[Todos a una] Las decepciones de 2015

No todo iba a ser jolgorio: un año da mucho de sí, y también hay lugar para películas, lecturas, series, libros y acontecimientosque no llegan a ser todo lo que esperábamos. De hecho, incluso entre nosotros hay contradicciones: ahí está, entre esta lista de fiascos, una de las películas que en otro momento ha sido más elogiada por muchos miembros de esta redacción; o un disco que hemos saludado efusivamente cuando salió. Recordamos que cada opinión aquí es única e intransferible de su autor, así que sumerjámonos sin miedo en un abismo de amargura cultural. ¡Las bajonas!

FRANCESC MIRÓ – Guy Ritchie y Operación U.N.C.L.E.

Yo amaba muy fuerte a Guy Ritchie. Mi cinefilia empezó con una extraña mezcla de preadolescencia alterada, clásicos descubiertos y entronización innecesaria por adoración de nuevos talentos. Snatch, Cerdos y diamantes (2000) y Lock & Stock (1998) eran de aquellas películas que veía de manera obsesiva. Nunca vi Barridos por la marea -2002- (lo sé) y RocknRolla (2008) y las dos Sherlock Holmes (2009 y 2011) me parecían divertidas y eficaces películas que tenían, eso sí, un innegable talento tras la dirección. Qué gran decepción descubrir que su última película era una vuelta de tuerca a su estilo, de una masturbación artística exagerada y carecía de la gracia auténtica e imprevisible de otras de sus películas. Aun contando con escenas en la que, a lo lejos, se atisba el genio, dichos toques no justifican su desarrollo de manual ni la falta absoluta de carisma de sus protagonistas, dedicados en cuerpo y alma a ser guapos y altos. Actuar ya, otro día.

MARIANO HORTAL – Los amiguismos culturales.

Babelia

Cierto, no es nuevo, lo sé. Sin embargo, este año ha sido más palpable esta sensación. Lo de Babelia ya lo sabíamos todos: supuesta abanderada de prestigio del periodismo cultural, no siente ningún tipo de vergüenza al criticar libros que son afines a su negocio, hay editoriales que no aparecen (ni aparecerán nunca) por sus páginas por estos mismos motivos. Y con algunos medios en internet es aún más clamoroso, ya que destacan casi siempre las obras que sacan los dos monopolizadores de novedades (que no voy a nombrar ) y olvidando una y otra vez lo que editan compañías más pequeñas. Lo peor ha sido, sin embargo, comprobar que esta corrupción se aplica igualmente a los blogs, con casos que rozan el puro esperpento: recomendaciones increíbles que se consiguen con simples regalos de libros y que dañan aún más el panorama cultural. ¿Quién se puede fiar de opiniones tan polarizadas? Yo, desde luego, cada vez menos, y eso, sinceramente, me llena de desesperanza ante el futuro.

JÓNATAN SARK – Las muertes.

pratchett

En 2015 ha terminado la vida de algunas personas que esperábamos que vivieran para siempre. O, al menos, un poco más. Peter Dickinson es el más reciente, un autor de libros de misterio con toda la elegancia de los ingleses. Probablemente no sea el más recordado en un año en el que se nos han marchado grandes como Leonard Nimoy, B.B. KingWilliam McIlvanney. Un año lleno de bajas para el mundo de la cultura con la despedida de grandes nombres como los de Colleen McCullough, Scott Weiland, Shigeru Mizuki, Anita Ekberg, Gunnar Hansen, Demis Roussos, Brian Clemens, Maureen O’Hara, Günter Grass, Yvonne Craig, Percy Sledge, Ruth Rendell, Henning Mankell, Oliver Sacks, David Nobbs, Omar Sharif, Ron Moody, James Salter, Patrick Macnee, Peg Lynch o Jackie Collins. Pero, al menos para mi, también la desaparición de creadores cuya marcha apaga referentes, historias y formas de entender el juego creador, como el director y guionista siempre arriesgado aunque no siempre acertando que era Wes Craven, el gran caballero en destacar en lo que emprendiera que era Christopher Lee y, sobre todo, la enorme pérdida humana, literaria y humorística que supone la desaparición de Terry Pratchett. Echo la vista atrás a todos los que se han ido, cercanos, lejanos, más o menos conocidos, y no puedo más que lamentar el altísimo nivel que tendrán este año los ‘in memoriam’. Aunque a mí me quitarían las ganas de aplaudir.

CARLOS RAMÍREZ – U2: Innocence + Experience Tour 2015

https://www.youtube.com/watch?v=wAQvm-Ki5rM

El mejor álbum desde All That You Can’t Leave Behind (2000). La peor gira desde ídem. “La fórmula ‘muchos conciertos en espacios reducidos’ servirá para renovar un poco el armario de los setlists”, dijeron los irlandeses. Que sacarían ropas ya un poco ajadas como With Or Without You y Pride y las sustituirían por prendas prácticamente nuevas, como la inmaculada Acrobat, canciones memorables de Pop (1997) o Kite, una balada que nada tiene que envidiarle a la agotadísima One. Con lo que nos hemos encontrado ha sido, en cambio, con setlists perezosos y comodones, por no hablar de una pésima distribución de entradas, un diseño del escenario que perjudicaba a toda una grada (en la que, adivinen, se encontraba un servidor) y un grupo que se preocupa cada vez menos por camuflar con ingenio su reconocida falta de técnica. Toca esperar a la segunda manga.

JESÚS ROCAMORA – Déjà Vu, de Giorgio Moroder.

No tengo nada en contra de la EDM. Es una música que me gusta escuchar cuando voy en el coche, como Katy Perry o el soft rock. Pero la vuelta de Moroder con su primer álbum después de treinta años se la debemos a Daft Punk, que precisamente invitaron al maestro en Random Access Memories (2013) como reacción old school disco frente a esa EDM amable y pegadiza que ya podemos considerar la nueva radiofórmula global y que, en tres pasos, se resume en: un DJ/productor bien afeitado, una diva del pop bajo el filtro Valencia de Instagram y un estribillo machacón que lo mismo sirve para un anuncio buenrollero de teléfonos que de música de fondo para el vermú del domingo. Moroder la tiene, claro, más grande que nadie, y lo demuestra con un ejército de cantantes de ayer y hoy (Kylie Minogue, Sia, Britney Spears, Charli XCX, Kelis, Foxes, Marlene) que son lo mejor de este trabajo donde, curiosamente, no hay hueco para el déjà vu. Pero ni siquiera juntas consiguen salvar a Moroder del aprobado por los pelos. Recapitulando: estamos ante un montón de canciones ideales para los siguientes contextos: 1) la fiesta de cumpleaños de tu sobrina de 9 años, cuando te saca a bailar y haces el corro de la patata de la mano de un montón de críos; 2) una barbacoa con los compañeros de trabajo de tu novio, con los que no compartes nada salvo la panceta; y 3) conducir, especialmente cuando tienes que ir al supermercado a hacer la compra del mes y la radio ya ha escupido todos los oldies & goldies que un ser humano en sus cabales puede soportar.

VÍCTOR NAVARRO – Lo de Konami

Konami ha protagonizado algunos de los momentos más vergonzosos del año en la industria del videojuego. Su culebrón con Hideo Kojima es difícil de entender, así que me limitaré a explicar la parte más dolorosa para mí: la desaparición de P.T. El año pasado, Kojima y Guillermo del Toro firmaron uno de los mejores videojuegos de terror que se han hecho jamás. Y ni siquiera era un juego. Era una demo de Silent Hills exclusiva para PS4. Konami y Kojima han roto su contrato y Silent Hills ha sido cancelado, así que la compañía nipona ha eliminado P.T. de la tienda digital de Sony. Duele pensar que muchísima gente se va a quedar sin probar una obra tan importante como ésta.

ELISA McCAUSLAND – Mad Max: Fury Road

Si el viaje de la heroína pasa porque ella sea, primero, consciente del contexto para, segundo, subvertirlo, Mad Max: Fury Road es el ejemplo claro de que, para plantear dicho viaje, lo primero que debemos exigirle a la ficción es un escenario verosímil, y unos patriarcas que trasciendan la máscara, el estereotipo. Querer enmarcar desde la nota de prensa de la distribuidora, desde el comentario entusiasta de su director, George Miller, a Furiosa como heroína feminista no hace de ella, ni de sus compañ[email protected] de viaje, tal cosa. Ha habido quienes han querido ver en su ida y vuelta algún tipo de emancipación al margen del héroe, eclipsado para mayor gloria de lo políticamente correcto. Una película que dice ser muy extrema, muy loca, pero que apenas logra liberarse de su tufillo oportunista.

JULIO TOVAR – Charlie Hebdo y el fin de la sátira

hebdo

Hace poco Le Monde reeditó El fanatismo o Mahoma (1736), obra con la que Voltaire -tan poco leído aquí- intentaba hacer sátira a la Iglesia Católica. Pues, fascínense, esta obra es ya ahora una sátira al Islam radical: el desplazamiento religioso ha destruido la metáfora por la literalidad.

Los atentados de Charlie Hebdo son el final de una era, ya que suponen por primera vez la certificación de la violencia contra el pensamiento subversivo. Esto no es casual: a Salman Rushdie lo pudimos salvar; a los tipos de Hebdo no. Y eran, además, terroristas relativamente jóvenes; de una juventud enragé que prefiere los dogmas al humor. La consecuencia literal es un proceso de acobardamiento generalizado, en el cual los dogmas ya impiden cualquier parodia por la nobleza de los propósitos de cualquier partido.

