[Todos a una] Clásicos literarios sobrevalorados.

En CANINO somos poco amigos de los cánones, pero los literarios nos dan una rabia especial, ya que continuamente vemos cómo a obras, actuales y de antaño, se les aplica el adjetivo de "clásicos". Y, por desgracia, nadie nos ha enseñado a pensar sobre literatura, a discernir qué categoría de clásico es Hamlet y qué categoría de clásico es Platero y yo, aunque a ambos nos los han metido en la misma categoría. Y no es lo mismo, oiga.

Por eso, en nuestro post colectivo de esta semana (que en breve va a pasar de llamarse Todos a una a llamarse Sesiones de autopsicoanálisis), hablamos de qué libros impepinables de la literatura clásica o contemporánea han sido indefectiblemente sobrevalorados y nos han llegado encumbrados por no se sabe muy bien qué motivos. Como de costumbre esto no quiere ser una lista exhaustiva, sino un desahogo puntual. Estos son nuestros clásicos meh.

fundacion

DANIEL AUSENTE: Trilogía Fundación (Isaac Asimov, 1951-1953). Puro prejuicio, lo reconozco. Crecí leyendo ciencia-ficción, pero con Fundación (Foundation, 1951) no pasé de la mitad del primer libro. No me explico por qué, la verdad. Me zampaba todo lo de Dick, Clarke, Bradbury, Bester o Sheckley que caía en mis manos, pero Asimov languidecía en la pila de pendientes. Y ahí sigue. Recuerdo, en mis años mozos de bachillerato, que para algunos de mis compañeros, especialmente los de la rama de ciencias, Asimov y Fundación eran Lo Más, quizá solo superado por Cita con Rama (Rendezvous with Rama, 1953) de Arthur C. Clarke (otro clásico ante el que huyo corriendo, pero este sí lo leí). Hay algo en Asimov que me hace desconfiar de él. Solo le admito sus leyes de la robótica por el juego que han dado, pero nada más. No sé, en mi cabeza he construido un prejuicio según el cual Asimov representa algunas de las cosas que no me gustan de un género que amo, cosas como el humanismo bobalicón o el razonamiento científico como vara de medir la calidad de una novela de anticipación. Y luego está toda esa profusa bibliografía de divulgación con su nombre en portada. Cientos de miles de millones de libros de historia, sociología, física, ajedrez, matemáticas, psicología, química, astronomía, antropología, cocina cajún, bricolaje y yo qué sé más. Tanto libro de divulgación sencilla para las masas me dibuja a un personaje lleno de sabiduría pero acomplejado por ser solo un escritor de género, un deseo de trascendencia que le llevo a estar presente en todas las secciones de todas las librerías, persiguiendo lectores y gritando “Léeme, soy Asimov, soy sabio”.

 

belladelseñor

YAGO GARCÍA: Bella del señor (Belle du seigneur, Albert Cohen, 1967) Dicen que es una de las grandes novelas del siglo XX. No lo discuto. Dicen que en sus más de seiscientas páginas residen no sólo una descripción acerada de la política de Entreguerras (firmada, además, por alguien que la vivió desde dentro), sino también una de las más feroces críticas al amor romántico que jamás se han escrito. Tal vez sea cierto. Pero, más allá de los elogios, aquello que un servidor encontró en este libro fue misoginia pura, dura y destilada. Algunas de sus páginas están escritas con el pulso de un maestro, sí, y todo en ella revela una dedicación que es cosa privada de los grandes novelistas, aquellos que no sólo tienen oficio, sino también el ojo de un relojero para encajar una palabra tras otra. Pero: a) semejante verbolatría se me atraganta (y esto lo dice alguien que se descojona vivo cuando lee Ulises) y, b) si el empeño de tal dedicación es reducir a la hembra de nuestra especie a la condición de apéndice del macho y reflejo de sus caprichos, por mí puede irse a tomar viento. A veces, el menosprecio hacia un grupo humano puede engendrar obras memorables (sobre todo cuando le sale el tiro por la culata), pero, en esta novela, Albert Cohen sólo logra despertar mi rechazo y, sobre todo, mi hartazgo. Pena, porque dicen que el resto de su producción, de cariz mucho más cómico, es canela fina.

 

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MARIANO HORTAL: Cartas Marruecas (José Cadalso, 1789): Era una pregunta difícil. Sinceramente, he disfrutado con la mayoría de los clásicos; leí con catorce a Cervantes y me fascinó, pero siempre tiene que aparecer alguna obra que desmerece su condición. En mi caso, fueron estas Cartas Marruecas de José Cadalso que se publicaron póstumamente en 1789 y que se consideran obra maestra del siglo XVIII. Ni a mi mayor enemigo le obligaría a leer estas epístolas soporíferas que se supone que resultaron muy modernas y críticas; a lo mejor no era mi momento pero la sensación de acartonamiento, aburrimiento y, en general, de no estar yendo a ningún sitio me dejaron sin ganas de más del autor. Demasiada reflexión inútil. Uno de esos casos inexplicables de obra bien considerada.

