adquiriendo notoriedad en San Francisco. Y entonces, ocurrió lo que pocos esperaban. El periodista Truman Capote y el crítico de cine Rex Reed asistieron una noche a una representación del espectáculo musical Tinsel Tarts in a Hot Coma (algo así como Zorras de espumillón en un coma acalorado) en San Francisco. Tras el show, Reed escribió una brillante reseña del mismo, calificándolo de “un hito en la historia de un nuevo y liberado teatro”. Los Cockettes se convirtieron a partir de ese momento en uno de los grupos preferidos de los medios nacionales y fueron invitados a realizar lo que resultaría ser una tumultuosa gira de tres semanas en el Anderson Theater de Nueva York.

El artículo de Reed hizo que Nueva York se animase por adelantado. La editora de moda Diana Vreeland y el diseñador Óscar de la Renta saludaron a los Cockettes a su llegada a la ciudad y el pintor Robert Rauschenberg les preparó una fiesta de bienvenida en su desván. Allí conocieron a la crema y nata de la sociedad neoyorquina. Para el show inaugural, los chicos eligieron Zorras de espumillón en un acalorado coma, uno de sus números más flojitos. Entre los espectadores de la noche de apertura se encontraban famosos como el cantante John Lennon, el escritor Gore Vidal o los actores Angela Lansbury y Anthony Perkins.

Foto de Clay Geerdes de The Cockettes con Divine

Pero la anárquica atmósfera que entusiasmó al público de San Francisco no logró convencer a los espectadores de la Gran Manzana. Es más, su debut neoyorquino desconcertó a los famosos y miembros de la jet set que asistieron a verles por la aparente indiferencia de los Cockettes a lo que ellos entendían por ‘profesionalidad’. La prensa los puso a parir y la audiencia se salió del teatro en masa esa noche. No obstante, la escena underground continuó acudiendo a verles, y los shows funcionaron durante tres semanas, con multitudes pequeñas pero muy entusiastas. Después de aquella aventura, los Cockettes regresaron a San Francisco para poner en marcha algunos de sus más exitosos espectáculos y dieron su última actuación en el otoño de 1972.

El principio del fin

Hibiscus, el único miembro con algo de formación en teatro, dejó el grupo en el verano de 1971 para formar Angels of Light Free Theatre, que durante un tiempo ofreció espectáculos teatrales gratuitos tanto en San Francisco como en Nueva York. “Durante un tiempo, varios miembros de Cockettes, como yo, actuamos en ambos shows”, recuerda Tent. Hibiscus no quiso acudir, de hecho, a la controvertida gira por Nueva York. Las diferencias entre los integrantes de la compañía, que ya gozaba de bastante notoriedad, parecían insalvables. Varios puristas no veían del todo bien que las mujeres actuasen con ellos. A algunos les irritaba la invasión de la profesionalización, mientras que otros veían necesario ensayar más antes de un show y no apostar todo a la carta del arte de la improvisación. “A Hibiscus le encantaba la espontaneidad y odiaba los ensayos, se salió de Hells Harlots y se negó a participar cuando se contrató a un director”. Además, el artífice del grupo pensaba que todo debía ser gratuito, permutado o intercambiado según la necesidad. Le encantaba realizar espectáculos gratuitos (“que nunca había dejado de hacer en el parque”), lo que también era un sello distintivo de su “adoctrinamiento” Kaliflower. “Le molestaba que Sebastián cobrase dos dólares por entrada para el espectáculo y muchas veces abrió las puertas para que el público entrase gratis”.

El ‘descabezamiento del clan’, las drogas y el sida precipitaron el fin de todo. Varios miembros de Cockettes murieron por su adicción a la heroína, que sustituyó al LSD como droga de moda a principios de los setenta. Otros fallecieron como consecuencia de la epidemia del sida. Con el tiempo, Hibiscus regresó a la Gran Manzana, se afeitó la barba y adoptó un look más convencional. Formó la banda de rock Hibiscus and the Screaming Violets, rodó una película con el coreógrafo Maurice Béjart, llevó a su compañía de teatro hasta Nueva York y actuó con ellos por Europa hasta en tres ocasiones, hasta su muerte en mayo de 1982.

