#untemazodiario: 14 de febrero de 2016

La banda perfecta y la canción perfecta para un día como hoy: My Bloody Valentine quieren que les alimentes con tus besos. ¿A qué se referirán?

Vale ya de dar la lata con el Loveless, ¿no? Vale que el segundo elepé de My Bloody Valentine se convirtió en leyenda ya desde antes de su aparición en 1991, rematando para siempre los códigos de estilo del shoegaze y dándole carnaza sin fin a los periodistas en busca de anécdotas tortuosas. Pero, aunque algunos prefieran no acordarse, la banda de Kevin Shields había firmado ya un trabajo estupendo antes de lanzar esa obra maestra. Y no nos referimos a esos dos miniálbumes (1985 y 1987) de los que reniega hoy hasta el propio grupo: estamos hablando de Isn’t Anything (1988), su primer trabajo para Creation Records y un disco mucho más accesible.

Grabado en dos semanas de trabajo frenético (Loveless, recordemos, tardó dos largos años en salir a la luz), este disco deja mucho más al descubierto las influencias de Shields, Bilinda Butcher, Colm O’Ciosoig Debie Googe, esa bajista cuyo infravalorado trabajo ha sido siempre una de las espinas dorsales del grupo: sin los discos clásicos de Hüsker Dü Dinosaur Jr., canciones como esta Feed Me With Your Kiss nunca hubieran sonado igual. Ahora bien, las influencias de Bob Mould J. Mascis son una cosa, y ese tono ensoñiscado, casi autista, que Shields le da a todas sus grabaciones son otra muy distinta. Aquí, la experimentación no se había adueñado del trabajo del grupo, con lo cual las melodías, los estribillos y los ritmos frenéticos siguen estando en primer plano, conjugados con una sensualidad que, si fuéramos malpensados, calificaríamos de «enfermiza». Comprobadlo vosotros mismos dándole al play.

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