[Semana Ghostbusters] ‘The Real Ghostbusters’ – El ectoplasma animado

Olvidada por muchos y reivindicada por cuatro locos que la consideramos de culto, The Real Ghostbusters es una de esas series de animación que merecen un revisionado y que funcionan tanto para el fan adulto como para un niño que sólo haya visto una película y quiera más aventuras con packs de protones.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Cazafantasmas? De la primera película. Y ya. Se obvia la segunda parte, que algunos consideran inferior (y que servidor disfruta enormemente), el videojuego (otro día hablamos de la cantidad de manchildren indignados que querían una tercera parte auténtica y pasaron del juego, que según Aykroyd y Reitman es la tercera parte de la saga) y, sobre todo, la serie de animación. Que es una maravilla tanto para niños como para adultos.

Esta serie, que no fue la primera en usar la palabra «Ghostbusters» en el título (sí, la otra fue la del gorila) y que por eso llevaba el «real» en el suyo, tiene más enjundia de la que parece a simple vista. Para empezar, el story editor y uno de los guionistas más prolíficos de la serie, autor de los episodios más memorables y que más canguelo daban, fue nada más y nada menos que J. Michael Straczynski, en aquella época apenas un recién llegado a la industria. Quien años después firmaría episodios del reboot de Twilight Zone (1985-1989), la mayoría de los de Babylon 5 (1994-1998), seis años de tebeos de Spider-Man (2001-2006, y por eso su cara aparece encima de una recompensa en la mayor parte de tiendas de comics del mundo) y las etapas más recientes de Superman, desde 2010, también escribió pepinazos en la serie como el episodio del Hombre del Saco y su secuela, que me dejaron sin dormir varias noches seguidas. Porque bajo la amable apariencia de una serie de dibujos animados se esconden historias brutales y retorcidas como la del propio Hombre del Saco, con imágenes tan jodidas como estas de aquí abajo.

Hombre del saco

Si creen que ver aparecer del interior de tu armario una cabeza gigante envuelta en luz fantasmagórica no puede hacer pedazos para siempre la cordura de un niño es que no recuerdan lo que significa ser un crío. Y ni siquiera es el mejor ejemplo de episodio de terror puro en esa serie: el capítulo en que un demonio encanta una casa o el de la caja del fin del mundo («no abrir hasta el Día del Juicio Final«) fueron las primeras incursiones en el género de este que les habla. Esos episodios pillaron por sorpresa a más de uno porque estábamos acostumbrados a una serie de dibujos infantil como cualquier otra. The Real Ghostbusters (1986-1991, estrenada por aquí con diversos títulos, aunque el más popular fue Los auténticos Cazafantasmas) fue también mi primera aproximación a los Mitos de Cthulhu, mucho antes de leer el tomo de Alianza Editorial (tan mítico a estas alturas como el propio Necronomicon), en un episodio que tiene desde cultistas locos con máscaras de pulpo hasta el propio dios impío levantándose de su sueño para aterrorizar Long Island (se ve que R’lyeh está por allí cerca), pasando por el robo de una reliquia en un museo, una investigadora de lo paranormal con poderes extrasensoriales y una colección de tebeos que leía Ray de crío y que tienen la clave para derrotar al dios primigenio.

La serie incluso tuvo tiempo de hacer piruetas metanarrativas. En un ejercicio de humor finísimo, Straczynski tomó una de las características más cotidianas de las series de animación y escribió un capítulo a su alrededor, guiñando el ojo al espectador avezado. En Janine, you’ve changed se narra la historia de la secretaria de los Cazafantasmas y de cómo estos, de repente y llevando ya seis temporadas de serie, se dan cuenta de que Janine ha cambiado físicamente. Este trope, el de cambiar el aspecto de los personajes conforme avanza la serie para mantener un aspecto novedoso, es un recurso más viejo que Matusalén y que ha sido, es y será usado en cualquier serie de dibujos sindicada. Straczynski lo toma y lo convierte en el eje de un episodio en el que Janine ha pactado con un demonio para ser cada vez más guapa.

JanineYouveChanged24

La serie también contribuyó durante su recorrido a cimentar el lore de la historia sin contradecir lo que venía antes y lo que vino después. La unidad de contención, por ejemplo, pasó de ser un simple aparato empotrado en una pared a albergar en su interior una dimensión extraña y casi alienígena en la que habitaban todos los fantasmas capturados hasta entonces. Stay Puft, en su origen el avatar de Gozer el Gozeriano, desarrolló personalidad (¡e incluso se reformó!) al cabo de los episodios y el propio Slimer se acabó convirtiendo en el quinto miembro del grupo, si bien de forma oficiosa, viajando con ellos casi siempre y echando una mano a la hora de capturar a sus semejantes. Para el debate dejo el paralelismo entre la sumisión al opresor por parte de un miembro de una población oprimida y perseguida.

The Real Ghostbusters contaba con un elenco de profesionales detrás cuyo talento no sólo estaba a punto de eclosionar, como el de Straczynski, sino que ya llevaba años, cuando no décadas, en plena ebullición. Por ejemplo, Arsenio Hall puso la voz a Winston durante varias temporadas, Maurice LaMarche (el Cerebro de Pinky y Cerebro -1995-1998- y el Calculón de Futurama -1999-2013-) dobló a Egon y Lorenzo Music, la voz de Garfield en la serie de animación (1988-1995), se la prestó a Peter Venkman. Son sólo algunos de los nombres asociados a esta serie, que supo navegar en las aguas de la comercialidad más mainstream sin dejar por ello de tener una voz propia, una personalidad arrolladora, de crear un universo interior rico y variado y de ser una gran heredera del espíritu de la película de Reitman, Aykroyd y el llorado Harold Ramis.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad