The Cure, Madrid 21-11-16: Cuando la oscuridad lo ilumina todo

Pocas bandas tocan tres horas sin apenas despeinarse y mucho menos habiendo pasado la cincuentena como Robert Smith, icono indiscutible de lo que hoy llamaríamos siniestreo. Sin demasiados ornamentos visuales, con una espiral concéntrica en negro sobre un fondo blanco como pistas de lo que sería el concierto, empezaba a tocar The Cure. FOTO: OLAYA GÓMEZ.

Muy pocos grupos pueden estar a la altura de los ingleses, que además de adentrarse en diferentes géneros musicales como el post punk o el rock gótico, han creado su propio estilo, siendo reconocibles desde el mismo momento en que su líder toca la primera nota de su guitarra y Simon Gallup hace lo propio con el bajo. Pronto llega High, uno de los temas más inspiradores y bellos de la formación inglesa. La luz de este track lo ilumina todo, incluso el repertorio de los adalides del pop rock más oscuro, que han preferido optar por un setlist menos intimista pero más bailable.

A Night like This, Lovesong, Pictures of You, Just like Heaven, In between Days, The Hungry Ghost, Wrong Number, From the Edge of the Deep Sea, One Hundred Years… todas y cada una de ellas tarareadas por el público que llenaba el recinto deportivo madrileño, donde no cabía ni un alma The Cure también apostó por The Blood, donde suena la guitarra española, instrumento que tanto gusta a Smith y que además es un guiño a nuestro flamenco (atisbo de cercanía para con lo español que ya tuvieron otras bandas europeas de corte oscuro como Xmal Deutschland en Matador).

Otros aciertos: The last day of summer, uno de los temas de Bloodflowers, el último disco donde la banda brilló a su máxima potencia, y Burn, tema que figuró en la banda sonora de El Cuervo. Kyoto Song, The Caterpillar, Play for Today, o Shake Dog Shake, tema sexy donde los haya, seguían a los conocidísimos A Forest, Close to me, Lullaby, Boys don’t cry y Why Can’t I be You, tema con el que finiquitaban las tres horas de concierto, incluidos los bises.

La única pega es que las cuerdas vocales de Robert Smith no llegan ya a todas las notas como lo hacían cuando tenía veinte años. Pero qué importa eso cuando se da el alma en cada tema, cuando logras que hasta los más tímidos se pongan de pie y acaben bailando.

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