‘Thelma y Louise’: 25 años del encuentro de Hollywood con el feminismo

Thelma y Louise cumple 25 años y en CANINO lo celebramos analizando la película que abrió el debate sobre el feminismo en el cine ¿qué tal ha envejecido la propuesta de Ridley Scott?

Fue una de las cintas más comentadas durante el festival de Cannes de ese año. Su calidad, unida a su fuerte mensaje feminista, convencieron a la mayoría del público y el jurado, a la vez que propiciaban violentas críticas -acusándola de un hipotético victimismo- de partes muy específicas de la audiencia. No hablo de Thelma y Louise, aunque podría (y usando las mismas palabras), sino de otro taquillazo que también combinaba mujeres, coches y paisajes desérticos: Mad Max: Furia en la carretera (2015).

La cuarta entrega de Mad Max llegó el año pasado para decirnos que ahora sí. Que las mujeres, le moleste a quien le moleste, podemos luchar contra el imperio, cazar fantasmas o, lo que parece mucho más importante, conseguir que se llenen las salas de cine y hacer una película rentable. Furia en la carretera es una cinta de su tiempo. Thelma y Louise fue una visionaria. 25 años antes de que muchas nos pusiéramos las metafóricas gafas moradas, estas dos amigas creadas por Callie Khouri ya nos mostraron el camino y nos subrayaron con precisión e intención didáctica los problemas que aún hoy seguimos enfrentando las mujeres.

Explicando el feminismo dentro de la pantalla

En ocasiones, las constantes referencias al trabajo del director Ridley Scott puede hacer que olvidemos cómo el oscarizado guión de Khouri brilla al explicar con sencillez ideas muy complejas. El primero de los numerosos ejemplos se encuentra al inicio de la cinta. Nunca vemos al marido de Thelma levantarle la mano y lo cierto es que ni siquiera le levanta la voz. Aún así, todos los espectadores captamos lo abusivo y tóxico en la relación de nuestra protagonista. Thelma es incapaz de decirle a su marido que se va un fin de semana de vacaciones con su mejor amiga, pero en cambio es capaz de aceptar una conversación plagada de crueles críticas, reproches y censuras que ilustran a la perfección algunos de los mecanismos que usa el maltrato psicológico para minar la autoestima.

Este maltrato es un punto de referencia para el personaje durante toda la película. Su obsesión por ser amable con todo el mundo, su ansiedad con la comida y la bebida (pasará de comprar botellines y porciones minúsculas a comprar las tallas más grandes del producto), así como su dependencia, primero de su marido y luego de Louise, son las secuelas que deberá superar durante el metraje.

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Y tras abrir con un tema controvertido, el guión pasa a ilustrar otros problemas tan referenciados en el feminismo actual como son el concepto de violación y el victim blaming que llega a actuar como incidente incitador en la trama. Tras pasar la noche bebiendo y bailando con un hombre en un bar, Thelma, borracha y enferma, se niega a tener relaciones sexuales con él, lo que conduce a un intento de violación que es frustrado por Louise, una traumatizada víctima del mismo crimen, que acabará matando al hombre a sangre fría minutos después.

Tras el asesinato, Louise y Thelma discuten en una cafetería el siguiente movimiento. Thelma, más inocente, insiste en acudir a la policía y explicar los hechos. Louise, desde su experiencia, aconseja la huida. Para Louise el que más de cien personas vieran a Thelma bailar y divertirse con el muerto va a minar la credibilidad de su historia. Louise sabe que la policía no va a creerlas.

En menos de veinte minutos, el guión de Khouri ha puesto los cimientos de una road movie que ahonda en dos ideas: las consecuencias de elegir nuestro propio destino como mujeres y, de forma más metafórica, los cambios que el descubrimiento del feminismo produce en las mismas.

Y si el entendimiento del feminismo se traducía en el personaje de Thelma en una liberación y en la superación de su dependencia emocional, en Louise, una camarera frustrada con su vida que desconfía de la sociedad, el cambio es mucho más visual. Louise va desprendiéndose uno a uno de todos los adornos innecesarios que la sociedad le impone. La vemos soltarse el pelo, tirar el pintalabios, cambiar sus joyas por un (mucho más útil) sombrero y deshacerse de su sujetador en un claro guiño a la segunda ola del feminismo. Todo esto culmina con una conversación entre ambas donde aseguran sentirse más despiertas que nunca, precisamente, el mismo sentimiento que tantas y tantas feministas comparten a día de hoy.

