[Todos a una] Especial Semana Santa: Nuestros dioses favoritos

La verdad es que la Semana Santa nos pone píos. Tanto fervor religioso, más nuestra tendencia a cierto relativismo que algunos calificarían de excesivo, nos recuerda que los dioses son inventos a menudo dañinos y ponzoñosos, pero que forman parte de decenas de culturas desde hace decenios. Algo que contemplar, estudiar, admirar y criticar, vamos. Así pues, nos hemos preguntado... ¿cuáles, del amplísimo panteón de dioses humanos, desde los más ancestrales a los más pop, son nuestros favoritos?

Y estas han sido nuestras conclusiones: dioses venerados por millones o con un número de fieles más bien ridículo; de culto ya fenecido o con auténtico seguimiento en esta sociedad descreída; localizados en parajes exóticos o de culto universal. Estos son nuestros dioses predilectos. Rendirles pleitesía es cosa de ustedes, pero viendo cómo se las gastan algunos, nosotros como mínimo les guardaríamos cierto respeto.

Saturno devorando a un hijo

SATURNO: EL DEVORADOR DE HIJOS. Paseando por el Prado uno puede ver mil cosas y no acordarse de ninguna. Las que más se le quedan a uno, de hecho, suelen ser las difíciles de ver. Es decir: que sí, que Las Meninas (Velázquez, 1656) muy bien, Las Tres gracias (Rubens, 1636-1639) estupendas ellas, La Maja desnuda (Goya, 1790-1800) preciosa y desnuda… y sin embargo no recuerdo la impresión que me causaron ninguno de ellos. Lo cierto es que cuanto más perturbador sea lo que se retrate, más retiene nuestro cerebro las imágenes que produce la pesadilla. Es una especie de aviso ancestral inconsciente que te dice “esto da miedo ergo intenta evitarlo”. Por eso tengo grabado el Saturno devorando a un hijo de Goya (1819-1823). Y desde entonces me fascina la figura de Saturno. Para los romanos es el dios de la agricultura, para los griegos se llamaba Crono y era el amo del tiempo. Así en general. Era un dios vengativo como todos. Y el poder le corrompía por dentro, como a todos. Por eso se comía a sus hijos: para que no le destronasen como el jefe del universo. ¿Qué cómo consiguió el trono? George R.R. Martin no lo hubiese hecho mejor: Saturno castró a su padre (Urano) y lo hizo con una hoz. Así que lo romanos le alababan como dios de la agricultura y la cosecha. Por lo de la hoz, supongo. Invocaban su nombre para que les fueran bien las cosechas y celebraban en su honor Saturnalia: una fiesta en la que los esclavos gozaban de un día libre para hacer y decir lo que quisiesen. Una especie de The Purge: La noche de las bestias (James DeMonaco, 2013) a la romana. Curiosamente ésta se celebraba el 25 de diciembre, el mismo día que nació otro hijo de otro dios. Por cierto, que hay otro Saturno en el Prado: el de Rubens. Pero mola menos. Francesc Miró.

 

https://www.youtube.com/watch?v=JKWoc2IYVsU

RYUK – Death Note (2003 – 2007). En la cultura popular japonesa, los shinigamis o dioses de la muerte poseen a las personas y las conducen al suicidio. En el manga y en el anime Death Note, estos dioses no necesitan siquiera entrar en contacto con nosotros pues pueden matar simplemente anotando un nombre en su cuaderno. A cambio de esta ardua labor, el shinigami obtendrá los años de vida restantes que le quedaban a su víctima. Esta poderosa tarea a Ryuk se le antoja tediosa. Tiene una eternidad a su espalda e incontables años por delante de él y no quiere malgastarlos apostando con sus compañeros u observando a los humanos desde las alturas. Con engaños, Ryuk consigue un segundo “cuaderno de la muerte” y lo deja caer a la tierra esperando que algún humano lo encuentre. Quiere divertirse viendo cómo los hombres se manejan con los poderes de un dios. A Ryuk no le importa si Light es atrapado o si tiene razón en su retorcida búsqueda de la  justicia. No es un dios bondadoso ni uno vengativo sino algo mucho peor, una deidad aburrida a la que lo único que parece importarle es comer manzanas. Marta Trivi

