[Versus] Día del Orgullo Friki: ¿hay motivos para enorgullecerse?

Los días de orgullo de las cosas deberían ser motivo de celebración y jolgorio, pero nunca llueve a gusto de todos. Del sempiterno Día del Orgullo Gay a este Día del Orgullo Friki que se festeja hoy, nos preguntamos: está claro que hay motivos para exigir visibilidad, respeto e igualdad en ciertos aspectos, pero... ¿en TODOS los aspectos de la humanidad? Veamos qué piensan ADRIÁN ÁLVAREZ y JOHN TONES, wrestlers de excepción para un duelo a muerte con el Día del Orgullo Friki de fondo.

(Ilustración de cabecera de Mauro Entrialgo)

En contra. ¿Orgullosos de qué? 

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Robo el titular a los idiotas mayores del reino para dejar claro desde el principio mi punto de vista: ¿qué sentido tiene un Día del Orgullo Friki? Los Días, escritos así con mayúsculas, sirven para reinvindicar algo por lo general olvidado o denostado, y aunque uno puede estar tentado de pensar que “lo friki” sigue siendo algo peyorativo, lo cierto es que el ambiente actual demuestra justo lo contrario: dicho en román paladino, los frikis han ganado.

¿Qué es un friki sino un consumidor de cultura? Uno que no se esconde pese a que, para los cretinos, consuma un tipo bajo de cultura, una división que repudiamos en CANINO. Pero de todas mierdas: la taquilla pertenece a los superhéroes y películas de género, hasta el punto de que algunos de los mejores actores de su generación están atados a este tipo de cine; la televisión ha importado con éxito personajes e historias, desde el Berlantiverso (Arrow, Flash, Supergirl) a iZombie, que jamás hubiéramos soñado en nuestro salón; existen productos de merchandising oficial, casi oficial, alegal e ilegal en cualquier tienda que puedas imaginar; hay nichos de mercado para casi todo. Antes una camiseta de Flash te costaba veinte euros en una tienda especializada de barrios concretos, como las calles Pez y Luna de Madrid o el Triángulo Friki (sic) de Barcelona: ahora te la venden a ocho en una conocida tienda de ropa barata.

Aún sin todos esos logros, no veo un verdadero motivo para reinvindicar ser friki porque ¿quién lo es y quién no? ¿Es menos friki el gorila enamorado de once tíos en pantalón corto que un tipo con una camiseta de Batman que realmente disfruta leyendo cómics de Batman?

Hace años, una chica me comentó de modo peyorativo que me gustan los cómics y los libros de ciencia ficción sólo porque quiero evadirme de la realidad, pero parecía estar menos molesta con otros amigos que tenían como único pasatiempo ver deporte en televisión. En su día me encogí de hombros y no le contesté, pero a día de hoy tengo muy claro qué le diría: que, como algo que uno hace en sus ratos de ocio, es cierto que hay un componente de evasión, pero que toda obra narrativa posee dobles y terceras lecturas que evidencian no sólo la calidad de sus autores, también el contexto en el que se creó la obra. Para muestra, un ejemplo de producto horroroso: Terminator: Genisys (2015), que detrás de su historia de ciborgs y apps asesinas, tiene un comentario sobre el paso del tiempo, el avance tecnológico y el destino. Es una película atroz y aún así tiene más mensaje que una jornada de liga. Y con esto no quiero iniciar una guerra, sino subrayar cómo el consumo de cierto tipo de cultura está peor visto que la falta de cultura.

Como conclusión y clavo en el ataúd del Día del Orgullo Friki, parafraseo a George Carlin cuando hablaba de orgullo nacional: estar orgulloso por algo debería dedicarse a algo que consigues o mantienes por tu cuenta. Nadie elige, ni lucha, para que le gusten las películas de superhéroes o las novelas del Mundodisco, simplemente le gustan. No debería haber un día específico por el que estar orgulloso porque todos los días debería importarte un comino lo que piensen los demás de tus gustos. Salvo que te guste Terminator: Genisys. Adrián Álvarez    

A favor: El himno de la victoria

Quienes me conozcan sabrán que durante mucho tiempo he llevado una cruzada contra el Día del Orgullo Friki por razones muy similares a las espléndidamente expone mi compañero y sin embargo enemigo Adrián Álvarez. A lo que yo añadiría el notable matiz de que, en el fondo, no creo que haya nada de lo que enorgullecerse: no creo que El Señor de los Anillos sea mejor que Truffaut (en este caso específico, yo diría que es bastante peor) o que los tebeos de Superman tengan mucha más densidad intelectual que El Quijote. Tampoco creo que estén por debajo: es un sistema de vasos comunicantes entre la cultura tradicional y esta nueva cultura que hemos ido construyendo a base de trompazos, gafas rotas y collejas en EGB y que no se construye en términos de igualdad. Sencillamente, es otra cosa.

Pero lo que tengo que concederle a Adrián es que los frikis han ganado. No hay nada más mainstream y menos marginal que los superhéroes, que Star Wars y que Tolkien. No es un problema, por supuesto, pero sí que pone en tela de juicio la necesidad de reivindicar algo que genera millones de euros en beneficios que van a parar a los bolsillos de gente muy poco friki. Esa era mi postura y, en cierto, sentido, lo sigue siendo, quizás, porque como Friki de Lo Friki (a mí un pajero de los videojuegos me ha dicho que era «demasiado raro» mi fetichismo por Popeye o por Alicia en el País de las Maravillas), quizás sí que es verdad que hay capas de frikismo que merecen la reivindicación mucho más que este Corte Inglés del frikismo de cada año, este Mercadona del cosplay, este frotarse las manos la Vodafone de turno para ver cómo puede exprimir un poco más a estos jovenzuelos de bolsillo generoso y gustos de rigor leve.

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Por tanto… ¿qué sentido tiene un Día de Celebración de una victoria? Bueno… precisamente eso. Independientemente de ese tufillo a feo-de-la-clase-que-ahora-triunfa-jajáaaa y que sí, es un poco deplorable, pero que bueno, el «orgullo» es lo que tiene, el Día del Orgullo Friki tiene también algo de simple y llana celebración de lo que nos gusta. Y no puedo estar contra eso. No puedo estar en contra de que gente con la que a lo mejor no pasaría un fin de semana aislado en una cabaña en los bosques de Providence (pero eh: gente con la que, nos pongamos como nos pongamos, tengo más en común que con cualquiera que alguna vez haya jaleado un gol; cualquier gol) se tire a la calle a berrear «Larga vida y prosperidad» porque hoy sí está legitimado.

No me gusta lo que la gente que se autoadjudica el término friki ha hecho con su propia afición, abrazando el consumismo descerebrado y disfrutando de sus aficiones de forma acrítica y a veces enervante. Pero mi espíritu no están tan desecado (aún) como para que me parezca mal que alguien se pone una camiseta de Green Lantern o se construye una réplica de una pistola de portales o toca con un ukelele la sintonía de Super Mariom diga que rabie quien tenga que rabiar, que ahora sí que sí que todo eso está bien. Es que todo eso está bien… cómo me va a parecer mal. John Tones

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