[Todos a una] Nuestros títulos de crédito favoritos

Preparan nuestras retinas, anuncian los nombres de los autores... y, a veces, son obras maestras en sí mismas. Esta semana te presentamos una selección con nuestros openings favoritos de cine y televisión.

Tipografías, animación, montajes despendolados, música estupenda… Los títulos de crédito de una película o una serie no sólo sirven de gancho para atrapar la atención del espectador antes de que empiece lo bueno, sino que muchas veces también son el momento más libre y creativo del show o el filme de marras. Este miércoles, nuestro post colectivo va dedicado a ellos.

ELENA ROSILLO: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011)

Descendiente de su mucho más atrevida y valiente hermana sueca, la adaptación hollywoodiense de David Fincher de la novela superventas de Stieg Larson parecía que iba a ser más de lo que luego realmente fue. Y es que no solo basta con tener a James Bond con barriguita en el reparto. Eso sí, los títulos de crédito iniciales sí que son una verdadera maravilla, con la Inmigrant Song de Led Zeppelin versionada por Trent Reznor, Karen O y Atticus Ross en un videoclip de atmósfera oscura y líquida.

KIKO VEGA: Los Hermanos Solomon (Bob Odenkirk, 2007)

Este perro verde está dirigido por Bob Odenkirk, que es para casi toda la humanidad el Saul de Breaking Bad y un tipo que se parece a Kevin Costner, pero es un as de la comedia. Desde sus comienzos, curiosamente los mismos que los de Charlie Kaufman (Búscate la vida), Odenkirk ha estado presente en los shows más cojonudos de la tele: The Ben Stiller Show, SNL, Tenacious D, Tim and Eric ahora mismo ha vuelto a Netflix con su inseparable David Cross con una secuela de su Mr. Show, ahí puedes verle haciendo lo que más le mola: el gilipollas.

Después de currar con Will Arnett en Un novato en prisión (2006) decidió que era un buen momento para juntar a la estrella de Arrested Development con mi otro Will favorito: Forte. MacGruber y GOB juntos en una comedia demencial sobre dos hermanos idiotas que dejan claro desde los mismos títulos de crédito que esto es algo completamente diferente. Si no la has visto, enhorabuena: vas a ser muy feliz.

IGNACIO PABLO RICO: Paranoia Agent (Satoshi Kon, 2004)

Pocas veces un opening ha explorado con tal riqueza de matices el discurso de un producto cultural. La canción de Susumu Hirasawa que acompaña los títulos de crédito de Paranoia Agent, serie de trece capítulos firmada por el añorado Satoshi Kon —y acaso una de las obras audiovisuales que mejor han analizado las derivas identitarias en un presente pleno en paraísos nostálgicos virtuales y consumismo balsámico desbocado—, apunta a una asunción festiva del Apocalipsis. «Estrecha tus piernas hacia el mañana sin preocuparte de cosas como las olas de la marea», escuchamos, mientras los protagonistas desfilan entre carcajadas. Un rito comunal en el que la risa, liberada por un golpe certero del Chico del Bate, es un efecto catártico que necesariamente ha de pasar por la (auto)destrucción. La inclusión de la bomba atómica (en la canción y en las imágenes) supone un asombroso gesto de iconoclastia cultural, muy coherente con el espíritu subversivo del anime. 

CAROLINA VELASCO: Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967)

Todo el mérito de los créditos de Dos en la carretera le corresponde a Maurice Binder, diseñador gráfico responsable de la apertura de clásicos  como Charada, James Bond contra Goldfinger, El cielo protector o Sólo para sus ojos. La intro de esta película resume a la perfección la estética del apogeo pop, un año antes de que mayo del 68 sacudiese éticas y estéticas, cuando pocos poco se cuestionaban el establishment y el matrimonio era lo que tenía que ser, lo que estaba escrito en los libros: una carretera con paradas, cambios de velocidad y desvíos. Donen retrató los sinsabores de un matrimonio venido a menos en lo personal y a más en lo material al que dieron vida Albert Finney y una Audrey Hepburn que desconocen casi todas las jóvenes que llevan bolsos con estampados de Holly Golightly. Los créditos de Binder y la música de Henry Mancini son la introducción perfecta a esta amarga historia de rutina y desencanto: parece naíf, colorido, sosegado… pero basta leer las señales de tráfico y ese gran prohibido el paso que se pone en el horizonte para que el espectador adivine que no va a pasar un buen rato.

