[Versus] ‘La Llegada (Arrival)’: ¿Convence lo nuevo de Denis Villeneuve?

Fotograma de La Llegada, con Amy Adams.

Es uno de los estrenos más relevantes del momento. Muchos aseguran que está destinada a cambiar la ciencia-ficción cinematográfica. Muchos otros, que es una película vacía de contenido realmente profundo. En CANINO también estamos enfrentados, así que hemos elaborado este choque entre dos de nuestros expertos para que discurran a favor y en contra de lo nuevo de Denis Villeneuve.


Ojo: Este artículo incluye spoilers moderados.

A favor – Jose Manuel Sala

Hace treinta años, la Universidad de Chicago planteó una batería de problemas éticos a una clase de estudiantes monolingües y a otro grupo similar que se encontraban aprendiendo varios idiomas. Con el experimento se intentaba demostrar si estudiar lenguas extranjeras no sólo alternaba nuestra capacidad de medir el riesgo, sino averiguar si al despojarnos de la carga emocional (limitada) de nuestra lengua madre nos permitíamos ver dilemas morales desde otra perspectiva, una nueva, distante y casi alienígena. En otras palabras: si en la diversidad de idiomas que mantiene dividida a la humanidad (a lo torre de Babel) podría hallarse quizás la clave para reescribir la condición humana.

No sé si Ted Chiang sabía algo acerca del experimento de Kahneman llevado a cabo en Chicago cuando escribió el relato La historia de tu vida (1998). Por su nombre, probablemente tuvo que aprender hace tiempo lo que significaba pensar (inconscientemente) en dos o más idiomas. Entender que, por ejemplo, cuando decimos “siguiente” o “anterior” en un texto escrito en español nos referimos a un plano cronológico (pasado, futuro), mientras que en inglés indicamos un punto espacial (arriba, abajo). Y así, hasta el infinito.

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Si entendemos la ciencia-ficción como el lenguaje que mejor cuestiona (y altera) la realidad, el género que se encuentra por encima de modas (te miro a ti, novela negra, y también a ti, novela histórica), que un relato como La historia de tu vida consiga trasladarse a otro medio es motivo de celebración. Al fin y al cabo, toda la obra del autor de El infierno es la ausencia de Dios (2001) se basa en la lucha por la comunicación y adaptación entre individuos, o lo que es lo mismo, la búsqueda del conocimiento en todas sus acepciones (arqueológico, místico, tecnológico, lingüístico, etc)

Ya en La historia de tu vida Chiang recogía dos corrientes: el universo de Ian Watson dibujado en el esencial Empotrados (1973) con una espiritualidad venida de autores contemporáneos que no entrarían dentro de la hoy despreciada ciencia-ficción dura. La traducción en imágenes del imaginario de Chiang requería un buen traductor. Denis Villeneuve, canadiense con el que con cada nueva película parece desafiar la silenciosa batalla entre el lenguaje comercial y la audiencia adulta, consigue lo que parecía imposible: cambiar el lenguaje para que el mensaje siga siendo el mismo.

El director de Enemy (2013) entiende que el relato de una intérprete que entra en contacto con una raza alienígena con una diferente percepción del tiempo (y el espacio) debía de ser tratado de forma contenida, con una (aparente) frialdad matemática que sólo se rompe en sus piruetas espacio-temporales, arrebatos de poesía malickiana arropados por notas de Max Richter. En tiempos de incertidumbre (recordemos: la película se estrenó en muchos países la misma semana de la victoria de Donald Trump) es encomiable el valor en hacer una película optimista, que abraza con la misma intensidad la pérdida de un ser querido que los sinogramas que esconden un mensaje extraterrestre, pasando por la idea del lenguaje como materia éter (¡ese viaje al interior de la nave!) capaz de alcanzar nuestro subconsciente.

Como en cualquier tiempo de cínicos, habrá detractores de esta película, o incluso enemigos que la tachen de lanzar (?) mensajes pro-vida (?). Volviendo al experimento de Kahneman, quizás es hora de examinar películas con otro tipo de mirada ajena a ideas preconcebidas (aunque eso no quita para que el debate sea bienvenido). En otro mundo, en uno donde las sociedades no estuvieran desconectadas por su limitado lenguaje de signos (uno diseñado por Ursula K. LeGuin, o por Robert Silverberg, por ejemplo) La llegada podría representar (simbólicamente) el principio de un nuevo modelo de ciencia-ficción en el cine. Pero eso sería ser demasiado optimista, en tiempos grises donde la idea de una película adulta en los circuitos comerciales está a un paso de convertirse en leyenda urbana. Disfrutemos de momento con esta (sin duda) obra maestra.

