The Mars Volta – Del coma a la iluminación

Puede resultar complicado de explicar cómo llegaron The Mars Volta al mainstream . Pero cualquiera que los escuche atentamente comprobará que, detrás de una técnica virtuosa, se esconde también un pequeño corazón rock. Y eso es lo que venimos a demostrar: cómo entrar en la interesantísima discografía de The Mars Volta y no morir en el intento.

Parece persistir la idea de que sólo es posible alcanzar al gran público haciendo música lo más simple posible. Algo que suene agradable al oído a la primera, no te lo puedas arrancar de la cabeza y sea imposible dejar de escuchar hasta que no acabas absolutamente asqueado de la canción. Pero el mainstream no se acaba en el jingle glorificado del pop de comité. También es posible hacer música que alcance a las masas, arrasen en la MTV, llenen estadios y sean, al mismo algo tiempo, algo que difícilmente puede considerarse como “simple”. Es el caso de The Mars Volta.




Con un rock al que no habría problemas en denominar progresivo, pese a haber ganado un Grammy a mejor actuación de un grupo de hard rock y colaborado desde sus comienzos de forma íntima con los Red Hot Chili Peppers, su éxito podría parecer inexplicable. Sus discos son difíciles. Están llenos de referencias religiosas y de ciencia-ficción, sus letras alternan entre el inglés y el español para hablar de temas complejos e incluso han sido, al menos una vez, malditos por un espíritu maligno. Pero -malditos y todo- consiguieron llegar al mainstream por una razón. Te vamos a guiar, disco a disco, por el mejor camino posible para enamorarte o, al menos, descubrir qué es eso que tienen de especial The Mars Volta.

I. The Bedlam in Goliath (2008)

The Bedlam in Goliath, cuarto disco de estudio del grupo, tal vez no sea su trabajo más accesible, pero sí es el más representativo, e ideal para comenzar con ellos. Algo que sería fácil de aceptar considerando que vendió más de 153.000 ejemplares en poco menos de un año y fue el disco gracias al cual ganaron su primer y único Grammy.

En algún lugar desconocido entre el math rock y el rock psicodélico, pero con un tono mucho más melódico de lo que será común en sus otros discos, casi podríamos hablar de él como si se tratara de un disco de rock clásico. Unos Led Zeppelin revividos y adaptados a los gustos de nuestro tiempo. Algo particularmente apropiado si consideramos la historia que hay detrás del mismo.

En un viaje a Jerusalén, Omar Rodriguez-Lopez compró una ouija como regalo para el otro miembro fundador del grupo, Cedric Bixler-Zavala. Durante un tour del grupo junto con los Red Hot Chili Peppers se pusieron a jugar con ella y, según dicen, contactaron con un ser denominado El Augur, que hizo toda clase de predicciones que resultaron ser acertadas. A raíz de eso, siempre a través de la ouija, hablaron con otros tres entes a los que denominaron Goliath. Y a partir de ahí todo se torció. Negligencias médicas, canciones terminadas que desaparecen del estudio y un sin fin de desgracias que llevaron al técnico de sonido del grupo a abandonar la grabación porque creía que el grupo estaba maldito… pero The Mars Volt acabó con ellos tomando una decisión radical. Combatiendo el fuego con el fuego. Si El Agur les había maldito, ellos incorporarían crípticos mensajes de santería en el disco para que les protegiera de sus ataques espirituales.

Independientemente de la veracidad de su conexión demoniaca, este es el disco más cercano que tiene el grupo a lo que es considerado rock clásico. Incluso aunque lo sea por la vía sobrenatural.

II. Octahedron (2009)

Octahedron, quinto disco de estudio del grupo publicado en 2009, fue un notable cambio en la dirección del grupo. No tanto en su estilo, que seguía siendo inconfundiblemente suyo, como el hecho de que el propio Bixler-Zavala declaró que este era un disco de pop. O lo más cercano que The Mars Volta podrían llegar a hacer nunca a un disco de pop.

Denominado en su día como “el disco acústico de The Mars Volta”, forma sutil de decir que no había canciones que parecían pasadas por la idea de hacer una visita rápida por el infierno, el disco resulta extrañamente fácil de escuchar. Sin grandes altibajos, cayendo más de lado del rock alternativo que de los experimentos sonoros y la técnica ante todo de sus otros trabajos, es un disco en el cuál resulta fácil entrar y navegar por entre sus canciones.