ALBERTO MUT: Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979)

https://www.youtube.com/watch?v=m8nLKu_5Hn4

No sé cómo lo hicieron, pero en esta película consiguieron que cinco letras diesen pavor. Los efectos de sonido, el pausado movimiento de cámara a través del vacío del espacio y la ominosa aparición de la tipografía, que empieza siendo un enigma de líneas inidentificables para acabar siendo una palabra que define tanto con tan poco, mientras el reparto y el equipo técnico aparecen como convidados de piedra, cual coro griego acompañando un funeral. Desde los mismos créditos estás con el ojete que no te cabe el pelo una gamba. Y sólo han pasado tres minutos.

JOSE MANUEL SALA: Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)

Quizás lo mejor que ha parido Zack Snyder, aquello con lo que nos hizo pensar que ahí había un gran talento. Aunque a alguno les defraudaran sus siguientes títulos (y convirtiera errores en gestos de AUTOR) lo cierto es que esas mezquitas combinadas con virus en sangre es de las cosas más bonitas y premonitorias que el bueno de Zack nos ha regalado. Ah, y también por Cash, por supuesto.

MARIANO HORTAL: American Horror Story (Ryan Murphy, Brad Falchuck, 2011-2015)

Ryan Murphy es todo lo excesivo que nos queramos imaginar y más aún. Parece mentira que llevemos ya cinco temporadas de una serie tan peculiar como American Horror Story donde, como bien sabéis, cada temporada está ambientada en un lugar distinto aunque sus personajes suelen ser los mismos temporada tras temporada, encarnación tras encarnación. El nexo que los une es siempre el terror y todas las posibilidades que ofrece cada uno de los escenarios. Si hay un momento que todos los aficionados esperamos cada año es ese en el cual se desvelan los títulos de crédito iniciales, porque son toda una obra de arte. Fueron creados por Kyle Cooper y su compañía Prologue (diseñador también de los de The Walking Dead o los de Se7en -1995-). El tema musical, muy acorde con las imágenes, fue compuesto por César Davila-Irizarry y Charlie Clouser. Transmiten un ambiente ciertamente perturbador, muy macabro y perverso, terrores inimaginables que sirven para que nos entre repelús antes de ver cada episiodio. Son, sin lugar a dudas, uno de los sellos de identidad de la siempre interesante creación de Murphy. Estáis de suerte porque los he encontrado todos juntos en un solo vídeo. Verdaderas obras de arte.

ANDRÉS ABEL: Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009)

“Abróchate el cinturón” es la cuarta regla de Columbus (Jesse Eisenberg) para sobrevivir en los Estados Unidos de Zombilandia, y el pie perfecto para este derbi de destrucción a cámara lenta en el que las principales víctimas no son las que se esperan, sino los propios títulos de crédito, destrozados por ambos bandos mientras atruena el For Whom the Bell Tolls de Metallica. Una canción muy bien traída a este contexto, en tanto en cuanto otorga un nuevo significado a la meditación de la que en última instancia toma su título: la muerte de cualquier hombre me disminuye… sobre todo si después de muerto me arranca un trozo de un bocado.

