[Todos a una] Nuestros libros favoritos de 2015

Tras el típico paréntesis navideño (¡dos días! ¡tomar aire y medio mazapán y ya estamos de vuelta!), retomamos nuestro recuento de lo mejor del año. Que no es lo mejor sin discusión ni matices, sino simplemente las propuestas culturales que más nos han llamado la atención. Hoy, libros.

Y esto piensan nuestros expertos:

JOSÉ MANUEL SALA – Revival, de Stephen King

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Con un poco de retraso llegó la traducción de la última novela de Stephen King a las tiendas españolas. Presentar a King a estas alturas parece una tarea innecesaria, pero conviene destacar Revival por varias razones . La primera es que nos encontramos con la primera novela de terror de King tras afortunadas incursiones en el género negro y esas dos descomunales obras a reivindicar que son La Cúpula (2009) y 11/06/1963 (2011). En segundo lugar, porque en la opinión de este colaborador es la mejor novela del bueno de Maine desde hace un par de décadas; de extensión reducida, directa al estómago pero al mismo tiempo preocupada por los mismos temas de siempre: el fin de la infancia, la adicción y el horror del más allá. La tercera razón es su final, no ya heredero de Lovecraft sino de ese revival gótico de autores que muestran a King como un auténtico catalizador de influencias. Una verdadera joya que demuestra, una vez más, que King aún tiene mucho que decir.

MARIANO HORTAL El cuaderno perdido, de Evan Dara

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Escoger un libro, en mi caso, es verdaderamente difícil; en mi blog personal suelo hacer una lista que va de diez a veinte libros según año. Así que, cuando me piden que seleccione uno, suelo escoger alguno de los de la lista que signifique algo especial; de ahí que mi elección haya sido uno de los que saca la editorial Pálido Fuego, una editorial muy pequeña, artesana prácticamente, que ha optado por un catálogo realmente difícil , un sello de calidad que les distingue sobre el resto y que recupera obras que nunca debieron haber sido olvidadas. Suyo es el rescate de autores tan interesantes como Coover, Vollman, De la Pava, Boudinot, Danielevski o el propio Evan Dara; El cuaderno perdido es paradigmático porque representa, sin lugar a dudas, su sello de identidad: una obra complicada, polifónica, donde los personajes no se identifican y todo se convierte en una narración conjunta (alguno lo bautizó como colmena) que, a pesar de lo que pudiera parecer, no resulta fría. Al contrario, consigue que empaticemos  aún más con la destrucción de una sociedad contemporánea que bien podría ser la nuestra en el futuro. Exigente, sin duda, pero un reto más allá de lo comercial que deja un montón de sensaciones inolvidables.

ÁLVARO ARBONÉS – Acéphale, de Georges Bataille

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A estas alturas resulta incluso ridículo tener que resaltar la importancia que tiene Georges Bataille en la composición del siglo XX. El gran teórico del erotismo, lo sagrado y la escritura obsesiva e intrincada es rescatado aquí a través de un edición facsimilar de los cinco números que publicó de la revista que también sería órgano oficial de su secta, Acéphale. Filosofía nietzschiana de altos vuelos, alucinada la mayor parte del tiempo, tremendamente política a veces y obsesionada con la estética siempre, todos los nombres propios involucrados son una patada en la boca a la sociedad incluso para los cánones actuales: Roger Caillous, Jean Wahl, Pierre Klossowski, André Masson, Jean Rollin y, por supuesto, el propio Bataille, entre otros. Una joya del pensamiento ya no francés o de principios del siglo XX, sino del pensamiento universal.

KIKO VEGA – 10.000 millones de naves, de Pablo Vergel

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Autoeditada y con un portadón de Pablo Ríos (además de un marcapáginas hipervitaminado a cargo de Salvador Larroca), la primera novela de Pablo Vergel, gran ufólogo y mejor persona, es un apabullante viaje a toda velocidad por una ciudad de Barcelona tan loca como el Madrid de El día de la bestia. Pasar de Larry Cohen a Alfonso Arús en un par de páginas y disfrazar de serie B callejera una trama que en otras manos daría para un bestseller por el que mataría Ron Howard tiene mucho mérito. Un soplo de aire fresco entre tanta palabrería sobrecargada, lleno de honestidad y buenas intenciones. Un viaje realista junto a nuestros “héroes catódicos” de la adolescencia.

