Tridente de terror: Un trío de escritores que dan mucho miedo

Nada mejor que una buena novela de terror para calentar (¿o enfriar?) los ánimos con vistas a Halloween. Te proponemos lecturas capaces de ponerte la piel de gallina y hacerte ver amenazas innombrables en cada rincón de tu casa.

Para todos los que nos gusta el terror en todas sus vertientes, octubre es un mes muy especial: yo me paso semanas pensando, programando actividades que voy a realizar esa noche. Esas actividades suelen estar centradas en visionados, ya sean series o películas de terror… y también en lecturas. Por eso creo que este post os va a venir bien: traigo tres lecturas de este año que pueden funcionar a la perfección para la noche de Halloween y las semanas que la preceden.

Habría que preguntarse cómo es posible que hace unos cuantos años pasara desapercibida La chica de al lado (The Girl Next Door ,2007) de Jack Ketchum; cierto que lo publicó la Fecho… perdón, la Factoría de Ideas, un sello que no tuvo demasiado éxito en su colección de terror (a pesar de maravillas como Clive Barker y sus Libros sangrientos, Books of blood, 1984-85). Pero, aun así, la obra de Ketchum tuvo menos repercusión todavía. Podemos achacarlo al tema tratado: el autor tomaba como base lo más cotidiano de nuestras vidas y desencadenaba una situación que asustaba tanto por la crueldad de las escenas mostradas como porque en ellas participaban niños. Era tal el grado de verosimilitud, la indefensión al sentir que cualquier persona, dadas las circunstancias adecuadas, pueda  ser capaz de realizar actos de ese calibre, que el lector, como es mi caso particular, se asusta de veras. Hay ciertas escenas que difícilmente puedo borrar de mi memoria a pesar de haber pasado ya unos cuantos años desde dicha lectura.

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Todo esto nos lleva al primer título del que quería hablar, la novela de Shaun Hutson Ángeles Robados (Stolen Angels ,1996) que edita Tyrannosaurus Books. Se trata de una obra que, inconscientemente, ha generado un hilo invisible en mi cerebro que la une a la anterior, aunque los temas son diferentes y no tiene nada que ver el tratamiento que les dan sus autores. Sin embargo, este mismo sentimiento se repitió. Y eso que Ángeles robados empieza de una manera que no hace prever esta situación: el detonante de la trama son los suicidios de personas aparentemente felices. Algo macabro e inquietante, ya que cada uno de ellos muere con una sonrisa en la boca.  Parte de nuestro miedo viene de la capacidad del escritor de subvertir lo establecido,  no entra en nuestra cabeza  la posibilidad de que alguien que tiene una vida plena quiera suicidarse. Éste es el camino que escoge el creador de Slugs (Slugs, 1982) que no duda en mostrarnos una trama oculta donde hay sectas satánicas, abusos, asesinatos rituales y toda una cohorte de impudicia en las que opta, sin embargo, por no regodearse explícitamente (como si hacía Ketchum). A pesar de todo, la imaginación nos sirve claramente para visualizar lo que va sucediendo y es verdaderamente incómodo, especialmente para padres. Por si fuera poco, todo esto le sirve a Hutson para pintar una sociedad a la que crítica sin compasión, sobre todo, en su afán por primar el morbo sobre cualquier otro sentimiento. El final no deja lugar a dudas: no deja sitio para la felicidad, poca redención para las víctimas ni castigo para los culpables. El enemigo es tan real que no podemos esperar que la ficción nos redima como hace habitualmente.

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La segunda propuesta es de una índole bien distinta: ni se trata de una novela, ni se trata de occidente. Estoy hablando de la recopilación de relatos de Lafcadio Hearn En el Japón fantasmaldisponible aquí gracias a Satori. Nacido en Grecia y periodista durante muchos años en Estados Unidos, Hearn acabó mudándose a Japón e impregnándose de su cultura, actuando como un verdadero apóstol de lo oriental en occidente. Los japoneses consideran a Lafcadio como uno de los suyos, ya que llegó a imbuirse de tal forma en el espíritu nipón que su propia escritura sirve como paradigma de las cosas del Sol Naciente. Esta recopilación, una de tantas que se han hecho del autor, presenta una manera radicalmente distinta de acercarse a un terror donde priman los fantasmas, los espectros y los demonios mezclados con el folclore y las tradiciones más antiguas. Hay en su estilo una inigualable sensibilidad y una gran sutileza en las situaciones que llevan al horror. Esta confluencia de lo lírico y lo terrorífico es una dicotomía que nos sorprende ya que nos deleita y horroriza al mismo tiempo (como es el caso del relato Karma pasional). Otra de sus características, que destaca en sus narraciones breves como Aullido, es su uso del lenguaje para expresar lo sensorial, en forma de  descripciones que aluden a colores, formas, texturas, sabores, olores, tactos aterciopelados o gritos descomunales. Estos momentos sintonizan excepcionalmente con nuestra lectura, ahondando en nuestros sentidos aún más por la expresividad que consigue. Esta antología en particular no solo contiene terror sino capítulos de ensayo dedicados a tradiciones y que debido a su eclecticismo nos sirven como perfecto acicate para interesarnos por una cultura tan distinta de la nuestra. Una mezcla ecléctica y otra variedad en el tratamiento de lo terrorífico.

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Me falta el último vértice del tridente escogido y para ello os traigo el libro Nido de pesadillas (A Nest of Nightmares, 1986), una antología de relatos de la norteamericana Lisa Tuttle que, incomprensiblemente permanecía inédita en España hasta que Nevsky Prospects la ha puesto en las librerías. Nuevamente estamos ante una visión distinta del género que nos aporta nuevos retos, nuevos miedos. Tuttle afronta sus narraciones a la manera clásica, con una perfecta mezcla entre los miedos a lo que está “fuera” y aquello que llevamos “dentro”, como dice Jesús Palacios en su fantástica introducción. Sin embargo, donde verdaderamente destaca la autora es en el acercamiento a la cuestión de género; lo hace a través de sus poderosas narradoras, mujeres perdidas en un mundo heteropatriarcal, víctimas de las construcciones sociales realizadas por el hombre, mujeres abandonadas, mujeres maltratadas y, cómo no, mujeres que reaccionan y se defienden y atacan si es necesario. Algunas de ellas son verdaderos monstruos perversos que atrapan lo que las oprime. La autora utiliza pues este enfoque subversivo, no olvidemos que la ficción del terror en los ochenta está dominada por los hombres, y se abastece de lo clásico para armarla, lo clásico viene por la ambientación con descripciones muy vívidas de entornos góticos habituales y por la forma de plantear el relato, desde lo desconocido hasta un continuo crescendo con un estallido final, muy a lo Poe. Tuttle rehuye, eso sí, cualquier indicio de casquería, con momentos de gran sutileza psicológica cargada de un terror más implícito.  Afortunadamente, no faltan momentos de metaliteratura con reflexiones que nos llevan al papel de la mujeres en la sociedad y más concretamente en el mundo del arte. Trece relatos que amalgaman una manera de entender el género de una manera más femenina.

Tres formas diferentes de acercarse a ese género que tantos buenos momentos nos brinda. Escoge la favorita y a por ello.

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