[Todos a una] Peleas a muerte, peleas entre viñetas

Dicen que la narrativa de la cultura pop se basa, muy a menudo, en el choque entre fuerzas, en el enfrentamiento eterno: así es en los videojuegos, en los grandes best-sellers literarios y también en los cómics, donde la ficción superheroica es casi siempre una continua pelea donde nadie acaba nunca de resultar vencedor o vencido.

Hoy honramos esa tradición con un post colectivo en el que hemos pedido a nuestros colaboradores que escojan sus peleas favoritas del mundo del tebeo: de los más elementales buchantones superheroicos a parodias varias y salvajes, del puñetazo europeo al castañazo norteamericano. Un montón de conflictos entre viñetas que se resuelven de la peor manera posible. Como siempre, os recordamos que nuestro Todos a una semanal no pretende ser completista ni enciclopédico: simplemente, algunos colaboradores de CANINO escogen ejemplos favoritos del tema semanal. Y ahora sí, queridos sparrings: que no se os olvide el casco.

Ultimate Wolverine vs. Hulk (Damon Lindelof, Leinil Francis Yu, 2005-2009)

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Hay que volver a matar a Hulk. No pudo hacerse en condiciones con una bomba nuclear sobre su pecho mientras Banner esperaba el impacto a bordo de un portaaviones en medio de ninguna parte, así que, qué coño: envíen a Lobezno. El guionista de Perdidos (2004-2010) o Prometheus (2012) se toma un respiro y escribe inmensas hostias para que Leinil Yu plasme los impactos en unas viñetas tan grandes como el coloso verde.

No hay mucho tiempo para monsergas aquí como tampoco había en la interesante línea Ultimate que Orson Scott Card dedicase a Iron Man, y lo importante es contar una historia en forma de buddy movie con dos (super)colegas que terminarán por entenderse. Como suele pasar con todos los trabajos de Lindelof, el primer “episodio” es el mejor, condensando las razones de por qué Hulk está en el Tíbet (rodeado de mujeres desnudas mientras toma chocolate caliente en un templo donde probablemente suenen Los Planetas) y por qué Lobezno debe ir en su busca. Nos pedían hostias en viñeta y este es un cómic que empieza con Lobezno buscando sus piernas a seis kilómetros de distancia porque Hulk, bueno, está enfadado. Kiko Vega

El duelo contra Géminis – Los Caballeros del Zodiaco / Saint Seiya (Masami Kurumada, 1986)

Los manga shonen suelen tener un marcado carácter folletinesco, mucho más larvado en forma novelística que en los referentes de Marvel o DC. En la seminal Saint Seiya, más conocida como Los Caballeros del Zodiaco en Celtiberia, uno de los duelos más recordados es el que enfrenta al caballero de Pegaso a las máscaras de Géminis. Una casa partida y un laberinto de espejismos que suponen un reto para los caballeros de bronce. Más aún cuando descubren en perfecto juego rocambolesco que este maestro de la doblez, todo un Alcibíades, ha tomado el lugar del Patriarca. Saga, así se llama Géminis. engaña a Atenea, Seiya, sus aliados y a todos los caballeros de oro. Además, su final redentorio, no poco católico, da una épica brutal a este arco narrativo. La mejor saga de Los Caballeros, la que le dio su justa fama y que los niños veían en Tele 5 sintiéndose perdidos ante sus complejidades narrativas. Julio Tovar

Ric Hochet (André-Paul Duchâteau y Tibet, desde 1955)