 

crom tutatis

CROM / TUTATIS. En estos tiempos de poliamor, lo suyo es apostar por el politeísmo con una dupla de tebeo: Crom y Tutatis, dioses ambos a los que juramentar con ardor guerrero. Crom es el dios de Conan por herencia cimeria, y no se trata precisamente de un dios del poliamor porque los cimerios eran muy brutos, como es de sobras conocido. Se trata de un dios ficticio (bueno, hijo de una ficción pulp, que lo de un dios no-ficticio es tema complicado), aunque los estudiosos de la Era Hyboria (que no por ser ficticia carece de catedráticos) consideran que Robert E. Howard se inspiró en el Cromm celta (tampoco hace falta ser catedrático en lo hyborio para establecer el vínculo, ahora que lo pienso). Cromm, Cruach de onomatopéyico apellido, era generoso si se le ofrecían sacrificios humanos, en especial si se trataba de bebés. Jurar por Crom señala que los cimerios eran los celtas de la era Hyboria, como fueron celtas los gallegos, los astures o los galos norteños, es decir, Asterix, que es otro bárbaro salvaje, aunque no lo parezca y jure por Tutatis. Tutatis era otra deidad celta guerrera y sangrienta a la que ofrecer sacrificios humanos, preferiblemente en hoguera y envoltorio de mimbre (a Crom le falta mimbre, mecachis), o bien ahogando en cerveza, porque Tutatis también era un dios de fiesta, cachondeo y comilonas (asado de jabalí para todos). Su primo, el Cromm celta (y Crom hyborio) también debía serlo porque cuando llegaron los cristianos dispuestos a intercambiar fechas de celebración pagana por santos y mártires, el encargado de su sustitución, el doppelganger de Cromm fue nada menos que San Patricio, un santo al que celtas y cimerios siguen brindando vestidos de verde druídico. Daniel Ausente

 

hermes

HERMES / MERCURIO. Es semana Santa y yo adoro a Hermes (Mercurio en su versión romana), un dios pagano. Posiblemente, la deidad más ocupada de todas las que poblaron el Olimpo. Fue uno de los muchos hijos ilegítimos de Zeus y nació de una relación extramatrimonial con la pléyade Maya, una de las siete hijas de Atlas, el titán que cargaba sobre sus hombros los pilares que mantenían la tierra. Al ser hijo bastardo, Hermes se sentía con el deber de ayudar a los amantes clandestinos y lo hacía cubriendo a las parejas con un manto de invisibilidad. Seguramente desarrolló esta facultad harto de las persecuciones de Hera, la esposa legal de Zeus, diosa celosa y vengativa que hacía la vida insufrible a las amantes e hijos ilegítimos del gran dios.

Hermes es principalmente es conocido por su faceta de protector de los comerciantes, los ladrones y las artes. Un dato significativo que da mucho que pensar y que tiene su origen en un relato protagonizado por él mismo y su hermanastro Apolo. Cuenta la leyenda que de niño ya era un pieza. Le robó a Apolo parte del ganado que estaba cuidando (era pastor) y que incluía un toro, vacas y terneras. Mató a los animales, les sacó los intestinos y los usó como cuerdas para una lira que se acababa de construir con el caparazón de una tortuga. Al parecer, la lira sonaba genial. Apolo la oyó, se encaprichó de ella y Hermes se la regaló a cambio de no devolver las reses robadas. Otras de sus ocupaciones eran ser el mensajero de los dioses, el guía de los viajeros y el acompañante de las almas al inframundo. No en vano, era el único que podía entrar y salir a su antojo del reino de Hades. Por eso fue quien dejó a Eurídice ante Hades y quien la habría llevado de vuelta a la vida si no fuera por el desconfiado de Orfeo, que se giró a mirarla para asegurarse de que lo seguía. ¡Y mira que Hades se lo advirtió! Sobre todo, no mires atrás… Roser Messa

 

haruhiSuzumiya

HARUHI SUZUMIYA – La Melancolía de Haruhi Suzumiya (2006-2009). Vista con perspectiva, La Melancolía de Haruhi Suzumiya fue el anime que supuso el verdadero lanzamiento de las adaptaciones de novelas ligeras, en este caso a partir de las obras de Nagaru Tanigawa. Hoy Japón mantiene la popularidad de este tipo de literatura juvenil donde abundan los personajes conscientes de los clichés de la ficción japonesa y cargados de observaciones metalingüisticas, aunque no tanto para subvertirlos como para ganar una fácil complicidad con el lector. Esta colegiala de dieciséis años, malencarada, caprichosa y abusiva es el centro de una trama que incluye viajeros del futuro, alienigenas y espers. Su deseo de conocer a seres sobrenaturales -es decir: ser la protagonista de un anime- ha torcido la realidad misma y llamado la atención de fuerzas extraterrenas. Dichos entes vigilan de cerca a Haruhi como amigos suyos que nunca le revelan sus poderes, tratando de que sus antojos y sus fantasías no destruyan su frágil existencia. Haruhi es una vivaracha y engreída abominación de Eldritch, por ello los seguidores del “Haruhismo” no ven lo malsano de adorar a una menor de ficción: poco a poco la parodia se ha convertido en el máximo exponente de lo que parodiaba. Henrique Lage.