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Otros asuntos, como el discutido catcalling, el paternalismo (mansplaining incluido, gracias al personaje de Harvey Keitel) o la sororidad son tocados de forma más superficial aunque con mucho sentido del humor. El tratamiento del piropeo es especialmente refrescante y se nos muestra mediante tres encuentros entre las amigas y un obsceno camionero. En el primer encuentro las mujeres se sorprenden ante su actitud y no saben cómo reaccionar, en el segundo, en una clara evolución, las mujeres se sienten cohibidas y violentas por lo que deciden ignorar su actitud. Es el tercer encuentro, alegórico ejemplo del empoderamiento, en donde las mujeres se enfrentan al conductor y, en lo que es una clara fantasía de poder femenino, le vuelan por los aires el camión como castigo por su actitud.

Evidenciando el machismo en la vida real

En 1991 fueron muchas las críticas, disfrazadas de análisis cinéfilo, que tanto Callie Khouri como Ridley Scott (al que acusaron de haberse ablandado) tuvieron que aguantar. Varios medios apuntaron que Thelma y Louise era una cinta que romantizaba la violencia y que sus protagonistas, por muy complejas y bien escritas que estuvieran, estaban muy lejos de poder considerarse un modelo a seguir. Es irónico que no compartiera esas mismas críticas el humanista y defensor de la gastronomía tradicional Hannibal Lecter cuando se estrenaba en pantalla apenas cuatro meses después. Tampoco recibían este estilo de críticas los ladrones surfistas de Le llaman Bodhi, que llegaron a las pantallas ese mismo agosto.

Hoy en día Thelma y Louise sigue generando polémica. Kyle Smith se retrataba (una vez más) en el New York Post hablando de lo incomprensible e injustificado que era el hecho de que Louise disparara al violador de Thelma. Smith, que ha crecido aceptando que Batman o Spider-Man se convirtieran en vigilantes por un trauma, que ha alabado Dexter (2006-2013), en donde el asesinato de su madre lleva a un hombre a convertirse en asesino y que, sin dudas, ha comprendido Hannibal, el origen del mal (2007), se destapa ejecutando un ejercicio de doble estándar con triple tirabuzón, como incapaz de empatizar con una mujer que está reviviendo un trauma emocional.

Pero no nos quedemos en el sexismo de la crítica. Thelma y Louise también conseguía resaltar el machismo de la industria tanto antes como después de su realización. Como puede verse en profundidad en el making of, Khouri y Scott sufrieron una auténtica pesadilla para sacar adelante el proyecto. Entre otras ofensas, encontraron que el guión era muchas veces devuelto con comentarios desagradables en relación a cómo los supuestos productores pensaban que debía ser el físico de ambas protagonistas.

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Callie Khouri con el Oscar que ganó por el guión de la película

Sin embargo, el señalar una actitud problemática no resultó, como se esperaba, en un cambio real y posterior solución.Tras el estreno, muchos creyeron que la cinta marcaría un antes y un después en cuanto la representación femenina en la pantalla. Estos 25 años nos demuestran que era todo una ilusión. Un pequeño oasis en el mar que no es suficiente para Geena Davis, dispuesta a intentar cambiar (o al menos denunciar) las cosas personalmente.

Más allá del feminismo, ¿merece la pena el revisionado?

Aunque el feminismo sea, quizás, lo más interesante de la película, Thelma y Louise cuenta con otros muchos factores que la convierten en una buena película. Estamos ante una cinta infravalorada, que mezcla adecuadamente los elementos de la road movie clásica con los de una comedia de amiguetes muy bien escrita.

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A pesar de que se produjera varios años antes de que Pulp Fiction (1994) o Clerks (1994) revolucionaran la narrativa en pantalla, la película sigue siendo actual y cuenta con pequeños detalles, como la torpeza de las protagonistas en su carrera criminal o las escenas de Thelma y J.D en el hotel, que la envuelven en un agradable halo de realismo pese a lo fantasioso del resto de su metraje. La mayoría de sus escenas cómicas siguen funcionando y su final, infinitas veces copiado y parodiado, sigue produciendo la misma sensación agridulce que a los espectadores en el 91.

Estamos en el momento de decidir si la historia va a volver a repetirse. Hace 25 años ya fracasamos al intentar cambiar la forma en la que se presenta a las mujeres en pantalla ¿vamos ahora a aprovechar la puerta que Furiosa nos abre a patadas o a demostrar que seguimos asustados ante la posibilidad de tener a una mujer como protagonista?

Me gustaría que nadie tuviera que escribir un texto como este dentro de otros 25 años. A mi me gustaría, pero Susan Sarandon se muestra pesimista al respecto.

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