Para algunos, los Cockettes fueron simplemente una extravagante banda de actores hippies que representaban sobre los escenarios espectáculos de variedades poco ortodoxos. Para otros, en cambio, se convirtieron en todo un símbolo del teatro de vanguardia y en un ejemplo de cómo romper con estereotipos manidos sobre el sexo, el libertinaje y la identidad de género a través del arte.

La vida más allá del delirio artístico

Pam Tent, Foto de Clay Geerdes

Después de que la banda se disolviese, la mayoría de sus integrantes continuó actuando sobre los escenarios. “John Rothermel hizo one-woman shows, Wally salió de gira con Dr. John, Goldie Glitters y Pristine Condition. Scrumbly y yo hicimos más espectáculos en el Palace con dos estrellas de John Waters: Divine y Mink Stole”.

El grupo había visto a Divine por primera vez en la película Multiple Maniacs, cuando la cinta de Waters fue proyectada en el Teatro Palacio. Tent recuerdan que estaban enamorados del personaje y que le rogaron a su gerente, Sebastian, que trajese al actor a San Francisco desde Baltimore. “Obtuvimos una ayuda para los gastos y nos reunimos todos en masa con Divine, abordándola tal y como se bajaba del avión en el aeropuerto de San Francisco”, recuerda con cariño. “Fue un gran encuentro, y Divine nunca volvió a casa ya. Hizo una serie de espectáculos en el Palace, uno de los primeros espectáculos fue aquel donde se pavoneaba sobre el escenario empujando un carrito de la compra lleno de carne cruda y pescado. Un chico fue golpeado en el pecho por una chuleta que le lanzó Divine desde el escenario. Llevó la anticorrección política de los Cockettes a un nuevo nivel”.

Tent siguió vinculada al mundo del espectáculo durante años. Cantó durante un tiempo a cuatro voces (como Paula Pucker) con Pristine Condition, Scrumbly Koldewyn y Billy Orchid. Se mudó a Nueva York en 1974, donde actuó en el Palm Casino Revue con otros Cockettes y con famosos de la Factory de Andy Warhol, y cantó blues en el emblemático club CBGB de la calle Bowery, donde el emocionante fenómeno del punk rock estaba preparándose para abrirse camino en la escena musical.

En 2002, David Weissman y Bill Weber decidieron rodar el documental The Cockettes, un bonito homenaje a la historia del grupo teatral, con entrevistas a los miembros supervivientes, que de esta forma retomaron el contacto. Quedamos tan pocos ahora (45 se fueron de gira por Nueva York) que estamos bastante en contacto por teléfono, Internet y todavía actuamos juntos. Fayette y yo fuimos a Sundance e hicimos un Q&A después de cada proyección de la película. Scrumbly y yo nos reunimos a menudo y trabajamos juntos con Rumi Missabu durante los dos últimos años, actuando con el grupo de teatro de grand-guignol en San Francisco llamado Thrillpeddlers”.

Foto de David Wise

Ahora, la artista de 68 años vive tranquila en Pacifica (California), y está retirada de su trabajo diario como contable. Durante los últimos años, Scrumbly y ella han trabajado juntos para reescribir y añadir canciones a un par de espectáculos de Cockettes de los años setenta para Russell Blackwood, director de producción de obras de los Thrillpeddlers. “Actualmente, estoy recibiendo clases de claqué dos veces a la semana y trabajando en una biografía del profesor convertido en comediante de stand-up Lynn Ruth Miller, de 84 años, que escribe, canta y se desnuda en extravagantes cabarets y festivales alternativos de artes escénicas por todo el mundo”, añade.

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