Pero eso también tuvo sus consecuencias. Sus fans más acérrimos encontraron en este disco una falta de riesgo y de violencia innata propias de The Mars Volta que no pudieron discuplarle, haciendo que su recepción fuera más bien tibia. Eso no les impidió vender más de 84.000 copias sólo en los EEUU y debutar en el número 12 del Billboard. Lo cual ya, en sí mismo, es un éxito para un grupo que no solamente no hace pop, sino que parecen la antítesis del mismo.

III. Relationship of Command (2000)

A partir de aquí nos ponemos serios. Nos ponemos serios porque tenemos que hacer un viaje atrás en el tiempo: a cuando The Mars Volta no eran ni siquiera una idea difusa y sus integrantes estaban demasiados ocupados en otras cosas. A principios de los 2000, Cedric y Omar eran integrantes de uno de los grupos de post-hardcore más relevantes de la década pasada: At the Drive-in.

De títulos ingeniosos, ritmos endiablados y canciones agresivas con un claro impulso melódico, la discografía de At the Drive-in creció rápidamente en popularidad hasta llegar a su disolución por desencuentros creativos entre sus partes. Pero antes de eso nos dejaron una auténtica obra maestra que marcaría gran parte de todo lo que se haría después dentro del género: su último disco, Relationship of Command.

Si bien no es propiamente un disco de The Mars Volta, aquí ya están presentes algunos de los rasgos estilísticos más importantes que encontraremos, en mayor o menor medida, en lo que nos resta de transitar de su discografía. Canciones como Arcarsenal o Pattern Against User son prácticamente hojas de ruta para entender la influencia del hardcore punk sobre sus intenciones, posteriormente más próximas a una forma de rock más puro. O al menos, entendiendo por más puras menos atrapadas por la necesidad de hacer buenas las convenciones de su género.

IV. De-Loused in the Comatorium (2003)

El primer disco de estudio de The Mars Volta, que data del 2003 y estuvo producido por el mítico Rick Rubin, fue una notable ruptura con respecto del trabajo por el que venían siendo conocidos, principalmente, en At the Drive-in. Y contra todo pronóstico, es también el disco más venerado y vendido del grupo. Colocando más de 500.000 del mismo y la crítica volcándose a llamarlo genialidad o mediocridad absoluta sin punto medio posible, De-Loused in the Comatorium fue una ruptura radical con lo que se esperaba en la época de cualquier grupo de rock.

Para empezar, porque es un disco conceptual de ficción especulativa sobre un hombre que debe enfrentarse contra sus propios demonios internos tras acabar en coma a causa de una sobredosis de drogas. Llama la atención porque lo oscuro y complejo de sus letras no tiene nada que ver con la relativa sencillez de sus composiciones. Y es que, si bien ya dentro de un canon más próximo al rock progresivo, el disco tiene muchos despuntes en dirección al hardcore punk e incluso al jazz fusión, lo que, lejos de dificultar su escucha, hacen que sea bastante fácil de digerir. Especialmente para quien ya tenga cierta familiaridad con su trabajo previo.

A ello contribuyeron una selección de singles muy idiosincrática –Inertiatic ESP y Televators-, que ayudan a definir no sólo el carácter del disco, sino también del grupo. Algo que, a fin de cuentas, sólo se puede apreciar cuando ya los conocemos un poco.

V. Frances the Mute (2005)

Frances the Mute, el segundo disco de estudio del grupo, publicado ya en 2005, supondría una continuación radical de lo ya visto en De-Loused in the Comatorium. Es decir, lejos de romper con lo que ya habían hecho buscando otras formas o sonidos, no hicieron sino recrudecer sus influencias, llevándolas a sus extremos.

Siendo de nuevo un disco conceptual, esta vez sobre el diario de un hombre que fue adoptado y que ahora busca a sus padres biológicos, Frances the Mute es, desde su primera canción, un disco más agresivo. Con una tremenda grandilocuencia, constantes ejemplos de una técnica barroca y un uso mucho más extensivo del español y toques de latin jazz y rock progresivo, además del ya omnipresente hardcore punk, Frances the Mute es un disco mejor que su predecesor, pero también uno bastante más difícil. Sus constantes cambios de ritmo y género, lo difuso de sus letras y la obsesión de Omar Rodríguez-López por practicar individualmente cada canción con cada uno de los miembros del grupo, acaba haciendo que el disco esté lleno de fascinantes muestras de virtuosismo, pero también de fragmentos difícilmente disfrutables para nadie que no venga ya curtido de antemano.

