‘Too Old To Die Young’: de místicos, tiempo alargado y realidad en la ficción

Too Old To Die Young está causando sensación. Por lenta, por apabullante, por desquiciada. ¿Pero qué hay detrás de todo eso? Hoy hablamos de Nicolas Winding Refn, Ed Brubaker y otros nombres propios detrás de esta singular serie estrenada por Amazon Prime Video.

Too Old To Die Young se ha estrenado con no poca fanfarria y entusiasmo. Y no es para menos. Nicolas Winding Refn es uno de los directores más sui generis del actual cine norteamericano. Lo cual no quita para que sea muy difícil juzgar la serie sólo a través de su figura aunque, al final, podremos resumirlo en cuatro nombres propios: Ed Brubaker, William Baldwin, Alejandro Jodorowsky y Nicolas Winding Refn. Los cuatro nombres que vamos a tratar para juzgar el mosaico que conforma la nueva serie de moda.

El ahorcado: Ed Brubaker

Ed Brubaker no necesita presentación para nadie que haya prestado una mínima atención al cómic americano de los últimos quince años. Habiendo dejado su huella en las grandes cabeceras de Marvel y DC, donde ha destacado de forma especial es en su paso por el género negro. Desde su seminal Criminal hasta toda la seguidilla de títulos que ha firmado para Image -los excelentes Fatale, Velvet, The Fade Out y Kill or Be Killed, todos ellos dibujados por Sean Phillips– ha podido demostrar de modo implacable que tiene un oído especial para el diálogo contundente, el giro inesperado, los personajes desconcertantes y, sin salirse de los límites del mismo, conducir al género varios pasos más allá que el grueso de sus coetáneos. Y eso, en ocasiones, implica adentrarse en terrenos de lo místico.

En el caso que nos ocupa, como encargado del guión de la serie junto con el propio Nicolas Winding Refn, su mano se nota en los tintes de género de la misma. Pero también en su marcado tono político. Too Old To Die Young gira alrededor de la idea de un mundo muy similar al nuestro, pero en el que las teorías de la conspiración son ciertas. Los policías tienen charlas motivacionales fascistas, los cárteles mexicanos buscan conquistar los Estados Unidos para crear un culto de la muerte, hay pornógrafos que se ganan la vida haciendo películas snuff de violaciones y los únicos capaces de mantener en control todo eso son un grupo de asesinos de pederastas, con la ayuda de una vidente capaz de ver los secretos más oscuros de cuantos les rodean. Es decir, es la imagen magnificada, y pasada por un filtro completamente desquiciado de novela negra, de las ideas sobre las que se rige el discurso público americano.

En otras palabras, la serie es, en última instancia, una parodia. Y si bien muchas parodias corren el riesgo de acabar glorificando lo que pretenden criticar, ese no es el caso con Brubaker. Con gran experiencia a la hora de mirar el lado más incómodo de la sociedad, Brubaker consigue esquivar la bala de la identificación dejando claro que aquí nadie se escapa de ser un cínico, un mentiroso o ambas cosas. Igual que los policías son fascistas y los narcotraficantes son cultistas de la muerte, los vigilantes son la otra cara del fascismo: la que adscribe la línea de lo que es justo donde más les conviene. A fin de cuentas, es el único modo de que un hombre de 30 años, Martin Jones, interpretado por Miles Teller, se dedique a ejecutar pederastas por considerarlos despreciables mientras no se cuestiona ni una sola vez lo de tener una novia de 16 años.

Y si bien la muy particular estética de la serie puede hacer que mucha gente nunca llegue a percibir siquiera el guión que hay detrás, se hace un genuino esfuerzo por transmitir esa lógica de absoluta exageración de la realidad, rozando lo cómico. Cuando no va más allá del mero roce. Porque si alguien sigue de cerca las intenciones de Brubaker, ese es William Baldwin.

El loco: William Baldwin

Interpretando al padre de la novia de Martin, su papel como CEO de comportamiento completamente alienígena resulta absolutamente fascinante. Ya sea ronroneando mientras sostiene un peluche de tigre, haciendo comentarios inapropiados sobre cómo en unos años podrá follarse a las amigas de su hija o, simplemente, haciendo un incómodo y muy constante ruido de sorber con la nariz, su papel es la personificación de un aparatoso accidente múltiple. Algo completamente indescifrable, incluso aterrador, pero de quien es imposible apartar la mirada.