 

espiritu bosque

EL ESPÍRITU DEL BOSQUE – La princesa Mononoke (1997). Decía Stephen Fry en uno de sus ataques contra el catolicismo (y hacia la religión en general) que se veía incapaz de identificarse con ese Dios cristiano, cruel y déspota, aunque sí podría acostumbrarse a las deidades griegas, movidas por apetitos carnales, deliciosamente humanas. Al bueno de Fry le faltó un tipo de ente divino, sin embargo: aquellos que configuran la mitología nipona, combinación de ancestros paganos que el genial de Miyazaki tuvo en cuenta cuando configuraba su canon, Nausicaa (1984). Diez años después Miyazaki volvería a recurrir a parte de esta mitología en La Princesa Mononoke, con un éxito encima mayor. El Espíritu del Bosque tiene tanto de Ursula K. Leguin como de la cultura aborigen apocalíptica de cualquier rincón del mundo (hola, Peter Weir y La última ola -1977-) pasando por Bosque Mitago (1984). Su onírica aparición (su naturaleza cíclica, su cuerpo mutante) ofreció al espectador occidental uno de las más bellas aproximaciones a una cultura que, pese a muchos intentos, estamos aún lejos de comprender. El Espíritu del Bosque no es sólo una entidad, sino la constatación física de un mundo devorado por la corrupción humana. Si hay dioses en la Tierra, sin duda alguna deben ser éstos, vaya: enormes pero frágiles, distantes pero cercanos, milenarios, casi alienígenas. En otras palabras: los únicos capaces de hacernos creer. Otra vez. Jose Manuel Sala

 

todopoderoso

EL TODOPODEROSO – Secret Wars I (1984-85). Entra Mattel, dispuesta a producir toda una serie de juguetes basados en los superhéroes Marvel. La contrapartida que debía abonar el Tío Stan era crear una serie de cómics que sirviera de tie-in. A ser posible con bases y vehículos nuevos para poder vender cuanto más mejor. Entran los grupos de discusión. Niños de ocho años que piden poner héroes y villanos luchando unos contra otros. Modernizar la armadura del Dr Muerte. Las palabras “guerra” y “secreta”. Entra un guionista. Jim Shooter, el único tan loco como para atreverse a contentar a todos. Con lo que sea.

Así nació el Todopoderoso, una deidad de un universo paralelo con un poder inconmensurable, capaz de rasgar una galaxia con solo pensarlo y de derrotar a Galactus de un chasquido. El Todopoderoso se aburre. Le resultan curiosos esos seres disfrazados que batallan en la Tierra  y los pone a luchar en un planeta que ha creado de la nada. Niños entusiasmados. Niños comprando muchos cómics. Yo uno de ellos. Niños pidiendo a los Reyes la base secreta de los héroes. A mi no me la trajeron. Pero el éxito se le subió a la cabeza a Shooter y para la secuela que los fans demandaban (Secret Wars II, 1985-86) pensó que sería una buena idea que el Todopoderoso se hiciera hombre, se diera una vuelta por la tierra para, ejem, aprender lo que significa ser humano. Pero no, no era buena idea. El Todopoderoso se encarnó en una especie de David Hasselhoff vestido al estilo de una exploitation italiana de Star Wars. Transformó un rascacielos en oro macizo, colapsando la economía mundial. Se encontró con chicos maltratados y putas de buen corazón y se convirtió en mafioso por un rato. El Todopoderoso era tan inútil que el mismo Spider-Man tuvo que enseñarle a mear. Todo esto antes de que los superhéroes, tan airados como los lectores, se unieran para destruirlo. Santi Pages.

 

Madoka Kaname

MADOKA KANAME – Puella Magi Madoka Magica (2011). Al hablar de dioses difícilmente vamos a pensar en una risueña chica de 14 años con una vida tan plena que es incapaz de concebir nada que pueda desear en este mundo. Ni siquiera si es una magical girl. Pero Madoka Kaname, protagonista de Puella Magi Madoka Magica, tiene todos los atributos que generalmente atribuimos a los dioses: es omnisciente, fue capaz de manipular las leyes del universo y, en cierto modo, también creó el mundo. Todo ello después de doce de los episodios más descorazonadores de la historia de la televisión en los que asistimos al crecimiento de una niña algo ingenua en alguien capaz de sacrificar su vida por el bien no sólo de sus amigas, sino de todo el cosmos. Y eso, a fin de cuentas, lo que esperamos de un dios: que sea capaz de hacer lo que nosotros, simple mortales, no podríamos hacer jamás. Incluso si es sobreponer nuestro propio interés personal en favor del beneficio de los otros. Álvaro Arbonés.

 

GOZER, EL GOZERIANO – Los Cazafantasmas (1984). Gozer el Destructor, el Viajante, Volguus Zildrohar, señor de Sebouillia… los grandes dioses tienen muchas denominaciones pero un mismo objetivo: conquistar planetas, dominar razas y especies de todo el universo conocido. Esta entidad interdimensional adorada por sumerios e hititas no tiene sexo, a pesar de que puede tomar forma de cantante ochentera. Aunque su verdadero ente corpóreo, con el que entra en faena apocalíptica, se materializa a elección del pueblo. En sus tres advenimientos vino como un Torb, un enorme Sloar o como mascota publicitaria de nubes de gominola. Una extraña vuelta de tuerca a los matices lovecraftianos de su culto, que desde el 6000 antes de cristo tratan de crear el portal correcto para su llegada. En la ciudad de Nueva York, diseñan una estructura reminiscente a un templo mesopotámico enmascarado en edificio art déco que sirve de vórtice para su última llegada conocida. Jorge Loser.

 

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RELIGIMON – The Authority (1999-). La época de desfase milenarista del cómic The Authority vino de la mano de Mark Millar, con Grant Morrison en la sombra y Frank Quitely a los lápices. Esta imagen en particular, la que contiene a la deidad en cuestión, es de Arthur Adams, que también participó en esta propuesta. En ella encontramos la propuesta definitiva del pensamiento corporativo perpetrada por un chamán oscuro para acabar con todas las guerras del mundo mundial: Religimon. En un momento de nuestra historia, en el cual parecía que todo podía ser, Millar y Quitely dieron alas a una ficción revolucionaria donde los Pokemon servían de cáscara satírica para albergar una reflexión que, vista desde el hoy, puede resultar incluso premonitoria. Religimon es el resultado del monopolio de la fe por el mercado. «Y tenemos todos los derechos del merchandising«, rezan los CEOs. Amén. Elisa McCausland.

 

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MORRÍGAN. ¿He escrito “Morrígan”? ¡Perdón! Tendría que haber escrito “La Morrígan”, o atenerme a las (nefastas) consecuencias. Sólo por exigir la presencia de un artículo determinado, el nombre de esta señora ya impone lo suyo. E impone más si tiramos del diccionario de alto irlandés (o de Wikipedia), aprendiendo así que su nombre significa “Reina Fantasma” y que deriva de la raíz indoeuropea “mor”, “terror”. Porque la Morrígan (con acento en la primera sílaba, por favor: la tilde sólo indica que la “i” suena larga) es la señora del canguelo, del acojone, de las canillas flojas. La diosa que te recuerda que, hagas lo que hagas, vas a morir.

Lo que es de ella, se sabe poco. Sólo es seguro que a veces gusta de presentarse junto a sus hermanas Nemáin (o Badb) y Macha (o Anand, que ni en esto los bardos se pusieron de acuerdo) y que tiene mucha mala hostia. Que se lo digan a Cú Chulainn: el héroe del Ulster atrajo sus iras por no haber querido echarle un polvo, y, cuando finalmente se ató a un árbol para morir de pie, tuvo que aguantar que la diosa, metamorfoseada en cuervo, le sacara los ojos. Por otra parte, a la Morrígan también se le atribuyen cualidades proféticas y literarias, estas últimas a la altura de la más refinada poesía vogona: según cuentan, le bastaba con recitar unos versos para que tribus enteras temblasen de pánico. Esas mismas tribus, nótese, cuyos partidos de hurling se puntuaban tanto por los goles que se habían marcado como por los muertos que quedaban sobre el terreno de juego.