En contra – Daniel Ausente

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Un director con garantía y en imparable ascenso acometiendo la adaptación (compleja, todo hay que decirlo) del estupendo relato La historia de tu vida de Ted Chiang. Pinta cojonudo. Uno se sienta en la butaca y durante hora y media goza mientras se dice “joder, esta en una de las pelis de ciencia-ficción más grandes de la historia”. Y entonces un chino y una niña con cáncer te derriban el monumento y te desnudan al rey mostrando sus miserias: puro artificio que traiciona el cuento original, está mal explicado, oculta un venenoso mensaje provida y busca un único y mundano propósito: los Oscar de Hollywood.

Lo primero es la puta niña con cáncer terminal, ahí, agonizando en el hospital con sus tubos y sus dolores. Porno emo. Vivimos tiempos abyectos en los que no se puede matar niños en las películas. Antes a los niños los mataban bien muertos, como debe de ser, mientras hoy… ¡alto ahí! ¡mejor que no! ¡quita eso que se nos puede caer el pelo! Así es, pero con una única excepción: si los niños mueren de cáncer y la película es de llorar, entonces sí, puedes matar a los que te dé la gana, y mejor si hay violines. ¡Cáncer y violines! Alzo mi espada y parto en cruzada contra tamaña hipocresía. Además, en el cuento de Ted Chiang no hay hija menor rapada y pálida dando los últimos estertores sino mujer de 35 pereciendo en accidente de montaña.

Fotograma de La Llegada, con Amy Adams.

Ese cambio muta y convierte la historia en otra cosa. No es ya que una madre que conoce el futuro acepte tener una hija que morirá y no se plantee la anticoncepción ante ese destino sino el tema de la muerte digna. ¡Líbrala al menos de la agonía hospitalaria de sus últimos días! Pero no, el mensaje pro-vida está ahí, disuelto como droga en el Colacao. ¡Si! ¡Ya sé! ¡Ese no es el sentido de la historia! ¡No he entendido nada! ¡Esto va de que aprender un lenguaje extraterrestre modifica el cerebro! ¡La percepción del tiempo deja de ser lineal y se hace simultánea! ¡No hay nada que hacer porque el futuro es un recuerdo! ¡La paradoja de Fermat aplicada a lo temporal! Sí. Lo sé. Me he leído el cuento. Pero en el cuento nadie decide y actúa para modificar la línea temporal, porque no se puede, y en la película sí. Primero los extraterrestres, que vienen porque en el futuro necesitarán a los humanos, algo que no está en el original como tampoco está el chino. El puto chino del futuro que susurra al oído lo que hay que decir al puto chino del pasado para salvar a la humanidad. Una acción que busca evitar algo, algo que no evitará la madre trayendo al mundo a una niña con cáncer a la que encima no librará de la agonía hospitalaria sabiendo que va a palmar. Por eso la abandona el marido, porque no le ha dicho nada, y el marido se divorcia porque es cabal y no un miserable como el del cuento, que se enrolla con una jovencita y se larga. “¡Lo del chino es una paradoja temporal!”, me dicen algunos. “¡Ya sabes como son las historias de viajes en el tiempo!” Sí. Lo sé. Pero es que esto no es una historia de viajes temporales, es una historia sobre la percepción del tiempo modificada por el lenguaje (gran tema el del lenguaje en la ciencia-ficción, hay unas cuantas obras maestras por ahí). La historia que se adapta es algo muy diferente a un viaje temporal con sus paradojas y demás, y el puto chino es un viajero temporal que lo cambia todo para que la decisión de tener una niña con cáncer sea consciente y asumida.

He pasado varios días investigando la identidad del guionista. ¿Queréis saber la verdad? ¿Seguro? Os la han metido doblada. Es un seudónimo de Albert Espinosa. Me lo ha susurrado un chino del futuro.

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