JULIO TOVAR – Mis almuerzos con Orson Welles, de Henry Jaglom (Edición de Peter Biskind)

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Este libro con el director de mayor volumen de Hollywood es una descacharrante mezcla entre alta y baja cultura. Entre el Welles más cuñao (“No quiero a Dustin Hoffman de presidente, es demasiado étnico”), el más cultureta (recita a Shakespeare de memoria) y el más amargado (rememora todos sus proyectos fracasados), Biskind transcribe sus conversaciones con el director de los setenta Henry Jaglom. De personalidad excesiva y con un ego monstruoso, sorprende la marginación a la que someten sus últimos proyectos y también como arruina por su propio carácter todas las producciones. Hay, además, muchas reflexiones cinematográficas muy agudas: odio hacia Hitchcock, hacia la sobreiluminación en el cine y, especialmente, a los productores dominantes (su juicio de Thalberg es agudo e hilarante). Ahora, su libro alcanza su gran momento proustiano con la descripción de sus amores con Rita Hayworth: “Más tarde, cuando yo estaba en Roma trabajando en Otelo me llamó y me dijo: «Ven esta noche a Antibes.» No me dijo por qué, así que pensé que le habría ocurrido algo grave. No encontré avión y tuve que volar en un avión de carga, de pie, entre un montón de cajas. Llegué al hotel, ya sabes, a ese hotel, subí a la mejor suite, ya sabes, esa suite, y me abrió la puerta. Llevaba un salto de cama y el pelo suelto, su maravilloso pelo suelto“. Welles no volvió con ella, y acabó con una actriz de medio pelo italiana, que casi le arruina. Esa anécdota resume su carrera y el libro.

FRANCESC MIRÓ: Elsewhere, de Escif

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El artista urbano más importante del panorama valenciano, y parte del español, ha editado este año un libro que recopila todas sus obras a lo largo y ancho del mundo. Desde Francia e Italia hasta Senegal, el artista ha hecho de las suyas: arte y cultura en espacios públicos y compartidos, que ilustran y reflexionan sobre un mundo cada vez más enajenado. El libro es el resultado de una campaña de financiación en la que participaron 270 personas y su contenido, bajo licencia Creative Commons, cuenta con textos de Santiago Alba Rico, Hakim Bey y Diego Bianchi. Como no podía ser menos, se trata de un libro de cuidadísima edición que golpea desde la imagen como Borges desde la letra: cada obra de Escif te hará cerrar el libro y pensar en qué estás haciendo con tu triste vida.

ELENA ROSILLO – Alpheratz, de Jorge Castro.

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Nos explica el periodista y escritor Manuel Domínguez Moreno en el prólogo de este poemario, editado por Poesía eres Tú, que Alpheratz es el nombre por el que conocemos a la estrella más brillante de Andrómeda. Una estrella desconocida que ilumina sin saberlo las noches de un planeta lejano, lejanísimo, en el que miles de hormigas cósmicas la admiran, también muchas veces sin saberlo. Muy pocos saben que esa pequeña luz es en realidad un astro que resiste toda la boina de contaminación madrileña para ser el último reducto de la pureza del cielo. Una estrella que, a miles de kilómetros de aquí, brilla con una luz cegadora y desproporcionada. Casi igual que las estrellas que cada martes recorren un pequeño rincón de Chueca, admiradas sin saberse reconocidas, brillantes a pesar de ser lejanas para la mayoría, resistiendo la contaminación informativa y cultural de las calles madrileñas, guardando aún la pureza de las noches en las que Valle-Inclán se reflejaba de manera convexa en el Callejón del Gato. Se trata de un micro abierto de música, de cantautores. Y uno de ellos, al que en esta ocasión denominaremos como el más brillante, aunque nunca fuimos dados a las comparativas, se hace llamar Jorge Castro.

En su voz resuenan las voces de todos aquellos que le precedieron, de todas las estrellas extintas que han repartido su esencia entre las más jóvenes. Es la estrella de una constelación de estrellas enterradas bajo tierra, con voz de Ismael Serrano, Paco Ibañez, incluso Joaquín Sabina. Eso sí, de sus letras se desprende que no es solo música lo que alberga ese arcón de almas puras. Es poesía, de esa a la que mancillar con música sería privar su carácter evocador. En Alpheratz, Jorge Castro da cuenta de que no todo es música en su vida, que la poesía no es música, y no es solo verso libre, como ahora parece. Que Federico García Lorca (a quien dedica su primer poema) no está olvidado, que la métrica tiene un sentido y que, a veces, lo más urgente son los sentimientos a los que solo un crucifijo en forma de poema puede conseguir exorcizar. No hay mayor pretensión en Jorge Castro que la de hablar de lo que, por universal, algunos en esta liquidez han dado en denominar como superado; de lo que bien podría parecer decadente, pero resulta necesario. De lo que ya se ha hablado mil veces, pero siempre encuentra un prisma distinto. De, por ridículo que parezca así expresado con tan solo una palabra en tiempos de diarrea teórica, amor. Decía Kierkegaard que el amor “es todo, da todo y se lleva todo”. Hasta el desencanto de saberse estrella oscurecida por la contaminación. También decía Glen Hansard que “stars are underground”. A veces hay que sacar el amor del lugar donde lo tenemos enterrado, y la poesía siempre fue (y siempre será) el mejor vehículo para ello. Y los poetas como Jorge Castro, la marioneta ideal para expresarlo.

