#untemazodiario: 28 de enero de 2016

Me cuesta escoger un solo tema de entre los dos primeros y absolutamente redondos discos de Los Ronaldos. El primero de ellos, titulado como ellos (1987), y el segundo, su famosísimo Saca la lengua (1988), son dos extraordinarios discazos de rock clasicote pero con una personalidad propia muy acusada y que, por algún motivo, nunca se han reivindicado como merecían.

Bueno, sí lo sé: la a veces irritante, a veces achuchable personalidad de Coque Malla se lo ha tragado todo, y aunque no estoy por hacer de menos ni sus incursiones cinematográficas (igual Nada en la nevera -1998- es nuestra gran comedia juvenil desconocida de las últimas décadas) ni su material en solitario, que tiene cosas estupendas, lo cierto es que los dos primeros discos de Los Ronaldos son increíbles. Más ásperos en el primero, con un equilibrio alucinante entre Lo Comercial y Lo Personal en el segundo, los temazos se suceden en ambos a una velocidad de vértigo: desde la tiernérrima Pequeña Daisy a la popularísima y perfecta Adiós Papá. Los Ronaldos transpiraban una chulería genuina, inofensiva y sencilla que avergüenza comparar con el postureo post-indie y de estética atroz de Pereza y demás malotes que han venido después de Los Ronaldos a dar por saco.

Lo dicho: cuesta encontrar un solo tema entre estos dos aludes de estribillos incomprensibles y memorables, así que me quedo con un temazo semidesconocido. No más amor parte de un juego casi infantil de negación de lo obvio: es una canción contra el amor que repite la palabra «amor» sin parar y sin descanso, para acabar saturando al oyente con las famosas cuatro letras, que quedan así vacía de contenido. El «No más amor» del estribillo adquiere un significado extra, sencillo y potente: que te pires con el amor de los huevos, como dirían ellos mismos.

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