Trascender el reflejo: la representación en la Wonder Woman de Greg Rucka

Polémica o ficción. Greg Rucka, el actual guionista de la serie Wonder Woman, define a Diana de Themyscira, y a la propia Isla Paraíso, como queer en una entrevista en la que, aunque parezca mentira, eso no es lo más importante que dijo sobre el cómic. Estudiamos su alcance y las consecuencias de esta reinvención de la heroína de DC Comics.

Te queremos mostrar, no te queremos contar”. De la entrevista realizada a Greg Rucka, cuya clave parece residir en que el guionista de DC ha sacado oficialmente a Diana de Themyscira del armario, esa es la cita, la idea más importante formulada por el actual guionista de Wonder Woman. Algo que no sorprende a quien escribe estas letras, pues, cuando todavía no estaba de moda retratarse como feminista, el guionista de Queen and Country, Batwoman y Lazarus fue preguntado en el Salón del Cómic de Barcelona si se consideraba como tal, lo que él evaluó como una pregunta innecesaria. “¿Acaso hay otra opción?”.

Apenas ha pasado un lustro de aquello, y el fandom demandante de representaciones, de reflejos literales a los que asomarse, parece no acordarse de sus casi veinte números en la misma cabecera -editados, en su momento, por Planeta DeAgostini– a la que ha vuelto diez años después. Rucka, que, tras la intervención del matrimonio Finch, ha venido a rescatar a Wonder Woman de una etapa, cuanto menos, mediocre, ya estableció entre 2003 y 2006 los pilares para una relectura del arquetipo, en claro contraste con la visión de Brian Azzarello y Cliff Chiang (2011-2014), por poner un ejemplo reciente y reconocible. Mientras estos últimos abogaron por convertir al patriarca del Olimpo, el divino Zeus, en padre de nuestra heroína y a Atenea en su comparsa, Rucka configuraba un golpe de estado por parte de Atenea, con Wonder Woman como su campeona, en el que el dios de los cielos, el patriarca, era depuesto de su trono.  

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Wonder Woman e Io, por Cliff Richards.

Durante esta etapa de Rucka en Wonder Woman, todavía marcada por una retórica post 11-S, era difícil que pasara desapercibido el cariz de la relación entre Diana de Themyscira e Io, amazona encargada de la forja, responsable de armar a sus hermanas. Una relación que, en la línea de este guionista y dados los tiempos, apuntaba a la metáfora -poética, política-, pues pocos guionistas han sabido detectar el pulso moral del presente tan bien como éste en las páginas de sus cómics. La ruptura de Diana e Io en el último cómic de grapa firmado por este guionista, episodio final en el que Wonder Woman urgía a sus hermanas a desaparecer, sacrificándose una vez más por todas ellas, es también imagen de un desencuentro, de una traición.

Es por esto que imaginamos que, en el año en el que se celebra el 75 aniversario de su creación, Greg Rucka ha decidido tomarse el “renacimiento” de la superheroína, de sí mismo en DC, severamente. Tiene a su favor cabeceras del personaje que están experimentando con la esencia arquetípica, así como con la marca Wonder Woman. Experimentos realizados desde lo que cada uno de sus autores ha querido ver en los cómics de William Moulton Marston, Elizabeth Holloway, Olivia Byrne y H.G. Peter, creadores en 1941 de la amazona de Isla Paraíso.

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Diana y Etta Candy en ‘Wonder Woman: Tierra Uno’

Por ejemplo, en Wonder Woman: Tierra Uno (ECC, 2016), Grant Morrison y Yanick Paquette han dado forma a una interesante relectura del mito, con cierta ambición por actualizarlo; un cómic que, no obstante, en su primer volumen, se deja llevar por los guiños y el efectismo propios de quien quiere cuadrar el producto con la agenda, dando lugar a un divertimento hipster con afán de trascendencia que se queda en libro de regalo.

Este no es el caso de The Legend of Wonder Woman, cabecera no editada (todavía) en España, firmada por la guionista Renae De Liz y dibujada por Ray Dillion y la propia De Liz. También bebe del arquetipo, de la esencia mitológica, para darle renovados sentidos. Entre todos ellos, el de una épica que emana de la expresión de las distintas relaciones entre las amazonas; de las traiciones y lealtades entre hermanas; de la (re)construcción de un personaje como Diana de Themyscira desde la infancia. Una ambición no tanto por sublimar al personaje como por explorar la complejidad del mismo desde el punto de vista de una nueva generación hambrienta de relatos heroicos feministas.

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Dibujo: Nicola Scott

En esta línea, perfilada y ampliada por una apuesta evidente de las grandes editoriales por la superheroína, las declaraciones de Greg Rucka en las que define a Wonder Woman, y a Isla Paraíso como queer van mucho más allá de un outing al estilo Estrella del Norte. Una declaración que puede resultar necesaria para muchos y anecdótica para otros, pero que su propio autor se ha molestado en matizar, desplazando el sentido de muchos de los titulares leídos hasta la fecha. En palabras de Rucka: “Nuestro trabajo -el mío, el de Nicola Scott y el de Liam Sharp, ambos dibujantes de esta etapa de Wonder Woman- es servir al personaje. Es decir, debemos contar las mejores historias de Wonder Woman que podamos. Esa es nuestra ambición. Si, en el trayecto, podemos ampliar el sentido de esta superheroína, hacer entender la importancia cultural de Diana y responder a las preguntas de la gente, genial. Pero, y sé que esto va a frustrar a algunas personas, ese no es mi primer objetivo. No puede serlo. Porque, de otra manera, terminaría escribiendo una polémica, no una historia. Y una polémica es mala narrativa”.

La jugada de Rucka es una apuesta por la ficción. Una en la que hacer de Themyscira una utópica Isla Paraíso, marciana y queer, no porque las mujeres que la habitan se relacionen entre ellas, como por otra parte es y siempre ha sido lógico, sino porque busca el experimento, la transgresión… ir más allá en lo que respecta al personaje y su entorno. Esta es la idea germinal que un icono como Wonder Woman ha mantenido desde sus inicios hace setenta y cinco años en el All Star Comics #8, y la que han sustentado aquellos y aquellas que han optado por la imaginación. Autores que invitan a asomarnos al espejo, sí, pero para trascender nuestro reflejo.

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