JÓNATAN SARK – Zeroville, de Steve Erickson

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Es difícil establecer los oros en años tumultuosos como estos, pero siempre hay huecos para hablar de buenos títulos. Como esta muy particular novela que realmente de lo que habla es del cine. Sí, hay una historia sobre un personaje, Vikar -el protagonista-, que al principio parece incomprensible pero acaba siendo fascinante, pero en realidad es una obra sobre el cine. Sobre el cine como concepto y sobre sus posibilidades si entendemos no ya una metatextualidad -o metacinematografía- sino si separamos por un lado ‘la industria’ de ‘el producto cultural’. De ahí que el protagonista se enfade al comprender que su amor por el producto no es producido por gente con el mismo interés sino, casi, pese a ellos. Y eso que, en realidad, podríamos decir que toda la obra es un intento de explicar el gran cambio cinematográfico desde el final de la época de los grandes estudios a los rebeldes de los setenta y el paso a un sistema aún más busca-pasta en los ochenta. Pero mientras todo eso pasa de fondo, y mientras aprendemos cosas sobre nuestro extraño centro de atención, lo que vemos rescatado y reivindicado es la pasión por el cine. Las posibilidades narrativas incluso teniendo en cuenta las discusiones que el protagonista protagoniza -cuando no causa- en su desempeño como montador, el mismo rey del tiempo cinematográfico. De ahí que todo el libro pueda verse como un monumental altar a la tradición cinematográfica occidental, el tipo de libro que uno no puede dejar de recomendar y regalar a los que sabemos están igual de entusiasmados con esa manifestación artística. Sobre todo porque cuando entren en la novela -y se tarda un poco- decidirán que también ellos quieren que otros la lean. Aunque sea en lugar de por el disfrute por la posibilidad de que se les entienda mejor.

ELISA G. McCAUSLAND – Sumisión, de Michel Houellebecq

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Los críticos de esta obra insisten en considerar al enfant terrible de las letras galas un escritor “misántropo”, “honesto”, que “describe el malestar desde el interior”; como si justificar públicamente la existencia de Michel Houellebecq, como si formular las palabras mágicas, alejara de nuestras conciencias la más que interesante realidad: solo necesitamos una excusa para rendirnos. El autor de Plataforma (2002) y La posibilidad de una isla (2005) enfrenta al lector a una obra escrita en clave de ciencia ficción presentista cuyas reflexiones políticas y económicas aterradoramente verosímiles (y de rabiosa actualidad) son mero preludio de un apocalipsis personal e intransferible que comenzó con nosotros diciendo que sí a la firma de un contrato del que nunca miramos la letra pequeña porque, por aquel entonces, compensaba.

DANIEL AUSENTE: Caos y magia: La banda que quemó un millón de libras, de John Higgs

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Bill Drummond y Jimmy Cauty se pasaron la noche del 24 de agosto de 1994 alimentando una chimenea con fajos de billetes hasta quemar un millón de libras. No es un cuento, sucedió, lo demostraron públicamente, pero luego se negaron a explicar el motivo. Era el colofón a la atípica trayectoria de una pareja de músicos de nombre artístico cambiante —The KLF fue el más popular—. Provocación y activismo sampler eran sus armas, dance y raves su reino. El periodista y escritor John Higgs sale en busca de una explicación y en su camino se cruzan conejos diabólicos, JFK, sincronías jungianas, situacionistas, Alan MooreFrom Hell, punk, el Doctor Who, las bromas discordianas, Echo and the Bunnymen, la trilogía Illuminati! de Robert Anton Wilson, dadaístas o el número 23. El resultado es una lectura adictiva, trepidante y luminosa. Da igual que los KLF no te hagan mucho tilín porque esto va de otra cosa, de arte, subversión y rituales paganos; de caos y magia, y de pegarle fuego a un montón de pasta. Por cierto, la verdad por delante: este libro se puso a la venta alrededor del 20 de diciembre de 2014, demasiado tarde para entrar en las listas de su año y demasiado pronto para las de este. Excepto para CANINO, claro.