Ante tanta reivindicación New Age de las diosas como figuras apacibles (y si vienen en tríada, ni te cuento), adorar a una pájara como la Morrígan me parece muy oportuno. Tal vez ella sea otra encarnación más de la Madre Tierra, pero lo es sin ambages. Lo único que le interesa de ti es tu carne en descomposición, para usarla de abono. Y, por si a alguien le quedan dudas sobre su poderío, que sepa esto: en su figura, como se adivina por su nombre, está el origen de la Morgana de la Leyenda Artúrica. Y también el de la banshee, ese espectro que aúlla anunciando el fin de todas las cosas.Presta atención esta noche, justo cuando el sueño acuda a traerte un olvido fugaz, y probablemente la oigas riéndose en tu puta cara. Yago García.

 

Grant Morrison - Canino

 

GRANT MORRISON – Animal Man (1988-1990). Dios no juega a los dados con el Universo, pero Grant Morrison sí. Su carrera siempre ha estado marcada por su poder: si uno escribe sobre dioses, decidiendo sus problemas, palabras y decisiones, ¿no le convierte eso en un dios de dioses? Con el arrebato que sólo la juventud permite, Grant se presentó a sí mismo en las páginas de Animal Man para anunciar el final de su etapa, hablarle al lector a la cara y justificar sus decisiones creativas ante el personaje que las había sufrido. Lejos del cameo paródico que pudieran haber hecho otros guionistas de superhéroes antes que él, su intervención pone la lupa sobre los demiurgos que ordenan los universos ficticios consumidos por millones de personas.

Pero Morrison es al mismo tiempo muy humano, porque nunca ha abandonado su postura. Nunca ha dejado de ser consciente de que juega a los dados, de que tiene un poder inmenso para ser un dios cuyo poder no viene de la creencia de otras personas en él mismo, sino de la fe puesta en los dioses que él maneja a su antojo. Después de admirar su carrera, uno puede coger un tebeo suyo y apreciar que, cuando mata o hiere a alguien, es importante para Morrison porque esa gente de las viñetas es real. En un medio donde Len Wein, editor de Alan Moore, espetó a éste «Ok, lisia a esa perra« respecto al incidente de Barbara Gordon en La broma asesina, se agradece la candidez que lleva a Grant Morrison a pedir perdón por matar a la familia de Buddy Baker en Animal Man. Alabado sea Morrison. Adrián Álvarez

 

insectgod

EL DIOS DE LOS INSECTOS – El Dios de los Insectos (1963). Aunque no es una de las obras más populares de Edward Gorey, lo cierto es que esta desoladora miniatura fue publicada en compañía de El ala oeste y, sobre todo, Los pequeñines macabros en un solo libro, The Vinegar Works, tres volúmenes de enseñanza moral. Su éxito revelaría a Gorey el camino gráfico y espiritual a seguir para alcanzar la inmortalidad como creador macabro: ambientaciones decimonónicas, inspiración en rimas infantiles (Los pequeñines macabros es el famoso libro del alfabeto de muerte infantiles) y, sobre todo, niños como receptáculo de las muertes más atroces y, a la vez, escalofriantemente cotidianas. El Dios de los Insectos no comparte aún del todo esos tics humorísticos del Gorey más refinado y posterior, y quizás por eso es tan sintético y aterrador: una niña es raptada y sacrificada de forma ritual a un dios ignoto, cruel e inhumano, uno que a diferencia de los griegos, los romanos, el Dios de los judíos y hasta los crueles pero relativamente predecibles dioses aztecas, algo tienen de antropomorfizados. El Dios de los Insectos es venerado por insectos gigantes y, posiblemente, como ellos, es la criatura más abominablemente alejada de Lo Humano que se puede concebir. Por eso sus acólitos raptan niños, los llevan a mansiones en el fin del mundo (o en las afueras de la ciudad) y dan buena cuenta de ellos. Cruel, sí, pero así es la vida. John Tones.

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3 comentarios

  1. atr dice:

    Año tras año los más estúpidos de nuestros congéneres llenan las calles y plazas de nuestras ciudades con su patética representación de penitentes y nazarenos, en nombre de una de las mayores tonterías que han inventado los más dementes: el hijo de sí mismo y nacido de una virgen se inmola para aplacarse a sí mismo de un "pecado" frutal que cometieron un trozo de barro y su costilla engañados por una serpiente parlante. Y estos pobres dementes en lugar de estar en un psiquiátrico exhiben con orgullo su locura. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2016/03/menos-mal-que-los-catolicos-son-unos.html

  2. Laura dice:

    El Dios de los Insectos tiene una canción aterradora! Qué ilusión descubrir este vínculo. http://lasbuenasnoches.bandcamp.com/track/el-dios-insecto

  3. Tones dice:

    Buenísima, muchas gracias!!

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