¿Te metes con Podemos? Fascista. ¿Con Ciudadanos? Fascista. ¿Con Rajoy? Bolivariano. Ante esa crisis de la sátira, que es más una rama del pensamiento racional que un panfleto (por eso Ciudadano Cake o Wyoming son lamentables, en gran parte), el acobardamiento generalizado ha sido la consecuencia directa. ¿Los hitos? Guillermo Zapata purgado de la política en 2015 y, de manera más cruel, César Strawberry –el Dios de la sátira aquí- denunciado por delitos de terrorismo. ¿Qué será lo próximo? ¿Denunciar al abuelo facha que dice “Viva Franco” en un bar? ¿Meter en la cárcel al sindicalista que pone canciones a favor de la URSS?

El futuro es extraño, sin duda, y Vds., con su piel tan susceptible, son los principales inquisidores. Citando a John Cleese, nuestro gurú, “la sensibilidad de una persona no puede coartar la libertad de todos”.

Adrián Álvarez – Jurassic World

La palabra decepción se queda corta para lo que siento hacia Jurassic World, y no lo digo como un devoto de Jurassic Park (1993), sino como espectador. Decepción supone que esperaba algo y no lo obtuve, pero verla hasta el final fue una experiencia hostil, como cenar en un mal restaurante y caer enfermo al día siguiente. Desprecio esta película, porque me parece el epítome de lo que va mal en Hollywood y creo que no hay nada en ella que se pueda salvar. No entiendo a la gente que le perdona todo sólo porque es algo divertida gracias a una constante, pero estúpida, propulsión: si protestas porque el Metro llega tarde, no entiendo cómo no protestas porque una película carece de inteligencia, coherencia y sentido. Es, en definitiva, ese tipo de cine que nos rompe la más poderosa ilusión del entretenimiento: que sus 150 millones de presupuesto hubieran sido menos molestos comprando 150 millones de silbatos. Serían 150 millones de niños haciendo ruido y un mundo sin Jurassic World: un mundo mejor.

KIKO VEGA – The Libertines.

Vaya, se confirmó mi mayor temor: The Libertines nunca deberían haber vuelto. Su tercer disco está lleno de aburridos tiempos medios, guitarras acústicas, rehabilitación y madurez mal entendidas y pianos. Sí, pianos. Ni rastro del frenesí voraz que nos enganchó a primeros de la década pasada. Poco más allá de los tres primeros cortes del disco. Ya tengo entrada para la gira europea, pero creo que servirá como despedida. Al menos como despedida mía del club de fans. Fuera de las guerras, las armas, el terrorismo y la campaña del Partido Popular, el único evento del año banal que me ha roto el corazón.

ALBERTO MUT – Cancelación del Aliens de Blomkamp.

blokamp

Prometheus (2012) me gusta. Me gusta Alien Vs. Predator (2004). Me gusta hasta el montaje original, aunque el del estudio mucho más, de Alien 3 (1992). El único fragmento de metraje xenomorfo que aborrezco es ese Dawson Crece con aliens llamado Aliens vs Predator: Requiem (2007).  Me he leído todos los tebeos de Dark Horse y hasta las novelizaciones de Alan Dean Foster. Vamos, que soy muy fan. Tan fan que cuando se anunció la secuela de Blomkamp, uno de mis directores de ciencia-ficción favoritos, con una visión, una imaginería y una calidad en los efectos que me deja pegado a la butaca cada vez que estrena película, y cuando encima se anunció que retomaba la serie justo donde acabó Aliens (1986), mi alegría se pudo registrar en los sismógrafos de medio mundo. Por eso ese «on hold» indefinido basado en el avance del canon por parte de lo que ya se conoce como Alien: Covenant (a la que también tengo ganazas) es como si me quitaran la miel de los labios cuando apenas la he probado. Es retrasar lo inevitable, porque nadie ha hablado de cancelación, pero es una putada como un dios. La decepción del año sin duda.

ANDRÉS ABEL: Cuatro Fantásticos de no-Josh Trank

Decepción sí, pero no porque no me gustara, sino porque después de ver cumplida la promesa del “director” Josh Trank de unos 4F inspirados en Scanners (1981) y La mosca (1986) durante los dos primeros actos, el mal sabor de boca que me dejó el infame tramo final fue doblemente amargo. A pesar de todo lo que se ha escrito es muy probable que nunca sepamos quiénes fueron los verdaderos culpables del despropósito, si el realizador que se lava las manos, o los productores que las metieron demasiado (de ahí las comillas de antes), pero hecho el estropicio poco importa ya quién malogró esta, potencialmente fantástica, película de monstruos.

CHEMA MANSILLA – Fallout 4

Soy un fanboy de Bethesda y de Fallout, pero no me he tirado ocho años esperando este juego para que la mayor innovación que me ofrecen sea jugar a las casitas e ir acompañado de un perro (que a veces desaparece mágicamente con todo tu equipo). Vale que la historia está bien, y que el juego es GRANDE y que hay mucha misión secundaria. Que todo lo que nos gustaba de Fallout 3 (2008) está ahí. Pero ese es el problema, que casi es el Fallout 3. Me duele decirlo, pero Fallout 4 no deja de ser más de lo mismo y no se come ni media galleta, porque aburre en cuanto terminas la historia principal, y ni es especialmente bonito, ni ofrece nada nuevo.

 

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad