#untemazodiario: 16 de febrero de 2016

Más teatral, más lóbrega y más ochentera que nunca, la maestra Kate Bush se empapó de mitología australiana para componer esta The Dreaming. Prepárate para recibir el impacto de una pesadilla aborigen y con sampler.

Nunca ha sido una persona fácil. Su simpatía natural, su talento y esa imaginación tan portentosa como su voz no serían lo mismo si no viniesen aunadas a un ego del tamaño de las Islas Británicas. Pero reconozcamos que, cuando grabó el álbum The Dreaming (1982), Kate Bush la lió parda. A punto de cumplir los 25, la diva de Kent ya no era aquella chiquilla que, apadrinada por David Gilmour (Pink Floyd), había gorjeado en éxitos como Wuthering Heights, sino una artista segura de sus posibilidades y dispuesta a publicar composiciones cada vez más extrañas, así como a exprimir el estudio de grabación cual si de un pomelo se tratase. El resultado de tanta ambición fue lo que, eufemísticamente, se suele conocer como «una producción complicada», que duró más de un año y en la que una Bush envuelta en una perpetua humareda de THC pergeñó temazos tan herméticos como el que da título al disco.

Empuñando el Fairlight (aquel mastodóntico híbrido de secuenciador y sampler, prestado por el amiguete Peter Gabriel) como si de un fusil de asalto se tratase, Kate Bush recurrió a todos los sonidos imaginables para ofrecer una canción que es, a la vez, una oda a la mitología de los aborígenes australianos y una terrorífica descripción del apartheid sufrido por los nativos de la isla-continente. Y, para darle lustre a esa jungla de percusiones y voces grotescas que constituye el armazón del tema, se agenció los servicios de Nick Launay, el mismo ingeniero que había sufrido la grabación de otro disco ‘sencillo’ y ‘accesible’: el The Flowers Of Romance (1981) de Public Image Limited. Por si todo ello fuese poco, cuando tocó lanzar The Dreaming como sencillo, Kate rodó un videoclip que resulta… digamos que difícil de describir.

Cuando The Dreaming (la canción, y el elepé) llegaron al mercado, los críticos se quedaron bizcos: Neil Tennant, futuro cantante de Pet Shop Boys y por entonces redactor de Smash Hits, sentenció que aquello era una maldita locura, y que Bush estaba buscando a posta un fracaso de ventas que pusiese fin a su carrera. Sin embargo, el público acabó pillando la broma, con lo cual el álbum acabó llegando al número tres del hit parade británico. «No está mal para un disco poco comercial, ¿verdad?», comentó jocosamente la artista. Desde luego que no, Kate. Desde lueguísimo que no.

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