A fin de cuentas, su papel consiste en hacer lo que prácticamente ningún otro personaje consigue: dotar a la serie de un cierto tono místico. Entre lo surrealista y lo icónico, entre lo humorístico y lo solemne. Un equilibrio tan difícil como fascinante. Pero, por desgracia, ni la dirección de actores de Refn ni los propios actores aparte de Baldwin consiguen captar ese matiz absolutamente aberrante de sus personajes.

Todos los actores resultan hieráticos. Presencias fantasmales mirando al vacío en silencio. Y si bien esto no es nuevo, porque es la dirección de actores que podemos esperar por defecto de Refn, aquí es diferente. Las conversaciones se alargan ad infinitum en silencios eternos entre frase y frase. Personas se quedan observando cualquier mínima variación de la escena como si fuera la revelación más importante de sus vidas. Y al final, uno echa de menos lo que hace especial a la interpretación de Baldwin: que ocurra algo que haga evidente lo que está pasando por la cabeza de esos individuos. Aunque sea una imitación de Ronald Reagan.

Al final la serie pelea siempre entre esos dos extremos. Entre el naturalismo y la mística. Lo común y lo histérico. Y mientras todo el reparto parece estar siempre inmerso en lo primero para alcanzar sólo a veces lo segundo, Baldwin está inmerso en lo segundo para llegar sin problemas a lo primero. Porque el personaje más real y afincado en la realidad es, precisamente, el que más abiertamente abraza su absurdo.

El mago: Alejandro Jodorowsky

Ese abrazar lo real vía lo absurdo es algo que conoce bien Alejandro Jodorowsky. Escritor, dramaturgo, guionista de cómic, psicomago, director y seguramente cualquier otra actividad creativa creada jamás por la humanidad, es la gran influencia explícita de toda la obra de Nicolas Winding Refn. No por nada, The Neon Demon acababa dándole las gracias a Jodorowsky. Y eso se deja notar incluso más en Too Old to Die Young.

Todo lo místico que hay en la serie se podría adscribir a él. Su relación con el tarot es bien conocida, igual que aquí los episodios tienen sus títulos partiendo del mismo; toda la base de la psicomagia proviene de Freud, igual que la historia de Jesus y Yaritza en el octavo episodio, The Hanged Man, es básicamente un greatest hits del psicoanálisis; y la propia psicomagia, una pseudo-terapia creada por Jodorowsky, podría ser algo que practicara el personaje de Jena Malone, Diana, en tanto que parece apegada a los rituales y la manipulación emocional vía estrambóticos seminarios de dudosa utilidad. A fin de cuentas, todos estos son elementos integrales de la experiencia que propone la serie, aunque lo sean de manera superficial.

Nicolas Winding Refn, Ed Brubaker, William Baldwin, Alejandro Jodorowsky… ¿cuáles son los nombres ocultos tras TOO OLD TO DIE YOUNG, la nueva serie del director de ‘Drive’?

Tuitea esto

A fin de cuentas, aunque estos elementos están presentes, tampoco parecen cruzarse con la trama. Están ahí, como una suerte de homenaje a los westerns místicos de Jodorowsky, pero realmente no parecen querer profundizar en lo que intentan contarnos. Porque, a diferencia de las obras del chileno, aquí hay un guión clásico, bien apuntalado, con ideas muy concretas. Algo que queda sepultado bajo lo que acaba por ser toda la base de la serie: la lentitud con la que son planteadas las imágenes.

El carro: Nicolas Winding Refn

Es imposible negar que todo en Too Old To Die Young es muy Refn. Sus colores tendente hacia lo neón, el hieratismo de los actores, la lentitud en que transcurre todo. Está todo más cerca de Valhalla Rising u Only God Forgives que de Drive. Pero aquí Refn lo lleva a otro nivel. Fuerza la maquinaria hasta ver dónde (y cómo) se rompe.

