[Versus] Serie de ‘Watchmen’, sí vs. serie de ‘Watchmen’, no

Una vez más, dos miembros de la familia CANINO se enfrentan en un duelo sin cuartel defendiendo posturas opuestas: ¿merece la pena que HBO gaste sus monises convirtiendo Watchmen en un serial televisivo, o haríamos mejor encerrando a Zack Snyder con Alan Moore y Rorschach en una habitación oscura?

La semana pasada, el rincón de CANINO reservado para los enfrentamientos mortales a párrafo limpio debutó con un conflicto épico: el 1989 de Taylor Swift contra la versión cantautoril del mismo álbum editada por Ryan Adams. Para la entrega de hoy queríamos un combate igual de estremecedor, y lo hemos encontrado. Porque la posibilidad de que HBO convierta Watchmen en serie de TV nos parece algo cuya conveniencia y necesidad deben ser dirimidas cuanto antes. En cada esquina del ring, Adrián Álvarez Yago García se preparan para las tollinas.

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Ni siquiera Ozymandias se merece esto
Yago García

Ya va para 30 años y aún seguimos a vueltas con ella. Para bien, para mal o para ambas cosas, Watchmen es el eterno pedrusco a cuestas del cómic en general, y del cómic de superhéroes en particular. Los intentos por hacerla caer han existido (alguna crítica al dibujo de Dave Gibbons, por feísta, e incluso algún reproche a Alan Moore por un guion en exceso alambicado), pero su peso permanece ahí, y cuando nos enfrentamos a dicho tonelaje todos somos un poco Sísifo: por mucho que pugnemos por dejarla en su lugar y seguir adelante, siempre acabamos cargando otra vez con esa relevancia.

El tocho de Gibbons y Moore no es sólo, entre otras cosas, el plan de demolición para una mitología, sino también uno de los tebeos (perdón, ‘cómics’, perdón, ‘novelas gráficas’) más mitificados de todos los tiempos. Y mitificado, a veces, por motivos erróneos. Así pues, la noticia de que HBO se plantea convertirlo en una de sus series no ha podido sino llenar a quien suscribe con un hartazgo muy hondo. Uno pensaba que, a pesar de haber entregado un filme más malo que la quina y demostrado de paso no haber entendido casi nada del original, Zack Snyder nos había hecho un favor adaptando Watchmen al cine: después de traducir por fin al Doctor Manhattan, a Rorschach, al Búho Nocturno y al resto de alimañas con disfraz a imágenes en movimiento, creyó entonces, la industria se daría por satisfecha y avanzaría hacia la siguiente etapa de su relación con el cómic, fuera esta la que fuese. Vana ilusión.

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Lo los planes de HBO sólo prueban, a mi modo de ver, que ahora mismo el cine de superhéroes se encuentra en la misma tesitura que el cómic de superhéroes se encontraba en septiembre de 1986, cuando el Comediante tomó una lección gratis de vuelo sin motor. Es decir: en pleno combate entre las ansias de libertad de sus autores y la necesidad de ganar pasta repitiendo clichés. Como emblema que es de la ‘TV de calidad’, la emisora responsable de Juego de tronos quiere apuntarse el tanto de llevar un tebeo ‘adulto’ y ‘serio’ a la pequeña pantalla, olvidando así que el propósito de Moore no era tanto revolucionar el género como fustigar algunas de sus pretensiones mediante una demostración práctica. Verbigracia: que una historia ‘adulta’ y ‘seria’ de aventureros en mallas sólo es posible en tanto que muestrario de patologías mentales, y que un Superman jovial y sonrosado de Curt Swan vale más que docenas de sujetos torvos con pretensiones de realismo. [pullquote align=»right» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Decir que ‘Watchmen’ necesita una serie es como decir que ‘The Wire’ necesita un cómic.[/pullquote]

Basta con ver la deriva que los superhéroes tomaron desde el ecuador de los 80 (una deriva que casi se los carga, por cierto) para saber que al mago de Northampton le salió la predicación por la culata. Y cabe suponer que los machacas encargados por HBO de realizar el show tampoco pillarían demasiado el chiste. Porque, vamos a ver: ¿por qué los críticos serios, esos que la incluyen en sus listados, alaban tanto Watchmen? Pues, simplificando, porque se permite audacias formales dentro de su austeridad, porque en ella la gente muere de maneras atroces, porque transpira miseria humana, porque es cínica. ¿Necesitamos trasladar esas cualidades a la televisión existiendo ya Hannibal, Juego de tronos, The Wire o Red Riding? No, y afirmar lo contrario es como decir que cualquiera de esas series precisa de una adaptación al cómic para ganar respetabilidad artística.

