[Todos a una] Milenaristas, palmarianos, satánicos y devotos: las sectas más locas

La proximidad de la Semana Santa nos pone píos y espirituales, y por eso para nuestro artículo colectivo semanal dedicamos nuestro recuerdo a algunos entrañables y temibles (a veces simultáneamente) grupúsculos de creyentes en el fin del mundo, el advenimiento de Satán o cualquier otro apocalipsis. Ficticias o reales, estas son algunas de nuestras sectas favoritas.

Por supuesto que no están todas las que son: faltan montones, unas terribles, otras risibles, todas sospechosas. Si nos hubiéramos quedado en la ficción tendríamos para llenar decenas de artículos como este, y si nos hubiéramos quedado en las reales, decenas de artículos para garantizar que no son de ficción. Pero hemos escogido unas pocas sectas que nos prometen cosas bellas (o terribles) y a las que no conviene acercarse salvo que seas muy fan de los cambios radicales. A todos los niveles de la existencia.

La Iglesia del Proceso del Juicio Final

Las mejores sectas

Robert Moore y Mary Ann MacLean se conocieron en 1963 en un curso de dianética. Carismático y con pinta de profeta del Antiguo Testamento, él; fría y manipuladora, ella. La pareja perfecta de psicópatas narcisistas. Pronto quedó claro que sus métodos eran demasiado radicales para la Cienciología, así que, ni cortos ni perezosos, decidieron iniciar su propio culto, la Iglesia del Proceso del Juicio Final, popularmente conocida como El Proceso. Más o menos por aquella época, Mary Ann convence a Robert para cambiar sus vulgares apellidos por el algo más aristocrático DeGrimston. Los DeGrimston reclutan a sus adeptos entre lo más selecto de la sociedad londinense: médicos, ingenieros, agentes de bolsa… gente con dinero que pasará rápidamente a engrosar la cuenta corriente de la pareja.

Grupo de psicoterapia extrema o cristianos gnósticos radicales, lo más característico de El Proceso era, sin duda, su imagen. Túnicas negras sobre las que destellaban cruces de plata, efigies de Baphomet o estilizadas esvásticas. Los procesanos siempre se movían en grupo, y siempre acompañados de sus perros, una impresionante jauría de pastores alemanes. Sea como fuere, todo cambia radicalmente tras la experiencia de Xtul, las ruinas mayas que los adeptos llevaban meses visualizando durante sus sesiones de meditación. A su llegada a Xtul, un huracán golpea las costas mexicanas, dejando a los procesanos aislados en la ciudad abandonada durante tres días, momento en el que Robert comienza a recibir transmisiones de los que será su propio Necronomicón, Los Diálogos de Txul. A partir de aquí, la conversión de El Proceso en culto apocalíptico está consumada. La doctrina recibida hablaba de la proximidad del fin de los tiempos, momento catastrófico en el que se produciría la síntesis final entre los opuestos, Satán y Jesucristo. Mientras esperaban tan ansiado acontecimiento y se preparaban para reinar entre las ruinas de nuestra civilización, los miembros de El Proceso podían escoger su propia alineación moral, como en una partida de Dungeons & Dragons: jehovanos intolerantes; luciferinos sensualistas; satánicos… bueno, los satánicos tenían que ser la fuerza de choque, algo no muy distinto de una banda de moteros violentos.

La proximidad de la Semana Santa nos pone píos y espirituales, y por eso para nuestro artículo colectivo semanal dedicamos nuestro recuerdo a algunos entrañables y temibles (a veces simultáneamente) grupúsculos de creyentes en el fin del mundo, el advenimiento de Satán o cualquier otro apocalipsis. Ficticias o reales, estas son algunas de nuestras sectas favoritas.

Los DeGrimston se ponen a propagar la buena nueva con fervor, sus tentáculos llegan a todas las mecas de la contracultura de los sesenta, se aproximan a personajes como Neil Young y Marianne Faithful a los que, si hay suerte, entrevistan para su revista. Porque El Proceso edita una revista homónima, llena de cómix underground, textos visionarios y loas a la figura de Adolf Hitler… será en California donde entren en contacto con otro buscavidas llamado Charles Manson, que ya se había empapado de cienciología durante una de sus estancias en la cárcel y que ahora se disponía a transformar las visiones apocalípticas de Robert en su propia mitología de Helter Skelter y guerra de razas. La asociación con Manson hizo mucho daño a El Proceso, que, de hecho, nunca se recuperaría del todo a pesar de los esfuerzos de los DeGrimston, que en los años sucesivos llegarían hasta a cambiar el color oficial de los túnicas procesanas, primero al gris, después al azul, con la vana esperanza de transmitir una imagen menos malvada.

Lo último que sabemos de Mary Ann es que regentaba una librería esotérica en Toledo, Ohio, a finales de los setenta. Robert acabó trabajando para una compañía telefónica. Félix García

El Palmar de Troya

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También conocida como La Iglesia Católica Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz, la Iglesia Palmaria o Palmar de Troya, como se le conoce popularmente, es una de las sectas con más renombre de España. Sobre todo a raíz de que en los últimos años hayan salido a la luz varios testimonios de lo que ocurría realmente allí dentro. Todo empezó como suelen empezar estas cosas en nuestro país: unos niños ven a la Virgen, la gente se lo cree, se arma la de Dios, nunca mejor dicho, y llega uno que es más listo que los demás y decide sacar tajada del asunto. En este caso fueron dos: Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral

Clemente Domínguez, ayudado por Manuel Alonso Corral, se convirtió en el vidente mayor del lugar. Estigmatizado y adorado por sus fieles, se autoproclamó Papa “estando en la cama con un chico colombiano”, según las palabras de uno de los exobispos expalmarios que ha decidido hablar, el Padre Guido. Según este mismo testigo, cuyo nombre real sigue siendo ocultado por miedo a las represalias, los altos cargos del Palmar eran adictos al lujo y al sexo. Esta secta se financia con las limosnas de sus fieles y millonarias donaciones que reciben, en su mayoría, desde el extranjero. Los miembros de la secta tienen prohibido relacionarse con gente que no pertenezca a su organización. Por supuesto, tampoco tienen acceso a Internet y ni siquiera se les permite hablar por teléfono. Al fin y al cabo, es lógico: Jesucristo tampoco tenía smartphone. Perra de Satán

Tus vecinos los satánicos (La semilla del diablo)

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Vaya movida los vecinos, ¿eh? Lo mismo llaman a tu puerta para pedirte azúcar o preguntarte si quieres subir a ver el programa de Bertín que te montan una gestación infernal. Claro que para eso deberías tener un marido compinchado con ellos. Bueno, él y un montón de gente corriente que en realidad pasa las horas muertas adorando al diablo mientras buscan alguien tan ingenuo como tú para darle un gato por liebre que ríete tú de los Looney Tunes.

Esa gente normal, ordinaria y cercana es en realidad la que más debes temer. Sobre todo como te empiece a ir bien en la vida. Ya te lo decía tu madre: no cojas caramelos de gente desconocida. Yo añadiría que no cojas nada, ni caramelos ni collares. Cierra puertas y ventanas y ponte una buena peli. Kiko Vega

El culto de Michel 

Él te mira, te observa. Sabe que quieres ser feliz, tener una gran familia, huir de esta sociedad nihilista y llegar a Dios. Así, emerge de las aguas, en la California de Denver el Dinosaurio, con su cuerpo vigoréxico, su bañador Speedo marcapaquete y su cohorte de chulazos que actúan como serafines protectores. Esta es la secta de Holy Hell: un documental realizado por Will Allen sobre su estancia en un culto californiano desde mediados de los ochenta hasta 2007 dirigido por un exactor porno gay, secundario en La Semilla del Diablo de Roman Polanski, y que llegó a convocar cientos de americanos faltos de fe con su mirada penetrante, propia de un culebrón venezolano. He ahí una estrella, que solo responde al nombre de Michel, y que gracias a esas capacidades de hipnoterapista captó decenas de americanos tolis como vasallos.

Todo comienza con inocentes excursiones campestres (¡génesis de toda gran secta!) para acabar en Tejas erigiendo un teatro donde se planificaban musicales contra la promiscuidad. Mientras coartaba la sexualidad de todos sus creyentes, que tenían menos sexo que una convención de furrys aficionados a Linux, él montaba a lomos del placer -de manera literal- con su guardia imperial rocosa compuesta de jóvenes mazados.