Si algo quiere hacer la serie en términos estéticos es descubrir si es posible recrear un tiempo fílmico diferente al que estamos acostumbrados. Al intercambio relativamente ágil donde se da el tiempo sólo necesario para que entendamos lo que está ocurriendo intuitivamente. Y para hacerlo opta por llevar todo al extremo. Las conversaciones entre personajes se convierten en intercambios donde pueden pasar varios segundos entre frase y frase. El montaje se convierte en una sucesión de planos fijos y planos secuencia de gente andando hacia algún lugar o no haciendo nada en absoluto. Y de ese modo, personifica un nuevo tiempo. El tiempo de lo real. De lo que está aquí y ahora, el tiempo tal y como lo percibimos en nuestra vida diaria.

El problema es que no percibimos así el tiempo. Si bien su propósito de retratar la realidad es algo que ha arrastrado desde sus primeras películas, como él mismo ha declarado, aquí lo lleva a otro extremo. Filma lo que hay también entre los cortes. Pero con un problema esencial: siempre hay algo más que queda exento entre los cortes.

De ese modo, Too Old To Die Young tiene un problema muy particular: no es ya que sea lenta, es que no cumple su propósito. O no del todo. Si pretendía transitar la realidad tal cual es, no lo ha conseguido. La serie parece un artefacto cinematográfico aún más que si hubiera tenido una profusión natural de cortes, porque pone en evidencia lo construido de las escenas. No es natural. No es real. Simplemente, es lenta. Y en cierto modo, eso también la ensalza.

A fin de cuentas, la lentitud es prestigiosa. Valoramos mejor las películas que mantienen las cosas pausadas sobre las películas que las aceleran las cosas. Existe un prestigio de la contemplación que, tenga o no sentido, sea o no buscado, está presente en la serie como un elemento más.

Esa lentitud lleva, por otra parte, a que la serie sea visualmente inconsistente. No es extraño encontrar planos donde o nuestra mirada no tiene un punto concreto al que dirigirse o, tras alargarse durante mucho tiempo, no haya nada concreto que mirar. Algo que puede tener un propósito, demostrar cómo en la realidad no hay elementos-ancla concretos para nuestra mirada porque las cosas ocurren sin un propósito conocido, pero que choca frontalmente con la base de la propia serie. A diferencia de la realidad, Too Old To Die Young tiene un guión con un tema explícito. Y pretender lo contrario no hace sino remarcar lo irreal y ajeno al mundo que hay en él.

Ese es el problema, que puede no ser un problema para muchos. Que el guión está intentando contarnos algo, llegando a la realidad desde la mística, y la imagen, en tanto, está mistificando lo que hay de real en el mundo, alejándonos de cualquier concepto de verosimilitud en lo que estamos viendo.

El mundo: Too Old To Die Young

Al final, Too Old To Die Young es una serie que vive y muere entre tensiones. Entre fuerzas intentando poner en común un mundo que se dirige en direcciones completamente opuestas. Un guión paródico lucha por emerger entre unas imágenes que se recrean en el prestigio místico de la lentitud, que ahoga los temas que está intentando narrar en su conjunto. Y si bien nunca llega a perecer en el intento, sí crea una constante lucha interna en la que el espectador tiene que contestar una simple pregunta: «¿cómo de dispuesto estoy a aceptar la visión filosófica del tiempo de Nicolas Winding Refn?«.

Esa es la clave. La respuesta. Quienes crean en el prestigio de la lentitud, quienes coincidan en la ontología del tiempo del danés, disfrutarán de la serie. Quienes no, tendrán que aferrarse a los desesperados intentos de los otros elementos de la producción de mantenerse a flote en una concepción del tiempo que está en las antípodas de ser la normativa. Sea o no la más adecuada, o siquiera la más correcta.

Porque Too Old To Die Young contiene multitudes. Se dispersa en múltiples direcciones diferentes. Y aunque todas son parte intrínseca de su existencia, no se puede reducir exclusivamente a una de ellas. Incluso si, al final, todo se ve movido por la peculiar concepción de lo real del que es su director, Nicolas Winding Refn.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad