[Todos a una] Las madres del cordero

Estamos ante una semana donde las madres van a tener especial protagonismo: al fin y al cabo, todos los centros comerciales llevan semanas recordándonos que el domingo es el Día de la Madre. En CANINO no sabemos cómo seremos de buenos hijos (o de buenas madres, en algunos casos), pero sí que tenemos claro cuáles son nuestras madres favoritas. Aparte de las propias, claro.

La imaginación humana lleva reflexionando sobre la maternidad desde que hay mundo: desde las primigenias diosas de la fertilidad (luego reconvertidas en nuestra indescriptible -que para eso es un Misterio- virgen católica, madre pero impoluta), hemos intentado comprender un proceso biológico que tiene mucho de natural e irrenunciable y también mucho de misterioso. Por eso la cultura pop, con su estilo particular, también ha incidido en las madres con insistencia, y aquí hemos traído unas cuantas de una lista inabarcable: madres ejemplares, madres diferentes, madres santas, malas madres… estas son algunas de las más notorias.

Rosemary Woodhouse (La semilla del diablo, 1968)

Son muchas las cintas que tratan la maternidad pero pocas las que lo hacen con el realismo de La semilla del diablo. Dejando a un lado los machos cabríos, todo en la experiencia de Rosemary es casi una copia exacta de lo que yo imagino que es ser madre. Para empezar, tu cuerpo se llena de marcas inexplicables sin que puedas hacer nada por evitarlo y, por si fuera poco, tu marido, que antes iba más a su rollo, parece preocuparse ahora de forma especial por todo lo que haces. La gente que te rodea pasa de ignorarte a tratarte como si fueras el ser más delicado del planeta Tierra y nunca se marchan sin darte, de forma gratuíta, consejos que ni quieres ni necesitas. Incómodo cuando menos.

Al final, tras nueve meses que sólo pueden ser catalogados como un infierno viene la peor parte. Lo quieras o no vas a tener que dar a luz y, afrontémoslo, puede ser que el individuo que salga de tu cuerpo no llegue a ser del todo lo que tú esperabas. Es ahí donde descubrimos el inestimable valor de Rosemary como madre. Mientras que otras rechazan a sus hijos por cosas triviales como su afición a las drogas o, yo que sé, sus gustos sexuales, Rosemary abraza a su pequeño Andrew sin importarle que su existencia suponga el fin de la humanidad. Amor sin condiciones, ¿no es eso lo que todos dicen? Marta Trivi

Madre (Los Vengadores, 1961-69)

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La sexta temporada de Los Vengadores empezaba con un adiós. En el episodio inicial, The forget-me-knot, la deliciosa Diana Rigg se despedía del personaje de Mrs Emma Peel con un casto beso en la comisura de los labios de Steed. Tras marcharse en un descapotable con su recién recobrado marido (quien según algunos fans de la intertextualidad no era otro que el Número 6 de El Prisionero), aparece Mrs Tara King (Linda Thorson) por arte de birlibirloque. No sería la única novedad de la temporada. Otra de las más notables fue el personaje de Madre, el superior al que Steed y Mrs King deberán reportarse a partir de aquel momento.

Madre es un señor gordo, incapaz de caminar, casi siempre subido en silla de ruedas. Es relamido y estirado como cualquier tipo criado en una escuela británica inglesa. Pero el personaje escondía algo más que la contradicción entre su sexo y su género, algo que hoy en día nos puede parecer tonto pero que hace cinco décadas constituía toda una declaración de intenciones, especialmente en una serie encantada de romper las convenciones de género. Pese a su movilidad reducida, y en clara mofa de los lugares comunes de la ficción de espías,  Madre daba instrucciones a sus agentes en los sitios más diversos y absurdos: el fondo de un lago, un autobús de dos pisos, subido en un Rolls, en una tienda de flores… siempre acompañado por su asistente, una amazona rubia y muda llamada Rhonda. El subordinado de Madre es, pueden adivinarlo, Padre, una mujer ciega con gafas ahumadas y apariencia de Rottenmeier. Todo muy enraizado en el boom de la comedia surrealista en la Gran Bretaña de la década de los sesenta del que los Monty Python fueron herederos. Santi Pagés

Mother Brain (Metroid, 1986)

Motherbrain

Si bien no es un concepto plenamente original, y hay decenas de relatos pulp en los años cincuenta con el referente del “cerebro cósmico” o “mente colmena” (como The Cosmic Rape -1958- o los precog The Minority Report -1956-), el archienemigo de Metroid, la “madre cerebro”, es uno de los primeros en el mundo del videojuego. Coetánea en su génesis a Aliens de James Cameron (1986), que tiene su propia “madre”, es probable que la inspiración viniera de estos relatos de ciencia ficción clásicos. ¿Su objeto? Plagar la galaxia de agentes infecciosos, los llamados metroides, y poder controlarla a través de la manipulación de terceros; incluso los piratas espaciales de Ridley. En principio creada por los Chozo supone el principal antagonista de la saga y el enemigo clásico de Samus Aran. Considerada, en origen, un producto “defectuoso” de la ingeniería de estos, ella misma afirma que “superó” a sus instigadores. Dejamos a nuestros lectores la respuesta a esto último. Julio Tovar

Morticia Addams (La familia Addams, 1964-)

https://www.youtube.com/watch?v=yVFekfqoRlU

Más de cincuenta años han pasado desde que el caricaturista Charles Addams creara la Familia Addams, una recreación satírica de la familia ideal en la sociedad estadounidense que estaba formada por un clan excéntrico e inmensamente rico cuyos miembros se deleitaban con la exaltación de lo macabro; de esta manera y, tomando como bandera lo más negro del humor, se aprovechaba cada historia para mostrarnos todo tipo de extrañas costumbres que confrontaban con lo más tradicional y establecido. Pprecisamente por la época, resaltaba aún más la figura matriarcal de Morticia Addams que, en palabras del propio creador suponía “la verdadera cabeza de familia… de voz susurrante, incisiva y sutil, poco dada a la sonrisa, despectiva y original y con verdadera lealtad fiera hacia su familia”. Gran parte del éxito del papel tuvo mucho que ver con las actrices que la encarnaron, desde la sobria Carolyn Jones (1930-1983) hasta la incorregible y subyugadora Anjelica Houston (1951), que fueron capaces de dotar de matices a un rol ya interesante per se; es indudable que Morticia representa una de esas madres difícil de olvidar solo por el hecho de presentarnos una familia tan poco habitual. Mariano Hortal

Norma Louise Bates (Psicosis, 1960)

Cuando la veamos de verdad será una calavera, pero una madre es una madre más allá de la tumba. Hasta ese momento, lo que hemos conocido de Norma, madre de Norman, es la reinterpretación, la síntesis que de ella hace Norman, hijo de Norma, y eso es importante porque no hay imagen más poderosa que la de una madre para un hijo. Hitchcock lo sabe, claro, y también que para el espectador una madre es como una zanahoria para un burro, porque escucha a la madre y la ve con el cuchillo y no duda de que eso es una madre, que no solo es el milagro de la vida sino también el de la muerte en vida, porque una madre también es una suegra, y un monstruo capaz de todo por un hijo; capaz, incluso, de sobrevivir a la muerte instalada en la memoria de su hijo, atenta a que permanezca por siempre su tipología atroz de lo femenino: por un lado está ella, la madre, y por otro el resto, todo pelandruscas. La señora Bates pervive en Norman porque es la única forma de garantizar que un hijo pase la vida solo matando moscas. Daniel Ausente

Gema Perdulí (Mamá es boba, 1997)

Vamos a obviar las etiquetas que podría abarcar el humor atómico y doloroso de la primera y maravillosa, inolvidable, película de Santiago Lorenzo, porque ninguna haría justicia a Mamá es boba, puede que la principal responsable de una nueva comedia española que, por desgracia, no llegó a funcionar en ningún momento. Mamá es boba te hace reír, te hace sufrir, emociona y se convierte en ese amigo raquítico al que proteges con todas sus fuerzas de los abusones del cole porque, joder, sabes lo duro que es vivir así. Ay, la condición humana.

Hay mucha pena aquí. La había antes y la hay ahora. Primero porque la película te deja fino, es lo más parecido a un exorcismo que, como espectador, puedas tener viendo una película. Después está la frustración de un director, Santiago Lorenzo, al que hemos perdido para siempre detrás de las cámaras, pero que sigue demostrando genio y sensibilidad desde las letras. Los Millones es una de las mejores novelas que leerás en tu vida y Mamá es boba lo mismo, pero hecha cine.