En realidad, sí hubo un momento propicio para convertir Watchmen en un serial de televisión: a finales de los 80, cuando Terry Gilliam constató que el tebeo era demasiada ballena para el acuario de una película, a no ser que ésta durase tanto como Satantangó o un poquito más, y se planteó darle ese formato. De haberse producido entonces, y de haber tenido Gilliam carta blanca para acomodar el original a su visión, entonces sí podríamos hablar de una obra rompedora, atrevida y capaz de poner patas arriba las expectativas del público. Ahora, una serie de Watchmen sólo será un programa de tantos, sólo que con la marca de la carita sonriente para hacerlo destacar en el mercado. Ni siquiera Ozymandias se merece eso.

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Una pequeña posibilidad
Adrián Álvarez

Es sencillo sentirse agotado al oír hablar de Watchmen, no sólo por su importancia en el mundo del cómic, y específicamente en el de superhéroes, sino por la cantidad de noticias que durante más de treinta años generó su adaptación al cine. Desde la adaptación de Terry Gilliam, que parecía incluir viajes en el tiempo, hasta la que llegó a los cines en 2009 de la mano de Zack Snyder.

Y con la película, es como si hubiéramos llegado al final de una larga y tormentosa relación. Watchmen volvió a las estanterías y el filme cayó en el olvido.

Pero Snyder no se rinde. Primero parió para el formato doméstico un goliat de cinco horas y planea ahora una serie para la HBO. Podemos echarnos las manos a la cabeza, pero para entender por qué tengo algo de esperanza, hay que hacer un repaso muy somero sobre el estado del cine de superhéroes.

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¿Por qué hay adaptaciones que funcionan, si no en lo comercial, al menos en lo artístico? La respuesta está en la apropiación que sus responsables hacen del material original, convirtiendo las viñetas en fotogramas como alquimistas, no como amanuenses. Pensadlo bien, incluído tú, Yago: si Blade hubiera sido el mismo tipo de macarra trasnochado que en los cómics; si Sam Raimi no hubiera mezclado su sensibilidad kitsch con la etapa de Stan Lee y Steve Dikto; si Robert Downey Jr. no hubiera convertido a un ex-alcohólico adusto en el hombre más carismático de la Tierra… no habría habido adaptaciones tan remarcables como Blade (Stephen Norrington, 1998), la trilogía de Spider-man (2002, 2004, 2007) o Iron Man (Jon Favreu, 2008). De la misma manera, la maquinaria del blockbuster hollywodiense ha sabido coger el crossover típico del cómic de pijameros y elevarlo al 11, al tiempo que idea súper arcos argumentales y de personaje para que, y vuelvo a Iron Man como ejemplo, Tony Stark pase de fabricar armas a salvar el mundo con Los Vengadores.

Watchmen falló, por encima de cualquier otra cosa, por su literalidad. Escenas que en el cómic se leían con soltura tenían una plúmbea traducción en pantalla, y Zack Snyder no tenía muy claro dónde Alan Moore y Dave Gibbons hacían una crítica de los superhéroes, y dónde se burlaban.

Lo que Watchmen necesita, entonces, es hacer un Hannibal.

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Ahorrad hemeroteca, que os cuento cómo fue recibida la noticia de que Bryan Fuller estaba preparando una serie sobre Hannibal Lecter: con pinzas, en el mejor de los casos. El doctor Lecter era ya un icono pop, El silencio de los corderos sigue siendo de lo mejor que parieron los 90 y nadie podía imaginarse en el papel a otro que no fuera Anthony Hopkins. Tanto era así que Manhunter (1986), siendo una titanada de Michael Mann, fue condenada al ostracismo, y los intentos de aprovecharse del talento de Hopkins en dos películas, más unos orígenes del caníbal que nadie pidió, terminaron de secar el pozo.

Fuller hizo suyo a Hannibal. Jugó con el material de Thomas Harris y lo amoldó a su gusto, de forma que tanto los fans de las novelas y películas como los neófitos disfrutaran de una historia fresca. A ello le sumó una dirección de arte exquisita, la poderosa idea motriz de que Will Graham y Hannibal Lecter se merecen como amantes y una libertad inusual por parte de la cadena.

Así que, gracias a Hannibal, espero que Watchmen pueda ser una buena serie. Hay libertad por parte de la cadena, que es nada más y nada menos que HBO, pero Zack Snyder, que talento no le falta, tiene que apropiarse de Watchmen y retorcer su premisa, mientras señala y machaca los mecanismos audiovisuales del mejor cine de superhéroes. Está obligado a esquivar al fan que no aprende y quiere otra vez que se use el dichoso cómic como storyboard. Debe manejar los «continuará…» de cada episodio, único punto de esta posible adaptación que no me importaría que se mantuviera de forma literal. Y ya sería la bomba si Snyder se soltara la melena respecto a sus películas, y abordara la sensualidad del material original con algo más de arrojo que un pene digital.

Es una pequeña posibilidad. Esperemos.

morgan

 

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