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Me congratuló coincidir con Fontdevila, Brocal, Gallardo, Monteys y Absence en la reciente entrevista que publicamos en CANINO acerca de los recuerdos de Bruguera que toparse en un Especial de Mortadelo o similar con una historia seria era una bajona. Salvo, acabé acostumbrándome, cuando el protagonista de esa historia era Ric Hochet, periodista belga que, pese al tono detectivesco de sus historias, acababa resolviendo las cosas a base de jarabe de palo. Con unas hostias, además, que encontraba diferentes a las del resto de las páginas de los Mortadelo, por lo demás bien surtidos de hostias, y no solo por el estilo realista del trazo de Tibet: Ric Hochet atizaba agachando la cabeza, esquivando balas, y con un soplamocos certero que hundía al contrincante en apenas un par de viñetas. Encontré más adelante, según iba leyendo más y más tebeos de todo tipo, rasgos de ese puñetazo certero pero torpe, directo pero algo aturullado, en héroes como Spirit, pero sobre todo en Popeye, dueño del derechazo con tirabuzón definitivo, y que no he traído a esta recopilación de peleas por una sencilla razón: Popeye puede ser famoso por su tendencia a solucionarlo todo a puños, pero calificar sus trifulcas de «peleas», teniendo en cuenta el respiro del que suelen gozar sus adversarios, puede considerarse un desafío a los límites del lenguaje. John Tones

Lobezno contra el Club del Fuego Infernal (Uncanny X-Men 132-134, Chris Claremont y John Byrne, 1980)

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Que una pelea en el mundo de la viñetas quede marcada a fuego en nuestra memoria lectora obedece a motivos diversos: la envergadura de sus contrincantes, la espectacularidad de los sopapos, la violencia inusual o la eficacia narrativa son algunos de ellos; también la emoción despertada. En este caso una emoción instintiva y primaria no siempre habitual en los tebeos y sí más común en el cine, esa emoción en la que uno se sumerge en la ficción y aplaude las hostias como si las repartiera uno mismo, y con ganas, machacando al villano de turno. Te lo mereces, maldito hijo de puta. Y aunque luego la pelea no acabe siendo tan espectacular como otras, el grado de implicación es insuperable. La mítica Patrulla X de Claremont y Byrne tuvo en la Saga de Fénix Oscura su punto álgido. En los números previos a su trágico desenlace los mutantes de Charles Xavier sucumbían ante el Club del Fuego Infernal, un grupo de pérfidos aristócratas inspirados en una sociedad secreta británica real fundada en el siglo XVIII. La cosa es que con todo el grupo en poder de los malos, Lobezno conseguía escapar y, cabreado por las torturas a las que había sido sometido, regresaba para rescatar a sus amigos dejando un entonces inusual reguero de sangre a su paso. Quizá no fuera la pelea más espectacular pero sí de las más vibrantes, tanto que fue la pieza definitiva para encumbrar a Lobezno como favorito de los fans. Pero hay un elemento aún más importante en esta elección, y es la última viñeta del número 132, aquella en la que Lobezno anunciaba su venganza, despertando la emoción del lector. Ay madre la que se va a liar. Ahora vais a saber lo que es bueno. Ante aquello no cabía más que la certeza de que el mes que viene se desencadenaría la mejor tanda de superleches de la historia. Daniel Ausente

Vengadores Vs Baron Zemo y Señores del mal (Vengadores, Roger Stern y John Buscema, 1986)

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En el año 1986 la posibilidad de que existiera una película de los Vengadores era una entelequia; ninguno de sus lectores podía creerse que se pudiera hacer algo digno sobre uno de los grupos más importantes de Marvel. También es cierto que Los Vengadores no llegaban a la fama de los mutantes (con sus múltiples colecciones y el omnipresente Lobezno) o Spider-Man, verdadero abanderado de la compañía. Sin embargo, su guionista Roger Stern capitaneaba una de las mejores etapas que ha vivido el supergrupo y que tuvo su culminación en el enfrentamiento épico contra el barón Zemo y sus Señores del Mal; además, contó a nivel gráfico con el gran John Buscema y con Tom Palmer en el entintado, otro veterano, que le ayudaron a concebir una saga que rompía esquemas anteriormente inquebrantables. Zemo resultaba tremendamente creíble como gran estratega que era capaz de plantear una guerra de guerrillas, aprovechando los puntos débiles del grupo para ir dividiéndolos y, de esta manera, atacar el cuartel general, la mansión, un sitio que parecía indestructible para el lector de cómics y que se volvía vulnerable en manos de un grupo tremendamente poderoso que causaba estragos no sólo en el propio lugar en sí, sino en miembros como Hércules. Aunque al final todo se solucionara, era una de esas ocasiones en las que tenías la sensación de que los malvados podían vencer a nuestros superhéroes. No sólo sorprendió a los lectores de su época sino que fue el germen de una de las colecciones futuras más interesantes: Los Thunderbolts. Asalto a la mansión constituía, sin lugar a dudas, el epítome de lo que debía ser una aventura de los Vengadores, toda una epopeya superheroica. No hay que olvidarse tampoco de su artífice, Roger Stern, guionista muy capaz gracias a su habilidad a la hora de construir tramas y que, en su época, planteó una alineación totalmente alejada de los cánones en la que las mujeres (Avispa, Hulka o Capitana Marvel) cobraron una importancia insospechada. Hubo Vengadores antes de las películas y, desde luego, tuvieron etapas de tanta calidad como esta que os traigo. Mariano Hortal