Aunque hay una pena aún mayor, y es la de no poder volver a disfrutar de su protagonista, la inolvidable Faustina Camacho, víctima de una enfermedad que nos privó de su presencia, humildad y naturalidad. Vaya en su recuerdo mi homenaje sentido, porque no volveré a verla, pero tampoco la olvidaré jamás. Kiko Vega

Joan Crawford (Queridísima mamá, 1981)

https://www.youtube.com/watch?v=EliGqYkFUyY

Considerada una de las peores películas de la historia y ganadora de distintas categorías de Razzies a lo largo de múltiples ediciones, esta dramatización de la autobiografía de la hija de Joan Crawford producida para televisión no deja de ser tan esperpéntica, grandguiñolesca y terrorífica como las obras que protagonizaba la propia actriz junto a Bette Davis. La madre terrible, presentada casi como monstruo clásico, queda representada a la perfección con una Crawford completamente desequilibrada, tan capaz de ser dulce como diabólica en cuestión de instantes. Una dicotomía especialmente compleja cuando, a la ya de por sí incendiaria relación madre e hija, se unen problemas mentales graves o trastornos obsesivo-compulsivos (especialmente relacionados con la limpieza e imagen). Mucho se ha acusado al filme de sus exagerados y supuestamente risibles momentos de locura. No resulta plausible que una madre machaque a su hija por usar un tipo particular de perchas o ensuciar el baño. La falta de banda sonora en muchos de esos momentos y la histriónica interpretación de Faye Dunaway resultan a priori tan cinematográficamente grotescos, que son apreciados por gourmets del cine cutre, incluso por la cualidad trash asociada a cine de culto entre la comunidad gay. Para el que firma, su retrato de Crawford puede ser exagerado o falto a la verdad, pero resulta una composición de la locura tan irracional, extrema y creíble como la vida misma. Un medido tira y afloja de amor y odio en un entorno familiar cotidiano, donde el tsunami se esconde detrás de los actos más inocentes, y el arrebato absurdo de histeria convierte la infancia en un camino tortuoso en el que las diferencias entre lo que está bien o mal son tan ilógicas como un brote psicótico y donde la figura materna es una trampa donde una simple caricia de afecto puede resultar en una experiencia esquizofrénica que puede albergar un puñado de aguijones de avispa rabiosas. Jorge Loser

Maureen Sowerbutts  (Psychoville, 2009-2011)

Después de la fantástica The League of Gentlemen, serie de humor bizarro y costumbrismo rural británico rayano en lo grotesco, escrita, dirigida e interpretada por el tridente formado por Reece Shearsmith, Mark Gatiss y Steve Pemberton, llegó la no menos grotesca Psychoville, ya sin Gatiss en su formación -a excepción de un espectacular cameo en un espectacular capítulo rodado íntegramente en un plano secuencia que deja al de True Detective llorando acojonado en una esquina-.

Psychoville volvió a deleitarnos con una nueva historia coral, absurda y corrosiva, y un nuevo elenco de personajes absolutamente demenciales, habitantes todos de ese valle inquietante entre el humor negro y la repulsión genuina, pero entre los que cabe destacar, quizá por encima del resto, a Maureen Sowerbutts, interpretada por el propio Shearsmith. Maureen es una señora entrada en años, entregada por completo al cuidado de su hijo David, un cuarentón bastante inútil incapaz de valerse por sí mismo por, entre otras cosas, una enfermiza sobreprotección materna y su obsesión mórbida por los asesinos en serie. Después de una serie de malentendidos, la propia Maureen acaba convertida en asesina, cosa que no parece desagradarle en absoluto. El punto de partida de esta madre, La Madre, es el de una caricatura deforme y espeluznante pero acaba convirtiéndose, gracias sobre todo al talento interpretativo de Shearsmith y a secuencias memorables como cierto playback de Tina Turner, en un personaje irresistible y entrañable. Eva Cid

Pamela Voorhees (Viernes 13, 1980)

Es difícil tener un hijo diferente. Es difícil ser la madre de un inocente crío hidrocefálico condenado por sus compañeros a una vida de proscrito. Y es especialmente difícil ver cómo las burlas de los crueles chiquillos le empujan a la muerte. ¿Cómo se supone que debe reaccionar una madre ante algo así? ¿Cómo levantar cabeza después de un golpe tan duro? La respuesta, para la Sra. Voorhees, es muy sencilla: dejarse llevar por la demencia y la sed de sangre, y emprender una salvaje cruzada de venganza contra los calentorros monitores del campamento Crystal Lake. Muchos olvidan que el famoso destripador del machete y la máscara de hockey prácticamente no aparece durante la primera entrega de la saga Viernes 13, ya que es su tierna progenitora quien ocupa el estelar papel antagonista. En un despliegue de instinto maternal sin igual la tipa arrampla con todo, y de todas las maneras posibles: ahorcamientos, degollamientos, apuñalamientos… nada ni nadie se resiste a la implacable voluntad de la mamá de Jason. ¿Acaso existe mejor manera de demostrar el amor de una madre? Lewis of Peter

Sarah Connor (Terminator y Terminator 2, 1984-1991)

https://www.youtube.com/watch?v=k-_-OAQC2nI

Lo primero que aprendes cuando eres consciente del papel de tu madre es del peso que tiene sobre sus hombros. No sólo está obligada a quererte por muy idiota que seas o la acabarán llamando madre desnaturalizada; también está obligada a entregar un ser humano funcional a la sociedad. Imagina el peso y el dolor si encima ese hijo está llamado a salvar a la humanidad. El arco de Sarah Connor (una Linda Hamilton que nunca ha estado mejor) es fascinante al pasar de camarera a mentora, y su figura esconde muchos de los desafíos que toda madre debe afrontar. Ayuda a John a enfrentarse a un futuro deprimente y cruel, sacrifica su integridad por él y, por qué no decirlo, hasta pierde un poco la cabeza en el proceso. En el fondo, Sarah es como tu madre o la mía, sólo que ella se enfrenta a ciborgs del futuro en lugar de a un sistema educativo decadente y la presión social por embrutecerse a través de la tecnología. Si lo piensas, Sarah Connor lo tuvo más fácil. Adrián Álvarez

Reina Alien (Aliens, 1986)

Desde siempre le tuve un poco (un poquitín, no demasiado, apenas) de manía a Aliens, precisamente por todo lo que cuenta en torno a la maternidad, y que ejemplifica bien cómo convertir una pieza de terror nihilista, turbia y desoladora en una franquicia de blockbusters. Una franquicia extraordinaria (os recuerdo que aquí un fan de Aliens vs Predator -2004-), pero incomparable a la desnortada rareza del primer Alien, el octavo pasajero (1979). Una rareza generada, entre otras muchas cosas, de que habla de la reproducción de la vida sin necesidad de una madre: el ciclo de crecimiento del alienígena no precisa de un vientre materno, y por eso, entre muchas otras cosas, es inmortal y divino, es el organismo más letal de la galaxia porque no depende de nadie. Aliens supone un explicar de dónde vienen esos huevos, y por ello todo se banaliza, porque entendemos ese ciclo reproductivo, aunque a su manera también se vuelve más potente porque ahora, oh-oh, podemos apreciar la magnitud de ese auténtico leviatán de amor de madre, una alienzilla dispuesta a proteger a su prole hasta las últimas consecuencias. Y por eso Cameron también banaliza (y de paso ya convierte en un icono del cine de terror y acción absolutamente inmortal) a esa Ripley que pasa de ser una heroína fuerte, independiente y resolutiva a una Madre Humana Perfecta, una capaz de proteger también a los suyos hasta el último aliento. Si es necesario, enfrentándose a la madre más horrenda, agresiva y monstruosa del cosmos. John Tones

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1 comentarios

  1. E. Martín dice:

    En realidad la MADRE, así con mayúsculas, de Aliens es Ellen Ripley. Sólo una MADRE es capaz de venir a decirle a los marines que están salvando a Newt que no están haciendolo bien y ponerse a enseñarles cómo hacer su trabajo. Sólo una MADRE es capaz de salir al patio del colegio / reactor terraformador a defender a su niña frente a la madre de los otros niños aliens con quien se ha peleado. Y le da igual que la otra madre le diga que sus facehuggers estaba ahí tan tranquilos sin meterse con nadie hasta que vino su niña a molestarlos, es SU NIÑA y Ripley SU MADRE, dispuesta a tirarse de los pelos / acribillarla a balazos.

    Si la Weyland-Yutani hubiera contratado a MADRES para sus puestos directivos en lugar de a ejecutivos sospechosamente solteros segurían existiendo en la época de Alien Resurrección.

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