Will Allen estuvo 22 años en esta secta y sobrevivió a sus mentiras, control y un sexo uranista que rozaba la violación. La pregunta es… ¿vds. lo habrían hecho? Julio Tovar

Las sectas del YK2 y el eclipse de Nostradamus

Año 1999: estamos a las puertas del aterrador YK2, el cambio de milenio -y encima con trampa, ya que el cambio propiamente dicho se dio al pasar del año 2000 al 2001- que iba a mandar al infierno a todos los sistemas informáticos, la antesala de la dominación del mundo por Skynet. James Cameron was right. La fecha se convertía así en la excusa perfecta para los gurús de cuarta, santones de baja estofa y charlatanes varios, que utilizaron el “efecto 2000” para engrosar sus filas con acólitos especialmente lentos y obtusos. Total, desde que existe sobre la tierra el homo sapiens sapiens solo ha habido 130 cambios de milenio…. Pero hasta las fuerzas del orden acabaron por caer en esta espiral de tontuna: un informe secreto de la policía británica aconsejaba vigilar a los fans de series como Expediente X o Star Trek, ya que imaginaban que eran carne de cañón para formar parte de peligrosas sectas mileniaristas. Pobres trekkies.

De entre todos los grupúsculos apocalípticos más o menos dañinos que surgieron como setas, uno de los más llamativos tenía una subdelegación en Tarragona y Gerona, en el Baix Empordá. Bajo el nombre renovables-friendly de Asociación de la energía universal y humana, la secta constaba de unos 20.000 miembros repartidos por todo el orbe y seguía los preceptos del vietnamita Luong Minh Dang. Los catalanes, en concreto, construyeron dos búnkers en lo alto de colinas para llevar lo mejor posible el Diluvio Universal que iba a arrasar con todo el 11 de Agosto de 1999, justo tras un eclipse de sol. Nostradamus era el culpable de tan funestos vaticinios -cuando una secta se queda sin ideas, basta con echar una ojeada a las profecías del astrólogo francés-, pero parece que la cosa no fue demasiado convincente: la policía dijo en su día que los días previos y posteriores al eclipse “no hubo mucho movimiento por la zona” (sic).

El eclipse de marras, al ser el último del milenio, disparó la imaginación de miles de iluminados, pero nuestro favorito será por siempre el diseñador Paco Rabanne, que anunció a bombo y platillo su retirada del mundo de la moda, ya que tras leer concienzudamente los escritos de Nostradamus, “averiguó” que tras el eclipse de sol, la Estación Espacial MIR caería sobre París formando una bola de fuego que arrasaría con media ciudad -léase esta última línea con voz de Carlos Jesús-. Pero no todo van a ser chaladuras y disparates: el cambio de siglo también nos depararía una gloriosa serie de Chris Carter -la nunca suficientemente ponderada Millennium (1996)-.  

Y de todas formas, cuando escuchamos la palabra “milenio” -pese a sectas de todo pelaje y condición, pese los libracos de Stieg Larsson, pese a la actriz de Satoshi Kon y pese al mambo de Hou Hsiao Hsien-, por encima de todas las cosas, un ser maravilloso de chaqueta amarilla llena todos nuestros pensamientos, y de ahí el video imperecedero que abre este texto. Sirvan estas líneas como sentido homenaje. Javier Trigales

Misión del Rayo Catódico (Videodrome)

Toda secta basa sus fundamentos en ofrecer a sus fieles una nueva vida distanciada de las cuitas materiales del pasado. Un trascender, un encontrarse a sí mismos o al Otro a través de la aniquilación o la transformación. Pocas cosas se me ocurren más afines a ese propósito que la Misión del Rayo Catódico dirigida con televisiva y alucinatoria mano de hierro desde el fondo de miles de VHS por el profesor O’Blivion. Con lemas de carácter semibíblico e indudablemente apocalípticos como “La pantalla de televisión es la retina del ojo de la mente“, la Misión del Rayo Catódico es solo el principio de la inmersión del fiel en las tesis de la Nueva Carne, una religión basada en la destrucción de Videodrome -porque siempre se empieza por acabar con los enemigos- y luego, ya que estamos, en la desintegración de la realidad para reintegrarse fundida con lo mecánico, y convertirnos así en seres más trascendentes de lo que somos ahora. Os diría que es la Secta Perfecta Para El Futuro, pero teniendo en cuenta que llevamos sumergidos en sus preceptos desde hace tiempo, lo mejor que podéis hacer es abrazar la muerte de Videodrome. Y larga vida a la Nueva Carne. John Tones

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