Thomas King Vs Jesse Sandel (Versus, Luis Bustos, 2014)

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Thomas King lo va a dar ¡todo por un puto bistec! Eso es lo que piensa y la razón por la que subirá de nuevo a un ring tras haber pasado años retirado. Tiempo atrás había sido una leyenda del boxeo… “El monarca del cuadrilátero”. Ahora es viejo (38 años) y las deudas lo ahogan hasta el punto de no tener ni un centavo para alimentar a su família. Necesita dinero urgentemente y por eso acepta la pelea contra Jesse Sandel, un joven negro de Brooklyn de tan solo 17 años. Novato pero mucho más joven que él y en plena forma física.

Si el tema de la semana va de pegarse, lo suyo es un combate de boxeo como este: la adaptación en cómic de A piece of steak, un relato escrito por Jack London en 1909 y publicado por primera vez en The Saturday Evening Post. Un siglo después, Luis Bustos lo versionea sin escatimar ni un puñetazo. Roser Messa

Cassie Hack vs. Fractal Suicide (Hack/Slash – SuicideGirls Annual, 2008)

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La (ficticia) cazadora de slashers Cassie Hack se enfrentaba en el primer anual de su serie regular al (esperemos que ficticio) exnovio psicópata de la (muy real) suicidegirl Nixon, muerto y regresado como D1AB0L1Q, versión 2.0 del Shocker (1989) de Wes Craven. Esto equivale a decir que en realidad nunca se enfrenta directamente con él, sino con la gente a la que controla, en este caso componentes todas de la página de pin-ups alternativas cuyo nombre parece inspirar el modus operandi del villano. La acción incluía una sesión fotográfica de nuestra heroína que todavía forma parte de la web como cebo para atraer a D1AB0L1Q, y culminaba con Fractal Suicide poseída (primera por la izquierda en la portada) versus Cassie llevando uno de esos puños de goma de Hulk para protegerse de sus poderes eléctricos, en una colisión tan dura como la de los subtextos enfrentados: la filosofía chica-suicida del «algún día sentirás nostalgia del ahora», y la tesis no menos cierta de que, si no nos distrajésemos tanto con la temperatura de la carne, seguramente seríamos ya superhumanos. Andrés Abel

Son Gohan vs Cell (Dragon Ball vol. 34, Akira Toriyama, 1993)

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Confieso que puede que el final de aquella batalla fuese tan épico en mi cabeza, y supongo que en la de muchos, por su significado intrínseco y no por la batalla en sí misma. Gohan luchando contra Célula era, sociológicamente, un niño que hasta ahora no había hecho gran cosa, de la edad de muchos lectores (y televidentes), partiéndose la cara contra la forma ultra-mega-mazo definitiva del peor villano al que se habían enfrentado los héroes de la serie. Era la encarnación de los sueños de todos esos adolescentes que plantaban cara a los abusones, que les daban su merecido a los villanos (verídicos o ficticios) a pesar de su edad, estatura, fuerza física y mentalidad. La mitología Dragon Ball Z cambió para siempre: allí donde Goku había fracasado, un niño lo había conseguido. Un niño, sin comerlo ni beberlo, se había convertido en el guerrero más poderoso del mundo. Se puede entender también que aquél momento fue una sana vuelta a los orígenes, pues qué era Goku cuando conoció a Bulma en aquella aventura primigenia. Gohan, tú fuiste todos. Y aquél Kame hame ha que derrotó a Célula nos representó. Por eso te perdono que después te convirtieras en Gran Saiyaman. Francesc Miró

