[Vídeo] Lola Flores enseña a usar las drogas

A nivel Escohotado, oigan: en una entrevista para el programa El perro verde (1988), Jesús Quintero interrogó a 'La Faraona' sobre su relación con las sustancias dopantes. Y la respuesta fue una charla sobre cómo ponerse hasta las cejas pero, eso sí, "con método".

Gracias sean dadas a los señores de Google: gracias a su oportuno doodle de rigor, celebrando el que hubiera sido su 93 cumpleaños, el mundo entero se ha volcado con Lola Flores, recordando hitos como aquel «No sabe cantar, no sabe bailar, no se la pierdan» que le dedicó The New York Times o, en términos más viperinos, aquel «si una peseta diera cada español…» motivado por sus desencuentros con el Fisco en sus últimos años. Así, ahora que medio mundo anda entonando (y bien que hace) el Que te coma el tigre, nosotros queremos rendir tributo a una de las mayores estrellas pop que ha dado España, si no la mayor. Y, más allá de su faceta musical, con o sin Manolo Caracol o Antonio González ‘El Pescadilla’, nos apetece recordar a la Flores como la mujer de mundo con más conchas que un galápago que nunca dejó de ser. Incluso en plena década de los ochenta, y cuando se le mencionaba una de las bestias negras de la España de entonces y de su propia familia: las drogas.

Pongámonos en situación: estamos en 1988, y una Lola de 65 probables años habla con Jesús Quintero en el programa de TVE El perro verde. Charla que te charla con el ‘Loco de la colina’, aparece el tema de la adicción a la heroína de su hijo Antonio Flores, algo que a la artista le había costado muchos ratos amargos. Lejos de moralinas fáciles, aunque sin mencionar al vástago Lola habla del tema a pecho descubierto («Era una pantera negra que no vivía, que no dormía, que lo de ahora de Hacienda… eso se queda debajo de la mesa. Yo iba ‘p’al’ manicomio»). Al hilo del tema, Lola se embala: «Se puede hacer de todo en esta vida. Te das una rayita un día… y no pasa nada. Te fumas un porro… y no pasa nada. Te emborrachas de vino tinto un día… y no pasa nada. Todo se puede hacer en esta vida. Pero con método». Después de esto, cuando Quintero pregunta «¿Tú has probado las drogas, Lola?» resulta bastante ocioso: está claro que la Faraona había caminado por el lado salvaje con fruición, y cuando reconoce «me he dado un ‘toquesito’, que está muy amargo» resulta fácil creerla.

A algunos, el método propuesto por Lola (darse al exceso una temporada, y después afrontar unos días de cold turkey a base de agua mineral y puchero con pringá) les resultará ineficaz, o incluso hipócrita si se conoce su perpetua afición por el juego. Pero aún hoy alucina ver a una celebridad patria hablar del asunto con tanta claridad frente a una cámara de TV, máxime a esa edad. Algo que sólo revalida la condición de las divas de la copla como figuras transgresoras y libertinas en la España de Franco, y que nos hace admirarnos frente a tamaño pedazo de mujer y de superviviente. No en vano, cuando Quintero le comenta después el buen estado de sus piernas «como las de una niña de dieciocho años», ella responde: «Y no sólo las piernas, mi alma, pero eso es lo único que se ve».

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