Pero eso no debería tirarnos para atrás. No llegados hasta aquí. A fin de cuentas, ¿cuántos discos más hay ahí fuera de ritmos hardcore punk con instrumentación de rock progresivo y baterías heredadas de la salsa?

VI. Amputechture (2006)

Para encontrar una auténtica ruptura con el canon de The Mars Volta tendríamos que acudir ya a su tercer disco de estudio, Amputechture, publicado en 2006. Un monstruo de más de hora y cuarto que, a pesar de su extrema dificultad, consiguió enamorar al público mientras gran parte de la crítica prefería mostrarse tibia e incapaz de comprender donde residía su muy particular encanto. Zavala denominó a este disco su “niño autista” a causa del poco comprensivo recibimiento que tuvo que sufrir.

Pero es lógico si nos paramos a pensarlo un momento. Sin el arte de Jeff Jordan y sin ser un disco estrictamente conceptual, o al menos no más allá de que trata la religión en todas sus formas, pero sin una continuidad entre canciones, todo el disco gira alrededor de las guitarras de John Frusciante. Y sólo con eso es suficiente para cambiarlo todo. Más etéreo, más complejo, con muchos más instrumentos fuera de lugar y un claro componente post-punk, con la no wave tiñéndolo todo, y gracias a una profunda comprensión de los mecanismos del free jazz, este es uno de esos raros ejemplos en donde lo increíblemente difícil lo único que oculta es su propia accesibilidad. Pero es mejor llegar hasta aquí sólo cuando se conoce bien al grupo: sus canciones más destacadas, Meccamputechture, Asilo Magdalena y El Ciervo Vulnerado, son complejísimos dechados de técnica que resulta más fácil disfrutar cuando se entiende de donde vienen y hasta donde pretendían llegar incluso si, ya en su día, Amputechture se convirtió en uno de los discos más vendidos del grupo.

VII. Noctourniquet (2012)

Dejamos para el final Noctourniquet no porque sea el último disco de estudio de The Mars Volta hasta el momento, publicado en 2012 pero grabado prácticamente en su totalidad en 2009, sino porque es su disco más endeble. Un trabajo pensado por y para fans en el que es muy difícil entrar si no se conoce bien la discografía del grupo. Pero como el peor disco de The Mars Volta es mejor que el mejor disco de la mayoría de grupos de su género, aquí estamos.

Noctourniquet se pasó tres años en la nevera por las desaveniencias creativas que surgieron entre Omar Rodriguez-Lopez y Cedric Bixler-Zavala. Y es fácil encontrar la razón para ello. A diferencia de todos sus discos anteriores, éste pone todo su peso en los teclados. De ese modo, con un estilo más dramático, de nuevo regresando a la indefinición entre géneros pero tal vez con un regusto desconcertantemente death rock, es un disco errático, con muchos altibajos, que no parece tener demasiado claro que dirección quiere tomar. Algo que acaba lastrando incluso sus mejores momentos, canciones como In Absentia o la homónima Noctourniquet, que podrían considerarse lo más cercano que ha hecho nunca el grupo a una balada.

Así y con todo, como ya hemos dicho, Noctourniquet es un buen disco. El fin de una era, como lo describió al propio grupo, cerrando así todo lo que tenían que decir The Mars Volta: rescatando lo que antes se habían considerado restos.

VIII. Scab Dates (2005)

Para ser justos, el final ocurrió un párrafo atrás. Noctourniquet es el último paso en la carrera de The Mars Volta, a falta de ver lo que puedan hacer en su regreso ya en una nueva era. Pero eso no significa que vayamos a obviar otro de sus discos sólo porque no sea de estudio. Y es que el único directo que han publicado, si obviamos la existencia del EP Live, es una pequeña joya que no podíamos pasar por alto.

Scab Dates, publicado en 2005 y considerado por la revista NME como uno de los 50 mejores álbumes en vivo de todos los tiempos, es la selección de cuatro temas (Cicatriz, Haruspex, Cassandra Gemini y Concertina), reinterpretados extensivamente e introducidos en el contexto de una enorme jam donde el grueso del concierto es, básicamente, improvisado. De ese modo, su mayor mérito es adoptar las barroquísimas melodías del grupo al concepto de un directo. Lo logran no a través de la simplificación, sino a través de una inteligente selección de canciones, un especial uso de la distorsión y el reverb y dando un mayor énfasis en el empaque y velocidad de los temas. Algo que les hace perder gran parte de su estilo post-hardcore a cambio de, precisamente, sonar como lo que son en realidad: un grupo de rock mucho más clásico y accesible de lo que parece a simple vista.

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