Mortadelo y Filemón contra Chapeau ‘el Esmirriau’ (Chapeau ‘el Esmirriau’, Ibáñez, 1971)

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Fuerza irresistible contra objeto inamovible: la verborrea incansable y el polimorfismo de Mortadelo y Filemón enfrentados a un enemigo tan implacable como austero. Dado que, en su mejor época, Francisco Ibáñez dominaba igual de bien el humor físico y los pullazos dialogados, resulta llamativo que concibiera a Chapeau como un personaje prácticamente mudo: aparte de ese “riau, riau” que usa como grito de guerra, el supervillano apenas pronuncia tres o cuatro frases sueltas a lo largo de toda la historia. Tampoco es que le haga falta hablar, la verdad: para interactuar con sus semejantes ya tiene ese sombrero que aumenta su estatura en unos buenos cuatro palmos, y que está lleno de armas letales. A los agentes de la TIA les toca llenar los bocadillos a base de conversaciones inacabables… Y estrellarse, una y otra vez, contra esa aparente medianía que les hará morder el polvo sin necesidad de mover un dedo y sin abandonar esa sonrisa que es pura malicia. Para que luego digan del Joker. Yago García

Wonder Woman vs. Tormenta (DC vs. Marvel/Marvel vs. DC Comics, 1996)

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No hay nada más literal y, a la vez, más milagroso que una serie limitada pensada como evento marketiniano desde el que hacer realidad esa fantasía húmeda de toda (persona) fanática de los superhéroes: mandar a que se peguen entre sí los personajes de las dos majors del cómic mainstream para que, en teoría, solo quede una.

Decía «milagroso» porque el resultado fue ese experimento fallido llamado Amalgam, donde encontrábamos fusiones improbables en vez de cadáveres. En el caso que nos ocupa, después de darse de bofetones Wonder Woman con Tormenta, y ganar esta última gracias al poder de los elementos, el mismo al que Diana de Themyscira había renunciado momentos antes al soltar el martillo de Thor (sí, ella también fue «digna»), nos quedaría un simulacro de cabecera titulado Amazon, para la que John Byrne concebiría a Ororo Monroe como Wonder Woman, quedando Diana relegada a otra colección fantasma titulada Balas y brazaletes; un hito superheroico difícil de olvidar. Elisa McCausland

Carantigua vs Rottweiler Herpes (Pudridero, Johnny Ryan, 2011)

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Es evidente que entre todos los caninos soy lo más parecido a un señor de orden. Por eso me disculparán que comente -que mancille dirán otros- un cómic que puede ser cualquier cosa menos elegante y bienpensante: Pudridero, la gruesa, supurante y ultraviolenta opus magna de Johnny Ryan y en concreto la pelea entre Carantigua, su antihéroe, y Rottweiler Herpes, el villano de brazo con bola de pinchos y braguero esvástico. Un festival de sangre, vísceras y excrecencias varias que ocupa unas 35 páginas de dibujo guarro y burro y que produce en quien esto escribe una deliciosa repulsión visceral además de una fascinación nauseabunda. Ryan manipula a sus personajes como cualquier preadolescente juega con sus muñecos: a darles hostias como panes y anhelar con sexo lefoso y esmegmático. Parásitos feladores, eyaculaciones de leche cortante, decapitaciones varias, cadaveres animados como arañas, espinas dorsales arrancadas de cuajo. Una puta maravilla. Santi Pagés

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