ISRAEL FERNÁNDEZ: Dexter (James Manos Jr, 2006)

Frente a las series que optan por suprimir o montar una versión light, Dexter mantuvo durante sus ocho temporadas la dichosa entradilla de minuto y pico. En ella nos recordaban, mediante el uso y abuso del plano detalle, que, visto lo suficientemente cerca, cualquier acto cotidiano alberga violencia y concentra un pulso destructivo. A su manera, los opening credits de Dexter reformulaban algo tan viejo como el plano italiano, con su saturación de tonos cálidos y un tempo suspendido entre información sugerida y explicitada. Ya en su día trajo cola, lográndose desde el Emmy al mejor opening hasta, entre otras, una descacharrante parodia judía. La música, por cierto, también optó a otro Emmy, aunque finalmente la partitura de Rolfe Kent quedó relegada por la de su colega de Showtime, Trevor Morris, por Los Tudor. La pieza en cuestión comprime toda la imaginería de la serie: Dexter es el centro de su universo; sus hábitos conforman su naturaleza. Un mosquito nietzcheano nos recuerda el pathos del asesino en serie que necesita absorber vida para seguir viviendo. A través de una clásica routine morning contemplamos la ansiedad carnívora, el muy discutible erotismo del acto de engullir —recuerden si no el bang-mok, esa moda coreana donde pagan por ver comer en abundancia, el enésimo foodporn voyeurista— y, en definitiva, la naturaleza primitiva y el cosmos vampírico de Dexter Morgan. Una aberración magnífica que terminó por ser lo mejor de la serie.

YAGO GARCÍA: La edad de la inocencia (Martin Scorsese, 1993)

El exceso de opciones disponibles puede ser un problema casi tan grande como su escasez. Algo de lo que uno puede percatarse, por ejemplo, barajando docenas de posibilidades para escoger sus títulos de crédito favoritos: estos deberían ser los buenos, porque su solución gráfica me gusta; aquellos, por la música; los de más allá, porque pertenecen a una película o serie con un significado especial, o porque los firma un artista al que admiro…

Divagaciones aparte, con los créditos de La edad de la inocencia todas esas dudas se desvanecen: creados por dos titanes de la especialidad (Saul y Elaine Bass, nada menos) para prologar una de las obras maestras de un señor (Martin Scorsese) al que adoro como al tío rockero, parlanchín y lleno de anécdotas que nunca tuve, suponen tanto un regalo para los ojos como un caso digno de análisis por lo que tienen de excepción(ales). Así como el director ofrece una tragedia de fracasos e hipocresías camuflada como romance de época, los diseñadores guardan en un cajón los juegos de ingenio y las locuras animadas en favor de una composición reposadísima. La cual, al combinarse con la música suntuosa de Elmer Bernstein, se revela como una síntesis visual del disimulo, la conspiración, el engaño. Las flores nacen asfixiadas por el encaje. Las líneas de elegante caligrafía contienen verdades inmencionables. Y sólo queda dejarse aplastar, como el lechuguino Daniel Day-Lewis y la desdichada Michelle Pfeiffer, por la contemplación de un infierno exquisito.

ADRIÁN ÁLVAREZ: Watchmen (Zack Snyder, 2009)

La adaptación al cine de Watchmen, el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, era demasiado literal. Pero de vez en cuando el cine se imponía respecto al punto de partida. El momento que nos hizo soñar que la película podía ser mejor de lo esperado fueron estos impresionantes títulos de crédito, que condensan años de vigilantismo mientras su mundo se desliza a la ucronía. Después de esto, era imposible no darle una oportunidad. Desconozco hasta qué punto son responsables Zack Snyder y David Hayter, director y guionista respectivamente, de la calidad de estos créditos pero estoy seguro de que cuando vieron la intro, ambos comprendieron de golpe lo que habían hecho mal el resto de la película.

DANIEL AUSENTE: La heroína legendaria (Wu Ma, 1971)

La historia de los títulos de crédito está llena de obras maestras y piezas memorables, pero mi corazón se debe a los de este olvidado y reivindicable wuxia, cuya belleza quedó grabada a fuego en mi cerebro. Por un lado, ese ritmo musical —a saber si original o robado como era frecuente, pero que desde luego antecede las celebradas percusiones de Tigre y dragón (2000)— evidenciando que las viejas coreografías marciales son una danza con violencia. Por otro, ese fondo de intenso crepúsculo anaranjado que hace de las figuras casi sombras chinescas. Y luego los chorros de sangre, claro.

Publicidad