 

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JOHN TONES: El guardián entre el centeno (The catcher in the rye, J.D. Salinger, 1951): Holden Caulfield es un gilipollas. Sé que esa es la intención, pero quizás no era tanto la intención que me pareciera un gilipollas cuando leí El guardián entre el centeno con la edad adecuada, en plena adolescencia. «Te habla de tú a tú», me dijeron. Y puede que sí, puede que me hablara de tú a tú, pero para mal: no sé, me dio la impresión de que Holden era el típico tío que de haberle conocido en la vida real, me habría pegado por llevar gafas o leer tebeos. Por supuesto, entiendo, respeto y hasta admiro su importancia histórica, lo salvaje de sus incursiones en el sexo adolescente y eh, quién puede resistirse a unas cuantas leyendas sobre un escritor misterioso e inaccesible. Pero lo que es la obra en sí, su estilo carente de estilo, verborreico e intentando imitar sin éxito un flujo de pensamiento deslavazado… bah.

 

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KIKO VEGA: Rascacielos (High-rise, J.G. Ballard, 1975). Me ha pasado constantemente a lo largo de mi vida: por más que quiera, no puedo con la literatura de Ballard o de Burroughs. En este caso concreto, tras intentarlo con Crash (Íd., 1973) o La isla de cemento (Concrete Island, 1974), y hace prácticamente cuatro días, me sumergí en el movidón vecino-piramidal de la obra que acaba de adaptar Ben Wheatley al cine. Esperaba varias cosas. Por un lado, ser lo suficientemente adulto como para apreciar los matices del caos de la obra y, por otro, un La que se avecina brutal que no me ocupase más de cuatro o cinco noches. Y encontré parte de lo segundo. Encontré personajes repartidos entre las tres alturas del edificio, encontré un prólogo que me metió en situación… y luego volví a encontrarme con Ballard.  Ojo, me gusta lo que cuenta, pero no comulgo con la forma en que lo hace. Nunca nadie me había vuelto tan loco para describirme cómo coger un ascensor. El caso es que me gusta y volveré a él en cualquier momento (al libro y al autor) pero donde esté un buen bestseller de médicos en apuros y fácil comprensión, que se quite un ballardazo.

Con perdón.

 

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CAROLINA VELASCO: Peyton Place (Peyton Place,  Grace Metalious, 1956): «¡Te va a encantar!», me dijeron. Y tonta de mí, me lo creí. Tenía que haber hecho caso a mi instinto, ése que me decía que semejante título sólo podía referirse a la clásica peli de sobremesa de los noventa, ésas de niñera que seduce al padre o hijo adolescente echado a perder. El libro prometía ser una incursión en esa América profunda y rural de la que tanto me gusta leer, pero donde esperaba encontrar una versión femenina de Tennessee Williams o William Faulkner, sólo encontré un drama de frustración sexual y puritanismo de serie Z.

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6 comentarios

  1. Pedrin dice:

    Ojito con Albert Cohen, que "Bella del Señor" es un ladrillo, pero "Comeclavos" es la escojonación máxima. Que Yago le dé una oportunidad, que se lee en un rato.

  2. Saraiuni dice:

    Siempre he pensado que en cualquier campo los considerados "clásicos" deben ser puestos en tela de juicio de vez en cuando. Cual ha sido mi sopresa es cuando la primera hacha cae sobre la última saga que he leído y disfrutado como una enana. Qué pena que los prejuicios y las expectativas impidan que puedas disfrutar de "La fundación" porque la verdad es que Asimov crea un niverso (nunca mejor dicho) que ya querría George Lucas para su Star Wars (puede que me haya pasado, pero quiero que le des una oportunidad! haha)

  3. Dr.Cataclismo dice:

    No coincido con la fundación de Asimov, pero si con Arthur T. Clarck y su encuentro con Rama. Los demas no he tenido el disgusto de leerlos. Pero si queréis un tocho soporífero que al segundo episodio ya dan ganas de darle un buen par de bofetones al protagonista leeros Crimen y Castigo. Suicidate o vive, pero toma una decision en menos de quinientas paginas imbecil.

  4. Kilgore Trout dice:

    Yo creo que El guardian entre el centeno ha sido acusado tantas veces de estar sobrevalorado, que empieza a estar infravalorado.

  5. Razor dice:

    No entiendo el prejuicio irracional sobre Asimov (me encanta fundacion, fanboy aparte) pero bueno…

    EL texto de High Rise no tiene mucho sentido ¿Desde cuando es un clasico?

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