Ven tal y como eres: por qué Kurt Cobain y Nirvana importan más que nunca

Hoy se cumplen 22 años de la muerte del músico de Aberdeen. Nosotros nos fijamos en la pervivencia de sus canciones... y vaticinamos que, dentro de unos años, ésta resultará más importante que nunca en mucho tiempo.

Digan lo que digan, en España apenas hubo grungeDel autóctono, queremos decir, porque el impacto de Nirvana y su Nevermind se hizo notar aquí con tanta fuerza como en el resto del mundo allá por 1993. Y, dada la velocidad absurda a la cual circulan hoy en día las modas y las corrientes de estilo, no podemos dejar de pasmarnos al ver cómo el 22 aniversario de la muerte de Kurt Cobain suscita una reacción vertiginosa en las redes sociales. Vale: estamos ante una maniobra nada ajena a la necesidad de ganar titulares (salgan éstos de donde salgan) por parte de los medios y de la industria. Pero aquí hay algo más: basándonos en indicios presentes a nuestro alrededor, y también jugando un poco a la videncia pop, apostamos a que la obra del músico de Aberdeen resulta ahora más relevanteque nunca en muchísimo tiempo. Aquí, nuestras razones.

1. Por la ley del ‘revival’

«Veinte años es la unidad de medida de la nostalgia», dijo alguien. Y, dado que ya nos separan dos décadas de los 90, resulta natural que la chavalada de hoy en día muestre por su estética y su música un interés similar al que muchos jóvenes de los 80 y los 90 experimentaron hacia The Beatles, The Doors David Bowie. No estamos hablando de ‘música vieja’ sin más: estamos hablando de sonidos grabados en muchos casos cuando ellos no habían nacido, o, como mucho, cuando apenas eran críos y crías que apenas se daban cuenta de aquello que escuchaban. Algo demasiado antiguo como para ser la música de los hermanos mayores, pero también demasiado reciente (en la mayoría de los casos) como para haber ambientado las juventudes de sus padres, madres y otras figuras de autoridad. Y respaldado, además, por un aura mítica que no se extingue con los años.

2. Porque es música para gente rara

Por lo visto, el éxito masivo de Nevermind acrecentó lo suyo las neuras de Kurt Cobain. Cosa que no nos extraña: tras haberse movido a trompicones por aquella escena primeriza de Seattle, el cantante y guitarrista aspiraba al estrellato, sí, pero a un estrellato indie que le permitiera codearse con sus adorados Pixies y otros grupos alejados de la radiofórmula. En ese estado de cosas, verse de repente llenando estadios debió ser crudo, máxime cuando, tanto por sonido (un potaje de pop sixties y ruido guarro) y por mensaje (escuchen la letra de Polly, y luego nos cuentan) los álbumes de Nirvana tenían por destinatarios naturales a los freaks, los raros y los marginados. Normal que, tras llegar a la fama, Cobain y los suyos decidieran grabar In Utero con un cafre como Steve Albini y llenar el álbum con las canciones menos melódicas de su repertorio. Aquello, al menos, espantaría a los pijos…

3. Por la conexión feminista y queer

No sabemos cómo será la vida hoy en día para los adolescentes gays, lesbianas o transgénero: a veces, pensamos que se tratará de un panorama menos espantoso que aquel con el que uno se topaba hace veinte años (no digamos hace treinta) hasta que la cruda realidad, en forma de noticias sobre suicidios o agresiones, nos da en los morros con la mano abierta. Así las cosas, resulta lógico que la juventud LGBT y feminista (o afín a esas causas) se identifique con las canciones de un tipo que hizo todo lo posible por alienar a sus fans machirulos y homofóbicos: las conexiones de Nirvana con el movimiento riot grrrl, merced a la amistad con Kathleen Hanna Tobi Vail, son una parte crucial de su mito, y las espantás antipatriarcales del ídolo, con sus pintadas de «Dios es gay», sus confesos titubeos acerca de su sexualidad y sus apariciones con vestido baby doll, siguen siendo rompedoras en el día de hoy.

4. Porque no se parece a nada de lo que suena hoy

Es un hecho: en cuanto uno desciende un poco por la escalera generacional, se encuentra con que el rock de guitarras ha pasado a ser, en buena parte, cosa de cuarentones aburridos. Para todo un cosmos de veinteañeros, los primeros pasos en el mundo de la música tuvieron lugar de manos del hip-hop (en la españa dosmilera, hacerse fan de Violadores del Verso era como seguir a Barón Rojo diez o quince años antes) y hay toda una joven intelectualidad que jura por el reggaetón y por el vaporwave (en los casos más finolis) como si no hubiese un mañana. A ello sumemos que el pop de radiofórmula, producido hasta el último detalle y lleno de figuras con carisma, resulta hoy omnipresente en la conciencia colectiva. A nosotros no nos resulta nada incómoda esta situación, pero también aceptamos que una reacción en contra por parte de las generaciones siguientes resulta inevitable. Y estamos casi seguros de que dicha reacción sonará como el riff de bajo de Come As You Are.

5. Porque las canciones dan para mucho

Parece una perogrullada, pero hay que decirlo: hace ya casi un cuarto de siglo, Nirvana y Kurt Cobain no se hicieron famosos sólo por un mero capricho del marketing (aunque algo de eso había) o porque las circunstancias históricas estuvieran a su favor (que también). Lo hicieron porque su repertorio estaba lleno de melodías pegajosas como el chicle y que, guitarrazos mediante, permitían a uno sentirse como un malote y un inadaptado mientras las escuchaba. El cebo perfecto para quienes entraban en la pubertad, vamos. De ahí que una amiga nuestra nos comentara hace poco que su sobrino (un mozo de quince años) se dedicaba a escuchar el Nevermind, el Bleach y el In Utero como si no hubiese un mañana, al igual que la totalidad de su pandilla. Habrá que ver si la curiosidad natural de la juventud hace su efecto, y esos chicos acaban interesándose por los Melvins, The Raincoats, los ya mencionados Pixies, Young Marble Giants y otras bandas fabulosas por las que suspiraba el propio Cobain.

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