IGNACIO PABLO RICO – La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti

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Thomas Ligotti, ilustre autor de perturbadoras ficciones fantásticas sobre el que se cierne una sombra calculadamente enigmática, aterrizó, en su faceta de ensayista, en el mercado editorial español con esta dosis de cicuta intelectual. Como si habláramos del reverso tenebroso de Jean-Paul Sartre, para el autor la consciencia del absurdo del hombre sobre su propia existencia lleva a la creación de constructos ideológicos y éticos que, en realidad, no hacen sino ponerle una tilde a nuestro fracaso como especie. Más allá del chute de pesimismo que propone este libro publicado en su versión original en 2010, cabe destacar la manera en que se adentra en cuestiones que están en la base de corrientes teóricas indispensables en el pensamiento contemporáneo, pero también en la última ciencia ficción: la definitiva superación, por prescindible, de la categoría “humano”, del hombre como Ser llamado a ser fecundo, multiplicarse y habitar un universo que lo observa con gélida indiferencia.

CHEMA MANSILLA – Justicia Auxiliar, de Ann Leckie

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Ciencia-ficción de nuevo cuño con sabor viejuno. Mentes colectivas, sociedades militarizadas y enormes naves espaciales, como esas novelas del género que los grandes autores firmaban allá por los años sesenta del siglo pasado. Incluso la portada de Justicia Auxiliar tiene un toque retro que me pone mucho. Ann Leckie (a la que entrevistamos aquí) acumula premios y reconocimientos en todo el mundo mientras sus lectores españoles esperan las siguientes novelas de la saga: ponte las pilas, Ediciones B.

JOHN TONES – Internet Safari, de Noel Ceballos

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Aunque quede feo porque Noel Ceballos es miembro fundador de CANINO y amigo personal, imagino que nadie que haya leído Internet Safari (del que, por cierto, aquí te regalamos parte de un capítulo) pondrá demasiadas pegas al hecho impepinable de que es uno de los ensayos del año. Hecho el disclaimer, y que cada cual agarre mis aseveraciones con las pinzas que considere convenientes, afirmo sin rubor que pocas veces algo tan intangible, viscoso y complejo como Internet ha sido reflejado en su mutante naturaleza con tanta precisión como aquí. Para ello, Ceballos toma desde el primer momento un posicionamiento de primerísima primera persona y describe su experiencia con Internet, ampliándola desde ahí a términos más genéricos: de cómo se le reveló, vía 11S, el poder de una herramienta de comunicación como la Red, a las vicisitudes de las apps para ligar, de qué denota una adicción a los test de Facebook a por qué nos fascinan los villanos (involuntarios o por mera estulticia) de naturaleza digital. Y así, entre subjetividad pura y descripción de todo lo raro, fascinante, maravilloso y horrible que tiene Internet, enhebra una tesis imprescindible para entender algo que ha empapado nuestras vidas hasta extremos que nosotros mismos no somos capaces de calibrar.

JESÚS ROCAMORA – Dos años, ocho meses y veintiocho noches, de Salman Rushdie

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Empecé 2015 metiéndole mano al manuscrito de la nueva novela de Salman Rushdie, que se desplegó ante mí como un texto milenario rescatado en algún mar muerto, capaz de reunir todo lo importante que tanto la alta y como la baja cultura nos ha enseñado durante los últimos siglos. En su voluntad de poner a la misma altura Las mil y una noches y la serie de TV Héroes, la mitología del Corán y la ciencia ficción, el Apocalipsis y las alfombras voladoras, filosofía y entretenimiento, Dos años, ocho meses y veintiocho noches es un artefacto ideal para derribar a guardianes de las esencias y a fundamentalistas de cualquier cosa. Y para hacernos reflexionar sobre el poder de las ideas para cambiar el mundo. Sobre la importancia de las historias para narrar nuestro pasado, el de nuestra familia, nuestro país, nuestra tradición. Sobre el momento y las condiciones en que un texto popular se convierte en dogma y en ideología –y entra así en conflicto con otras narraciones vecinas–. Y sobre el acto de lectura como forma de entender la realidad, pero también como una manifestación de magia consentida capaz de mentirnos e hipnotizarnos: el propio Rushdie ofrece al lector jugar con la idea de que el escritor anglo-indio es otro vástago más de aquel Ibn Rushd (o Averroes) que, según su relato, a finales del siglo XII se enamoró en Lucena (Córdoba) de una criatura hecha de fuego sin humo y le hizo engendrar un ejército de hijos asombrosos.

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